viernes, 28 de mayo de 2021

La sombra de China se alarga hasta Montenegro

Montenegro es uno de los países de los Balcanes, surgidos de la descomposición de Yugoeslavia en los noventa, que aspira a entrar en la Unión Europea; pero la sombra del gigante asiático sobre el Este europeo es cada vez más larga e innegable, con Gobiernos euroescépticos como el húngaro que han optado por las vacunas chinas en su lucha contra la pandemia. Un ejemplo más de como la actual influencia china sigue abriendo brecha no solo entre Bruselas y los aspirantes a entrar en la Unión sino también entre Bruselas y algunos estados miembros. Desde luego China presenta un serio riesgo estratégico para el devenir de Europa.

Una autopista inacabada e impagada

En Montenegro se construye una de las autopistas más caras del mundo, financiada con un crédito concedido por China. Pero, como ha investigado Euronews, el gran interrogante es qué ocurrirá si este pequeño país balcánico no puede rembolsar ese crédito y se ve atrapado en la trampa de la deuda china, como ya le sucedió a Sri Lanka y a otros países en desarrollo ligados a los proyectos chinos de grandes infraestructuras amparados bajo la denominación de Nuevas Rutas de la Seda.

La impresionante e inacabada autopista Bar-Boljare de Montenegro se ha convertido en todo un quebradero de cabeza para este país pero también para la UE. Proyectada con una longitud de 170 kms la obra se ha parado en la primera fase del proyecto, de 41 kms, que abarca 20 puentes y 16 túneles a través de un terreno montañoso accidentado, con un coste de 20 millones de euros por km. La empresa constructora es la Corporación China de Carreteras y Puentes (CRBC) y el Eximbank de China que aporta un 85% de un préstamo en dólares del gobierno chino. La autopista, destinada en última instancia a unir el puerto de Bar (en italiano Antivari) en el Adriático con la capital de Serbia, Belgrado, ha sido un símbolo del deseo montenegrino construirse en Estado independiente en 2006. Pero su problemática construcción ejemplifica la inversión divisiva de China al margen de la UE y los riesgos de financiar grandes proyectos de infraestructura con préstamos de Pekín. Incluso hay dudas sobre los restantes 80 km de la autopista, ya que el gobierno no puede endeudarse más y Serbia ha retrasado la construcción del tramo correspondiente al otro lado de la frontera.

El alto coste de la financiación china, estimado en un total de 1.300 millones de euros, ha contribuido a elevar más la enorme deuda exterior de Montenegro, que se disparado hasta casi el 80% del producto interno bruto en 2012. Si Montenegro incumpliera, los términos de su contrato para los préstamos otorgan a China incluso el derecho a acceder a tierras montenegrinas como garantía, según publicaba por el Financial Times.

"Esta inversión china podría ser realmente peligrosa para Montenegro y nadie está pensando tanto en eso en nuestro país", reconocía al periódico británico Milka Tadic Mijovic, directora del Centro de Informes de Investigación con sede en Podgorica, que produjo un documental sobre la carretera. “El proyecto de la carretera y la forma en que se financia ha llevado a Montenegro por primera vez a una situación de déficit superior a los estándares de la UE, lo que limita el espacio futuro para las maniobras financieras del gobierno”. 

El riesgo de la trampa de la deuda china

La problemática situación creada en Montenegro, nos trae el recuerdo de las sospechas o el riesgo que conllevan en muchos casos los empréstitos chinos para grandiosas infraestructuras concertados con países en desarrollo al amparo de la mediática Nueva Ruta de la Seda. El caso de referencia es el de Sri Lanka, donde finalizada la construcción del gran puerto estratégico sobre el océano Índico mediante un sustancioso préstamo de China, se evidenció la imposibilidad de que el antiguo Ceilán reembolsara la deuda. Y en 2017, conforme al contrato suscrito la devolución del crédito se canjeo por un arrendamiento a 99 años del enorme puerto de Hambatota, añadiendo la disputa entre gobiernos sobre si el uso del puerto será o no exclusivamente civil, puesto Sri Lanka se niega a admitir la escala en su territorio de submarinos chinos. Y es que, como la historia nos enseña, los préstamos de gobierno a gobierno para grandes infraestructuras siempre fueron instrumentos de dominio (Frederic Lasserre et d autres, Les Nouvelles Routes de la Soie, Presses de l´Université du Quebec, 2019, pag.145).

En caso de impago de la deuda por parte de  Montenegro, muchos temen que el puerto de Bar, con sus aguas profundas sobre el Adriático, resulte ser un excelente objetivo estratégico para los planes expansivos de China.  

La política europea de China sigue careciendo de respuesta.

La presencia de China en Europa es crítica. Aunque los fondos han caído drásticamente en los últimos años, Pekín ha prodigado préstamos en los Balcanes, con casi el 70 por ciento de sus inversiones de 15.400 millones de euros desde 2012 destinadas a los cinco miembros de la agrupación que no pertenecen a la UE, según el Financial Times.

Y es evidente que los aspectos económicos del proyecto de la autopista montenegrina son duros, al igual que las consecuencias financieras para el país.

El recurso de Montenegro a la UE para que pague su deuda con China ha tenido una respuesta negativa hasta ahora. Por lo cual se afirma por los observadores que se han tensado un tanto un poco más las relaciones entre Montenegro y el bloque europeo. Y China, su imagen, según los expertos, podría resultar beneficiada. "Sin duda, diría que se trata de un gran golpe estratégico con respecto al peso de la Unión en la región", explica Vuk Vuksanovic, del Centro de Política de Seguridad de Belgrado. "Porque su credibilidad se reducirá significativamente, ya que ahora la mayoría de las capitales balcánicas verán no solo que la Unión Europea está dispuesta a criticarles por cooperar con China, sino también como Bruselas no hace realmente mucho para contrarrestar la influencia china".

Pero algunos diplomáticos en Bruselas y estados miembros influyentes de la UE llevan mucho tiempo preocupados de que China esté utilizando el llamado grupo “16 + 1” como un caballo de Troya para dividir a la Unión Europea y debilitar a los países balcánicos vulnerables, aunque Pekín niegue tal intención.

Precisamente una reunión del grupo de países europeos  "16 + 1" se produce días después de una cumbre de la UE con China en Bruselas, mientras Europa ya ha asumido que tiene que desarrollar una estrategia coherente para contrarrestar las ambiciones de China en el continente.

Y es que el caso Montenegro se suma a la política de China seguida con el Foro 16+1, que revela su estrategia de penetración inversora en Europa, como subrayábamos en este blog en 2019. Desde 2012, China ha implicado directamente a 16 países, los llamados PECOs (en inglés CEEC), incluidos Estados miembros de la Unión, como Polonia y Hungría, y países de los Balcanes, como Serbia, todo ello con un enfoque innovador para la cooperación regional. Aunque enmarcado como multilateralismo, en la práctica este formato es en gran medida bilateral y altamente competitivo. Mientras al inicio estos países adoptaron con entusiasmo esta cooperación china como una oportunidad para diversificar sus relaciones económicas, centradas en la Unión tras la crisis financiera global, para 2018 algunos de ellos expresaban su descontento con los resultados económicos obtenidos.

En los dos últimos años transcurridos, mientras EEUU con el Presidente Trump, se distanciaba de los socios europeos, China se ha ido aproximando para sacar provecho de las tensiones entre los occidentales dentro de su proyecto imperial. Y los 27 socios no acaban de definir una estrategia conjunta frente al Imperio de Enmedio (entre el Cielo y la Tierra, según la autodenominación antigua)



jueves, 29 de abril de 2021

Presencia alemana en el conflictivo Mar del Sur de China

En Agosto próximo, una fragata alemana va a zarpar rumbo a Asia, y a su regreso se convertirá en el primer buque de guerra alemán que habrá cruzado el Mar de China Meridional por primera vez desde 2002, anunciaron a primeros de marzo altos funcionarios del Gobierno de Ángela Merkel y difundió la agencia Reuters y la prensa asiática y medios internacionales que se hacían eco de la noticia.

A pesar de los frecuentes roces e incidentes entre navíos chinos y pescadores de los países ribereños, nada nos hace pensar que la presencia alemana vaya a provocar una crisis internacional como la del verano de 1911, cuando retando el dominio entonces de Francia en Marruecos, la Alemania del Káiser Guillermo II envió el acorazado Panther a Agadir, con la pretensión de establecer una base naval en el Atlántico; lo que hizo aflorar la tensión bélica entre los dos bloques de grandes países armados que anticipó el estallido de la primera guerra mundial. Obviamente, la actual tensión en las relaciones internacionales difiere de la de aquella época, aunque estemos viviendo también una nueva etapa de paz armada. Pero ni se aprecia aquel grado de tensión bélica de principios del siglo XX,  ni la Alemania de hoy muestra pretensiones de afirmarse como poder global.

Sin embargo resulta indudable que ese anunciado movimiento naval de un país líder de la Unión Europea revela un posicionamiento frente a la conflictiva  área marítima del Sur de China.

