lunes 30 de agosto de 2010

La UE insiste ante el G-20 sobre los paraísos fiscales


Aunque la retórica oficial lo oculta y los medios no lo suelen contar, la Unión Europea no tiene una representación conjunta ante el G-20 como no la tiene ante el FMI o el Banco Mundial. De ahí que siempre intente definir previamente posiciones compartidas por los gobiernos que forman parte y tienen representación en cada organización o foro.

Desde los EEUU, un miembro de la Red TJN nos ha remitido un interesante borrador del documento de preparación de la posición de la UE que se perfilará en la reunión de los viceministros del G-20 los días 4 y 5 septiembre próximos en Gwangju, una reunión preparatoria de la de los ministros de finanzas previa a la cumbre en Seúl de noviembre.

Denominado “marco de referencia” (terms of reference) este documento de 14 páginas ya negociado por los asesores técnicos, los “sherpas”, indica las líneas del debate para consensuar una posición común ante el G-20.

Lo primero que se percibe de su lectura es la posición escandalosamente blanda en todo lo que concierne a la tan traída y cacareada regulación financiera que no llega.

Lo segundo es que no encontramos ninguna referencia a aquellas propuestas de una tributación para las transacciones financieras; ¡pero ninguna!

El significado de esta omisión está claro: el déficit fiscal de los países europeos se continuará cubriendo con más recortes del gasto social en España y en los demás donde los toleren los electorados.

¿Alguien se acuerda de las pomposas declaraciones sobre la tasa bancaria y contra los paraísos fiscales, el secreto bancario, etc., de los Sarkozy, Merkel, Zapatero o Brown?

En este documento aparece que la mayor preocupación de los gobiernos europeos es su oposición a la reforma del FMI, manteniendo una posición conservadora de los votos que actualmente tienen los países europeos.

Y destaca un párrafo extenso dedicado a los que llamamos paraísos fiscales, que ahora se denominan “jurisdicciones no cooperantes”.

La EU considera que “el G-20 debe seguir esforzándose por completar el planteamiento triple hacia las jurisdicciones no- cooperantes (cubrir el intercambio de información fiscal, el antiblanqueo de dinero y la financiación contraterrorista y los estándares prudenciales de regulación y supervisión)”. Nada nuevo; todo seguirá igual.

Añade la petición al G-20 para que acuerde la publicación de una lista de las jurisdicciones que incumplan para finales de 2010 su compromiso de adhesión a las normas de intercambio de información fiscal, según diga el Foro de Estabilidad Financiera, un organismo cercano a la banca. Y las líneas restantes son solamente de apoyo retórico a lo que vienen haciendo los organismos internacionales relacionados con el lavado de dinero sucio, etc., que en el mejor de los casos es trabajo técnico de coordinación de las burocracias.

Pero nadie negará que este tipo de documento da mucho juego como guión de la retórica oficial contra los paraísos fiscales, la reformar financiera, etc., etc.,
¡como muestra el título de arriba!

jueves 10 de junio de 2010

Mercados o democracia


La disyuntiva no tendría justificación si por mercados entendiéramos todos los que integran la economía de un país, desde el de la vivienda o los automóviles hasta el de las patatas o el vino; porque no hay democracia sin todos estos mercados reales que crean riqueza y empleo.

Pero hoy sabemos que cuando nos hablan de los mercados para justificar recortes salariales o sociales, nos están hablando de las Bolsas y de la banca financiera, de los llamados inversores, a los cuales tienen que acudir los gobiernos para obtener los préstamos necesarios para cubrir el déficit de ingresos públicos provocado por las ayudas a esos bancos y a una economía destrozada por la crisis de esos mismos mercados.

Y lo mas curioso es que, si a finales de 2009 muchos inversores hubiera escrito una carta a los Reyes Magos, les habrían pedido beneficios crecientes y tipos de interés muy bajos; justo unos deseos que han sido colmados, como afirma The Economist en su último número. A lo que podríamos añadir que los bancos han logrado igualmente un tercer deseo: gobernar de facto a los países y sin riesgo político, obligando a los gobiernos europeos a ejecutar recortes del gasto público muy alejados de los programas por los que fueron elegidos en las urnas.

