viernes, 22 de mayo de 2020

HUNGRIA: AUTORITARISMO y CORRUPCION en la UE

Ciertamente la Unión Europea superará la crisis derivada de la pandemia del covid-19 mediante una sólida respuesta solidaria que restaure la confianza perdida tras las crisis pasadas. Pero resulta innegable el actual fracaso político de la UE que se muestra impotente frente a dos de sus estados miembros, que se han deslizado gradualmente hacia el autoritarismo contrario a los principios que informan la Unión.

Hungría y Polonia aún mantienen instituciones democráticas formales, pero ambos países ahora inclinan el campo de juego hasta el punto de que ninguno cumple con los estándares mínimos para la democracia liberal. Las elecciones en Hungría y Polonia son libres pero no justas, los partidos gobernantes han eliminado los controles y equilibrios en el poder ejecutivo, y después de años de reformas de los tribunales, el poder judicial en ambos países ya no es independiente. En ambos casos, la Unión ha activado un mecanismo de sanciones, el llamado procedimiento del Artículo 7, que puede despojar a un estado miembro de sus derechos de voto en el Consejo Europeo, entre otras sanciones. Pero el proceso requiere unanimidad entre todos los estados miembros de la UE (excluyendo al país infractor), y Hungría y Polonia han prometido vetar cualquier sanción contra el otro. (Matthias Matthijs, The Right Way to Fix the EU.Put Politics Before Economics. Foreign Affairs, May/June 2020)

En el caso de Hungría, la polarización de la política interna que mantiene a España alejada de la dinámica europea, la mayor parte de la ciudadanía ignora que, después de varios éxitos electorales sucesivos, el primer ministro Víctor Orbán y su partido Fidesz han sido acusados ​​de actividad corrupta por la Unión Europea y por los partidos de oposición. Actualmente, Hungría está clasificada "entre los Estados miembros más corruptos" en la Unión, situándole en el puesto 64 de entre los 180 países censados por el grado de corrupción. Y en un informe de junio de 2019 del Proyecto Borgen, una ONG estadounidense de lucha contra la pobreza, se resumen 10 hechos importantes sobre la corrupción en Hungría, que explicarían la  pobreza de gran parte de su población; y que transcribimos a continuación:

1. Víctor Orbán, junto con el Partido Popular Demócrata Cristiano, tiene la mayoría absoluta 
del 66 por ciento en el Parlamento, lo que les ha permitido enmendar la Constitución del país, consolidando el poder del partido Fidesz. En particular, los cambios realizados en el proceso electoral reducen las posibilidades de que los partidos de oposición ganen escaños. Una nueva enmienda modificó el proceso para que 93 de los 199 escaños se otorguen proporcionalmente en función del porcentaje de votos que recibe un partido en las elecciones nacionales. Los 106 escaños restantes se ganan al recibir una pluralidad de votos en una elección local, lo que significa que Fidesz puede obtener el 40 por ciento de los votos y aun así ganar el escaño. Debido a que los partidos de oposición están divididos, es difícil que ganen estas elecciones locales.

2. En marzo, el Partido Popular Europeo discutió la suspensión del partido Fidesz de la inclusión en su bloque en el Parlamento Europeo en medio de acusaciones de corrupción. Esta no es la primera vez que Orbán ha sido amenazado con la expulsión; pero no se tomaron medidas en ese momento.

3. Hungría participa regularmente en "procedimientos negociados" sin previo aviso, que permiten al gobierno llegar a un acuerdo sin pasar por una competencia abierta. Esto ha llevado a algunos a acusar al gobierno de malgastar los fondos de la UE. El presupuesto de la UE para 2014-2020 asigna 28,000 millones de euros a Hungría, pero los críticos temen que gran parte termine en manos de la familia, amigos y partidarios del partido de Orbán. Además de su preocupación, la oficina del primer ministro tiene la autoridad exclusiva para autorizar el desembolso de fondos. La firma Elios Innovatív, propiedad del yerno de Orbán, István Tiborcz, había ganado un contrato de 40 millones de euros con el gobierno en 2015. Lőrinc Mészáros, un aliado político de Orbán desde hace mucho tiempo, ha visto triplicar su riqueza desde la elección de Orbán. Y se ha convertido en el segundo hombre más rico de Hungría, que posee 203 compañías y recibe el 83 por ciento de las ganancias de sus compañías de los fondos de la UE.

4. De 2013 a 2019, la clasificación de Hungría en el Índice Mundial de Libertad de Prensa bajó del puesto 56 al 87 en el mundo. El cambio dramático ocurrió cuando 476 compañías privadas de medios de comunicación transfirieron simultáneamente la propiedad, sin compensación, a la Central European Press and Media Foundation. Los aliados del Primer Ministro encabezan esa compañía, incluidos István Varga, un ex miembro del Parlamento de Fidesz, e István Bajkai, el abogado personal de Orbán.

5. El Partido Fidesz se negó a firmar un acuerdo que permitiría a la Universidad de Europa Central (CEU) permanecer en Budapest. La Universidad ahora se verá obligada a trasladar su campus a Austria. CEU tiene varios brazos de investigación anticorrupción, incluido el Grupo de Investigación Anticorrupción y el Centro para la Integridad en los Negocios y el Gobierno. En varios puntos, sus informes criticaron al gobierno de Fidesz y lo acusaron de actividad corrupta. Por ejemplo, un informe de investigación de CEU escribió que el partido participó en "un golpe de estado constitucional contra una democracia establecida".

6. Mediante manipulaciones del sistema electoral, Fidesz limita la participación efectiva de los partidos de oposición, asegurando así la victoria en lo que de otro modo serían distritos competitivos. Un estudio encontró que un partido de oposición necesitaría obtener alrededor de 300,000 votos más que el partido Fidesz para conseguir una mayoría en el parlamento.

7. La ciudadanía es conocedora de esta corrupción generalizada. Una encuesta de 2016 revelaba que dos tercios de los húngaros consideran que su gobierno es corrupto y el 60 por ciento cree que la corrupción en Hungría llega a los niveles más altos del gobierno, incluido Orbán. Esto refleja una fuerte necesidad de cambio, pero el poder acumulado a través de la corrupción ha permitido que el partido Fidesz continúe gobernando.

8. En medio de las crecientes preocupaciones por la corrupción, un político de la oposición llamado Akos Hadhazy reunió 680,000 firmas exigiendo que Hungría se uniera al nuevo brazo anticorrupción de la UE, la Fiscalía Europea. Hadhazy especifica muchos de estos 10 hechos sobre la corrupción en Hungría, pero está especialmente preocupado por el uso de fondos de la UE. Hasta el momento, Fidesz se niega a unirse, citando preocupaciones sobre la extralimitación de Bruselas. Hadhazy dijo: "Ahora corresponde a las instituciones de la UE aumentar la presión sobre el gobierno húngaro a menos que quieran que los contribuyentes europeos financien un régimen que trabaje abiertamente contra la UE".

9. Transparencia Internacional Hungría, una ONG anticorrupción, considera que los jóvenes son esenciales para combatir la corrupción, a los que espera movilizar. Según esta ONG, el 90 por ciento de los húngaros de entre 15 y 29 años creen que la corrupción está presente en sus políticas. Sin embargo, también consideran que solo el 25 por ciento de los jóvenes creen que serán tomadas en serio las denuncias de la corrupción gubernamental.

10. La ONG, denominada Comité húngaro de Helsinki proporciona asistencia jurídica gratuita a detenidos, víctimas de la brutalidad policial y manifestantes o activistas encarcelados. Este grupo ayudó a más de 1,400 personas en 2018. De 2008 a 2018, capacitó a más de 4,000 abogados, jueces y funcionarios estatales. Esta ONG se describe a sí misma como "una de las pocas voces restantes que se oponen públicamente a los ataques contra la sociedad civil y al retroceso democrático de Hungría". Las leyes fiscales húngaras permiten a sus ciudadanos donar el 1 por ciento de su impuesto sobre la renta a una organización sin fines de lucro de su elección. Las ONG, incluido el Comité Húngaro de Helsinki, alientan las donaciones para continuar su trabajo. A través de esto, los húngaros pueden expresar su apoyo a las organizaciones que trabajan para combatir la corrupción en su país.

En paralelo con esta situación de grave corrupción pública, el Proyecto Borgen, subraya la pobreza de una parte importante de la población. Según el Banco Mundial, Hungría tiene una tasa de pobreza de alrededor del 15 por ciento, lo que significa que casi 1,5 millones de húngaros viven en la pobreza.

Estos 10 hechos resumidos sobre la corrupción en Hungría amenazan la vida académica del país, los medios de comunicación, las ONG y varias instituciones democráticas. Esto, a su vez, amenaza el bienestar de la sociedad civil húngara, que está haciendo todo lo posible para crear una Hungría más equitativa y justa.

Esa situación de corrupción y pobreza en uno de los 27 países miembros de la UE, es un producto de la dinámica política en Hungría que no ha encontrado freno en las instituciones de Bruselas y en los gobiernos de los restantes países europeos, entre los cuales también ha disminuido gravemente la conciencia democrática, de modo que ha permitido el desarrollo del autoritarismo en una democracia europea.

