jueves, 11 de septiembre de 2014

Una zorra para guardar el gallinero

El ascenso de Jean Claude Juncker desde el cargo de Presidente del Eurogrupo, y coautor de los planes europeos de austeridad,  al cargo de Presidente de la nueva Comisión Europea, como anticipamos en este blog, tenía que significar ante todo el progreso del dominio financiero sobre la actual Unión. Bastaba recordar su biografía y cómo había mejorado la fachada mediática de su Luxemburgo, el prestigioso paraíso financiero y fiscal por  donde ha pasado y pasa gran parte del dinero sucio de la corrupción política española y otras nacionalidades, gracias al rasgo básico de la opacidad.

Consecuentemente, para un puesto clave y en un momento clave, el Presidente electo propone como comisario para los serviciosfinancieros y la unión bancaria, al británico Jonathan Hill, un reconocido lobista del sector financiero que tendrá a su cargo la regulación financiera y la vigilancia de su cumplimiento. Lord Hill fue uno de los fundadores de Quiller Consultants y ha defendido los intereses muy particulares de una amplia gama de clientes, entre otros, grandes firmas del sector financiero como el HSBC.

De acuerdo con su declaración de intereses para la Cámara de los Lores, sigue todavía teniendo acciones en el grupo empresarial Huntsworth plc.,  al que pertenece Quiller Strategic Communications Consultants, una relevante agencia de lobby y de “comunicación estratégica” o de relaciones públicas,  con gran experiencia en la labor entre bastidores y en campañas mediáticas para crear estados de opinión favorables a la City londinense, como describo y analizo en el capítulo “Los lobbies de la City” de mi libro.

Esa propuesta del nombramiento del británico Jonathan Hill para la nueva cartera de Estabilidad financiera, Servicios financieros y Mercados de capitales en la Comisión Europea, es calificada como una provocación por elportavoz de Los Verdes en Economía y Finanzas, Sven Giegold, alguien que como eurodiputado ha trabajado intensamente en el avance de la regulación del mercado financiero.

Sería poner “una zorra a guardar el gallinero”,  subraya Sven Giegold, un amigo con  quien compartí años de dedicación a la creación de Tax Justice Network. Y añade que Lord Hill, con sus contactos bien desarrollados en Londres y en la industria financiera global estaría en una posición clave para influir en el futuro  de la regulación del mercado financiero europeo.

Desde luego, a estas alturas resulta incomprensible que un político británico de la derecha conservadora pro-City,  sea propuesto para la toma de decisiones en el desarrollo de la unión bancaria como regular la disolución de los bancos europeos que fracasen y el proceso de separación de banca comercial y banca de inversiones, etc.; con la paradoja de que proceda del Reino Unido, que optó por no participar en el mecanismo de resolución bancaria de la UE.

Precisamente, durante los últimos años, una alianza de todos los partidos del Parlamento Europeo – dice Giegold -  ha estado presionando por una más estricta regulación financiera. Y Michel Barnier, el comisario saliente de esa cartea, aunque perteneciente a la derecha francesa,  a menudo ha sido apoyado por el Parlamento Europeo a este respecto. Además,  Lord Hill tendrá que enfrentarse a una sesión difícil ante la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios (ECON) del PE, para la ratificación de su nombramiento. Porque resulta que la ex-presidenta de esa comisión parlamentaria, Sharon Bowles, haya dejado este puesto por la Bolsa de Valores de Londres (LSE) mediante el no-regulado proceso de la puerta giratoria, tan habitual en el plano europeo.

Desde la opinión publicada española, como un eco de la visión seudo patriótica que tiene de Europa el actual gobierno, la atención parece centrarse en la asignación de la cartera de Energía y Medioambiente al polémico eurodiputado de la rancia derecha española, Arias Cañete, con intereses en dos empresas petroleras y una lamentable gestión ministerial en los asuntos medioambientales. Sin embargo, conviene recordar que, tras “las reformas” nos  han dejado el sistema bancario español en manos de unas cuantas grandes entidades privadas, que se regirán por las normas que decidan en Bruselas y no en Madrid.- 



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