miércoles, 10 de junio de 2020

EEUU: De la reducción del gasto policial al complejo financiero-militar

En plena pandemia del corvid-19 y de los más de 40 millones de desempleados bajo un Presidente más preocupado por su reelección en noviembre que por los problemas del país, el 25 de mayo de 2020 tenía lugar un hecho luctuoso que desencadenaba una revuelta ciudadana que marcará un hito en la historia de los EEUU por la denuncia del racismo institucionalizado y la militarización de la policía local que hunde sus raíces en el Pentágono y Wall Street.

En la CNN y en otros canales de TV, hace días pudimos contemplar atónitos como el ciudadano negro George Floyd tenía su cuello bajo la rodilla del policía que le seguía presionando (8:46 minutos, se afirma) mientras aquel susurraba que no podía respirar. Según todas las informaciones ningún incidente previo motivaba la retención del ciudadano negro apresado en el suelo. Tras la noticia de su fallecimiento bajo la custodia de la policía de Minneapolis, en Minnesota, se desencadenaron serie de protestas callejeras, con saqueos y pillajes nocturnos en las primeras jornadas, que se extendieron pacíficamente por gran número de ciudades estadounidenses y que a la fecha de estas notas superan los quince días. Toda una denuncia mundial del racismo institucionalizado en la sociedad estadounidense, que alienta el actual Presidente, y la brutalidad policial que tiene como víctima propiciatoria a la población negra. En el transcurso de estas protestas se han sucedido otras víctimas mortales ocasionadas por esa brutalidad policial, más propia de países infradesarrollados.

Estas continuadas  protestas ciudadanas en gran número de ciudades estadounidenses han cristalizado en un movimiento ciudadano bajo el lema BLACK LIVES MATTER, las vidas de los negros/as importan. Y como respuesta a la situación institucional, ha aflorado una reivindicación que considera que frente al maltrato y agresividad policial, la solución se enuncia de modo simple: desfinanciar (defund) la policía, reducir el gasto público en la policía, que en los EEUU generalmente es policía local dependiente de los Ayuntamientos. Hasta ese momento era un apagado debate en reducidos círculos de las élites más críticas y un rumor entre activistas, particularmente después de las protestas que siguieron a otra muestra de brutalidad policial en Ferguson, Missouri, en 2014. Pero ahora se ha convertido en un clamor desde la muerte de George Floyd a manos de la policía y las protestas nacionales que exigen reformas y que llegan a demandar el desmantelamiento de la policía. Y un debate político nacional está abierto.

Desde luego el debate no es tan sencillo como parece: de entrada la reivindicación plantea que en lugar de financiar los departamentos de policía local, se invierta una parte considerable del presupuesto de una ciudad en las necesidades sociales de las comunidades marginadas, periféricas, donde se desarrolla en gran parte la vigilancia policial. Para Patrisse Cullors, cofundador del movimiento Black Lives Matter, la reducción de la financiación de la policía significa reasignar esos fondos para apoyar a las personas y los servicios en esas comunidades negras marginadas. Significa que en la aplicación de la ley se reducirán los  recursos invertidos en la policía, que al final perjudican a las comunidades negras, y reinvertir esos dólares en los servicios sociales para atender la salud mental, combatir la violencia doméstica y ayudar a personas sin hogar, entre otros, financiando escuelas, hospitales, viviendas y alimentos en esas comunidades negras: "todo lo que sabemos que aumenta la seguridad ciudadana”, afirman.

Sin embargo para otros sectores de la ciudadanía, refund, desfinanciar a la policía significa desmantelar a la policía, la disolución total de la policía local, una opción radical que está ganando terreno. El MPD150, una organización de defensa comunitaria en Minneapolis, está enfocada en abolir la policía local y de hecho el consejo municipal ha abierto unas discusiones para concretar cómo se lleva a cabo el desmantelamiento del departamento de policía local. Unas discusiones comenzadas desde el fallecimiento de George Floyd bajo la custodia de la policía de Minneapolis. Argumentan que la ley y el orden no son alentados por la actual aplicación de la ley sino a través de la educación, el empleo y los servicios de salud mental, para las comunidades de bajos ingresos a las que a menudo se les niega. ([i])