Porque nos encontramos con que los rescatadores son rehenes de los rescatados. Los gobiernos europeos rescataron a la banca y a los mercados con el dinero de los contribuyentes y se están sometiendo a los dictados de esos mercados. Pero a eso los expertos de guardia le llaman “el problema de los bonos soberanos”, de la incertidumbre sobre la rentabilidad de los préstamos a los gobiernos del Eurogrupo que ha creado una crisis del euro, un asunto elevado al nivel de riesgo sistémico para Wall Street y para Washington que lo equipara al actual riesgo geopolítico (que Corea del Norte la líe con la del Sur).

Pero la realidad que se oculta es que, si los inversores internacionales presionan al Eurogrupo, es porque los impagos de Grecia o de otro país miembro, podría significar una crisis grave de la banca europea que es la mayor acreedora (Financial Times, 27/5/2010). Por otra parte, el endeudamiento exterior de país engloba el sobreendeudamiento del sector privado, de bancos y grupos empresariales con el exterior, que es el caso de España. Porque resulta que conforme al acuerdo político del Consejo europeo de octubre 2008, para salir de la crisis bancaria originada fuera de Europa, los gobiernos del euro decidieron no solamente rescatar bancos evitando su quiebra sino avalar asimismo su endeudamiento, algo que les trajo buenos negocios. Y ahora los bonos gubernamentales y los bonos y los empréstitos privados del exterior, que están garantizados por los gobiernos, cuentan para el llamado “riesgo-país”, que evalúan las resucitadas tres agencias privadas de calificación de riesgos crediticios.

Y al mismo tiempo los inversores siguen apostando por la falta de liderazgo y de voluntad política comunitaria, que se ha puesto de relieve con la demora para comprometer los préstamos bilaterales que ayuden a Grecia. Una clara muestra de la desunión e insolidaridad del Eurogrupo, además de su desnudez al carecer de supervisión bancaria comunitaria para operaciones transnacionales (el Banco de España solo tiene competencia hasta las fronteras) y, sobre todo, la carencia de un gobierno que controle las economías, recurriendo en cada momento a los acuerdos políticos intergubernamentales. Y, para colmo, la mayor paradoja aún es que el fondo acordado de 750,000 millones es solo un mecanismo común para defender la estabilidad del euro, pero obteniendo el dinero de los propios mercados.. Y el que paga, manda.

Por tanto, los interrogantes abiertos son serios y graves. ¿Puede sobrevivir un Eurogrupo basado en la plena libertad de las operaciones extracomunitarias del capital sin fiscalidad compartida y sin gobierno controlado democráticamente? ¿Puede el euro apoyarse únicamente en un simple pacto que limita el déficit público al 3% y el endeudamiento al 60 % del PIB? ¿Puede seguir siendo el Eurogrupo una mera zona monetaria por más tiempo?

Porque frente a la crisis financiera llegada del exterior, antes y después del fracasado Tratado de Lisboa, tanto la UE como el Eurogrupo han carecido de un proyecto para corregir la competencia fiscal y la desregulación bancaria y financiera a nivel comunitario, donde nadie controla las transacciones extracomunitarias de los bancos. Y en el plano mundial, la pretendida regulación financiera ha fracasado hasta el momento. El martes 25 mayo en Madrid, el Director de mercados financieros del FMI, el español José Viñals, anunció que para la cumbre del G-20 de junio en Canadá no se esperan acuerdos, pero que en el club de Basilea - el auténtico gobierno mundial de la banca – estaba todo muy avanzado para que se formalicen algunos acuerdos en la reunión de noviembre en Corea del Sur, que no cambiarán un ápice el paradigma neoliberal en vigor.