 

El conflicto geopolítico

El Mar de China se ha convertido en objeto de crecientes reclamaciones territoriales que se superponen entre China y otros países ribereños, incluido Japón. Y hoy  es un punto caliente en las relaciones de China con los EEUU y con los países del Sudeste asiático, como lo demuestran las frecuentes noticias de incidentes y declaraciones de países afectados. Ya en otoño de 2016, Jacques Attalí, destacado politólogo francés y autor de decenas de libros, incluía este espacio marítimo como uno de los seis posibles detonadores  que podrían desencadenar un conflicto bélico mundial. (Jacques Attalí, Vivement Aprés Demain, ed. Pluriel, págs., 176 y sgtes.) Los hechos desde 2016 no le han desmentido.

La gran importancia de esta zona para el comercio internacional, se manifiesta en que una mitad de los cargamentos de petroleros del mundo atraviesa el Mar de la China Meridional, no solamente hacia China sino también hacia Corea de Sur y Japón. Y siete de los diez principales puertos de contenedores del Mundo son chinos, el mayor es Shanghai; el 40 % de los cargamentos en contenedores del mundo corresponden a China (David Yergin, The New Map, Penguin Press, 2020, capitulo China´s Map) Y China reclama su soberanía plena sobre ese mar.

Los funcionarios alemanes precisaron que en su travesía el buque de guerra alemán respetará el espacio marítimo del mar territorial de cada país ribereño, las llamadas 12 millas náuticas, una referencia  indirecta a las áreas del mar en disputa como zona económica exclusiva, que China reclama casi en su totalidad y pretende exigir autorización para la navegación.

Es en este contexto la rivalidad por los islotes deshabitados (pero importantes para la delimitación de la zona económica exclusiva rica en gas y petróleo) cobra su importancia, alimentada por el aura de renacimiento nacionalista de China y de países asiáticos.

 

China y Japón

Ciertamente China presenta su propio ascenso al poder global como pacífico, pero no es así en ciertos casos. El caso más espinoso  quizás sea el área marítima Norte que afecta a la relación entre China y Japón sobre las islas que Japón denomina Senkaku y China Diaoyu, cuya competencia territorial viene a injertarse en la rivalidad geopolítica e histórica de los dos países. Rivalidad acentuada desde que en 2011 el PIB chino superó al japonés. Y la historia y su interpretación aún dividen a Pekín y Tokio. En 2013, Pekín amplió su espacio aéreo a esas islas, con el apoyo de Estados Unidos a Tokio: el presidente Obama declaraba que el tratado de defensa estadounidense-japonés cubre esas islas… Todos exhiben sus músculos para no usarlos, pero el temor a un derrape mal controlado podría llevar en un enfrentamiento apocalíptico que a todos preocupa.

 

China y los países del Sudeste Asiático

La verdad es que los vecinos de China del Sudeste Asiático se ambicionan el desarrollo de relaciones económicas mutuamente beneficiosas, pero también están inquietos por las pretensiones marítimas de China. Y al mismo tiempo mantienen cierta afinidad política con los EEUU.


Pero al Este del océano Pacífico tenemos otro punto caliente del planeta como es el mar de la China Meridional o mar del Sur de China, también conocido en Filipinas como mar de Filipinas Occidental​ (en inglés West Philippine Sea), que comprende el área que va desde Indonesia y Malasia hasta el estrecho de Taiwán, y las islas de Borneo y el archipiélago de las Filipinas. Abarca aproximadamente 3 500 000 km², un millón de kilómetros cuadrados más que el mar Mediterráneo y dos millones más que el golfo de México. En  ese mar Oriental hay cientos de pequeñas islas y arrecifes, que se agrupan en archipiélagos y cuya soberanía es objeto de reclamaciones por las naciones vecinas. Esta competencia se refleja en la diversidad de nombres utilizados en tales islas y en el propio mar.

Pekín considera el Mar de China Meridional como un asunto de interés nacional. Desde la llegada al poder del presidente XI Jinping, ha cobrado cierta vigencia oficial el mapa que se conoce como el 9-Dash Map (el mapa de las 9 rayas). Este mapa chino, que en los años treinta del pasado siglo elaboró el geógrafo chino Bai Meichu y fue adoptado por el gobierno comunista de Mao Tse Tung, delimita las reivindicaciones territoriales de la República Popular China.

La asertividad de la China actual pretende el control de esta extensa área marítima como una garantía para su comercio y su abastecimiento: el 80% de sus importaciones pasan por este mar, que está repleto de gas y petróleo, cuya explotación codicia. Asimismo, es un punto de tránsito para los submarinos nucleares chinos. Y sobre esta área marítima, China viene practicando una política de hechos consumados al fijar unilateralmente las fronteras de su espacio marítimo y al construir islotes artificiales cerca de las Spratleys para extender y exhibir su dominio.

Algunos de estos puestos de avanzada militar china en islas artificiales a lo largo del Mar del Sur de China, se insertan en las disputas marítimas que alcanzan a países como Vietnam (las islas Paracelos), Filipinas (Scarborough Reef), Malasia, Indonesia y Brunei (islotes de Spratleys). Muchas de estos países basan sus reclamaciones marítimas en la Convención Internacional de Naciones Unidas de 1982 sobre la Ley de Mar. Algunas de las reclamaciones de varios de esos Estados como Taiwán y Filipinas, llevaron a China al Tribunal Internacional de Arbitraje de La Haya, que en 2016 dictaminó que no había fundamento legal para la reclamación de China; pero esta se negó a participar en el caso y luego desestimó el fallo como "nulo y sin valor".

 

"Un orden internacional basado en reglas"

Washington acusa a Pekín de militarizar el Mar de China Meridional y de intentar intimidar a sus vecinos asiáticos. Estados Unidos tiene un interés nacional en el mantenimiento de la paz y la estabilidad, el respeto por el derecho internacional, el comercio lícito sin obstáculos y el respeto a la libertad de navegación y otros usos legales del mar, como han manifestado en ocasiones los portavoces del Departamento de Estado. Y regularmente Estados Unidos realiza operaciones de “libertad de navegación” en las que sus navíos pasan cerca de algunas de las islas en conflicto, afirmando la libertad de acceso a las vías navegables internacionales.

Por tanto, ciertamente, la nueva Administración estadounidense acogió con satisfacción la decisión de Alemania de desplegar su fragata en esa área marítima. Y ha celebrado este plan de un aliado de la OTAN y destacado miembro de la Unión Europea como Alemania, calificándolo como un apoyo bienvenido para recuperar un "orden internacional basado en reglas" en medio de tensiones en esas aguas ricas en recursos.

Damos la bienvenida al apoyo de Alemania a un orden internacional basado en reglas en el Indo-Pacífico. La comunidad internacional tiene un interés vital en la preservación de un orden marítimo abierto". Y un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China respondía que los países disfrutan de libertad de navegación y sobrevuelo en esa vía marítima según el derecho internacional, agregando que “no podían tomarlo como una excusa para socavar la soberanía y la seguridad de los países litorales". Y, por su parte, la propia China también ha intensificado sus actividades en la región, realizando la marina china una serie de ejercicios de "escenarios de combate", incluido el aterrizaje anfibio en aguas no reveladas "lejos del continente", según noticias de periódicos regionales. En enero, Pekín aprobó una ley que por primera vez permite explícitamente a su guardia costera - que es la fuerza más poderosa de su tipo en la región  - disparar contra embarcaciones extranjeras, facultándoles para "tomar todas las medidas necesarias, incluido el uso de armas cuando la soberanía nacional, los derechos soberanos y la jurisdicción están siendo infringidos ilegalmente por organizaciones o individuos extranjeros en el mar". .  

Para contener esta política de China para asentar su soberanía sobre las aguas internacionales y controlar el área del Mar del Sur de China, los países de la OTAN han movilizado una parte de sus flotas. En enero pasado, un buque de guerra canadiense también navegó cerca del Mar de China Meridional, pasando por el Estrecho de Taiwán en su camino para unirse a ejercicios con las armadas de Australia, Japón y Estados Unidos. En febrero pasado, anunciaba que un submarino de propulsión nuclear y un buque de guerra patrullaban en el Mar del Sur de China para subrayar la libertad de navegación (Al Jazeera TV/ Reuters  4/3/2021)

Desde luego, en ese marco de cierta tensión cuasi bélica localizada que revelan las fuentes internacionales, resulta significativo que Alemania, el país  líder económico  de Europa haya adoptado a bombo y platillo una decisión sobre una operación marítima pacifica tan alejada del continente europeo, pero que se alinea claramente con la estrategia política de la Administración del presidente Biden de defensa de la libertad de navegación frente al expansionismo chino. Queda, pues, confirmado que, tras la errática política exterior de la Administración de Donald Trump, se reactiva al parecer una estrategia atlántica de defensa de un orden internacional que sea respetado por todos los países; y que  mantenga canales para la resolución de conflictos en el mundo. Y asimismo queda pendiente la definición práctica de la autonomía estratégica para la Unión Europea que se ha planteado desde Bruselas-  

 



 

domingo, 20 de diciembre de 2020

El proyecto de “Global Britain” apenas ha despegado

El limitado número de acuerdos comerciales concluidos hasta ahora por el gobierno británico con países externos a la UE apenas podrán compensar la pérdida del mercado europeo producida por su salida de la Unión Europea, como revelaba el economista Aude Martin en la revista francesa Alternatives économiques en un artículo publicado el pasado 24 noviembre, que por su actualidad reproducimos aquí.