Porque ciertamente cuando este país accedió a la UE en 2004, Víctor Orban ya estaba en el

poder en Hungría. Para entonces Orban estaba lejos de su etapa de joven activista en la fase turbulenta de finales de los años ochenta que trajo la caída del régimen comunista. El mecenazgo del multimillonario estadounidense de origen húngaro, George Soros, impulsor de regímenes neoliberales en el Este europeo a través de su Fundación para la Sociedad Abierta, le facilitó sus estudios universitarios incluyendo una beca en la Universidad de Oxford a este joven de origen rural y modesto; y le apoyó en su ingreso en el pequeño partido político Alianza de Jóvenes Demócratas o Fidesz, del cual alcanzó la presidencia para convertirse en primer ministro tras las elecciones de 1998. Una vez en el poder y ya en la UE, sus reformas constitucionales han convertido Hungría en lo que los estadounidense llaman una “democracia iliberal” e incluso le clasifican como un Estado mafioso (Véase el libro de Paul Lendevai, Orban: Hungary´s New Strongman, Oxford University Press, 2018)  

Durante sus largos años como jefe de gobierno en Hungría, la estrategia de Orban en parte ha consistido en una élite socioeconómica, que se enriquece gracias a los lazos con Fidesz, el partido gobernante. Bajo su supervisión, el proceso de adjudicación de contratos gubernamentales se ha corrompido en un grado sorprendente, en beneficio de las empresas conectadas con el partido en el poder. En 2018, según informó la ONG Transparencia Internacional, en torno al 40 por ciento de los concursos de adquisiciones públicas en Hungría solo se presentó un postor. Un sociólogo y miembro fundador de los Demócratas Libres, Balint Magyar, ha llamado a la Hungría de Orban "un estado mafioso poscomunista, dirigido no por un partido sino por el clan político-económico del primer ministro Viktor Orban". Una sensación de impunidad viene alimentando este capitalismo de amiguetes, puesto que Fidesz ha ido vaciando los cuerpos judiciales y policiales que normalmente investigarían y enjuiciarían tales  conductas punibles.

Orban ha desarrollado su juego político con gran habilidad, superando a sus oponentes, que ha acrecentado su poder. A los socialistas, desacreditados, los ha logrado dividir y corromper. La oposición liberal, fragmentada y atormentada por las luchas internas, ha perdido casi toda la credibilidad. La consecuencia inevitable ha sido la apatía pública, con una notable indiferencia hacia la corrupción endémica del régimen de Orban, que no oculta sus planes para seguir gobernando el país en un futuro previsible. "Seguiré en la política durante los próximos 15 a 20 años", declaró a una revista alemana en 2016. “sea en la primera fila o en la tercera; dónde lo decidirán los votantes"(The Transformer, Foreign Affairs. September/October 2019)

Reproducimos traducida la “Instantánea” del Informe de la corrupción en Hungría de noviembre 2017 de GAN.Business Anticorruption Portal, una firma de asesoramiento de empresas:

 “La corrupción en Hungría presenta un riesgo significativo para las empresas, particularmente en los sectores de administración tributaria y contratación pública, que sufren altos niveles de corrupción. La corrupción menor no está muy extendida, pero las compañías informan que a veces son necesarios pagos no oficiales para resolver ciertas tareas administrativas. La contratación pública es vulnerable a las irregularidades a nivel local debido a las fuertes relaciones informales entre las empresas y los actores políticos. El Código Penal de Hungría prohíbe el soborno en los sectores público y privado, junto con la mayoría de las otras formas de delitos de corrupción contenidos en las convenciones internacionales anticorrupción. Falta la aplicación del marco anticorrupción. Se pueden imponer sanciones penales a las empresas por actos de corrupción cometidos por terceros que trabajan en su nombre, así como si la persona que lleva a cabo el acto no es procesada ni condenada. No hay distinción entre sobornos y pagos de facilitación, y los obsequios y la hospitalidad pueden considerarse ilegales dependiendo de la intención y el beneficio obtenido”.- 22/5/2020

 



viernes, 8 de mayo de 2020

LA COVID-19 REVELA LA FRAGILIDAD DE LA GLOBALIZACIÓN


El coronavirus fue declarado pandemia por la OMS  cuando se evidenció que afectaba a varios países, como enfermedad infecciosa letal que ha llegado a desbordar los grandes hospitales de los países más desarrollados, paralizando las economías, desde las fábricas de automóviles en todo el mundo hasta las líneas aéreas; y el despido de los millones de actores y trabajadores de Bollywood, la industria cinematográfica hindú; la suspensión de la liga NBA en los EEUU y los Campeonatos de fútbol nacionales o internacionales; o el cierre de hoteles, tiendas, restaurantes  o peluquerías en multitud de ciudades del mundo. Las cadenas internacionales de TV nos ofrecen imágenes impactantes de plazas y calles sin viandantes en las grandes ciudades del mundo que muestran un planeta casi paralizado. Y junto a los aviones estacionados en las pistas de los aeropuertos, se ha detenido el comercio internacional y el turismo. Y nadie sabe realmente cómo será la denominada la nueva normalidad o new normal life.

Es demasiado pronto para predecir cuándo terminará la crisis sanitaria y la ya anunciada recesión económica. Ya sea en 6, 12 o 18 meses, el tiempo dependerá del grado en que las personas sigan las pautas de distanciamiento social y la higiene recomendada; la disponibilidad de pruebas rápidas, precisas y asequibles, medicamentos antivirales y una vacuna; y además el alcance del alivio económico proporcionado a individuos y empresas. Sin embargo, el mundo que surgirá de la crisis será reconocible pero distinto en no se sabe qué dimensiones, apunta el citado autor. Pero por lo pronto, veamos cómo la pandemia ha puesto de relieve la fragilidad de la globalización económica.

La producción industrial multipaís, de gestión empresarial o de suministros médicos, cuestionadas.

La pandemia global causada por el nuevo coronavirus, covid-19, está exponiendo la fragilidad de este sistema económico globalizado, tanto el modelo de producción industrial como las técnicas de gestión de las empresas o en las políticas nacionales de suministros médicos. Como  apuntan los expertos, algunos sectores económicos, particularmente aquellos con un alto grado de saturación productiva y en los que la producción se reparte entre múltiples países, podrían capear la crisis relativamente bien. Otros podrían estar a punto de colapsar si la pandemia impide que un solo proveedor en un solo país, produzca un componente crítico y ampliamente utilizado.

La fragilidad de la producción industrial integrada en varios países y las dificultades de su desconexión, ya fue apuntada en los estudios sobre la prevista repercusión del Brexit sobre la economía  del Reino Unido, que el acuerdo final de divorcio habría de resolver. Y sabíamos que desde hace décadas un automóvil se produce en varios países. Pero la pandemia del coronavirus  ha descubierto con toda su crudeza la vulnerabilidad de los procesos industriales que se desarrollan entre varios países.

El caso de los fabricantes de automóviles de Europa occidental es un ejemplo paradigmático de las derivaciones de la pandemia del covid-19, al enfrentarse con la escasez de pequeños productos electrónicos porque un solo fabricante, la compañía MTA
Advanced Automotive Solutions, se vio obligada a paralizar la producción en una de sus plantas en Italia.   En febrero de 2020, The New York Times relataba de modo vivo la dramática situación planteada cuando el coronavirus llegó al Norte de Italia, a su corazón industrial. Y tuvo que cerrar la compañía MTA Advanced Automotive Solutions, que fabrica piezas para los sistemas eléctricos de automóviles suministrados a algunos de los fabricantes de automóviles más grandes del mundo. El director ejecutivo de la compañía, Falchetti, destacaba el periódico neoyorquino, ya era un veterano en la batalla para contener la epidemia mundial, porque una de sus fábricas se encuentra en Shanghai y para el 17 de febrero, aquella planta estaba en pleno funcionamiento. Cuando en enero el coronavirus explotó en una emergencia de salud pública en China,  el grupo empresarial se vio obligado a reducir significativamente la producción y operaba con una pequeña fracción de su fuerza laboral habitual. Pero menos de una semana después, la MTA enfrentaba un problema en otra fábrica, en la ciudad italiana de Codogno: el coronavirus había surgido allí, lo que provocó que el gobierno regional cerrara todas las plantas locales. Al poner en cuarentena a esta ciudad de 16,000 personas a unos 60 kms de Milán, el gobierno italiano corría el riesgo de dejar a las plantas automotrices de toda Europa sin componentes críticos, advertía el mencionado alto ejecutivo. Pero el gobierno regional planteó el cierre de todas las plantas locales, alegando que un cierre completo de la instalación no era solo un problema italiano sino que afectaría a todos. El citado ejecutivo  decía que “en última instancia, nuestro negocio, de hecho, creo, la mayoría de los negocios en el mundo de hoy es parte de un ecosistema vibrante. Si cierra una parte de ese ecosistema, inevitablemente tendrá efectos en otras partes". La compañía, en un comunicado público instaba a las autoridades italianas a que permitieran reanudar las operaciones con una décima parte de sus 600 trabajadores. De lo contrario, advertía la MTA, no podría suministrar piezas cruciales a sus clientes, amenazando con detener la producción en importantes fabricantes de automóviles de toda Europa, entre ellos Renault, BMW, Peugeot y Jaguar Land Rover, como lo expresaban públicamente los portavoces de  esas grandes multinacionales. El drama en Codogno subrayaba las preocupaciones que afligen a la economía mundial a causa de la propagación del coronavirus.