Por todo ello, se comprende que, sin advertir a sus socios europeos, el martes 18 mayo Alemania adoptara la decisión unilateral de atacar la especulación financiera, un hecho significativo que alumbra la esperanza de decisiones que saquen a la UE del atolladero en que se encuentra. Frente a la crítica por ignorar los informes de los grandes bancos, el ministro de Hacienda alemán Schaüble respondía que “si se quiere desecar una ciénaga, no se les pide a las ranas la opinión objetiva”. Y ese es el camino para superar la crisis actual; porque el dilema político al que se enfrentan los gobernantes en la Europa de hoy es mercados o democracia.-

(Publicado en el diario Público el 2 junio 2010)

jueves 20 de mayo de 2010

Desunión europea frente a la especulación



La UE afronta una situación inédita en su historia. El martes 18 mayo 2010, con las reticencias del Reino Unido, el ECOFIN aprobaba al fin el proyecto de directiva europea para la regulación de los fondos de inversión de alto riesgo y de los fondos de capital de riesgo, bajo la expresión equívoca de “fondos alternativos”. Aunque los titulares de prensa no lo dijeran, como ocurre con todas las directivas, en el mejor de los casos, este proyecto llevará algún tiempo hasta convertirse en ley aprobada en los 27 parlamentos nacionales.

Sin embargo, ese mismo día, al cierre de los mercados del euro, sin contar con sus socios europeos, la autoridad reguladora alemana, el Bafin, decretaba la prohibición temporal de la modalidad especulativa conocida como “naked short selling” o venta al descubierto, venta en falso o simulada de valores que no se tienen ni en préstamo. La prohibición alemana afecta a ciertas acciones de bancos y aseguradoras y de bonos soberanos y durará hasta el 31 Marzo de 2011. Una decisión clara contra las apuestas baratas que buscan beneficios limpios, provocando la bajada de los bonos de los Estados del euro y de valores en euros. Alemania considera desestabilizadora esa especulación en los mercados financieros, culpada por políticos despiertos de haber exacerbado la crisis de la deuda griega. Especulaciones que han provocado la volatilidad excepcional llevando al euro a alcanza el nivel más bajo de 1,22 $ en cuatro años.

Y es que desde meses, los especialistas avisaban de los riesgos de las “burbujas sobre la deuda soberana”, sobre los bonos gubernamentales, y del billón de euros que necesita el Eurogrupo para cubrir el déficit y refinanciar el endeudamiento agudizado por la propia crisis económica de raíz financiera. En otras palabras, se evidenciaban grandes oportunidades aprovechadas por los depredadores como prueban, por ejemplo, dos hechos concretos documentados, aparentemente triviales.

Primero, en febrero pasado, tenía lugar un conciliábulo en Manhattan so capa de una cena que tuvo lugar en el restaurante Park Avenue Townhouse, con unos 20 personajes de las finanzas y que algunos comensales catalogaron como “un intercambio de ideas en torno a una mesa”. Pero allí se habló de apostar masivamente por la bajada del euro mediante la práctica del “short selling” o de ventas en corto o en falso; es decir, tomando prestados de un tercero valores que después se adquieren para devolverlos y cubrir esas ventas cuando ya se ha producido la bajada esperada o buscada. La especulación desaforada que contribuyó a la quiebra de Lehman Brothers y que sigue sin prohibirse o regularse a nivel europeo o global. Según uno de los presentes, se comentó que “Grecia es importante pero no tan importante; que hay que empezar a pensar en otro país. Después de Grecia, ¿cuál? España, Irlanda, Portugal”. Y otros añadían Italia. Son hechos desvelados por The New York Times del 3 marzo de este año, frente a los cuales la UE no hizo nada.