Sin embargo, el alcance de este asunto merece un análisis más detenido y profundo porque, dejando a un lado el racismo institucionalizado que revela el comportamiento policial generalizado y el algunos órganos judiciales en los casos relacionados con la población negra, la realidad es que el colapso financiero de 2008 y la subsiguiente recesión económica, ha generalizado la tendencia de los gobiernos neoliberales a afrontar las agrias protestas sociales derivadas de la crisis social agravada, mediante el reforzamiento del fenómeno de la militarización de la policía, que en los EEUU se agrava porque se ha centrado en las policías locales, como nos muestran las imágenes televisivas donde los guardias municipales aparecen pertrechados como cuerpos policiales antidisturbios de carácter nacional, mostrando un entrenamiento profesional más como fuerzas de ocupación que como profesionales al servicio de los derechos ciudadanos. Y esta militarización de la policía podemos asociarla al desarrollo de la industria armamentística que alcanza una dimensión financiera vinculada al sistema de Wall Street, como analizamos en un capítulo de nuestro libro El casino que nos gobierna.

El debate nacional sobre la militarización de la policía

Cuando se habla de la militarización de la policía se refiere al uso de equipos y tácticas militares por parte de los agentes de la ley, que llega  a incluir el uso de vehículos blindados de transporte de personal, rifles de asalto, metralletas, lanzagranadas y equipos de armas y tácticas especiales (SWAT). Esta militarización de la aplicación de la ley desde el nivel de la policía local también está asociada con la recopilación de información al estilo de las agencias de inteligencia dirigida sobre activistas públicos y políticos, y asimismo se nota en el modo de vigilancia de las protestas ciudadanas. Las preocupaciones sobre esta cuestión han surgido por ambos extremos del espectro político en los Estados Unidos, que podemos ejemplificar con la defensa de la Hermandad de agentes de policía, una  asociación privada de varios cientos de agentes del orden y las sorprendentes críticas del libertario Instituto Cato, un think tank conservador y la Academia Nacional de Ciencias de los EEUU.

The Fraternal Order of Police (FOP), la Orden Fraternal de la Policía se ha pronunciado a favor de pertrechar a los agentes del orden con equipo militar, con el argumento de que aumenta la seguridad de los agentes y les permite proteger al público y a los miembros de otros servicios sociales, como bomberos y servicios médicos de emergencia. Aunque algunos estudios sostienen que las fuerzas policiales que disponen de material militar tienen más propensión a tener encuentros violentos con el público, independientemente de los índices de delincuencia local. Y un estudio publicado en 2018 por la Academia Nacional de Ciencias de EEUU descubrió que las unidades de policía militarizadas en los Estados Unidos se desplegaban con mayor frecuencia en comunidades con grandes proporciones de afroamericanos, incluso después de controlar los índices de delincuencia local. ([ii]). Utilizando una variedad de fuentes de datos administrativos y experimentos originales, el estudio demuestra que los equipos militarizados de “armas y tácticas especiales” (SWAT) se despliegan con mayor frecuencia en comunidades de color y, al contrario de lo que afirman los administradores policiales, proporcionan beneficios indetectables en términos de seguridad de los oficiales o reducción de crímenes violentos, en promedio. Considerados en conjunto, estos hallazgos sugieren que reducir la policía militarizada puede ser de interés tanto para la policía como para los ciudadanos.

Desde hace bastante años, la presencia cada vez más visible de unidades policiales fuertemente armadas en las comunidades estadounidenses ha avivado la preocupación generalizada sobre la militarización de la policía local. Los defensores afirman que la policía militarizada protege a los oficiales y disuade los delitos violentos, mientras que los críticos alegan que estas tácticas están dirigidas contra las minorías raciales y erosionan la confianza en la aplicación de la ley. Utilizando un singular censo geocodificado de despliegues del equipo SWAT de Maryland, se demostró que las unidades de policía militarizadas se despliegan con mayor frecuencia en comunidades con grandes proporciones de residentes afroamericanos, incluso después de controlar las tasas de delincuencia local. Este debate que se ve reactivado por episodios de violencia policial, a menudo con algún afroamericano muerto, como en el caso de Minneapolis. Ya en 2014 el tiroteo policial los miles de ciudadanos estadounidenses de las marchas de protesta  en Ferguson, se sorprendieron y alarmaron por el carácter de la respuesta de la policía. Durante días, las redes nacionales de noticias transmitieron imágenes de vehículos blindados, francotiradores apuntando a civiles negros y morenos desarmados, y oficiales vestidos con armaduras de guerra, desplegados por agencias de policía estatales y locales. Para algunas personas, la policía estadounidense parecía haberse transformado repentinamente en una fuerza de ocupación en tiempos de guerra. Y décadas de investigación en los años intermedios han documentado las formas en que los esfuerzos policiales como "parar y registrar" y la "guerra contra las drogas" han servido para mantener las jerarquías sociales basadas en la raza y la clase. En parte debido a esta historia, los estudiosos críticos del racismo han caracterizado la militarización policial como otro medio por el cual el Estado ejerce el control social sobre las minorías raciales.