Pero la pandemia también ha venido a cuestionas algunas técnicas de gestión en las empresas actuales. Hace ya varias décadas, en una época anterior, los fabricantes de manufacturas solían  acumular reservas de suministros de elementos básicos para protegerse frente a variaciones de la coyuntura o en un momento como este. Pero en la era de la globalización, muchas empresas se han adherido al famoso dictamen de Tim Cook, el CEO de Apple, de que el almacenamiento es "fundamentalmente malo". Porque los elementos almacenados suponen un dinero inmovilizado, un coste del cual la empresa puede prescindir en una economía avanzada. Por tanto, en lugar de pagar ese coste del almacenamiento de las piezas necesarias para fabricar un automóvil o un producto determinado, las empresas confían en las cadenas de proveedores para su  suministro. Es la técnica de gestión conocida por la expresión “just in time”, justo a tiempo, que hasta ahora permitía funcionar como su nombre indica, sin almacenamiento, porque el proveedor estaba a la espera de la orden de la empresa cliente. Pero una pandemia global ha cambiado esa regla de juego y el justo a tiempo puede llegar a ser demasiado tarde. Así se explica que, en parte como resultado de los problemas de la cadena de suministro, la producción mundial de ordenadores portátiles cayera hasta un 50 por ciento en febrero, y la producción de teléfonos inteligentes podría caer un 12 por ciento en este próximo trimestre. Ambos productos se construyen con componentes producidos por fabricantes asiáticos especializados.

Cuando la escasez resulta crítica

En otros productos, los cuellos de botella en los procesos de producción similares a los de la fabricación de productos electrónicos, también están obstaculizando la lucha contra el nuevo coronavirus. Los suministros médicos críticos, como los reactivos, un componente clave de los kits de prueba que utilizan los laboratorios para detectar el ADN viral, se estaban agotando o no están disponibles en muchos países. Dos compañías dominan la producción de los reactivos necesarios: la compañía holandesa Qiagen (recientemente comprada por el gigante estadounidense Thermo Fisher Scientific) y los laboratorios Roche, con sede en Suiza. Ambas compañías no han podido mantenerse al día con el aumento extraordinario de la demanda de sus productos, según detallaba una revista especializada en marzo pasado.

El impulso para aumentar las pruebas en los EEUU para combatir el nuevo coronavirus se
encontró con un nuevo obstáculo: la escasez de productos químicos clave necesarios para iniciar y ejecutar las pruebas. En particular, estaba disminuyendo  la oferta de un producto clave fabricado por el gigante de pruebas de diagnóstico Qiagen. Ese elemento químico se usa para aislar el material genético del virus, o ADN, y permitir que pueda analizarse. Robert Redfield, director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, había manifestado que por primera vez en la historia estaba preocupado por los suministros que los laboratorios tienen de los productos químicos conocidos como reactivos. Un portavoz de la Qiagen reconoció que la demanda "extraordinaria" estaba limitando la capacidad de la compañía para suministrar algunos productos; e informaba de que con el fin de incrementar la producción los trabajadores en sus instalaciones de fabricación en Hilden, Alemania y Barcelona, ​​España, pasaban a trabajar tres turnos, siete días a la semana; además de otros reajustes organizativos. Aun así, esa y otras deficiencias relacionadas con los kits de prueba representaban otro obstáculo para el esfuerzo por implementar diagnósticos para detectar si los pacientes están infectados con el nuevo coronavirus, un paso clave para prevenir o retrasar su propagación Mientras otros países, como China y Corea del Sur, podían evaluar a miles de pacientes, los EEUU iban retrasados incluso cuando el virus había comenzado a expandirse, de modo que cuando ya  había habido 647 contagiados de Covid-19 y 25 muertes, los EEUU habían realizado solo 5,000 pruebas. "Estamos profundamente preocupados de que a medida que el número de pruebas aumente drásticamente en las próximas semanas, los laboratorios clínicos no podrán implementarlas sin estos componentes críticos", afirmaba en su web la Sociedad Estadounidense de Microbiología. Es obvio que este déficit señalado retrasaba la producción de kits de prueba en los Estados Unidos, que se veían obligados a ponerse en la cola de otros países para adquirir los productos químicos que necesitaba.

La paradoja china: de la emergencia de salud a la cooperación internacional

Antes de que comenzara el brote de covid-19, los fabricantes chinos fabricaban la mitad de las mascarillas médicas del mundo y como resultado de la crisis estos fabricantes aumentaron la producción. Hacia principios de marzo 2020, a medida que los hospitales y gobiernos buscaban desesperadamente respiradores y mascarillas quirúrgicas para proteger a médicos y enfermeras ante el coronavirus, se enfrentaban a una realidad paradójica: su fabricación estaba en China y el mundo dependía de China, que dudaba en compartir su producción. Antes de que surgiera la epidemia del coronavirus en Wuhan, China fabricaba la mitad de las mascarillas del mundo, y desde entonces su fabricación se ha expandido casi 12 veces; pero reclamando para sí misma esa producción. Es más, como fueron los primeros en sufrir el brote vírico, las  compras y las donaciones también trajeron a China una gran parte del suministro mundial desde otros lugares.

Las preocupaciones sobre el suministro de mascarillas fueron aumentando a medida que aumentaba la propagación global del virus y los gobiernos de todo el mundo restringían las exportaciones de equipos de protección, lo que según los expertos podría empeorar la pandemia. Peter Navarro, asesor del presidente Trump en manufacturas y comercio, sostenía en el canal de TV Fox Business en febrero que China esencialmente se había apoderado de las fábricas que fabricaban mascarillas en nombre de las empresas estadounidenses. Más aun, afirmó que Pekín había optado por "nacionalizar efectivamente  la empresa estadounidense 3M". Sin embargo, un comunicado de 3M, con sede en Minnesota, sostenía que la mayoría de las mascarillas salidas de su fábrica en Shanghai se habían vendido en China incluso antes del brote, declinando hacer comentarios sobre cuándo podrían reanudarse las exportaciones desde China.

En opinión de los periodistas estadounidenses, China podía estar disminuyendo el control sobre las mascarillas  a medida que crecían las necesidades en el mundo. Tan Qunhong, gerente general de un pequeño fabricante de mascarillas desechables en el centro de China, afirmaba que había completado las órdenes de compra del gobierno y que estaba comenzando a reanudar las exportaciones. Por su parte, el gobierno chino también estaba enviando mascarillas al extranjero como parte de los paquetes de buena voluntad, aunque algunas partidas remitidas resultaran defectuosas. Otros fabricantes aseguraban que el gobierno chino aún reclamaba todas las mascarillas que producían sus fábricas en el país. Al parecer, las exportaciones de mascarillas no estaban aún autorizadas y estaba pendientes de las decisiones gubernamentales, según Guillaume Laverdure, director de operaciones de Medicom, un fabricante canadiense que fabrica tres millones de mascarillas al día en su fábrica de Shanghai.

Al igual que domina la fabricación de automóviles, acero, productos electrónicos y otras necesidades, China es esencial para el suministro mundial de equipos médicos de protección. La mayor parte de lo que hace son las mascarillas quirúrgicas desechables que usan los profesionales de la salud. Produce un número menor de mascarillas de respirador N95, que proporcionan más filtración para médicos y enfermeras. Aunque, por entonces los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EEUU consideraban que, el público en general no necesitaba tales mascarillas.   Pero la demanda de mascarillas quirúrgicas se disparaba en China, donde la policía ya exigía su uso a cualquiera que saliera a la calle. Aunque las compañías decían que China reclamaba prácticamente toda la producción de mascarillas, el gobierno chino sostenía que nunca había emitido un reglamento que prohibiera las exportaciones de mascarillas y mostraba su disposición a compartir su producción con otros países. Pero el gobierno chino efectivamente compró todo el suministro de máscaras del país, al tiempo que importó grandes cantidades de mascarillas y respiradores fabricados en el extranjero. Al decir del citado reportaje de The New York Times, China ciertamente los necesitaba, pero el resultado de su oleada de compras fue una escasez de oferta que obstaculizó la respuesta de otros países a la enfermedad.

Sin embargo, subrayemos que la experiencia de la pandemia del covid19 tendrá que llevar a una reconsideración de las políticas liberales seguidas en el comercio internacional y la producción industrial, en particular cuando se trata de la producción e intercambios comerciales  en productos médicos críticos

La globalización financiera no es noticia

Mientras, la pandemia del coronavirus ha trastocado los procesos industriales multipaís y el comercio internacional, es decir, ha alterado la globalización económica, la globalización de los mercados financieros mantienen su vigor. No disponemos de ningún dato que sugiera un cuestionamiento siquiera de la  de los mercados financieros. La inestabilidad de las bolsas de valores y sus bajadas reflejan simplemente la incertidumbre económica global y el dominio de la especulación sobre activos financieros. La  financiarización del  sistema económico mundial mantiene su capacidad de conversión de cualquier bien físico o servicio en activo financiero comercializable.

La súbita bajada del precio del crudo de petróleo, que los noticiarios internacionales habían anunciado como previsible, demuestra con la radicalidad de tal bajada una vez más el peso decisivo de la especulación sobre el “barril de papel”, sobre los contratos de suministro de crudo que sirven a poderosos mercados opacos de derivados, sean contratos de futuros, swaps, de opciones, etc., que se comercializan en Londres y otras Bolsas. Mercados derivados del crudo que están dominados  por los gigantescos grupos financieros como Goldman Sachs, Morgan Stanley, Citigroup, Deutsche Bank o UBS; con la mediación de sociedades offshore en los llamados paraísos fiscales ligados a las élites gestoras del mundo financiero; como ya documentamos en el libro El Casino que nos gobierna.
Por lo demás, para afrontar la inmediata recesión económica los países más desarrollados ya han recurrido a la manguera de liquidez de la Reserva Federal o del BCE para evitar que la falta de liquidez se traduzca en insolvencia y acentúe la recesión económica anunciada… Pero nada indica que vaya  a cambiar en la estructura actual de las finanzas para que sirvan a las necesidades de la economía productiva.