El segundo hecho ocurrió después de aquella cena, cuando el Departamento de Justicia de los EEUU abría expediente a cuatro hedge funds o fondos de inversiones de alto riesgo, solicitándoles que presentaran sus registros de operaciones comerciales, acusados entre otros cargos de apostar contra los valores del euro. Esos cuatro fondos investigados son Greenlight Capital, SAC Capitol Advisors, Paulson & Company y el Soros Fund Management, todos ellos nombres muy destacados por su potencial milmillonario y con historiales de dudosa legalidad. El problema es probar que coordinaron sus apuestas para hacer caer al euro; siendo difícil de demostrar la intención de actuar conjuntamente, como decía The Washington Street Journal del día mencionado. Los del gremio se apresuraron a defender las posiciones especulativas calificando la investigación abierta como “caza de brujas”. Y el portavoz del magnate George Soros señalaba que les culpan siempre que surgen problemas en los mercados monetarios.

En esta tercera semana de mayo, difundida la noticia de la decisión alemana contra esta especulación bolsística, algunos expertos auguraban un impulso alcista en los mercados del euro con el previsible cierre de posiciones bajistas; es decir, compras destinadas a devolver los valores tomados en préstamos y vendidos. Pero eso no ha sucedido al día siguiente, entre otras razones porque la decisión unilateral de Alemania adoptada sin consultar ni advertir a sus socios europeos, provocaba en Bruselas, Madrid, Paris y Londres, sorpresa, irritación y confusión, incapaces de alinearse en un frente europeo contra la especulación; sobre todo por la obstrucción desde la City, desde donde proceden –aseguran los periodistas especializados- los mayores ataques especulativos contra los bonos soberanos del euro.

Todo ello precisamente en unos momentos en que la UE, tras el acuerdo sobre los préstamos bilaterales para ayudar a Grecia y acordados los fondos de estabilización de 750,000 millones de euros, tiene pendiente su puesta en práctica. Porque, oh paradoja, para ayudar a los gobiernos más débiles frente a los especuladores financieros, se espera que sean “los mercados” los que aporten esos fondos previstos a través del SPV o “instrumento con fines específicos” acordado; o sea, una sociedad financiera común participada por los propios gobiernos del Eurogrupo que venderá unos títulos o bonos. Pero, como tributo al dios-mercado, mientras tanto hay que aplicar recortes sociales y planes de ajuste fiscal obstaculizando la recuperación económica con el fin de impedir veleidades de cualquier gobierno que intentara romper el consenso neoliberal sobre el que se ha reconstruido esta Unión Europea del tratado de Lisboa, de cuyas pretendidas bondades ahora nadie se acuerda.- 20/5/2010

sábado 8 de mayo de 2010

EL PAPEL DEL BCE EN LA CRISIS GRIEGA


El pasado 28 abril, Jean-Claude Trichet, Presidente del Banco Central Europeo (BCE) y Dominique Strauss-Khan, Director Gerente del FMI, visitaban a la canciller alemana Ángela Merkel; y con su Ministro de Economía Wolfgang Schaüble se reunían en el Parlamento con otros líderes para vencer sus reticencias sobre la imprescindible ayuda germana para el rescate de las finanzas griegas y para la defensa del euro. Y entre tantas noticias sobre Grecia, esta insólita visita de ambos tecnócratas revela ante todo el decisivo papel político jugado por el primero.

Para comenzar recordemos que el BCE es el Banco central más independiente del mundo, asentado sobre un tratado internacional y prácticamente responsable si acaso ante Dios y ante la historia. De ahí que se le culpe de su contribución a esta preocupante situación europea, que arranca de su propio funcionamiento incluyendo la presión que hizo sobre los gobiernos del Eurogrupo para que rescataran y avalaran a los bancos tras el estallido de la crisis financiera en 2007, como apuntan dos reputados analistas (The New York Times, Can Europe Save Itself?, 29/4/2010).

Asimismo, hay que destacar que para los gobiernos que gestionaron sus economías con rigor - como en el caso de España - es la falta de armonización fiscal europea entre los propios socios la que agrava la necesidad de cubrir con endeudamiento, el déficit presupuestario sobrevenido con la crisis. Y es el propio funcionamiento del Banco emisor del euro el que dificulta la financiación de los gobiernos, al convertir los bonos del Tesoro público que adquieren los bancos del área en un mecanismo para que estos puedan obtener dinero del BCE sin comprometerse a facilitar créditos a las economías.