 Según los conservadores en el poder en Londres, una de las supuestas ventajas del Brexit sería  la posibilidad de construir un Reino Unido más abierto al mundo mediante nuevos acuerdos de libre comercio con un gran número de países externos a la Unión Europea. Mientras la fecha fatídica se avecina (el 31 de diciembre próximo finalizará el periodo de transición tras el cual tendrá lugar la salida del Reino Unido), (…) cabe señalar que las aspiraciones para la “Global Britain” formuladas por Boris Johnson están lejos de concretarse. Los contados acuerdos concluidos hasta ahora por el gobierno británico apenas compensarán la pérdida del mercado europeo. 


Londres armó gran ruido mediático después de firmar su primer acuerdo de libre comercio a gran escala con Japón a finales de octubre, que deberá entrar en vigor el 1 de enero de 2021. “Japón siempre había sostenido que solo aceptaría seguir comerciando con los británicos a condición de que se llegase a un acuerdo entre Londres y Bruselas. Por ende, desde un punto de vista político, esta es una gran victoria para el gobierno británico”, afirma Catherine Mathieu, economista del OFCE. Pero en el ámbito económico, este acuerdo reproduce esencialmente las condiciones bajo las cuales el Reino Unido ya podía comerciar con Japón cuando pertenecía a la Unión Europea. “No va más allá de eso, pero, a largo plazo, podría facilitar la participación del Reino Unido en el acuerdo transpacífico de cooperación”, declara Catherine Mathieu.

En cuanto a lo demás, el Reino Unido ha firmado hasta la fecha 22 acuerdos comerciales con unos cincuenta países, incluyendo Suiza, Chile y Corea del Sur, pero que apenas representan en total un 7,8 % de sus exportaciones de bienes en 2019, señala el Crédit Agricole en un boletín reciente. Se está buscando establecer acuerdos con otros 16 países, incluyendo Canadá, México y Turquía, pero estos también representan apenas un leve porcentaje de las exportaciones británicas (6,8 %) en comparación con el peso de la Unión Europea (46 %).

En el caso de Estados Unidos, el principal socio comercial de los británicos después de la Unión Europea, este firmó, al igual que Nueva Zelanda y Australia, un acuerdo de “reconocimiento mutuo” con Londres. Esto significa que ambos signatarios deben reconocer la conformidad de determinados productos del país asociado con sus propios estándares para que dichos productos no tengan que someterse a la serie de controles o pruebas que sería necesaria en cualquier otro caso durante el cruce de fronteras. También en este caso, Londres tan solo reprodujo a grandes rasgos el acuerdo de reconocimiento mutuo entre la Unión Europea y Estados Unidos.

 Solo se centra en cuatro o cinco tipos de bienes, incluyendo los equipos de telecomunicaciones y los productos farmacéuticos”, explica la citada economista. El objetivo es evitar que a partir del 1 de enero de 2021 todos esos productos pierdan abruptamente sus certificaciones para entrar y salir del Reino Unido. La esperanza alimentada por Boris Johnson de emprender un nuevo rumbo y concretar un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos no se ha realizado por el momento, ya que Donald Trump pretendía integrar en dicho acuerdo un acceso privilegiado al mercado alimentario y al sistema de salud británico. Incluso si se retomase el diálogo a este respecto, el Reino Unido no se encuentra actualmente en una posición de poder.

De esta manera, al reproducir todos los acuerdos a los que tenía acceso de pleno derecho a través de su pertenencia a la Unión Europea, Londres busca reducir perjuicios derivados de su salida, pero no está abriendo nuevas perspectivas comerciales que pudieran hacer realidad el sueño fomentado por los conservadores sobre un Reino Unido globalizado. Concentrarse en esos acuerdos comerciales en detrimento de la firma del acuerdo comercial con Bruselas está siendo una jugada peligrosa por parte del Reino Unido.

Como lo destaca el departamento de análisis económico del Crédit Agricole, “es muy poco probable que el Reino Unido se encuentre en condiciones de compensar mediante acuerdos comerciales con otros países la pérdida de las ventajas derivadas de su adhesión a la UE”. Boris Johnson, cuyo mantra actual es llevar a cabo el Brexit con o sin acuerdo con la Unión Europea, parece subestimar las ventajas que su país obtuvo del mercado único, el cual, como explicó el economista Vincent Vicard al inicio de las negociaciones, “triplica el comercio entre países miembros en comparación con un acuerdo comercial clásico”.-

sábado, 24 de octubre de 2020

El efecto Bruselas, ¿una dimensión geopolítica de la UE

¿Podemos considerar el denominado efecto Bruselas, la capacidad  para ejercer de regulador global de los mercados como una dimensión geopolítica de la Unión Europea?

Ciertamente, la UE carece aún de la dimensión geopolítica que correspondería al potencial acumulado de la suma de sus países miembros. Con la economía más grande del mundo, un mercado único de 450 millones de personas y un gasto conjunto en defensa comparable al de Rusia, el continente podría ser un coloso en un mundo globalizado. Sin embargo, Europa como unidad política nunca ha llegado a igualar la influencia combinada de sus países miembros, mientras en los últimos tiempos veíamos cómo disminuía a la influencia exterior de los socios más poderosos como Francia o Alemania. Sin embargo, durante las últimas tres décadas la UE ha ejercido una influencia notablemente reducida en los asuntos globales, porque sus limitaciones institucionales y políticas sumadas a las crisis y limitaciones económicas.

Los analistas estadounidenses han llegado a ver la marginalidad europea como un hecho desde la perspectiva global. En 2011, Richard Haass, presidente del Consejo de Relaciones Exteriores, entidad estadounidense no partidista, escribió que en el siglo XXI "la influencia de Europa en los asuntos más allá de sus fronteras será muy limitada". Bruselas no solo se negaba a compartir la carga de la seguridad colectiva, sino que ha estado muy por debajo de su peso diplomático en asuntos de importancia mundial, como la cuestión palestina.

Sin embargo, ahora los observadores internacionales subrayan cómo la pandemia de COVID-19 parece haber despertado al continente europeo de su letargo económico y político de décadas y ha revitalizado el proyecto de integración de la Unión Europea de un modo que era inimaginable hace solo seis meses. Como predijo Jean Monnet, uno de los arquitectos fundadores de la Unión Europea, "Europa se forjará en las crisis". Y esta crisis actual puede forjar una Europa más segura y asertiva en el escenario mundial, contribuyendo a fortalecer y redefinir el orden global del siglo XXI.

A ese despertar tenemos que sumar, por otro lado, las recientes investigaciones académicas que nos han revelado una dimensión positiva y soterrada de Europa como es  la trascendencia exterior y global de las regulaciones internas del mercado en la UE, lo que supone su novedosa proyección geopolítica como regulador global, que nos parece oportuno reseñar aquí.

El llamado efecto Bruselas

Es cierto que, en particular, desde la salida de la gran crisis financiera se ha venido imponiendo la narrativa de la debilidad que se proyecta sobre la UE. Y con el propósito personal de contrarrestar esa visión negativa de Europa, la profesora finlandesa  Anu Bradford comenzó una serie de investigaciones académicas que han concluido en un libro a contracorriente, en el que la ahora profesora de Derecho de la Universidad de Columbia explica cómo la Unión Europea ejerce un gran influencia en el mundo, superior a la de China o Estados Unidos, gracias al denominado 'efecto Bruselas' ('The Brussels Effect'), que tiene lugar mediante la externalización involuntaria de regulaciones a través de los mecanismos globalizadores del mercado. Con este término, acuñado por la propia Bradford en un influyente 'paper' en 2012, la autora insiste en que la UE acaba influyendo más en la vida de un brasileño, un coreano o un nigeriano con sus regulaciones que EEUU con su poder militar o que China con sus proyectos faraónicos en el extranjero.

La investigación de Anu Bradford se hizo pública en una obra académica que se ha publicado este año al inicio de la pandemia bajo el título 'How the European Union Rules the World' (Oxford University Press, 2020). 

La autora reconoce que en los últimos años la UE afronta retos enormes para los que el 'efecto Bruselas' carece de respuesta, pero que puede contribuir a la necesidad de corregir y complementar la conversación sobre el rol de la UE en el mundo; entre otras cosas, porque era algo que no formaba parte de la conversación global. Explica la autora que normalmente, nos centramos en el ‘hard power’: la fortaleza militar, las sanciones económicas... Pero no se tiene en cuenta que la influencia o el poder de la Unión es algo mucho más silencioso. Además, en algunas declaraciones públicas esta profesora ha confesado su pretensión al escribir este libro con el propósito de levantar el ánimo de los europeos, porque considera que muchos infravaloran el papel actual de la UE.