Asombrosamente el neoliberal Instituto Cato en una declaración denominada 20. Stopping Police Militarization ([iii])  reclamaba que el Congreso debería enmendar determinada legislación vigente (10 U.S.C. § 2576ª) para detener las transferencias a las agencias locales de aplicación de la ley de cualquier equipo militar incluido en la Lista de Control de Municiones del Departamento de Estado o en la Lista de Control del Departamento de Comercio - llamada "propiedad controlada" - y recuperar todas las propiedades controladas actualmente distribuidas. Y denunciaba el programa "1033" creado como parte de la Ley de Autorización de Defensa Nacional (NDAA) para el año fiscal 1997, que autoriza que el Departamento de Defensa transfiriera a las agencias locales de aplicación de la ley no solamente blindados y armas pequeñas para que actividades antidrogas; sino que el programa también transfiere equipo militar de alta potencia, la llamada "propiedad controlada", que tiene pocos usos justificados en la aplicación de la ley nacional. Y este think tank solicitaba del Congreso que pusiera fin a la transferencia despilfarradora de tal equipo  militar excesivo. 

A pesar de la protesta pública, los nuevos datos federales muestran que 2014 y 2015 fueron años pico para los envíos de equipo militar excedente a los departamentos de policía locales en todo Estados Unidos, como detallaba un reportaje de la revista Forbes de 5 de mayo de  2016,  titulado Armas de guerra para los departamentos de policía de EEUU  ([iv]) basado en los datos aportados por el estudio de  OpenTheBooks Snapshot Report - The Militarization of Local Police Departments, que cuantificaba la transferencia de 1,5 millones de artículos relacionados con armamento del Departamento de Defensa (DoD) para las fuerzas del orden público federales, estatales y locales desde 2006. Los registros federales muestran que las agencias policiales en Florida, Texas, California, Tennessee y Arizona lideraron en la nación la adquisición de armamento militar excedente del Departamento de Defensa en los últimos 10 años. Destacaba el "espectáculo de armas" patrocinado por el gobierno federal que nunca termina: la policía de una pequeña ciudad está armada con rifles M16 y M14, gafas de visión nocturna, bayonetas y camiones blindados; los colegios juveniles y los alguaciles del condado adquirieron vehículos resistentes a las minas (MRV); incluso los distritos de parques locales y las reservas forestales abastecidas con equipos de estilo militar.


Como mencionamos, el Programa 1033 creado por la Ley de Autorización de Defensa  
Nacional (1997) autorizó la transferencia de armamento militar. En total, los nuevos datos revelaban equipos militares por valor de 2.200 millones de dólares, incluidos helicópteros y aviones, camiones y automóviles blindados, decenas de miles de rifles M16 y M14, miles de bayonetas, detectores de minas y muchos otros tipos de armamento. En el reportaje de la revista Forbes se detallan algunos ejemplos de la generosidad local y regional con que se equiparon
 las fuerzas del orden, como estos:

En Florida, la patrulla de carreteras del estado recibió 1,815 rifles M16 / M14 (5,56 mm y 7,62 mm), más seis vehículos blindados militares, tres vehículos resistentes a las minas y tres vehículos de combate / asalto / ruedas tácticas completos. A California se le transfirió armamento, incluyendo casi 7,500 rifles M16 / M14; la Universidad de California en Berkeley aceptó la entrega de 14 fusiles M16; una  cifra muy inferior a los 1.105 rifles M16 / M14 (5.56 mm y 7.62 mm) y dos vehículos resistentes a las minas adquiridos por el Sheriff del Condado de Los Ángeles.