Ese mecanismo resulta simple de entender, si traducimos la terminología al uso. Los bancos utilizan esa deuda de los Estados para lograr liquidez mediante las operaciones de “repo” del BCE: préstamos de euros con entrega como garantía de un paquete de valores que el banco se compromete a recomprar. Esto no trae más créditos pero los bancos hacen un negocio claro y limpio. Mientras el BCE les carga un 1 % por los euros frescos, pueden sacar un interés del 5 % o más, como vemos en las cotizaciones alcanzadas en las subastas de la deuda pública de Grecia y otros países europeos. Esta facilidad para prestarles dinero, que pudo justificarse al comienzo de la crisis financiera cuando sufrían restricciones del crédito, los bancos suelen utilizarla para la especulación en esos mercados bursátiles tan respetados. Y así tenemos que son los bancos alemanes y franceses los que tienen bonos griegos en mayor cuantía; e incluso se sospecha que esos bancos serán los primeros beneficiarios del rescate griego al que se acompaña de un duro ajuste a costa de los asalariados.

Según algunas fuentes anglosajonas, los bancos españoles le pidieron prestados 63,000 millones de euros al BCE a través de los mecanismos de “repo” en diciembre 2007. Y, por esas mismas fechas, los bancos españoles crearon masivamente valores bursátiles que no tenían mercado, con el único fin de depositarlos en el Banco de Francfort, después de que este hicieran públicas las nuevas facilidades para conceder liquidez bancaria. Todo un rescate del sector bancario español orquestado por el BCE, sin autorización de ningún gobierno puesto que sus estatutos no se lo exigen. Y esos mismos bancos que habían vendido créditos caros con muchas facilidades culpan ahora a los clientes morosos hipotecados.

Más aún, para estas operaciones de “repo”, el BCE valora los bonos o títulos de deuda pública según la calificación dada por las tres famosas agencias de calificación crediticia, cual oráculos de los dioses. Lo que significa que el BCE valora la solvencia de los Estados del Eurogrupo que decretan estas firmas privadas estadounidenses. Y lo más grave es que a esa actividad privada, que enjuicia por anticipado la capacidad futura de pago de un país del euro, el BCE le da carácter oficial. Por un lado, prejuzgan los resultados de la política económica de los gobiernos y les coarta y, por otro, esas calificaciones alimentan el casino financiero y encarecen el endeudamiento público para salir de la crisis. Como subraya un experto del sector, esa dependencia del BCE de las agencias de “ratings” para los bonos soberanos, es como poner en manos de un tercer país el control de sus ingenios nucleares (Financial Times, 24/3/2010).Pero no debe verlo así el Gobernador del Banco de España que es miembro del Consejo de Gobierno del BCE y prefiere presionar para despidos baratos.

De ahí que, a la vista del éxito de Trichet y Strauss-Khan al convencer al Parlamento alemán, deberíamos prestar mayor atención al desgobierno del Eurogrupo y al nuevo protagonismo europeo del FMI. Desde luego, es obvio que el problema no estriba en que los gobiernos busquen “tranquilizar a los mercados” sino en controlar por vía democrática unas instituciones europeas que los potencian. Para Grecia está claro que los especuladores y el entramado institucional europeo aliados al FMI han dejado sin valor las elecciones democráticas de octubre 2009, arrojando a la papelera el programa de progreso del gobierno elegido. Y en esta complicada coyuntura, está claro que ese predominio otorgado a los mercados financieros empobrecerá a los griegos y es una amenaza para el futuro de las democracias y el estado de bienestar en los países del Eurogrupo.-
(Publicado en el diario Público- página dominio público. Viernes, 7 mayo 2010)

miércoles 24 de marzo de 2010

Cómo Wall Street ha contribuido a la crisis griega


Los mismos trucos de Wall Street que alimentaron las hipotecas subprimes han precipitado la crisis que sacude Grecia y socava la fortaleza del euro al haber permitido a gobiernos europeos ocultar su endeudamiento; lo afirmaba un equipo de reporteros del New York Times el pasado 14 febrero.