El proceso mediante el cual se genera el fenómeno del llamado efecto Bruselas resulta fácil de explicar. Hay una realidad y es que las empresas internacionales asumen las estrictas leyes de la UE para tener acceso al jugoso mercado único europeo. A su vez, para evitar costes innecesarios y beneficiarse de las economías de escala, imponen estas reglas a sus filiales de todo el mundo, convirtiendo a la UE en una "potencia hegemónica regulatoria", en palabras de Bradford. El 'efecto Bruselas', por supuesto, tiene muchas limitaciones. No afecta a todas las empresas por igual y en algunos sectores su efecto es limitado, como es el caso en el mundo financiero o en aquellos otros donde se puedan mantener distintos estándares. Pero en otros, por el contrario, sus repercusiones son más notables como sucede en el sector alimentario, el tecnológico o el aeronáutico. Generalmente se ignora que la Unión Europea está teniendo una influencia gigantesca en el día a día de muchísimos ciudadanos de todo el mundo, como sostiene la profesora nacida en Tampere, Finlandia.

El efecto Bruselas es, pues, el proceso de globalización reglamentaria unilateral generada por la Unión Europea, que externaliza sus leyes fuera de sus fronteras a través de los mecanismos de mercado. La combinación del tamaño del mercado, la importancia del mercado, los estándares relativamente estrictos y la capacidad reguladora de la Unión Europea pueden tener el efecto de que las empresas que comercian internacionalmente vean que no es económica, legal o técnicamente práctico mantener estándares más bajos en mercados ajenos a la UE. Las compañías que no son de países europeos pero que exportan globalmente, pueden ver que es beneficioso adoptar los estándares puestos por Bruselas uniformemente en lugar de aplicar distintos estándares para diferentes mercados.

La dinámica de la proyección global de las regulaciones europeas.

Hablar de regulaciones y de directivas europeas es mucho más aburrido que de los conflictos entre superpotencias. Y, sin duda, es una de las razones por las que se infravalora a la UE. Pero también porque el poder tradicional es muy costoso. El poder militar es el mejor ejemplo, como lo demuestra la mayor conciencia generalizada entre los estadounidenses del coste que  supone que el envío de soldados a Afganistán o a Irak; y el ejercicio del poder que los EEUU siguen exhibiendo en diversas partes del planeta. En cambio, este otro tipo de dimensiones del poder geopolítico habla de un poder abstracto, que resulta difícil de evaluar empíricamente. Además, el 'efecto Bruselas' no es costoso porque se aplica directamente en el Mercado Único Europeo y, al mismo tiempo, afecta a grandes empresas internacionales que asumen ese marco legal.

Y la observación sistemática de esta realidad revela que son muchas las industrias afectadas por el 'efecto Bruselas'. No solo está afectada la economía digital sino que también sucede con las leyes medioambientales, la seguridad alimentaria o la protección del consumidor. De lo que encontramos ejemplos en Latinoamérica, África o Asia, donde se ha estudiado el efecto local de las regulaciones europeas. Incluso hasta las empresas estadounidenses más poderosas acaban sucumbiendo al 'efecto Bruselas'. Europa no tiene ni una sola empresa de búsqueda comparable a Google ni una red social como Facebook. Y, sin embargo, es la UE el principal regulador en ese sector tecnológico en todo el mundo. Es capaz de establecer el estándar de privacidad en la conducta global de grandes empresas tecnológicas.

El término "efecto Bruselas", por tanto, se refiere a la capacidad unilateral de la UE para regular el mercado global, como analiza la citada profesora en su reciente libro. Este efecto Bruselas puede ser involuntario, como resultado de un conjunto de condiciones propicias sostenidas por los mercados más que por los esfuerzos activos de la UE para exportar sus regulaciones. Si bien reconoce que existen otras formas de influencia global de la UE, este concepto captura el fenómeno por el que los mercados están transmitiendo las regulaciones de la UE tanto a los participantes del mercado como a los reguladores fuera de la UE. En estos casos, la UE no tiene que hacer nada más que regular su propio mercado para ejercer el poder regulador global. El tamaño y el atractivo de su mercado hacen el resto.

Además, hay dos variantes del efecto Bruselas: el "efecto Bruselas de facto" y el "efecto Bruselas de jure". El efecto Bruselas de facto explica cómo las corporaciones globales responden a las regulaciones de la UE adaptando su comportamiento global a las normas europeas. No se necesita una respuesta regulatoria por parte de gobiernos extranjeros; las empresas tienen el incentivo empresarial de ampliar la regulación de la UE para regular su producción u operaciones en todo el mundo. El efecto Bruselas de jure, que se refiere a la adopción de regulaciones al estilo de la UE por parte de gobiernos extranjeros, se basa directamente en el efecto Bruselas de facto: una vez que las empresas multinacionales han adaptado su conducta global para ajustarse a las normas de la UE, tienen el incentivo de presionar a la UE con regulaciones de ese estilo en sus jurisdicciones de origen. Esto asegura que no estén en desventaja al competir a nivel nacional con empresas que no exportan a la UE y que, por lo tanto, no tienen incentivos para ajustar su conducta o producción a las costosas regulaciones de la UE.

Los mercados globales afectados

En muchos casos, el 'efecto Bruselas' ha sido exitoso por su carácter tecnocrático y gracias a que ha pasado desapercibido. Hoy, se considera que la UE es más consciente de su habilidad para dar forma a las normas globales, tiene más en cuenta sus efectos externos. Pero los orígenes del 'efecto Bruselas' no se pueden ver como un intento de dominar el mundo, porque es un efecto secundario de un mercado único muy grande y muy apetitoso para las empresas. Eso sí, la UE cada vez se da más cuenta de que otros poderes están en declive y el 'efecto Bruselas' es la primera vía para influir en los mercados internacionales. De ahí que cada vez sea más estratégico. La citada investigadora estima que tampoco la UE se beneficia politizando el 'efecto Bruselas'. En muchos casos ha sido exitoso por su carácter tecnocrático y gracias a que ha pasado desapercibido esa trascendencia.

La investigación realizada y resumida en el libro referido, recoge casos significativos que representan ejemplos empíricos del efecto Bruselas, algunos de los cuales han tenido eco en los medios de comunicación. Ya en 2006, en materia de sustancias químicas, la multinacional estadounidense Dow Chemical anunció que cumpliría en sus operaciones globales con la normativa de registro, evaluación, autorización y restricción de estas sustancias establecida en la UE para la producción y uso de las mismas.

Otro ejemplo es el de las emisiones de gases de los aviones. En 2012 la UE incluyó la aviación en el existente Régimen de Comercio de Derechos de Emisión de la Unión Europea. Esto significa que cualquier aerolínea, sin importar su país de origen, tiene que comprar permisos de emisiones para cualquier vuelo dentro del Espacio Económico Europeo. El coste de cumplir con las regulaciones de emisión de aviación de la UE pone presión en fabricantes para diseñar aviones con eficacia mejorada y emisiones reducidas. Ya que no es probable que grandes aerolíneas compren aviones específicamente para volar fuera del EEE, los estándares de aviación más estrictos de la UE tienen un impacto en flotas de avión global, sin importar la jurisdicción de la aerolínea.

Es sabido es el eco mundial de las normas europeas sobre la protección de datos y privacidad. Con la introducción de la Directiva de Protección de Datos en 1995, la UE optó por un estricto enfoque en la protección de datos personales en el mundo digital. La posterior normativa, el Reglamento General de Protección de Datos de la UE (RGPD), adoptado el 14 de abril de 2016, tuvo un efecto global. De modo que en 2017, durante negociaciones para un tratado comercial EU-Japón, este país montó una agencia independiente para manejar quejas de violaciones de intimidad con el fin de cumplir con la nueva regulación de privacidad de la UE. Y Facebook anunció en abril de 2018 que implementaría partes de la norma RGPD globalmente.