Desde luego en la Unión Europea post Brexit, a nadie se le ha ocurrido replantear el principio organizativo fundamental del “espacio financiero europeo”, tal y como fue concebido por el Barón de Lamfalussy y luego quedo consagrado en los documentos técnicos de Bruselas: la libertad incontrolable de los movimientos internacionales de capitales mientras la fiscalidad queda reservada a la soberanía nacional. Y como en la EU el capital goza de libertad para huir legalmente a donde tribute menos, los Estados europeos han de competir entre sí para atraerlo, manteniendo a la baja su tributación. Y ante cualquier recesión económica, la debilidad política de  los gobiernos progrsistas o conservadores se ven obligados a recurrir al endeudamiento público para compensar la insuficiente tributación del capital.-




martes, 21 de abril de 2020

La covid-19 revela la vulnerabilidad de la Big Pharma


Durante esta crisis de la pandemia del covid-19, la inestabilidad y  bajada de las Bolsas de valores ha traído consecuencias imprevistas, en particular, para las grandes empresas farmacéuticas debido a su largo proceso estratégico de financiarización, centradas en la búsqueda de rentabilidad para los accionistas mediante la “creación de valor” bursátil. Esta industria privada había olvidado sus fines de lograr rentabilidad mediante la investigación y elaboración de medicamentos, que cubrieran las necesidades presentes y futuras en un  mundo global, más interconectado e intercomunicado. Pero esa mutación ya se venía manifestando en otra epidemia no declarada que asola los EEUU, Canadá y otros países, provocada por la voracidad y corrupción de la industria de la fabricación de medicamentos.

Los opiáceos  de las masas

En 2016, casi 50,000 personas murieron por sobredosis de opioides en los Estados Unidos y, per cápita, casi la misma cantidad murió en Canadá. De 2000 a 2016 murieron de sobredosis más estadounidenses que en la Primera y Segunda Guerra Mundial combinadas. Sin embargo, incluso estos números sombríos subestiman el impacto del abuso de opiáceos, porque por cada persona que muere, muchos más viven pero con adicción. El Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca ha estimado que la epidemia le costó a la economía de los Estados Unidos 504.000 millones de dólares en 2015, equivalente al 2.8 por ciento del PIB. Una epidemia denunciada por algunas instituciones y por la prensa solvente, como la revista estadounidense Foreign Affairs que analizaba el problema en 2018. ([i])

Es una historia de salud pública que se consideraba de conocimiento común. Aunque fuera menos conocido su creciente riesgo de que la epidemia se extienda por todo el mundo, según los expertos de la citada revista estadounidense. Afrontando una reacción violenta en Estados Unidos y Canadá, las compañías farmacéuticas han estado volcando su atención en Asia y Europa y repitiendo las tácticas que crearon la crisis en primer lugar. Al mismo tiempo, el aumento del consumo de fentanilo (fentanyl),  un opioide sintético altamente potente, originariamente utilizado como anestesia en el postoperatorio de cirugía, ha hecho que el brote sea aún más mortal y ha comenzado a remodelar el mercado mundial de drogas, un desarrollo con importantes implicaciones para la política exterior. Como resultado, en 2018 los expertos consideraban que el mundo estaba en la cúspide de una epidemia mundial de opioides, impulsada por el consumo excesivo de analgésicos legales, y agravado por la propagación del fentanilo, que podría marcar un desastre para la salud pública de proporciones históricas. Sin embargo, ante esta posibilidad aterradora, el mundo se ha mantenido en gran medida complaciente. Ni los gobiernos y ni las organizaciones internacionales se plantearon la adopción de medidas enérgicas contra las compañías farmacéuticas que abusan de sus posiciones y sin que se tomaran medidas agresivas para regular la venta y comercialización de opioides.

En octubre de 2017, Donald Trump reconoció la existencia de la crisis de opioides en una declaración presidencial de emergencia sobre salud pública de la nación en la Sala Este de la Casa Blanca, sin que se llegaran a adoptar medidas serias. Y esa epidemia no declarada de los opiáceos que se viene desarrollando desde hace años, particularmente en los EEUU, ha quedado de momento más tapada en los medios de comunicación por la virulenta crisis del coronavirus, que acapara la atención del mundo.

La vulnerabilidad del modelo farmacéutico

La crisis del coronavirus en 2020 es un buen ejemplo de cuán vulnerable es la estrategia de financiarización que han seguido las grandes compañías farmacéuticas. Como veremos, el actual modelo de negocio farmacéutico depende de la obtención de dinero barato y el aumento de las cotizaciones del mercado de valores. Ahora que estas condiciones se ven amenazadas, las grandes compañías farmacéuticas se quedan con enormes deudas y una presión aún mayor para aumentar los altos márgenes de beneficio socialmente indefendibles. La inversión insuficiente de la industria farmacéutica en medicamentos y en vacunas de baja rentabilidad pero esenciales, nos muestra ahora el lado negativo del vigente modelo de negocio del medicamento a escala mundial. Son los gobiernos los que ahora tienen que liderar financieramente la investigación y fabricación para desarrollar una vacuna contra el coronavirus, como objetivo más urgente y prioritario.

Ese es el resumen de las conclusiones de la investigación de la fundación holandesa SOMO, centro de investigación de las corporacionesmultinacionales, que se ha centrado en el análisis crítico de las cuentas financieras de 27 de las compañías farmacéuticas más grandes del mundo, conocidas como Big Pharma, de 2000 a 2018. El grupo de 27 firmas investigadas lo encabezan Johnson & Johnson; Roche Holding AG; Pfizer Inc; Novartis AG; y Merck & Co Inc, que superan ampliamente una capitalización bursátil de los 200.000 millones de dólares.

La disponibilidad y el acceso a los medicamentos ha venido siendo un tema controvertido. Y uno de los argumentos clave presentados por la industria farmacéutica  en defensa de los altos precios de los medicamentos, es el coste del desarrollo de nuevos productos. En este informe de SOMO, se examina el papel que juega el modelo de negocio financiero para justificar el coste de los medicamentos y los márgenes de beneficio de las compañías farmacéuticas. Un  modelo de negocio que  gira en torno a maximizar la retribución de los accionistas a expensas del abandono de las inversiones productivas que podrían beneficiar a la población en general.

A los fines del citado informe, la financiarización corporativa se ha medido en función de tres indicadores identificados por la literatura académica, como son el volumen del balance (reservas financieras y deuda corporativa); el volumen de la compensación de los accionistas (dividendos y recompras de acciones); y el volumen de los activos intangibles, los derechos de propiedad intelectual  y el fondo de comercio en proporción a los activos totales. Lo que estas manifestaciones de la financiarización corporativa tienen en común es que el interés estratégico de una empresa, farmacéutica en este caso, pasa de producir bienes y servicios a asegurar ganancias financieras.

La pandemia del coronavirus ha expuesto muchas de las vulnerabilidades creadas por el modelo de negocio financiero de la Big Pharma. Además de los riesgos financieros, este modelo también ha dejado al mundo menos preparado para la crisis de salud que afrontamos hoy. Las crecientes obligaciones de la deuda de las compañías farmacéuticas no se han invertido en capacidades productivas o en  I + D, sino que se han distribuido en gran medida entre los accionistas. Ahora que el mundo está recurriendo a los sistemas públicos  de salud y a las compañías farmacéuticas para defenderse de esta pandemia, el precio de un modelo de negocio que favorece a los accionistas se revela con demasiada claridad. El sistema actual se ha configurado para cubrir los bolsillos de los accionistas en lugar de ayudar a los pacientes de todo el mundo, y ahora estamos viendo muy claramente las fallas que este sistema ha creado.

La financiarización de la Big Pharma

En las últimas décadas las firmas productoras de medicamentos se han incorporado a la industria de la inversión financiera. La mutación de las compañías farmacéuticas es un vivo
ejemplo de la financiarización de las economías, que ha evolucionado junto con la globalización y el neoliberalismo como un proceso histórico. El estudio de la ONG holandesa SOMO publicado en abril de 2020,  muestra que las grandes compañías farmacéuticas experimentaron un cambio radical del enfoque del negocio entre 2000 y 2018. Porque invirtieron mucho más dinero en actividades financieras y adquisiciones de otras compañías; y cada vez invirtieron menos recursos en medios de producción.
Para entender esta mutación del sector farmacéutico, necesitamos comprender su correspondencia con el proceso más amplio de la financiarización de la economía, que ha sido definida como "el papel creciente de los motivos financieros, los mercados financieros, los actores financieros y las instituciones financieras en el funcionamiento de las economías nacionales e internacionales" ([ii]) Esta definición engloba el cambio estructural de la economía con los motivos y comportamientos cambiantes de los actores. Desde el plano del macroanálisis, digamos que significó el cambio del modelo económico de posguerra, en el que endeudamiento ha sido el factor dominante. Este cambio, caracterizado por una disminución de la participación salarial y un aumento del endeudamiento privado, ha empoderado a los agentes financieros e inversores (institucionales). Estas tendencias se han reflejado en un aumento de las ganancias corporativas y en el aumento de los activos financieros en el balance general.  