Mientras, las gentes de izquierda centran su atención en combatir las consecuencias olvidando las causas, como es la contabilidad creativa o de escaparate, descontrolada, que practican los grandes bancos avalados por los contribuyentes.

A principios de noviembre último, el banco de negocios Goldman Sachs – escuela de mandatarios de Washington -- ofrecía sus servicios al recién estrenado gobierno griego, que acababa de revelar la falsificación de los informes hasta entonces presentados a Bruselas sobre el cumplimiento de las reglas de Maastricht para el Eurogrupo.

Esta vez el nuevo gobierno griego dijo que no; pero ocho años atrás los gobiernos negociaron con Goldman Sachs y JP Morgan la creación de “instrumentos financieros” para engañar a Bruselas, camuflando como operaciones de divisas lo que eran simples préstamos.

Según informaciones solventes, los griegos nunca cumplieron el limite del 60 del PIB para la deuda pública establecido para los países del euro; y para cumplir el tope del déficit presupuestario del 3 % hicieron trampas contables. La investigación que lleva a cabo el Senado estadounidense está revelando que el engaño fue mayor de lo que se suponía gracias a la colaboración “técnica” de los ingeniosos banqueros de Wall Street que mediante derivados y contabilidad creativa ayudaron a desplazar el endeudamiento hacia el futuro.

Esta colaboración, por supuesto, no fue gratuita sino que reportó pingües comisiones a Goldman Sachs, JP Morgan Chase y a otros grandes bancos; los mismos que, pasado el susto inicial de la crisis bancaria, han recuperado su protagonismo y bajo la expresión mediática de “los mercados” imponen políticas a los gobiernos europeos.

En este caso el mecanismo utilizado ha sido una modalidad de derivados de crédito, que siguen sin tener regulación alguna. Concretamente, se utilizaron permutas financieras de tipos de interés en diversas monedas (currency interest-rate swaps) para la emisión de deuda griega en dólares y yenes que se permutaba por deuda en euros durante un periodo, para luego en una fecha posterior se intercambiada de nuevo a las divisas originales. Unas operaciones que se contabilizaban como ventas cuando se trataba de préstamos bancarios encubiertos.

Desde luego la dependencia de los mercados financieros parece aceptada como procedimiento ordinario de obtención de recursos públicos mediante transacciones normales para la financiación de políticas gubernamentales. Aunque los gobiernos del euro consiguen fondos de los “inversores” de todo el mundo emitiendo bonos en dólares, yenes o francos suizos, los pagos de las facturas han de hacerse en euros. Y el dinero recaudado con esos bonos ha de convertirse más tarde en la divisa original.

En el caso griego, los bancos estadounidenses idearon un tipo especial de permuta con tipos ficticios de cambio. Grecia recibía una suma mucho mayor que el valor en el mercado del euro. Por ejemplo, con 10,000 millones de dólares o yenes gracias a Goldman Sachs se camuflaba un crédito adicional de hasta 1,000 millones para los griegos. Y ese crédito disfrazado de “swap de tipos de interés” no aparecía en las estadísticas. ¿Por qué?

Pues, porque la idea vigente aún de no interferir en los mercados financieros hace que no se controlen esos productos ni que todo lo que sean derivados de crédito se tengan en cuenta para las estadísticas de Eurostat, la Oficina de estadísticas europeas. Y casi tres años después del estallido de la crisis, la comercialización de estos productos se realiza en mercados informales llamados OTC (out of the counter, sin pasar por la ventanilla), fuera de las bolsas oficiales, por lo cual no hay constancia oficial de esos acuerdos.