Lo cierto es que el 'efecto Bruselas' no ha generado rechazo porque nadie lo ha percibido como un intento de manipular el mundo a imagen y semejanza de la Unión. El 'efecto Bruselas' ha ocurrido empresa por empresa, industria por industria, sector por sector. Las compañías se han ido transformando conforme a las leyes europeas para poder participar en el mercado único. Es diferente a cuando la UE trata de exportar sus estándares a través de acuerdos comerciales. Ahí sí hay una crítica inmediata muy fuerte apuntando al “imperialismo regulatorio”. Las áreas políticas más afectadas —competencia del mercado, economía digital, salud y seguridad del consumidor y medio ambiente— fueron seleccionadas porque son áreas políticas importantes de la UE que ilustran el funcionamiento del efecto Bruselas en la práctica. Si bien comparten muchas características, incluido su origen en un fuerte mandato regulatorio a nivel de la UE, también exhiben diferencias importantes. Algunos de ellos representan áreas bien establecidas de la regulación tradicional de la UE (como la seguridad alimentaria), mientras que otros son innovaciones regulatorias más recientes (como el discurso de odio en Internet). Algunas fueron impulsadas en gran parte por motivos internos (como sustancias peligrosas en la electrónica), mientras que otras se promulgaron desde el principio con motivos tanto internos como externos (como el comercio de derechos de emisión). En muchas áreas, la regulación de la UE consiste en reglas obligatorias (como la seguridad química) mientras que otras se basan en instrumentos regulatorios voluntarios (como la incitación al odio en línea). Algunas áreas de política cuentan con una amplia participación de la Comisión en la aplicación (como la política de competencia), mientras que en otras, la aplicación se delega a los estados miembros (como la protección de datos). Todas estas áreas de regulación han sido moldeadas por el efecto Bruselas, aunque en diferente medida. Demuestran tanto la fuerza del efecto Bruselas como ocasionalmente sus límites, ofreciendo una oportunidad para ilustrar las características particulares de la teoría que en la mayoría de los casos determinan si el efecto Bruselas tiene lugar o no.

Ciertamente, el efecto Bruselas no es la única forma en que la UE ejerce una influencia reguladora global, como se explica en el citado libro. De hecho, la UE ejerce el poder de establecer normas a través de varios canales diferentes, incluidos los acuerdos comerciales y la participación en instituciones internacionales y redes gubernamentales transnacionales. Muchos países y organizaciones regionales también adoptan regulaciones de la UE de otras formas, ya sea participando en préstamos legislativos, replicando instituciones de la UE, citando conceptos y principios legales desarrollados por tribunales europeos o participando en litigios "imitadores" en casos en los que la UE ha actuado primero. De manera similar, las normas de la UE pueden actuar como puntos focales influyentes para la convergencia regulatoria, sin ningún efecto de mercado o esfuerzo por parte de la UE, debido al papel percibido de la UE como un "poder normativo", afirma Anu Bradford.-


domingo, 20 de septiembre de 2020

The Cyprus Papers o Cómo los rusos ricos compran pasaportes europeos


Más de 1,000 rusos obtuvieron un pasaporte chipriota a través del programa gubernamental chipriota de concesión de nacionalidad mediante inversiones en la Isla. A su llegada al Aeropuerto Internacional de Larnaca,  carteles en ruso ofrecen oportunidades de inversión, propiedades de lujo en venta y anuncios de muchas agencias inmobiliarias que desean gestionar tal programa, demostrando cuán importante se ha vuelto Rusia para el desarrollo de Chipre.

El canal árabe de TV Al Jazeera ha publicado hace unos días un cúmulo de informaciones  sobre documentos gubernamentales, que ha denominado The Cyprus Papers o Papeles de Chipre, revelando que este pequeño país europeo vendió la nacionalidad a decenas de extranjeros vinculados al crimen y la corrupción, dotándoles de un pasaporte que tiene la ventaja adicional de poder vivir, trabajar y hacer negocios en cualquier lugar de la Unión Europea, desde Milán hasta Oporto.

Desde luego, el asunto cuestiona, entre otros temas, la política europea antiblanqueo y la vigencia efectiva de las directivas europeas relacionadas sobre la corrupción y el blanqueo de dinero sucio.

Compradores de pasaporte europeo

Los denominados The Cyprus Papers o  Papeles de Chipre son un lote de documentos oficiales filtrados y obtenidos exclusivamente por la Unidad de Investigación de Al Jazeera, que contienen más de 1.400 solicitudes de nacionalidad aprobadas como parte del Programa de Inversiones (CIP) administrado por la República de Chipre; de las cuales casi la mitad provenían de Rusia. El programa permite a las personas adineradas adquirir un pasaporte chipriota y, por extensión, convertirse en ciudadanos de la Unión Europea, invirtiendo al menos 2,15 millones de euros (2,5 millones de dólares) en el país.

El pasaporte chipriota permite a su titular viajar libremente a 174 países, lo que ha hecho popular el programa entre personas ricas de países donde los viajes sin visa están restringidos. La investigación del canal árabe Al Jazeera alcanza a más de 1,400 documentos filtrados con 1.471 solicitudes, que contienen los nombres de 2.544 personas que recibieron un pasaporte chipriota entre fines de 2017 y fines de 2019. Algunas incluyen a miembros de su familia, lo que eleva el número total de personas a las que se les concedió pasaporte europeo.

Entre los 2.500 nombres que aparecen en los documentos filtrados, hay docenas de personas que, según los activistas anticorrupción, no deberían haber obtenido la ciudadanía chipriota, o que podrían ser despojadas de su ciudadanía chipriota debido a actividades delictivas, tras la concesión de sus pasaportes. Estos chipriotas recién naturalizados  llegaron de todo el mundo, de más de 70 países en total. Los países con mayor número de solicitantes fueron Rusia (1.000), China (500) y Ucrania (100). Sin embargo, también hubo compradores del Reino Unido y Estados Unidos, Mali y Marruecos, Israel, Palestina, Sudáfrica, Corea del Sur y Arabia Saudita.

Inversiones de alta rentabilidad personal

Ciertamente los medios de comunicación críticos aseguran que a algunas de estas 2,500 personas no se les debería haber concedido pasaportes dada sus biografías. Pero, aparte de la necesidad de obtener fondos del exterior para compensar las dificultades de la situación financiera de la Isla, entender el alcance de la irregularidad de la venta masiva de pasaportes a ricos extranjeros responde a la reciente historia y a la trayectoria de esta ex colonia británica.  

Este país relativamente pequeño del Mediterráneo Oriental, aprovecha al máximo su ubicación estratégica, entre los mercados emergentes del Lejano Oriente y África y las economías maduras de Europa Occidental. Y además disfrutando, como miembro de pleno derecho de la UE, del mercado único más grande del mundo. Chipre ha crecido rápidamente durante las últimas tres décadas y se ha consolidado como un centro destacado para las empresas comerciales, las sociedades de cartera y de inversión, las empresas de transporte marítimo, las empresas de turismo, las empresas de tecnología de la información y fintech y una multitud de otras empresas. Así mismo Chipre es una puerta de entrada para la inversión tanto en el mercado único europeo como en su entorno; además de ser también un gran destino turístico y se ha convertido en el lugar de residencia de bastantes extranjeros adinerados.

Para lograr su acceso a la UE, Chipre corrigió algo sus rasgos legislativos de paraíso fiscal offshore, alimentado por el capital ruso de todo origen y que ha continuado fluyendo mediante negocios más o menos claros. Pero ha conservado la cultura de la opacidad propia de los paraísos fiscales junto a sustanciales ventajas fiscales, entre las que destacan según las agencias de gestión inversora internacional, la aplicación de uno de los tipos de impuesto más bajos de Europa (12,5%) sobre los beneficios empresariales y un atractivo sistema de incentivos fiscales para tipos específicos de empresas. Y que ha incentivado la inversión extranjera mediante la concesión de la nacionalidad chipriota, una facilidad que siempre practicaron muchos de los conocidos paraísos fiscales offshore. Si actualmente Vanuatu, una isla del Pacifico y paraíso fiscal decadente vende su pasaporte por 100,000 dólares $, Chipre cobra más de 2 millones por la venta de su pasaporte, que es común a todos los europeos.

 

Inversiones exteriores con golden visa

Según las informaciones publicadas, Chipre ofrece dos programas de visa dorada a través de
inversiones inmobiliarias. Uno para residencia permanente y otro para ciudadanía. Los dos planes de inversión para inmigración chipriota son rápidos y eficientes en la concesión de un permiso de residencia y un segundo pasaporte. Chipre es miembro de pleno derecho de la Unión Europea y el inglés se habla ampliamente en la isla. 


Chipre ofrece la ruta más rápida y segura a la nacionalidad de un país europeo a través del programa de ciudadanía chipriota mediante inversión. Se requiere una inversión de 2,15 millones de euros en bienes raíces, más una donación de 100.000 euros al fondo de investigación y desarrollo del gobierno y 100.000 euros a la organización de desarrollo territorial. Chipre es único en su oferta de ciudadanía dentro de solo los 6 meses de tal inversión. Esto otorga un pasaporte chipriota y la ciudadanía de un país de la UE, lo que permite la libertad de trabajar, hacer negocios, viajar, estudiar y vivir en cualquiera de los 27 estados de la UE, incluidos países como Alemania, Francia y el Reino Unido. La inversión se puede reducir después de 5 años a solo 500.000 €.

El principal atractivo, pues, para las personas con elevado patrimonio es la obtención rápida de la ciudadanía chipriota que se ofrece para las inversiones inmobiliarias apropiadas. Este programa requiere que los solicitantes carezcan de antecedentes penales, algo que no se ha cumplido según las informaciones de Aljazeera. No hay requisitos de idioma, examen médico o entrevista para los solicitantes de ciudadanía.

