viernes, 4 de julio de 2008

La mala suerte de Fernando Alonso


Una vez más, la mala suerte parece cebarse con Fernando Alonso y esta vez en el circuito de Silverstone. El bicampeón español de la Fórmula Uno ha superado las limitaciones de Renault con brillantes actuaciones pero también ha cometido errores - y no solo profesionales - que le han hecho perder los puntos que tanto necesita su equipo y los que le concedió el premio Príncipe de Asturias anticipadamente.

Hay quien dice que su mala suerte comenzó cuando trasladó su domicilio fiscal de Asturias a Suiza, siguiendo el mal ejemplo de su rival Michael Schumacher que, como tantos otros famosos de la F-1, se burlan de sus seguidores condenados a pagar los impuestos que evaden sus ídolos.

Aunque más le valdría a Fernando que pagara los impuestos debidos a su patria, en vez de ponerse la “camiseta roja” para compartir triunfos ajenos y de paso redujera las comisiones que se lleva Alejandro Agag, el yernisimo de José María Aznar, que está acumulando una fortuna e influencias a costa del piloto español.

Desde luego, como piensan muchos aficionados, está claro que la F-1 está perdiendo su alma deportiva para convertirse en el gran negocio financiero de los derechos publicitarios, cuya parte del león administran esos sagaces “expertos” y las sociedades del patrón Bernie Ecclestone, el magnate británico que anima a los pilotos a que sigan su estrategia comercial.

Porque para la gestión comercial el patrón de la F-1 dispone de una cadena de sociedades en Jersey y Liechtenstein; y como analizamos en La Europa opaca de las finanzas, la falta de transparencia de los centros offshore le permiten a Ecclestone ocultar la dimensión del negocio y disponer de mecanismos para entorpecer cualquier investigación judicial sobre previsibles ilegalidades. El año pasado, suscribió la prórroga de Montmeló en Cataluña con el instrumento previsto para los acuerdos sobre los circuitos, que es la sociedad mercantil denominada Formula One Management (FOM), que preside el mismo Bernie y que depende de otra sociedad domiciliada en la isla de Jersey, un centro offshore ligado a la City de Londres.

Porque los ingresos comerciales de la F-1 se computan en miles de millones. Y el dinero de los premios se distribuye a través del patrón de la F-1 como presidente de la sociedad FOM. Y para hacernos una idea, basta contemplar unos de esas maravillosas máquinas que son los coches de la F-1 y pensemos que las grandes marcas pagan sumas enormes por la publicidad con sus logos en la superficie de los coches, cuyo coste varía muchísimo dependiendo del éxito del equipo y de la colocación en el vehículo. Los equipos obtienen el 80-85 % del total de ingresos y el resto proviene de los ingresos por TV. Por ejemplo Malboro llega a pagar 50 millones $ por colocar su logo en los laterales de un coche con Maclaren o Ferrari, mientras que si trata de un equipo de rango intermedio podría pagar la mitad.

Y está clara la inclinación del patrón de la F-1 por aprovecharse del atractivo de los paraísos fiscales que incrementa la rentabilidad de sus elevados ingresos por los derechos deportivos, que son muchísimo más que los de los altos precios de las entradas a los circuitos.-
Publicar un comentario en la entrada