Y ahora hemos sabidos también que en años anteriores Italia también aplicó esos trucos u otros similares con la cooperación de la gran banca, así como importantes ayuntamientos italianos. De donde se deduce que una vez más que la tecnocracia de Bruselas goza de una confianza inmerecida.-

miércoles 17 de marzo de 2010

IN MEMORIAN



Con la muerte de José Vidal-Beneyto, Pepín para aquellos que le tratamos, ha desaparecido un gran europeo que hasta ayer dirigía el Colegio de Altos Estudios Europeos Miguel Servet con sede en París, dependiente de la Universidad Complutense.

En su rico historial como intelectual y político, para mi destaca su visión histórica de la política que le llevó durante el franquismo a intervenir activamente en la constitución en Paris de la Junta Democrática de España, una agrupación de opositores a la dictadura, entre ellos el Partido Comunista de España, el Partido Socialista Popular de Enrique Tierno Galván y las CC OO de Marcelino Camacho, base de la unidad de los grupos opositores al régimen y de la posterior paz en libertad.

Y en los últimos años, su Tribuna en El País era una de los raros análisis críticos que encontramos en el periódico del que fue fundador.

Nuestro penúltimo encuentro personal con Pepín en acción se remonta al 10 febrero 2009 en Madrid, convocado con otras veintitantas personas a la primera reunión de trabajo de la Plataforma para el proyecto de La Cooperativa de ideas Walter Benjamín que tenía como “propósito principal combatir el déficit ético, poner fin a la miseria ideológica, superar la impotencia teórica y oponerse a la regresión social y política que dominan las sociedades civiles europeas y el espacio público mundial...”

“La Cooperativa, de acuerdo con su nombre y espíritu fundacional, evitará los comportamientos institucionales y corporativos y renunciará, desde la misma creación y definitivamente a cualquier alineación política partidista…”

“Por lo demás convendría buscar, desde el primer momento, la asociación con los colectivos más pugnaces y afines a nuestra problemática y planteamientos, tales como ATTAC, Asamblea Feminista, CEPS, Ecologistas en acción, El Viejo Topo, En Lucha, FARGA, Fundación de Investigaciones Marxistas, Mientras Tanto, Rebelión, Sin Permiso, Viento Sur, etc. Esta necesaria apertura y pluralidad para ser eficaz tiene que evitar sin embargo las reiteraciones inútiles y preservar las especializaciones
de cada cual con el fin de llegar a una productiva complementariedad”.

Todo un programa de acción inconformista eficaz.

Descanse en paz.