 

La seguridad europea en riesgo

¿Cuál es el problema de adquirir la nacionalidad? En principio, no habría nada ilegal en adquirir una nueva ciudadanía y varios países, incluidas las islas del Caribe consagrados paraísos fiscales, ofrecen “este servicio”. El problema básico de convertir la ciudadanía en una mercancía radica en el riesgo de que las personas abusen de sus nuevos derechos para escapar de la aplicación de la ley en sus países de origen cuando han incurrido en responsabilidades penales.

 En varios casos, la investigación publicada por Aljazeera identificó a personas que obtuvieron sus pasaportes chipriotas poco antes de que se presentaran cargos penales contra ellos. En algunos casos vivían en el exilio, habiendo sido acusados y sentenciados en rebeldía. Desde el inicio en 2013 del programa referido, los solicitantes de nacionalidad tenían que demostrar que carecían antecedentes penales, aportando la correspondiente documentación. Y a raíz de algunos casos de incumplimientos de esta exigencia y en respuesta a las críticas, el gobierno chipriota  anunció en febrero de 2019 modificaciones en los requerimientos del programa de inversiones reseñado. A los solicitantes se les prohibió adquirir la ciudadanía chipriota si alguna vez habían estado bajo investigación, se enfrentaban a acusaciones penales o tenían antecedentes penales. Se prohibió la concesión o venta del pasaporte chipriota  a las personas de Rusia, Ucrania o algún otro país, sometidas a sanciones internacionales por la Unión Europea o Estados Unidos, así como a quienes trabajaban para una entidad sancionada..

Por último, también se impidió que adquirieran la ciudadanía chipriota los altos funcionarios gubernamentales electos o designados, catalogadas como "personas políticamente expuestas" (PEP en siglas inglesas) Pero las nuevas normas no son retrospectivas, por lo que aquellos que ya habían comprado un pasaporte para entonces podrían conservarlo.El concepto de ““personas políticamente expuestas”, o PEP, definido por las  normativas internacionales de anti- blanqueo de capitales, se refiere a personas que por su cargo institucional e influencia podrían ser objeto de operaciones ilícitas por parte del crimen organizado, tanto por corrupción como por operaciones de lavado de dinero. Y en la práctica de los países ese concepto se aplica de modo diverso. Los expertos en corrupción afirman que las PEP, incluso cuando no han sido acusadas de ningún delito, debido al hecho de que tienen acceso a fondos públicos y al proceso de toma de decisiones para desembolsar esos fondos, se considera que tienen un riesgo mucho mayor de corrupción.

Chipre ha generado un problema adicional para el combate contra el blanqueo de dinero sucio por parte de los gobiernos europeos. Según las nuevas reglas chipriotas introducidas el año pasado, las PEP ahora tienen prohibido comprar pasaportes, pero quienes ya los compraron pueden conservarlos. Entre los que adquirieron pasaportes se encuentran el ex viceministro Igor Reva y el ex miembro del parlamento ruso Vadim Moshkovich. La lista también incluye al exjefe de una subsidiaria de los ferrocarriles estatales, Vitaly Evdokimenko, y Vladimir Khristenko, quien proviene de una familia muy relacionada políticamente, con su madrastra como la actual viceprimera ministra de Rusia.La razón por la que estas personas políticamente conectadas miran hacia Chipre y, por extensión, hacia la UE, es porque temen que sus posesiones puedan estar en riesgo en su país de origen, Nigel Gould-Davies, experto en Rusia del Instituto Internacional de Asuntos Estratégicos del Reino Unido, según manifestó a Al Jazeera.

Resulta evidente que el gobierno chipriota ha otorgado la ciudadanía europea a  delincuentes, que están bajo investigación criminal y a personas que se considera que corren un alto riesgo de corrupción, a una escala que los críticos afirman que es sistemática. La Comisión Europea, así como las principales ONG anticorrupción Global Witness y Transparencia Internacional, han criticado el Programa de Inversiones de Chipre y quieren que se elimine gradualmente. Afirman que el programa ha facilitado el blanqueo de activos robados de Rusia y más allá, y ha erosionado la confianza en las instituciones financieras de la UE. Y el gobierno chipriota responde que ha endurecido sus reglas y que cada solicitud presentada bajo el CIP estaba de acuerdo con las regulaciones vigentes en ese momento. Asimismo, ha prometido ahora despojar a algunos chipriotas naturalizados de su ciudadanía si son culpables de delitos graves. En julio de 2020, aprobó una ley que permite que esto suceda; y el ministro del Interior asegura que, como estado miembro de la UE, funciona con absoluta transparencia.

Pero la realidad actual muestra que en materia de corrupción y antiblanqueo de dinero sucio, Chipre ejemplifica que la UE es un queso gruyere, algo de lo que la nueva Comisión europea no ha adquirido aún conciencia de su gravedad.-

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Por una estrategia europea frente a China: LA DOCTRINA SINATRA

 Antes de la pandemia del Covid-19, diversos análisis de la revista Foreign Affairs profundizaban en la necesidad de un cambio en la política europea hacia China. A partir de eventos geoestratégicos relevantes, en círculos diplomáticos europeos se planteaban algunos interrogantes de futuro: ¿Conducirá la actual política de China a la desintegración de la Unión Europea? ¿Puede transformarse Europa en un satélite político de China imperialista?   Y con fecha 1 de mayo de 2019 publicábamos en este blog un breve ensayo sobre la penetración en territorio europeo del proyecto expansivo de China bajo el título LA NUEVA RUTA DE LA SEDA, ¿RETO O AMENAZA PARA EUROPA?  Desde luego urge, la necesidad de definir una estrategia europea frente a China. Y a esa idea responde el ensayo La doctrina Sinatra publicado en la revista española Revista Política Exterior nº 197, que reproducimos aquí por su interés, la autoridad y solvencia de su autor.

 

La doctrina Sinatra

Para no quedar aprisionada entre EEUU y China, la UE debe tratar con ellos a su manera: ver el mundo con sus propias lentes, actuar en defensa de sus valores e intereses y utilizar los instrumentos de poder de los que dispone.

JOSEP BORRELL.* 1 de septiembre de 2020

Todo ha cambiado en la relación entre Estados Unidos y China desde que, a principios de este año, firmaban en Washington el acuerdo que debía poner fin a la guerra comercial iniciada en 2018. Hoy su rivalidad se extiende a todas las áreas, con cierres de consulados y recriminaciones mutuas, reflejando la competencia por la supremacía geopolítica mundial entre las dos grandes superpotencias como si de una nueva guerra fría se tratara.

¿Ha sido el coronavirus lo que ha producido este cambio? Aunque ese ­inesperado y exógeno agente no entienda de ideologías, sin duda ha actuado como un catalizador de una rivalidad subyacente que va a ser el factor geopolítico determinante de la época posvirus.

El papel de la Unión Europea en ese escenario y cómo hacer frente a una China que desarrolla con determinación su nueva estrategia global es una cuestión fundamental para nuestro futuro. Y solo la podremos contestar positivamente desde la unidad entre los Estados miembros y la capacidad de utilizar nuestros instrumentos comunitarios, en particular el poder de nuestro mercado único. La unidad es fundamental en todos los terrenos de nuestra relación con Pekín, porque ningún Estado europeo es capaz de defender solo sus intereses y sus valores frente a la dimensión y la potencia de China, a la que necesitamos para resolver los grandes problemas globales, desde las pandemias al cambio climático o la construcción de un multilateralismo eficaz.

En este nuevo escenario geopolítico, 2020 puede pasar a la historia como un año clave en las relaciones UE-China. A pesar de las dificultades creadas por la pandemia del coronavirus, los encuentros de alto nivel nunca habían sido tan intensos. El 22 de junio tuvo lugar la XXII Cumbre UE-China, celebrada por videoconferencia con una duración muy superior a la programada. Hay conversaciones en curso para programar otra videoconferencia de alto nivel que reuniría a los presidentes del Consejo Europeo y de la Comisión, así como a la canciller Angela Merkel, en representación de Alemania, que ostenta la presidencia semestral de la UE, con el presidente Xi Jinping. Y antes de final de año, si el Covid-19 lo permite, debe tener lugar en Leipzig (Alemania) una cumbre que reúna al presidente chino con los del Consejo Europeo, la Comisión y los Veintisiete jefes de Estado y de gobierno europeos.


El objetivo es concluir antes de que acabe 2020 el acuerdo de inversiones UE-China, que llevamos negociando desde 2013. En la citada Cumbre con China de junio, la UE mostró a Pekín su decepción por la falta de progresos en la aplicación de los acuerdos alcanzados en la anterior reunión de 2019. El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, señaló claramente que Pekín no había cumplido sus compromisos de reciprocidad en el acceso al mercado chino y reducción de las ayudas a las compañías estatales, lo que sitúa las empresas europeas en clara desventaja competitiva.

Nuevas características chinas

También para nosotros, los europeos la crisis, del coronavirus ha acelerado tendencias que se observaban en los últimos años y ha puesto de manifiesto algunas de nuestras debilidades en la relación con China, a la que hemos visto cómo se ha vuelto progresivamente más asertiva, expansionista y autoritaria, como describo a continuación.