En conjunto, estos desarrollos han producido una amplia transformación de nuestras sociedades y continúan haciéndolo. La ruptura con el régimen keynesiano de posguerra, que se caracterizó por un bajo grado de movilidad del capital, abrió el campo para que las finanzas funcionen a través de las fronteras en los mercados mundiales y para que las grandes instituciones financieras y bancos amplíen sus operaciones y entren en nuevos mercados. El aumento de la mercantilización de la sociedad y la vida cotidiana se ha fortalecido por el aumento de la movilidad del capital, la desregulación de los mercados, las políticas de expansión del mercado a través de la privatización y la reducción general del estado del bienestar a medida que el neoliberalismo se consolidaba como la guía.

En el sector farmacéutico, los datos que aporta la investigación referida sobre la Big Pharma confirman la mutación del negocio farmacéutico. La principal conclusión obtenida al profundizar en las cuentas financieras de las compañías farmacéuticas más grandes, es que podemos observar fuertes signos de financiarización para los tres identificadores, como son el volumen del balance (reservas financieras y deuda corporativa); el volumen de la compensación de los accionistas (dividendos y recompras de acciones); y el volumen de los activos intangibles (los derechos de propiedad intelectual y el fondo de comercio ([iii]) en proporción a los activos totales.

En primer lugar, las reservas financieras de las grandes farmacéuticas han crecido. Las reservas financieras (lo que guardan de las ganancias después de la distribución de dividendos a los accionistas) de las 27 compañías analizadas aumentaron de 83.000 a 219.000 millones de dólares en 2018. Tras las grandes cifras,  los números revelan un mayor endeudamiento a pesar de las grandes reservas. A pesar de la aparente rentabilidad de esta estrategia, las grandes compañías farmacéuticas se encuentran realmente endeudadas. De 2000 a 2018, la deuda combinada de las 27 empresas incluidas en esta investigación aumentó de 60.000 millones de dólares en 2000 a 518.000 millones en 2018. En relación con la facturación, el nivel de deuda aumentó del 21 por ciento en 2000 al 72 por ciento en 2018. Sin embargo, este dinero prestado o aportado por los inversores no se invirtió nuevamente en la investigación y el desarrollo de nuevos medicamentos o en el crecimiento de la capacidad de producción farmacéutica. Por el contrario, se distribuyó principalmente entre los accionistas como dividendos y se gastó en recompras de acciones.
El aumento de la deuda no se ha utilizado para generar ingresos futuros. Para mantener el modelo extractivo de baja inversión en capital fijo (como edificios, laboratorios y maquinaria), aumentos modestos en los gastos de investigación y desarrollo (I + D) y pagos extremadamente altos a los accionistas, la Big Pharma recurrió al endeudamiento. En comparación con las ventas netas, el endeudamiento de 27 de las compañías farmacéuticas más grandes ha aumentado constantemente del 20% en 2000 al 72% en 2018.

A pesar de este aumento de la deuda, las inversiones en capital fijo han disminuido como una participación neta en las ventas del 6 por ciento en 2000 al 5 por ciento en 2018. Durante el mismo período, la participación en I + D ha aumentado moderadamente del 12 por ciento de las ventas netas al 17 por ciento. Estas cifras indican que la deuda incurrida no se utilizó principalmente para generar capacidad productiva futura, sino que se transfirió desproporcionadamente a los accionistas. Hasta cierto punto, Big Pharma ha sido utilizado como un cajero automático por los accionistas.

En segundo lugar, se ha producido un crecimiento de las compensaciones a los accionistas. Entre 2000 y 2018, a los accionistas se les pagó un total de más de un billón y medio de dólares, 1.540.000 millones, de los cuales 864.000 millones de dólares en dividendos y  676.000 millones se dedicaron a la recompra de acciones de las propias compañías. En las diez compañías farmacéuticas más grandes, la distribución total de fondos a los accionistas representó el 142 por ciento del gasto de ese año en investigación y desarrollo.

Los pagos totales a los accionistas (dividendos y recompras de acciones combinadas) han aumentado del 88% de las inversiones totales en investigación y desarrollo (I + D) en 2000 al 123% en 2018. En términos nominales, los pagos a los accionistas han aumentado en casi un 400 por ciento, de 30.000 millones de dólares en 2000 a los 146.000 millones en 2018 (73.000 millones en dividendos y 74.000 millones en recompras de acciones). Esto representa un aumento en la proporción de pagos del 10 por ciento de las ventas netas al 20 por ciento.

Para allanar el camino que permitiera que las compañías farmacéuticas hicieran pagos tan grandes a los accionistas, no aumentaron las inversiones esenciales pero el precio de los medicamentos sí ha aumentado exponencialmente. La fijación de los precios de medicamentos a niveles tan altos con el único propósito de maximizar el valor para los accionistas es indefendible, especialmente en el contexto de sociedades envejecidas y el aumento de los costes generales de atención médica en todo el mundo. En resumen, nuestra sociedad no puede permitirse las ganancias privadas de la Big Pharma.

En tercer lugar, se ha producido un aumento de los activos intangibles. Un elemento importante a considerar, como hemos subrayado, es el cambio en el modelo de negocio subyacente de las grandes farmacéuticas desde la producción y venta de productos a la compra de otros negocios. Las grandes compañías farmacéuticas compran compañías competidoras y compañías de biotecnología para reabastecer los propios canales de producción y comercialización, para disminuir la competencia y para adquirir patentes y otros derechos de propiedad intelectual. El modelo comercial dominante impulsa a las grandes compañías farmacéuticas a comprar firmas más pequeñas por sus derechos de propiedad intelectual, actuales o futuros, con el fin de impulsar la cartera de medicamentos, y que se encuentra por tanto en el corazón de sus ingresos por rentas y estrategias de financiarización. Como resultado, la Big Pharma opera cada vez más como un fondo de capital privado con capacidades excepcionales para adquirir, desarrollar, comercializar y extraer valor del conocimiento monopolizado, también conocido como "activos intangibles".
Las capacidades únicas de las grandes compañías farmacéuticas están en el centro de sus estrategias de financiarización. En este modelo, que gira en torno a las fusiones y adquisiciones de otras empresas, el precio de los medicamentos depende cada vez más del coste de adquisición de nuevos derechos de propiedad intelectual, un coste que, a su vez, está sujeto a ciclos financieros. Las fusiones y adquisiciones están altamente correlacionadas con las condiciones de liquidez en los mercados de capitales y las valoraciones del mercado financiero. Entre las grandes compañías farmacéuticas, los investigadores de SOMO identificaron una burbuja creciente del fondo de comercio de las compañías y de otros activos intangibles en general.

Si bien los datos sobre los activos intangibles de todas las empresas solo están disponibles en los últimos años, su participación en los activos totales ha aumentado dramáticamente. El valor combinado de todos los intangibles en el balance general de las 10 compañías farmacéuticas más grandes ha aumentado del 13 por ciento de los activos totales en 2000, al 49 por ciento en 2018 (más de 520.000 millones de dólares), lo que refleja el cambio en el sector en su conjunto.

De estos intangibles, las 10 compañías más grandes han aumentado el valor de su fondo de comercio desde prácticamente nada en 2002 a más de 270.000 millones de dólares en 2018. La expansión de los activos intangibles es un aspecto importante de la financiarización de la Big Pharma, porque explica cómo se ha transformado el sector, que ha pasado de generar ingresos a través del desarrollo, producción y venta de medicamentos a obtener sus  mayores ingresos de la propiedad y monopolización de la propiedad intelectual.

Los mercados creados por la extensión de los monopolios de propiedad intelectual conectan los institutos académicos de investigación, las compañías de biotecnología a menudo creadas por investigadores universitarios y las grandes compañías farmacéuticas, que obtienen los mayores beneficios económicos de esta asociación. Las empresas que disponen de patentes y derechos de propiedad intelectual, los convierten en productos u objetos de compraventa en un mercado de fusiones y adquisiciones y su valor está directamente relacionado con su cartera de estos derechos. La mercantilización de los propios derechos de propiedad intelectual hace que las grandes compañías farmacéuticas compitan entre sí por la adquisición de conocimiento monopolizado. Los medicamentos potencialmente exitosos son escasos y las compañías farmacéuticas están bajo presión constante para reponer sus propios canales de producción y reemplazar las patentes que se acercan al final de su vida útil. Esto significa que la valoración de una compañía de investigación más pequeña (farmacéutica o biotecnológica) variará en las diferentes etapas de desarrollo y se incrementará con la perspectiva de un producto final exitoso y comercializable. Y desde luego, a los efectos de la adquisición, la Big Pharma está equipada con grandes reservas financieras que pueden utilizarse para aumentar los precios de mercado de las empresas más pequeñas.