viernes 5 de marzo de 2010

La Banca no puede gobernar la UE

Grecia y la recesión económica de origen financiero están dejando en entredicho la capacidad de la Unión Europea y de los propios gobiernos para afrontarla. La situación mundial es frágil porque continúa la crisis del sistema bancario globalizado, que es estructural como se ha afirmado repetidamente en el reciente Foro de Davos, donde los banqueros han dejado ver su oposición a las reformas anunciadas por el G-20 y reafirmadas por Obama.
Desde luego, esta crisis ha revelado claramente las carencias de la Unión y, en particular, del Eurogrupo; empeñados en que sea únicamente la zona del euro con reglas imposibles y un Banco Central que no controla las cuentas de los bancos nacionales, aunque les presta dinero. Al no tener una autoridad política común ni mecanismos para instrumentar soluciones para la crisis, se tuvo que recurrir a los acuerdos políticos en el Consejo europeo, que la desinformación reinante los adornaba como éxito institucional. Pero la aplicación de las modificaciones del Tratado de Lisboa ha puesto en claro que no hay nada previsto para prevenir el riesgo de suspensión de pagos de un Estado miembro al que se ha privado de sus anteriores competencias. Y el reciente intento en Bruselas para acordar una ayuda a Grecia se ha quedado en simple declaración de apoyo, traducido en la imposición de ajustes presupuestarios y recortes de derechos sociales; es decir, la vieja receta neoliberal, con el inri de que Reino Unido y Suecia, que no tienen euro, preferían que acudiera al FMI, como habría tenido que hacer cualquier otro país con moneda propia. ¿Dónde queda, pues, la Unión?
Recordemos que, salvado el desconcierto del primer año de crisis, el debate europeo se planteaba sobre si habría o no decoupling (desconexión de la crisis destapada en Wall Street), olvidando que la UE carece de controles europeos frente a las idas y venidas del capital o las operaciones internacionales de los bancos europeos; que habían acopiado en sus carteras valores respaldados por las famosas hipotecas subprime, sin garantías, ingeniadas en EEUU. Y así, Reino Unido, Alemania y el Benelux se vieron obligados al rescate de bancos grandes y menos grandes a costa del contribuyente. Luego, en noviembre de 2008, otro acuerdo político de mera coordinación europea dejó en manos de los gobiernos las opciones de bajada de impuestos o aumento del gasto para estimular la economía. Pero ahora ha quedado muy clarito que la disposición comunitaria para ayudar a la banca no se aplica cuando se trata de ayudar al recién estrenado Gobierno socialdemócrata griego, al que se le obliga a resolver por sí mismo los problemas en el marco de limitaciones impuestas por una Europa incapaz de cooperar para superar la vulnerabilidad que ella misma entraña para sus miembros.
Y la paradoja es que, después de haber contribuido a salvar el sistema, los gobiernos europeos se encuentran políticamente debilitados para afrontar la insuficiencia del crédito y la disminución acusada de la actividad económica con cierres de empresas y elevado nivel de paro, con el consiguiente déficit fiscal; las diferencias intraeuropeas son de grado. Pero los gobiernos afrontan la fragilidad de sus economías y sus finanzas sin haber rentabilizado políticamente el decisivo apoyo prestado a la banca. E incluso, como es evidente en Reino Unido (igual que en EEUU), el sistema bancario se mantiene sostenido por los contribuyentes sin las reformas anunciadas para una mayor transparencia y control. Y hay que recordar que las privatizaciones de empresas y bancas estatales que demandaba el fundamentalismo neoliberal –como ocurrió en España– hicieron que el 90% de los ingresos públicos de los estados europeos provengan sólo de los impuestos, teniendo que cubrir con deuda externa los altibajos de esos ingresos en función de la coyuntura económica; es decir, son dependientes de los “mercados”, eufemismo mediático para designar el poder financiero de la banca. Grecia es todo un paradigma del resultado de una Europa inspirada por el neoliberalismo insertado en los últimos tratados.
La Unión no está dotada de instituciones comunes propias para afrontar la crisis; y como parte del Eurogrupo, el Gobierno griego –que no puede restringir su comercio exterior, ni controlar los movimientos de fondos, ni devaluar su euro, ni tampoco recibir préstamos del FMI, que pondría condiciones monetarias que no dependen de Atenas– se ve obligado a endeudarse para cubrir el déficit fiscal acumulado. Y ahora se encuentra condicionado por esa dependencia de los “inversores” foráneos, de fondos especulativos que revolotean por el mundo en busca de altas rentabilidades bajo la opacidad de las finanzas globales, porque la Unión se define en sus documentos como un simple “espacio financiero europeo”. Y las apuestas “inversoras” oscilan con los simples comentarios de las agencias privadas de calificación crediticia o si barruntan que Alemania nunca dejará que Grecia llegue a ser la Argentina de 2001, ya que una buena parte de la deuda pública griega está en manos de aseguradoras y bancos alemanes. Pero la profunda raíz del problema europeo ya fue denunciada en carta de mayo de 2008 dirigida a Barroso como presidente de la comisión, que firmaban Jacques Delors y otro antiguo presidente de esa comisión más 12 ex líderes de la socialdemocracia europea, antiguos ministros de finanzas o jefes de gobiernos como Helmut Schmidt y Lionel Jospin, quienes, con la experiencia de sus errores ya históricos, resumen su pensamiento en una frase del texto: “¡Los mercados financieros no nos pueden gobernar!”.

Juan Hdez. Vigueras es autor, entre otros libros, de ‘La Europa opaca de las finanzas
Publicado en el diario PUBLICO viernes, 5 marzo 2010