Asertiva en la defensa de sus intereses. China quiere recuperar el papel que considera debe ser el suyo en la política internacional. Durante 18 siglos, hasta la primera Revolución Industrial, fue el país más rico del mundo. Como ha estudiado Angus Maddison, en 1820, antes de que perdiera el tren de esa revolución, China aún producía el 30% del PIB mundial: más que Europa y EEUU juntos.

China siempre se ha considerado el imperio del Centro, “la” gran civilización o “todo bajo el cielo”. Esta centralidad se reflejaba en el kowtow, el acto de postrarse ante el emperador. Sin embargo, no pretendía necesariamente exportar sus valores.

Hay, no obstante, un cambio sustantivo en la actitud de los actuales líderes chinos, que con la iniciativa Made in China 2025 han mostrado su ambición de convertirse en un poder tecnológico global. El “sueño chino”, propuesto por el presidente Xi, sería la manera de conseguirlo. Esta ambición de liderazgo es la principal diferencia con épocas pasadas. De hecho, China trata de ocupar el espacio político que está dejando EEUU tras su progresiva retirada de la escena internacional. Su objetivo es la transformación del orden internacional hacia un sistema multilateral selectivo con características chinas, en el que se prioricen los derechos económicos y sociales sobre los políticos y civiles.

Esta estrategia se despliega en varios frentes. Entre ellos, socavar normas internacionales –como la aplicación de la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar en el mar de China Meridional–; promover lenguaje e ideales chinos como “comunidad de destino compartido” –visión china de las relaciones internacionales basada en la cooperación, los intereses y responsabilidades compartidas, la cooperación en la lucha contra amenazas transnacionales y la inclusividad política, según la premisa de que ningún modelo político tiene aplicación universal–; ocupar altos cargos en el sistema de Naciones Unidas, en el que ciertamente China estaba subrepresentada –en poco tiempo, ha pasado a presidir cuatro de las 15 agencias de la ONU y a vicepresidir seis de ellas–1 o reducir la financiación de iniciativas multilaterales en el ámbito de los derechos humanos.

Atrás queda la política exterior china inspirada en el discurso de Deng Xiaoping de 1974 ante la Asamblea General de la ONU, donde afirmó que “China no es una superpotencia, ni buscará nunca serlo. ¿Qué es una superpotencia? Una superpotencia es un país imperialista que en todas partes somete a otros países a su agresión, interferencia, control, subversión o saqueo y lucha por la hegemonía mundial”.

«En los últimos 30 años, el gasto militar chino ha pasado de poco más del 1% al 14% mundial. En 2020 lo aumentará un 6,6%»

El nuevo estilo de la política exterior china se conoce como la denominada “diplomacia del lobo guerrero”, inspirada en una serie de superproducciones basada en una versión china de Rambo. En esta nueva forma de comunicar, diplomáticos chinos de alto nivel responden de forma agresiva a cualquier crítica al régimen en redes sociales generalmente prohibidas en China. Según esta nueva actitud, el papel creciente de China en el mundo requiere salvaguardar sus principales intereses de manera inequívoca e incondicional.

Por ejemplo, Australia, que depende en gran medida del comercio con China (32,6% de sus exportaciones), ha sufrido directamente esta firmeza por parte china. Después de que el primer ministro australiano, Scott Morrison, pidiera una investigación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre los orígenes del coronavirus, China respondió imponiendo aranceles del 80,5% sobre las exportaciones de cebada australianas y suspendiendo licencias que afectaban al 35% de las exportaciones australianas de vacuno a China. Si estas medidas se expanden a otros sectores, se calcula que el desencuentro puede llegar a costarle a Australia un 1% de su PIB.

Expansionista. Desde una perspectiva histórica, la actitud china con respecto al resto del mundo ha cambiado mucho. Bajo la dinastía Song (960-1279) China dominaba la tecnología naval. Sin embargo, no la utilizó para ocupar territorios y desarrollar un imperio colonial ultramarino. Entre 1405 y 1433, antes de que los europeos lanzaran sus campañas marítimas, el almirante Zheng He navegó hasta Java, India, el cuerno de África o el estrecho de Ormuz con una flota que habría hecho palidecer a la armada española (que llegaría 150 años más tarde) en tamaño y sofisticación. Ahora, a diferencia de entonces, China sí está dispuesta a utilizar su ventaja tecnológica y militar para aumentar su influencia política.

En los últimos 30 años, el gasto militar chino ha pasado de poco más del 1% al 14% mundial, y este año lo aumentará el 6,6%, según datos del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (Sipri). Esta claro que Xi Jinping quiere hacer de lo que en su tiempo se denominó el “ejército de liberación del pueblo” la principal potencia tecnológica militar en 2049. China mostró orgullosa en la conmemoración del 70 aniversario de la fundación de la Republica Popular su arsenal atómico, que puede ser utilizado por tierra, mar y aire.

El embargo de venta de armas decretado contra China desde los acontecimientos de Tiannamen, en 1989, sigue en vigor, pero China ya no depende de las importaciones de material militar. Ha desarrollado una industria armamentística, sobre todo naval y balística, de primer orden y cada año aumenta sus exportaciones. Aunque las capacidades del ejército chino siguen lejos de las del estadounidense, la distancia es mucho menor que hace unas décadas, y en algunos ámbitos apenas hay diferencias. Dentro de un año, China dispondrá de cuatro portaaviones operativos, y algunos informes estadounidenses señalan que “China supone ahora un gran desafío a la capacidad de la marina estadounidense de dominar y controlar las aguas del Pacífico occidental”.

Ciertamente, el expansionismo chino es más evidente en el mar de China Meridional, donde Pekín ha incrementado su presencia creando islotes artificiales y militarizándolos, sin respetar el arbitraje de 2016 que daba la razón a sus vecinos del sureste asiático. Pero también en Nepal, Myanmar o Sri Lanka, zona de influencia de la política exterior de India. La tensión entre Pekín y Nueva Delhi ha aumentado recientemente, como atestiguan los encontronazos de ambos ejércitos en la disputada frontera del Himalaya.

La realpolitik china se basa en los hechos consumados: la acumulación paciente y sutil de ventajas sobre el terreno. Los juegos de mesa son un claro ejemplo de la mentalidad china y su diferencia con la europea. Mientras que en Europa somos aficionados al ajedrez, que termina con una victoria total (jaque mate), en China prefieren el weiqi, un juego que consiste en ocupar los espacios vacíos del tablero para rodear las piezas del adversario y reducir su capacidad de respuesta. Y es que como ya dijo el famoso estratega chino Sun Tzu en El arte de la guerra, el “estratega habilidoso vence a su enemigo sin entrar en combate”, creando realidades sobre el terreno que refuerzan su posición y ponen al adversario en una situación de debilidad.

«China es el paradigma que ha negado la tesis según la cual la apertura económica y política son dos caras de la misma moneda»

Autoritaria. En 2001 Occidente celebró la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio (OMC) con el convencimiento de que la liberalización comercial iría de la mano de una apertura política, el llamado “Wandel durch Handel” (cambio a través del comercio) o, como los franceses también creían, “le doux commerce” apaciguaría las tensiones y aproximaría los sistemas políticos. Hace tiempo que esta creencia se ha demostrado errónea. La convergencia no se ha producido, al contrario, la divergencia ha aumentado en los últimos años. China es el paradigma que ha negado la tesis según la cual la apertura económica y política son dos caras de la misma moneda. Las nuevas posibilidades de información y control sobre la población que ofrece la tecnología han influido mucho en ello. Una tendencia que no va a disminuir sino aumentar.

Con poderosos instrumentos de vigilancia masiva y el predominio del Partido sobre el Estado, la represión de cualquier muestra de disidencia esta servida. Durante los últimos años hemos visto con preocupación las crecientes violaciones de derechos humanos en China, el aumento de la represión sobre defensores de estos derechos, periodistas e intelectuales y el trato a los uigures en Xinjiang.

El deterioro de la situación en Hong Kong es un claro ejemplo de esta tendencia represiva. Recientemente he expresado, en nombre de los 27 Estados miembros, la gran preocupación de la UE tras la aprobación de la nueva Ley de Seguridad Nacional para Hong Kong, en contra del principio de “un país, dos sistemas” y de los compromisos de China con la comunidad internacional. A petición de los ministros de Asuntos Exteriores europeos, he presentado un conjunto de medidas para dar respuesta a esta vulneración de la autonomía de Hong Kong. Estas incluyen la limitación de las exportaciones de tecnologías de vigilancia, la revisión de los acuerdos de extradición que varios Estados miembros tienen con Hong Kong o el aumento de becas y visados para sus estudiantes.

 

La respuesta europea

Para que la UE no quede aprisionada en la relación conflictiva entre EEUU y China, debe tener una respuesta específica, ver el mundo con sus propias lentes y actuar en defensa de sus valores e intereses, que no siempre coinciden con los de EEUU. Para resumir, y como he dicho en alguna ocasión, la UE tiene que actuar “a su manera”. Eso ha dado lugar a que algunos comentaristas le llamen “doctrina Sinatra”, en referencia a su canción My Way. No importa si así se hace más fácilmente transmisible de qué se trata. Hubiera podido decir que Europa tiene que aumentar su autonomía estratégica o su soberanía, pero seguramente no habría tenido el mismo eco.