En Washington D.C., la Policía Metropolitana adquirió 500 fusiles M16, que es la mitad de lo que recibió todo el estado de Nueva Jersey en fusiles. Y muchas ciudades pequeñas en todo Estados Unidos recibieron armas militares. Por ejemplo, Granite City, IL (población 29,375 hab.) recibió 25 fusiles M16 y M14 (5,56 mm y 7,62 mm), además de un camión blindado militar y un robot para "eliminación de material explosivo". Lacon, IL (población 1,853 hab.) recibió seis; pistolas especiales de 45 y 38, cinco M16 / M14 (5,56 mm y 7,63 mm) y un fusil 'antidisturbios' de calibre 12.

Desde luego, se subraya en el reportaje de Forbes que muchas de las transferencias de armas del Departamento de Defensa tienen un propósito cuestionable respecto a aplicación de la ley. Por ejemplo, en Illinois, el Departamento de Recursos Naturales recibió 174 fusiles M16 y M14. Y el autor del reportaje se preguntaba ¿Para qué? ¿Para hacer cumplir las leyes de caza? Si en el campo de batalla en una guerra, una bayoneta en combate cuerpo a cuerpo se usa tácticamente para desangrar a tus enemigos, ¿cuál es exactamente el propósito de distribuir entre las fuerzas locales miles de bayonetas militares?

Los datos reseñados muestran que se enviaron 5.638 bayonetas a otras agencias federales de aplicación de la ley o departamentos de policía locales. Seguridad Nacional (DHS) obtuvo 3,905 bayonetas en 15 ubicaciones, de las que 3,260 se destinaron a Protección de Fronteras y Aduanas (DHS Customs and Border Protection) en El Paso, Tejas; y muchos otros repartos de armas letales. Forbes, deja constancia, para hacer justicia, que  el presidente Obama reconoció esta desconexión con la ley y firmó una orden ejecutiva que prohíbe la transferencia de bayonetas a partir de 2016.

Más recientemente, con ocasión de las protestas contra la policía  en las diversas ciudades estadounidenses, en declaraciones a la CNN, el ex Presidente Obama aludió a las dificultades y complejidades en el marco institucional estadounidense para cambiar la situación, comenzando porque el asunto afecta a unas 18,000 ciudades/poblaciones con autonomía para gestionar su policía (algo que nos recuerda al sheriff contratado por los notables del poblado del Oeste que lograba mantener el orden con Colt 45 como nos han descrito tantas películas)

El equipamiento militar de la policía local se vincula a Wall Street

Si la brutalidad policial en los EEUU es un comportamiento propio de la ideología supremacista del hombre blanco, alentado por un Presidente disfuncional –calificativo de un profesor de la Universidad de Detroit - la dotación de armas de guerra a los agentes del orden urbano tiene otras raíces. La política de suministros de armas de guerra a las policías locales, desde el Departamento de Defensa, hunde sus raíces en el desmesurado desarrollo del presupuesto de defensa y de la industria de armamento de guerra en los EEUU; que a su vez - como documentamos en un capítulo de nuestro libro El casino que nos gobierna -  se vincula estrechamente a los negocios financieros de Wall Street, que incentivan las guerras exteriores sin objetivos políticos de país, pero que son fuentes de empleo y de consumo de material exclusivamente fabricado en el territorio estadounidense.

Y así se comprende que, tras los atentados del 11 de septiembre, la denominada como “the war on terror” según la expresión acuñada por la Administración Bush para  la invasión de Irak,  sirviera para justificar la guerra en Afganistán, la tensión bélica con Irán y en Oriente Medio, que han justificado el incremento continuado del gasto por las fuerzas armadas en armas ofensivas,  sistema de defensa,  equipos de comunicaciones, vigilancia, protección blindada y material de uso militar, como señalaba un observatorio crítico independiente sobre la seguridad militar en los EEUU ([v]). En la lista  de corporaciones estadounidenses (Military Defense Watch list) beneficiadas por esta política de gasto militar, se incluyen junto a nombres conocidos en todo el mundo como Boeing o General Dynamics, otros que solamente se conocen en el ámbito estadounidense como Alliant Technologies, Allied Defense, Applied Signal Technology, CACI, Ceradyne, Cubic, Curtiss-Wright, DRS, EDO, FLIR Systems, Harris, KVH, L-3 Communications, Lockheed Martin, Mantech, Mercury Computer Systems, Northrop Grumman, Orbital Sciences, Raytheon, and Teledyne. ([vi])