Conclusiones

Este resumen expuesto del informe de SOMO, muestra que las grandes compañías farmacéuticas están generando ganancias para los accionistas en una escala que es económicamente frágil y socialmente inasumible. Sus pagos a los accionistas desplazan las inversiones empresariales esenciales y aumentan el precio de los medicamentos a un coste que la sociedad no puede pagar. Su modelo de negocio, que se basa en el endeudamiento barato y los ingresos de la cesión monopolística de activos intangibles, resulta prácticamente insostenible porque las inversiones productivas y la I + D no han seguido el mismo ritmo. Las grandes compañías farmacéuticas se han vuelto cada vez más dependientes de las condiciones de los mercados financieros globales. El fuerte aumento del endeudamiento en los últimos años, y la dependencia de las grandes compañías farmacéuticas de las fusiones y adquisiciones para reponer la cartera de nuevos medicamentos, ha amplificado su dependencia y, por consiguiente, el impacto de los ciclos del mercado financiero en el comportamiento corporativo.
Finalmente, cualquiera que sea la duración y efectos económicos de la pandemia del coronavirus, resulta evidente que en el presente y en el futuro más inmediato, el combate de las pandemias y contra la irradiación de  las nuevas enfermedades no podrá ser gestionado por el sector privado sino que habrá de ser cubierto por el poder público, a escala de los Estados e internacionalmente.-




[i] Opioids of the Masses. Stopping an American Epidemic From Going Global. Foreign Affairs, May/June 2018
[ii] La financiarización y la economía mundial; G. A. Epstein, (ed) 2005, p. 3.
[iii] En economía de  empresa y en contabilidad, el fondo de comercio (en inglés, goodwill) se corresponde con el valor inmaterial de la empresa derivado de factores como la clientela, la eficiencia, la organización, el crédito, el prestigio, la experiencia, etc. que le permiten obtener rentabilidades superiores a las esperadas por la simple suma de sus activos contables. En el Plan General de Contabilidad español, el fondo de comercio se define como el conjunto de elementos intangibles o inmateriales de la empresa que implican valor para esta, como son, entre otros, la clientela, la razón social, la ubicación de la empresa, etc. De ahí que una empresa pueda valer más que la suma algebraica de todos los elementos que componen su patrimonio.​ El fondo de comercio recoge este valor adicional por encima de los elementos que la forman y que, en caso de venta, hace que se pague por ella más de los que valen sus elementos en sí; porque el fondo de comercio cuantifica la capacidad de la empresa para obtener beneficios extraordinarios, entendidos estos como aquellos beneficios superiores a la rentabilidad normal del mercado o del sector.


viernes, 10 de abril de 2020

LA BANCA TECNOLÓGICA ACRECIENTA EL RIESGO FINANCIERO SISTÉMICO (III)


La irrupción de las Big Tech, las grandes firmas tecnológicas como Amazon, Google o Facebook, en el mundo de las finanzas y su asociación y colaboración con los grandes bancos, como JP Morgan o el Banco Santander, en sus procesos de digitalización y modernización tecnológica como megadatos y dataficación, tecnologías blockchain; computación en la nube; inteligencia artificial, etc., cuyo desarrollo hemos analizado en los dos capítulos precedentes,  están transformando el sistema financiero y agilizando sus operativas al mismo tiempo que ensanchan el potencial de las entidades bancarias e intensifican su  conectividad a nivel global. Una transformación con consecuencias positivas en términos de costes y mejora de las prestaciones al consumidor, pero generando simultáneamente una vulnerabilidad muy  importante; y, en particular, como apuntan las investigaciones de  un grupo de expertos internacionales, acrecienta el riesgo sistémico en unos mercados financieros globales, que siguen basados en el principio de la libertad de movimientos de capitales e innovación financiera, aun cuando se haya mejorado la coordinación funcional y la supervisión de las autoridades nacionales.

La transformación del mercado financiero: ciberseguridad y protección de datos

La revista Forbes resumía un informe del Consejo de Estabilidad Financiera (FSB) bajo el título, los gigantes tecnológicos (BigTech) representan una amenaza mayor para las instituciones financieras que las compañías tecnológicas (Fintech).La competencia de las grandes compañías tecnológicas establecidas mundialmente, desde Google a IBM pasando por la china Alibaba (BigTech), y la tecnología financiera  podrían ejercer presión sobre la rentabilidad de las entidades financieras y llevarlas a asumir más riesgos para proteger sus márgenes de beneficios. Como parte de su monitoreo continuo sobre la influencia de ambas agrupaciones de empresas tecnológicas en las instituciones financieras, el FSB con sede en Basilea, en enero 2020 publicó el informe "Fintech y la estructura del mercado en servicios financieros: desarrollos del mercado y posibles implicaciones de estabilidad financiera".

 Al analizar las ventajas y amenazas que plantea la creciente innovación tecnológica en el sector financiero, un grupo de investigadores de todo el mundo descubrió que podría desarrollarse un sistema financiero más eficiente y resistente debido a que tanto las grandes tecnológicas financieras (BigTech) como las compañías de tecnología financiera (Fintech) generan más competencia y diversidad en préstamos y pagos, seguros, comercio y otras áreas de servicios financieros. Sin embargo, si las entidades financieras tienen dificultades con esta competencia, podrían aumentar su exposición al riesgo de crédito y de mercado para seguir siendo rentables; asumir más riesgos sin una buena gestión de riesgos y altos niveles de capital, que podrían poner en peligro la estabilidad financiera mundial, apuntan.

Por tanto, el FSB apela a la necesidad de que los reguladores y analistas presten precisamente más atención porque ambos grupos de firmas (BigTech y Fintech) podrían afectar a la estabilidad financiera al haber transformado la estructura del mercado en los servicios financieros. Como se señala en  dicho informe, "la estructura del mercado se refiere a la interrelación de las empresas en un mercado que afecta a su comportamiento y a su capacidad para obtener ganancias". Según el análisis del FSB, la innovación tecnológica financiera podría influir en esa estructura a  través de diferentes canales, incluidos los siguientes:

• La aparición de proveedores de servicios similares a los de un banco, como el crédito o los pagos por parte de firmas de tecnología financiera, que pueden afectar a los mercados y al comportamiento bancario, aumentando la eficiencia de los servicios financieros en el futuro.
• La entrada de los gigantes tecnológicos con redes establecidas y la explotación de megadatos, se ha afianzado para servicios bancarios en algunas jurisdicciones, particularmente en materia de  pagos, y a veces también en materias de crédito, seguros y gestión de patrimonio; con menores costes (o incluso gratuitos), ya que podrían usar los datos obtenidos a través de estos servicios para una variedad de empresas.
• Y las entidades financieras dependerán de firmas de tecnología financiera como proveedores de servicios externos para la provisión de datos, de  conectividad física y de servicios en la nube. Más aún, el FSB admite que con el tiempo es posible que las entidades financieras afronten riesgos sistémicos operativos y de seguridad cibernética si las entidades sistémicamente importantes (las SIFI) no gestionan adecuadamente los riesgos asociados con la tercerización de sus servicios.

Más bien, el riesgo claro de la digitalización, que es un proceso que en muchos casos cubre negocios enteros, es principalmente la ciberseguridad y la protección de datos. 
La ciberseguridad se ha convertido en una de las áreas principales de atención de los reguladores financieros en todo el mundo así como de los gobiernos y las firmas financieras y tecnológicas. Y el informe del FSB subraya que la ciberseguridad es ahora la fuente más significativa de riesgo sistémico, así como uno de los  asuntos más significativos de la seguridad nacional, y la digitalización de las operaciones bancarias plantea los graves riesgos del hackeo o pirateo, el ciberrobo, el ciberterrorismo, el ciberactivismo y los ciberataques. Hasta el extremo de que incluso un simple fraude y robo adquiera una escala mucho mayor y en lugar del robo de una cuenta, oficina o firma, un atacante pueda potencialmente robar o atacar todas las cuentas y oficina de múltiples firmas en múltiples jurisdicciones al mismo tiempo, como ya relatamos ya  en este blog  (Véase Los hackers y la ciberinseguridadbancaria con casos de hackeo incluso de la red mundial SWIFT).   Los riesgos tecnológicos están afectando cada vez más al sector financiero () El riesgo cibernético amenaza la integridad de los datos y la continuidad del negocio en un sistema financiero interconectado.” Fueron algunas conclusiones de los informes del Comité Conjunto de las agencias europeas de supervisión (Spring Risky Report) de abril de 2017 y de agosto de 2016 sobre riesgos y vulnerabilidades clave para el sistema financiero de la Unión Europea.

Además de la ciberseguridad, el referido informe del FSB señala que el creciente papel central de los megadatos en el sector financiero revela la segunda área principal de preocupación, que es la protección de datos; que en alguna manera se relaciona con la ciberseguridad y que al mismo tiempo se ve afectada por la amplia gama de políticas subyacentes de protección de datos en las jurisdicciones en todo el mundo, con planteamientos y resultados bien diferentes en los EEUU, China y la Unión Europea; con diferentes requerimientos legales. En todo caso una de las cuestiones más importantes del siglo XXI.

Riesgos tecnológicos de los proveedores de servicios: la banca en la nube

La tecnología financiera está transformando las finanzas y cuestionando su regulación a un ritmo sin precedentes, como comprobamos en el capítulo anterior. Todo ello junto a las tecnologías como los megadatos y la inteligencia artificial, contratos  inteligentes (smarts), tecnología de la regulación (regtech) y la identidad digital. Durante la pasada década, un proceso a largo plazo de digitalización de las finanzas se ha combinado cada vez más con la explotación y comercialización de megadatos (y dataficación, como ya vimos)  y las nuevas tecnologías, incluyendo la computación en la nube, tecnologías blockchain  y de inteligencia artificial,  generando una nueva era de tecnología financiera. El resultado son nuevos servicios con efectos disruptivos en los intermediarios financieros existentes. Pero la mayor parte de la tecnología pretende colaborar y buscar a la banca e intermediarios como clientes. Y es aquí donde tiene lugar la verdadera innovación tecnológica y a un ritmo rápido. Este proceso de digitalización y explotación de los megadatos combinado con nuevas tecnologías, podemos verlo en todos los mercados financieros globales y asimismo en mercados emergentes y en desarrollo, en los que el proceso de transformación digital financiera se está desarrollando incluso a mayor velocidad que en los mercados desarrollados. En el actual período de desarrollo de la tecnología financiera resaltan dos tendencias principales:

-       La primera es la velocidad del cambio impulsado por la mercantilización de la tecnología como un producto comercial más, la analítica de los megadatos, el aprendizaje automático (machine learning) y la inteligencia artificial.