La respuesta de la UE, “a su manera”, debe ser una vía propia que evite un alineamiento con EEUU o China. Esta doctrina estaría basada en dos pilares: seguir cooperando con Pekín para dar respuesta a los retos globales como el cambio climático, la lucha contra el coronavirus, conflictos regionales o el desarrollo de África, a la vez que fortalecemos la soberanía estratégica de la UE, protegiendo nuestros sectores económicos tecnológicos, claves para disponer de la autonomía necesaria y promover los valores e intereses europeos internacionales.

No se trata de un cambio de política, sino de una evolución dentro de los parámetros de la Estrategia de la UE hacia Pekín de 2019, que ya identificó a China como un socio estratégico con el que la UE coopera, a la par que un competidor y un rival sistémico. No caigamos en simplismos maniqueos: nuestra relación con China es y será inevitablemente complicada porque es nuestro segundo socio comercial, y tiene que serlo también para resolver problemas globales. Al mismo tiempo, es inevitablemente un competidor, tecnológico y económico. La dificultad de la relación con China también estriba en la diferencia entre nuestros sistemas políticos.

Tras la conformación, desde el inicio de la pandemia, de una “batalla de narrativas” y una “diplomacia de la generosidad” (expresión que fui de los primeros en utilizar atrayéndome no pocas críticas), rebautizada después como “diplomacia de las mascarillas”, la UE debe apuntalar su estrategia con tres pilares: luchar contra las operaciones chinas de desinformación, oponerse a la promoción de un multilateralismo “selectivo” (donde China solo lo defienda cuando le convenga), y garantizar el cumplimiento de los compromisos chinos para que las empresas europeas accedan con reciprocidad a los mercados y programas de investigación e innovación del país asiático. Necesitamos imperativamente equilibrar nuestra relación económica y acabar con algunas ingenuidades pasadas.

Independencia frente a dos competidores/rivales no significa equidistancia. Nuestra larga historia común y los valores compartidos con EEUU nos acercan más a Washington que a Pekín. La cooperación con EEUU en el seno de la OTAN, por ejemplo, sigue siendo crucial para la defensa europea. Sin embargo, para ser capaces de seguir tomando decisiones políticas de manera autónoma como europeos, debemos invertir en soberanía estratégica. En este sentido, en la UE hemos adoptado recientemente medidas para proteger nuestros intereses, como los instrumentos de defensa comercial, el reglamento para el escrutinio de inversiones extranjeras o el libro blanco sobre el control de las subvenciones a empresas extranjeras que provoquen distorsiones en el mercado único. Está también en proceso de adopción el instrumento internacional de contratación pública. Aunque estas medidas no van dirigidas contra ningún país en concreto, sus efectos permitirán mitigar el desequilibrio en nuestra relación comercial con China.

«Aunque algunos analistas hablan de nueva guerra fría, este marco teórico resulta engañoso. EEUU y la URSS nunca estuvieron tan interconectados como lo están hoy chinos y estadounidenses»

La razón de ser de la UE es defender, con la fuerza de la unidad, los valores y los intereses europeos. A ambos hacen referencia explícita nuestros tratados fundacionales. Pero creo que no hemos de escoger entre proteger nuestra economía o nuestros valores fundamentales. Los datos demuestran que, globalmente, no somos tan dependientes de China como muchos creen. Lo somos en el caso de empresas concretas en sectores determinados. Así, solo el 7% de las exportaciones alemanas de mercancías se destinan a China. Y Alemania es el país europeo que más exporta al país asiático. En términos de valor añadido, las exportaciones alemanas a China representaban, en 2015, el 2,8% del valor añadido total de sus exportaciones, según el estudio de Jürgen Matthes, en IW-Report del German Economic Institute.

No obstante, es cierto que, si nos centramos en sectores concretos como el del automóvil, la dependencia es evidente. De los 10 millones de coches que el grupo Volkswagen vendió en 2018, cuatro millones fueron al mercado chino, el 40% de sus ventas. A menudo pensamos en la importancia de países terceros para nuestras economías, sin prestar suficiente atención al comercio con nuestros socios europeos. Pero la realidad es que el 60% de las exportaciones alemanas son a países de la UE. Lo que no quita importancia al papel trascendental de la demanda asiática, china en particular, para la industria alemana en sectores claves de su actividad.

Cada vez es más evidente que China se aprovecha de ventajas en nuestra relación económica: su decisión de autodenominarse país en desarrollo al acceder a la OMC le ha permitido, por ejemplo, evitar concesiones comerciales y compromisos significativos para reducir las emisiones de gases contaminantes. Asimismo, China subsidia a sus empresas estatales y tiene el mayor stock de barreras comerciales y de inversión registradas, como ha documentado un informe de 2019 de la Comisión Europea. Las compañías europeas sufren disparidades en el acceso a su mercado, en particular para licitaciones de contratación pública. El statu quo (falta de reciprocidad y desigualdad de condiciones) no es una opción. Nuestra relación es excesivamente asimétrica para el actual nivel de desarrollo chino. Y eso debe corregirse.

Si no lo hacemos ahora, dentro de unos años será demasiado tarde. Los productos chinos continuarán subiendo en la cadena de valor y aumentará nuestra dependencia económica y tecnológica. El esfuerzo tecnológico de la UE debe aumentar en paralelo a nuestra autonomía estratégica. Debemos evitar llegar al punto donde, como dice mi amigo Enrico Letta, los europeos tengamos que escoger entre ser una colonia china o estadounidense. Como decía al principio de estas páginas, la clave de nuestro éxito dependerá, en gran medida, de la capacidad para aprovechar el potencial del mercado único europeo, mantener la unidad entre los Estados miembros y hacer valer nuestros estándares internacionales.

El segundo pilar de la doctrina Sinatra es la cooperación. No insistiré lo suficiente en que colaborar con Pekín es fundamental para responder de manera efectiva a los retos globales. La lucha contra el cambio climático es el ejemplo más evidente. La UE supone el 9% de las emisiones mundiales, mientras que China representa el 28%. Aunque los europeos, por milagro, dejásemos mañana de emitir CO2, no cambiaria gran cosa. Solo conseguiremos luchar de manera efectiva contra el cambio climático si logramos que, a nuestros esfuerzos de reducción, se sumen los grandes emisores como China, EEUU o India, y que África siga una senda de desarrollo distinta de la nuestra.

Somos demasiado interdependientes para un desacoplamiento económico respecto de China como el que los EEUU de Donald Trump predican. El coronavirus cambiará la globalización, pero no la suprimirá. Y aunque algunos analistas hablan de nueva guerra fría, este marco teórico resulta engañoso, porque EEUU y la URSS nunca estuvieron tan interconectados como lo están ahora EEUU y China. Como he señalado en varias ocasiones, paradójicamente la estabilidad del dólar, y con ella la del sistema capitalista, depende mucho del Partido Comunista Chino –expresión que el secretario de Estado, Mike Pompeo, utiliza para referirse a China–, puesto que es el segundo país del mundo con más bonos del Tesoro estadounidense, detrás de Japón. En el caso europeo, la interdependencia no es menor: los intercambios comerciales entre la UE y China ascienden a 1.000 millones de euros diarios.

Por otra parte, hay que reconocer que la estrategia de confrontación abierta con China le ha salido cara a EEUU. Según un informe de la Reserva Federal, los aranceles estadounidenses no han servido para que crezca el empleo en EEUU, ni la producción en la industria manufacturera, pero sí han aumentado los costes de producción. Moody’s Analytics estima que la guerra comercial ha costado a Washington unos 300.000 empleos y el 0,3% del PIB del país. Economistas estadounidenses calculan que la guerra comercial costará unos 800 dólares al año a cada familia en EEUU.

Ante los que abogan de manera errónea por una nueva guerra fría, con un mundo fragmentado en dos bloques, la UE debe promover sus intereses, pero en cooperación estrecha con países que defiendan un nuevo y efectivo multilateralismo y la primacía del Derecho Internacional.

Puestos a buscar referencias musicales, quizá podríamos caracterizar el estado de las relaciones UE-China con la legendaria canción de Serge Gainsbourg, Je t’aime… moi non plus, una de las que marcó a los jóvenes de mi generación, relativizando los sentimientos y las contradicciones que conforman las siempre difíciles relaciones de pareja. Y es que, en las relaciones estratégicas, como en el amor, cuentan más los hechos que las palabras. Por eso, siendo prácticos y concretos, será clave que Pekín cumpla con el compromiso de avanzar hacia una relación económica más equilibrada entre la UE y China antes de final de 2020. ●

*Josep Borrell Fontelles ha sido Presidente del Parlamento Europeo y Ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno de España. Actualmente es Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad Común de la UE y Vicepresidente de la Comisión Europea.