Al mismo tiempo, la complejidad de esos productos de alta tecnología  y sus elementos hacen que aparezcan agrupadas las industrias de seguridad, armamento, transporte aéreo, electrónica, etc., que paralelamente sirven para la fabricación de elementos y productos consumidos en la vida ordinaria de los ciudadanos y para las dotaciones de armamento suministrado a las policías locales de la ciudades estadounidenses.  Y esta simbiosis industrial-militar favorece la financiarización de este sector, que genera productos financieros para atraer dinero ampliando el ámbito de la especulación financiera.

Esta situación de simbiosis de la industria bélica con el sector financiero y a las fuerzas armadas, solamente puede entenderse desde el concepto de complejo militar-industrial, cuya profundización durante las últimas décadas se ha convertido ahora en el complejo financiero militar en el marco de la integración mundial de los mercados del dinero. Es una realidad sociológica y económica a la que en los círculos críticos estadounidenses se ha venido haciendo referencia con la expresión “the Military-Industrial Complex”, que significa la relación cómoda entre las partes que gestionan las guerras de los EEUU (las fuerzas armadas, la administración presidencial y el Congreso) más las compañías fabricantes de armas y equipos de utilidad bélica,  según se analizó en un estudio del Institute for Policy Studies ([vii]). Para decirlo de modo sencillo, se refiere a la relación extremadamente fluida y amistosa entre contratistas y gobernantes, en la que ambos lados están asociados para el logro de éxitos para los planificadores de las guerras y de beneficios financieros para aquellos que integran los consejos de administración de las grandes corporaciones. Algo que podría ser la versión actualizada de la teoría  de “la guerra por el beneficio”.

A este respecto, conviene recordar que la expresión Military-Industrial Complex  quedó consagrada con el discurso de despedida (Farewell Address to the Nation) del Presidente Eisenhower el 17 de enero de 1961, el laureado general que contribuyó a la derrota militar del nazismo en Europa, en el que denunció ese entramado político-industrial (integrado ahora en las finanzas de Wall Street) advirtiendo al pueblo americano de la amenaza que suponía ese conglomerado para la acción del gobierno democrático:

En las sesiones del gobierno, debemos guardarnos contra la adquisición de una injustificada influencia,  buscada o no, del complejo militar industrial. Existe y persistirá el potencial para la ascensión desastrosa de un poder inapropiado. No debemos nunca permitir que el peso de este conglomerado haga peligrar nuestras libertades o los procesos democráticos. No demos nada por descontado. Únicamente una ciudadanía informada y alerta podrá  imponer el apropiado entramado de la enorme maquinaria industrial y militar de defensa con nuestros objetivos y  métodos pacíficos, de modo que la libertad y la seguridad prosperen juntas”  ([viii])

Y este complejo de organizaciones y personajes estadounidenses sobrevivió al Presidente creció en su dimensión económica y financiera, hasta el extremo que nos dice Joseph Stiglizt  que “en el último medio siglo ese complejo se ha extendido: los grupos de presión que determinan las finanzas, la industria farmacéutica, el petróleo y el dióxido de carbono”  ([ix]).

 



[i] There's a growing call to defund the police. Here's what it means. CNN website, 7/6/2020

[ii] Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America.Jonathan Mummolo, Militarization fails to enhance police safety or reduce crime but may harm police reputation. https://www.pnas.org/content/115/37/9181

[iii] https://www.cato.org/cato-handbook-policymakers/cato-handbook-policy-makers-8th-edition-2017/stopping-police.

[v] Security Watch, 9/7/2010

[vi] Military Defense Solutions en http://www.securitystockwatch.com/MilitaryDefense/)

[vii] IPS, Military-Industrial Complex Revisited, 2005 en http://www.ips-dc.org

[viii] véase video y transcripción en inglés en http://www.militaryindustrialcomplex.com/

[ix] Joseph Stiglitz, Caída libre. El libre mercado y el hundimiento de la economía mundial. Taurus, 2010, p. 340


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