-       La segunda es el creciente número y variedad de nuevos participantes en el sector financiero, incluyendo la tecnología preexistente y las compañías electrónicas. A lo que se añade la transformación de la tecnología financiera, que  proporciona datos o servicios de tecnología de la información a las entidades financieras.  
Lo cierto es que en el caso de la tecnología de la información (TI), de la provisión de datos a los bancos y demás intermediarios financieros, les expone a riesgo operativos y a ciber riesgos, en particular desde esos servicios de los proveedores como terceros, como observamos en los riesgos de la computación  en la nube.

Riesgos tecnológicos de la banca en la nube

La revolución de los megadatos (Big Data), que se ha desatado en los últimos años, ahora está logrando que las industrias de todo el mundo mejoren su capacidad de acceder y extraer datos de todo tipo de fuentes. Al hacerlo, la infraestructura existente de tecnología de la información (TI) está siendo sometida a una fuerte presión, mientras se siguen buscando soluciones digitales cada vez más innovadoras, especialmente en el sector bancario. Y una de las soluciones digitales más transformadoras del sector es la computación en la nube, según los analistas. (Cary Springfield, Authoritative analysis onInternational banking, International Banker)  Sin embargo, la tecnología de la computación en la nube presenta riesgos importantes, revelados en los años de experiencia, cuyas  causas han sido diversas, desde cortes de energía hasta centros de datos que van a la quiebra debido a errores humanos. Y que han generado significativas frustraciones para responsables y profesionales. (6 Cloud ComputingFailures that Shocked the World by The RIQ News Desk) Y es que la poética metáfora de la nube para residenciar servicios informáticos esconde la realidad de inmensos centros de datos ubicados en diversos puntos geográficos del planeta, de cuya ubicación solo tiene conocimiento el gigante tecnológico y ocasionalmente tenemos noticia cuando se filtra algún fallo relevante.
La Asociación de Banqueros Británicos (BBA) ha identificado tres factores clave para la adopción de servicios públicos basados ​​en la nube por parte de los bancos que persiguen la mitigación de riesgos. Ciertamente, la nube puede ayudar a reducir los riesgos asociados con la tecnología tradicional, como los problemas de capacidad, redundancia y resistencia. Además, destaca la innovación ágil puesto acceder a la nube puede aumentar la capacidad de los bancos para innovar "al mejorar la agilidad, la eficiencia y la productividad". Y en tercer lugar, la computación en la nube genera beneficios significativos en los costes, especialmente dada la reducción en los requisitos iniciales de gasto de capital para la infraestructura de TI tradicional. Además, desde una perspectiva reguladora, la escalabilidad de la nube significa que los bancos pueden escanear potencialmente miles de transacciones por segundo, lo que mejora drásticamente la capacidad de la industria para combatir los delitos financieros, como el fraude y el lavado de dinero.

Entre las ventajas podemos añadir aquí el desarrollo de grandes plataformas de servicios de TI a las que los bancos e  intermediarios financieros subcontratan funciones nucleares. Por ejemplo, Aladdin – la plataforma de software para la gestión administrativa desarrollada por Blackrock, el gestor de activos mayor del mundo – se apoya en aproximadamente 25.000 profesionales de la inversión por todo el mundo y se utiliza para gestionar aproximadamente  el 7 por ciento de los activos financieros del mundo, incluidos los activos de los otros 10 primeros gestores de activos.

Pero los continuos avances en la tecnología de la información no han evitado ni excluyen los riesgos asociados a esta tecnología, como acreditan casos imborrables. Así quedaron evidenciados los riesgos de un mal funcionamiento de la nube, cuando el centro de datos de computación en la nube de Amazon en Hong Kong, en 2017 dejó que  se cayera la web del organismo de supervisión bursátil (SEC) de EEUU así como muchos servicios orientados al consumo como la plataforma de televisión Netflix, los termostatos "inteligentes" y e incluso algún servidor de correo electrónico, quedando demostrado cuánto dependemos todos de la infraestructura de una empresa tecnológica. También se demostró cómo la centralización de los datos ha hecho que Internet, al menos la parte que la mayoría de nosotros usamos, sea más vulnerable de lo previsto cuando fue diseñado. Aunque la compañía Amazon pueda ser conocida principalmente por el envío de libros u objetos en dos días, donde realmente gana dinero es en la computación en la nube. La compañía posee grandes centros de datos en todo el mundo y alquila energía informática y almacenamiento bajo demanda, como vimos en el capítulo anterior. Y este es un servicio global de infraestructura en la nube que está dominado por solo cuatro jugadores; y la participación de Amazon en ese mercado es mayor que la de los tres siguientes combinados. (Can't Stream Netflix? The Cloud May Be to Blame, Bloomberg, 2/3/2017)
El problema se agudiza porque, por lo general, la supervisión financiera no se aplica a los proveedores de megadatos que normalmente quedan fuera del ámbito de la regulación financiera. Por tanto, los reguladores financieros carecen de información respecto a tales firmas tecnológicas asociadas  y sus potenciales funciones en la interconectividad a través del sector financiero, y excluidos de los instrumentos públicos de supervisión o regulación.

El sistema financiero, más vulnerable con las tecnologías

El riesgo sistémico creado por los instrumentos y productos financieros comercializados sin regulación ni supervisión pública condujeron a la gran crisis financiera  de 2007 y 2008 en Wall Street que se contagió mundialmente generando la gran recesión económica manifestada de forma diversa en los diferentes países. Los expertos señalan que el riesgo sistémico es el resultado de dos elementos básicos, como son la sobredimensión de los bancos (el riesgo codificado por la expresión demasiado grande para fallar /too big to fail /TBTF) y la interrelación de los bancos y entidades financieras (demasiado conectados para fallar / too conected to fail /TCTF). Y estos dos elementos del sistema financiero son considerados nucleares en la regulación de la estabilidad financiera.
Durante largo tiempo el riesgo sistémico ha sido un tema central en la evolución de la regulación financiera y, en particular, en la  regulación bancaria. “El riesgo financiero sistémico es el riesgo que un evento desencadene una pérdida de valor económico o de confianza, y atendiendo aumentos  sobre la incertidumbre, en una porción sustancial del sistema financiero que es suficientemente serio para que con toda probabilidad tenga efectos adversos significativos en la economía real”, según la definición del G-20.

El riesgo financiero sistémico comprende los efectos del contagio, por el cual se extiende una pérdida de confianza que socava los mercados; a veces, tales efectos pueden brotar de eventos relativamente pequeños que son desproporcionados respecto a su impacto último. Con anterioridad a la crisis financiera global de 2008, la regulación de la estabilidad financiera había surgido como una función regulatoria nuclear, centrándose en la identificación, la prevención y la gestión del  riesgo que pudiera significar para el sistema financiero. Generalmente se centraba en la banca, excluyendo normalmente las entidades financieras no bancaria, y en particular sobre la dimensión de las entidades individuales (el problema del TBTF) y el sistema de pagos.

A pesar de las décadas de experiencia y análisis sobre el asunto, el riesgo sistémico fue el aspecto nuclear de la crisis de 2008, que reveló claros fallos en la regulación de la estabilidad financiera que habían permitido el desarrollo de instrumentos (incluso opacos como las sociedades offshore o domiciliadas en los conocidos paraísos fiscales) y productos (como los derivados o apuestas sobre las cotizaciones) fuera de la supervisión de las autoridades. Desde entonces, grandes volúmenes de investigaciones han afinado la comprensión del riesgo sistémico, alcanzando un consenso básico en que la dimensión de los intermediarios y la conectividad son las fuentes nucleares del riesgo sistémico.
La digitalización y la explotación de megadatos, la ciberseguridad  y los riesgos de la sobredimensión bancaria global (el elemento de riesgo TBTF) y del sobredimensionamiento de la interconexión entre entidades financieras  (el elemento de riesgo TCTF), generan un mundo en el que el sistema financiero globalizado resulta más vulnerable que antes de la gran crisis financiera de hace más de diez años, según el análisis de un grupo de expertos internacionales del que extraemos elementos e ideas básicas. (Douglas W. Arner et alii, Fintech, Regtech and Systemic  Risk: The Rise of Global Technogy Risk, chapter 4 of Systemic Risk in the Financial Sector. Ten years after the great crash, Centre
for International Governance  innovation (CIGI), Canada, 2019)

El riesgo de los bancos sobredimensionados

Con ocasión de la gran crisis financiera, el G-20 acuñó el concepto “las Institución Financiera Sistémicamente Importante” (SIFI en siglas en inglés), los más grandes bancos de los grandes), cuyo tal tamaño y alcance podría derrumbar todo el sistema financiero occidental. Conforme  a la definición de Ben Bernanke, que fue presidente de la Reserva Federal de EEUU, una entidad financiera sistémicamente importante (SIFI) es aquella cuya dimensión, complejidad, interconexión y funciones críticas son tales que, si la firma de modo inesperado entra en liquidación, el resto del sistema financiero y la economía afrontarán unas consecuencias adversas severas. De ahí que las SIFIS globales se hayan convertido en el foco central de la agenda de reformas regulatorias post crisis para el G-20 y el FSB, así como un tema central de las reformas internas y regionales durante los últimos diez años.

Para estas SIFIs o entidades bancarias y financieras sobredimensionadas, aparte de la inquietud por la protección de datos y la competencia, su asociación con las grandes firmas tecnológicas, desde Amazon a Alibaba, les aporta fuentes de datos o de provisión de servicios tecnológicos, que conducen al aumento de su volumen e importancia financiera y, consecuentemente, incrementando el potencial actual de riesgos de los grandes bancos. El grupo de autores citados subrayan el rápido reforzamiento del tamaño de los grandes bancos con la tecnología, como se deduce de los ejemplos descritos sobre aquellas grandes firmas de tecnología financiera, particularmente las Big Tech como Google y Alibaba, que se están implicando en los servicios financieros, como describimos en el primer artículo. Y que son firmas  que disfrutan del acceso a abundantes datos que les pueden servir a la banca como fuente de megadatos, bien en bruto o analizados, utilizando esta estrecha cooperación para afinar sus valoraciones de productos y riesgos que ofrecen a su clientela; o proveen directamente servicios financieros a los clientes utilizando su ventaja competitiva en megadatos.

Las grandes firmas tecnológicas y de comercio electrónico que tienen acceso a tales megadatos se están introduciendo cada vez más en las finanzas, en modos diferentes de las firmas de tecnología financiera, en la medida en que se benefician de las lagunas en la regulación y/o en las disparidades en el tratamiento de las tradicionales  entidades financieras, en  economías de alcance y de escala  y en los efectos de red (por ej., una tendencia hacia la concentración tanto en megadatos como en finanzas). Esta combinación apunta,  según las investigaciones de  los autores referidos, que las firmas tecnológicas de hecho están incrementando potencialmente los riesgos ya inherentes a la sobredimensionamiento de la gran banca (los riesgos de TBTF), además de suscitar inquietudes sobre la competencia y la protección de datos.

En el contexto del paradigma de los riesgos de las SIFIs (TBTF), la importancia sistémica deriva del hecho de que otras entidades intermediarias están comprometidas con vínculos empresariales que son decisivos para muchos intermediarios, mientras todos esos intermediarios juntos son de  importancia crítica para el sistema financiero. Y esos lazos no pueden reemplazarse fácilmente. Aquí la percepción clave post crisis es que esas vinculaciones pueden adoptar formas diversas desde los derivativos extracontables (OT) y el riesgo de la contraparte relacionada. Además, las vinculaciones son vistas ahora como surgidas de modelos de negocio corrientes (por ejemplo, originados para distribuir), aproximaciones contractuales (por ejemplo,  la documentación estandarizada de la organización privada ISDA) y las “comunidades” transversales a los sistemas de gestión de riesgos. Y otra consecuencia de importancia sistémica es que frecuentemente  los gobiernos se ven presionados para prestar apoyo a las SIFIs que afrontan problemas financieros.

La interconectividad intensa, contribuye al riesgo sistémico

El riesgo de la sobredimensión de la interconectividad financiera generada por la tecnología, contribuye a intensificar la interdependencia de las entidades bancarias y las entidades financieras a nivel global, contribuyendo al riesgo sistémico del mundo financiero. Así los afirman los expertos referidos en relación con esta sobredimensión de la interconexión (el riesgo TCTF) que argumentan que en un mundo de finanzas digitalizadas, todo está conectado por la vía de la alimentación de megadatos y tal conectividad contribuye a generar riesgo sistémico. En particular, la tradicional propiedad bancaria e infraestructura de gestión bancaria está siendo reemplazada por la nueva infraestructura sistemáticamente importante propiedad de otros  y que esos otros potencialmente no son un intermediario financiero en sentido tradicional sino una compañía tecnológica no regulados en absoluto y no sometida a las medidas asociadas con el riesgo sistémico, tales como las modalidades de rescate bancario, segregación de la infraestructura crítica y demás. Los ejemplos incluyen concentración del mercado en el suministro de megadatos, servicios en la nube (con firmas no financieras que abastece de megadatos y aloja servicios para las firmas financieras y los reguladores) y otros.

Más allá de la ciberseguridad y la protección de datos,  la implicación de las firmas gigantes de datos (Big Tech) en mercados financieros es una razón de inquietud. Conforme al Comité de Basilea de banca y supervisión, las Big Tech se refiere a las grandes firmas de tecnología activas globalmente con una ventaja competitiva en tecnología digital. Como ya analizamos en el primer capítulo, las Big Tech ordinariamente proveen servicios de web (motores de búsqueda, redes sociales, comercio electrónico, etc.) a usuarios finales a través de Internet y/o las plataformas de TI o mantienen infraestructuras (almacenamiento de datos y capacidades de procesamiento) sobre las cuales otras compañías proporcionan productos y servicios. Esas grandes compañías tecnológicas están vinculadas a los mercados financieros de dos modos:

-       En primer lugar, pueden funcionar como  terceros en calidad de proveedores para los intermediarios financieros. Estos casos comprenden los servicios en la nube, como los que presta Amazon y otros; o alimentan datos a bancos y gestores de activos que acostumbran a informar de modelos de riesgo y cálculos.

-       En segundo lugar, las grandes firmas tecnológicas pueden moverse más directamente hacia proveedores de servicios financieros, sirviendo inicialmente como conductos ligando a los proveedores de servicios financieros con los clientes que típicamente ya tienen las grandes tecnológicas y con el tiempo comenzando potencialmente  a proveer el servicios financiero directamente a los clientes como financieras tecnológicas.
Sin duda la implicación de los gigantes tecnológicos en las finanzas corre pareja con la conectividad, una combinación que genera riesgos sistémicos potencialmente considerables. La falta de transparencia u opacidad y el potencial para construir aún más dimensión en la prestación de servicios financieros muy rápidamente, completa el cuadro que la acción regulatoria sobre las grandes tecnológicas que debería incluirse en la agenda de los reguladores. Tanto los modelos de negocio de las grandes compañías, sea como tercero de servicios IT (megadatos) o provisión asimilable a una financiera tecnológica de servicios financieros, tienen el potencial de crear riesgo sistémico, aunque en diferentes maneras.

Consideradas conjuntamente la digitalización y dataficación, ciberseguridad y el sobredimensionamiento de la gran banca y el sobredimensionamiento de la conectividad (es decir, los riesgos TBTF/TCTF) crean un mundo en el que el sistema financiero resulta más vulnerable que anteriormente. Dondequiera que los riesgos tecnológicos son los nuevos impulsores de la inestabilidad financiera, los expertos aconsejan a los reguladores que se enfoquen en estas nuevas formas de riesgo, tanto en términos de su conexión con otras formas de riesgo así como independientemente.

Lagunas y complejidades de la posible regulación

El examen de las ventajas y detalles técnicos descritos en los dos capítulos precedentes, que la tecnología aporta a las entidades financieras, sea la explotación de megadatos, el encadenamiento de bloques o blockchain o la inteligencia artificial o la computación en la nube, evidencia el dinamismo, la fluidez y las posibilidades de un mayor alcance de las transacciones económicas, carentes de transparencia desde el exterior o lo que es lo mismo, escondidas en la máxima opacidad frente las regulaciones y frente a la supervisión de las autoridades financieras; que difícilmente dispondrán de recursos legales y tecnológicos para obtener la información que permita el debido control del volumen de operaciones en microsegundos de indudable transcendencia para el sistema económico.

Hoy en día, las deficiencias en el sistema regulatorio con relación a los riesgos de la tecnología financiera son similares a los que se experimentaron con respecto a las políticas macroprudenciales de bancos centrales y demás autoridades que debían prevenir los riesgos en el sistema  con anterioridad a la gran crisis financiera global de 2008, afirman los expertos. Esas deficiencias incluyen falta de comprensión y conocimiento de la realidad, las deficiencias en los mandatos, las lagunas en la regulación, la  falta de coordinación entre autoridades, asimetrías en la información, la carencia de conocimiento experto por parte de los intermediarios financieros y los reguladores y así sucesivamente. En consecuencia, el grupo de expertos referido propugna  una nueva agenda de riesgos que responda proactivamente a los riesgos tecnológicos.

Frente a estos riesgos generados por las firmas tecnológicas que  no son supervisadas, las legislaciones financieras ordinariamente responden imponiendo estrictos requerimientos a la subcontratación de servicios tecnológicos por bancos y entidades financieras. En particular, a  la entidad financiera se le  requiere que garantice la estabilidad sistémica en todo momento, al margen de la subcontratación de firmas de tecnología de la información. Pero la cuestión de fondo plateada, es como podría un banco, aunque sea  JP Morgan o Goldman Sachs, garantizar que una de las principales compañías tecnológicas, como por ejemplo Amazon, Apple, Google o Microsoft, realicen la prestación apropiada de un servicio tecnológico contratado. Los grandes bancos no pueden controlar a las grandes firmas tecnológicas, cuyo valor de mercado es un múltiplo de la capitalización del propio banco. Y peor aún, Apple podría comprar Deutsche Bank con dinero en efectivo, contante y sonante de su propia caja. Como tampoco pueden aplicar controles que garanticen el funcionamiento adecuado de los grandes centros de datos en la nube. “A final, los bancos e intermediarios financieros necesitan confiar en las Big Tech”  (Systemic Risk in the Financial Sector, opus cit., pp.70 y 79). Pero autoridades y medios de información optan por ignorar que la tecnología financiera acrecienta el riesgo sistémico en el sector financiero.-
7/4/2020