Grecia y la recesión económica de origen financiero están dejando en entredicho la capacidad de la Unión Europea y de los propios gobiernos para afrontarla. La situación mundial es frágil porque continúa la crisis del sistema bancario globalizado, que es estructural como se ha afirmado repetidamente en el reciente Foro de Davos, donde los banqueros han dejado ver su oposición a las reformas anunciadas por el G-20 y reafirmadas por Obama.
Desde luego, esta crisis ha revelado claramente las carencias de la Unión y, en particular, del Eurogrupo; empeñados en que sea únicamente la zona del euro con reglas imposibles y un Banco Central que no controla las cuentas de los bancos nacionales, aunque les presta dinero. Al no tener una autoridad política común ni mecanismos para instrumentar soluciones para la crisis, se tuvo que recurrir a los acuerdos políticos en el Consejo europeo, que la desinformación reinante los adornaba como éxito institucional. Pero la aplicación de las modificaciones del Tratado de Lisboa ha puesto en claro que no hay nada previsto para prevenir el riesgo de suspensión de pagos de un Estado miembro al que se ha privado de sus anteriores competencias. Y el reciente intento en Bruselas para acordar una ayuda a Grecia se ha quedado en simple declaración de apoyo, traducido en la imposición de ajustes presupuestarios y recortes de derechos sociales; es decir, la vieja receta neoliberal, con el inri de que Reino Unido y Suecia, que no tienen euro, preferían que acudiera al FMI, como habría tenido que hacer cualquier otro país con moneda propia. ¿Dónde queda, pues, la Unión?
Recordemos que, salvado el desconcierto del primer año de crisis, el debate europeo se planteaba sobre si habría o no decoupling (desconexión de la crisis destapada en Wall Street), olvidando que la UE carece de controles europeos frente a las idas y venidas del capital o las operaciones internacionales de los bancos europeos; que habían acopiado en sus carteras valores respaldados por las famosas hipotecas subprime, sin garantías, ingeniadas en EEUU. Y así, Reino Unido, Alemania y el Benelux se vieron obligados al rescate de bancos grandes y menos grandes a costa del contribuyente. Luego, en noviembre de 2008, otro acuerdo político de mera coordinación europea dejó en manos de los gobiernos las opciones de bajada de impuestos o aumento del gasto para estimular la economía. Pero ahora ha quedado muy clarito que la disposición comunitaria para ayudar a la banca no se aplica cuando se trata de ayudar al recién estrenado Gobierno socialdemócrata griego, al que se le obliga a resolver por sí mismo los problemas en el marco de limitaciones impuestas por una Europa incapaz de cooperar para superar la vulnerabilidad que ella misma entraña para sus miembros.
Y la paradoja es que, después de haber contribuido a salvar el sistema, los gobiernos europeos se encuentran políticamente debilitados para afrontar la insuficiencia del crédito y la disminución acusada de la actividad económica con cierres de empresas y elevado nivel de paro, con el consiguiente déficit fiscal; las diferencias intraeuropeas son de grado. Pero los gobiernos afrontan la fragilidad de sus economías y sus finanzas sin haber rentabilizado políticamente el decisivo apoyo prestado a la banca. E incluso, como es evidente en Reino Unido (igual que en EEUU), el sistema bancario se mantiene sostenido por los contribuyentes sin las reformas anunciadas para una mayor transparencia y control. Y hay que recordar que las privatizaciones de empresas y bancas estatales que demandaba el fundamentalismo neoliberal –como ocurrió en España– hicieron que el 90% de los ingresos públicos de los estados europeos provengan sólo de los impuestos, teniendo que cubrir con deuda externa los altibajos de esos ingresos en función de la coyuntura económica; es decir, son dependientes de los “mercados”, eufemismo mediático para designar el poder financiero de la banca. Grecia es todo un paradigma del resultado de una Europa inspirada por el neoliberalismo insertado en los últimos tratados.
La Unión no está dotada de instituciones comunes propias para afrontar la crisis; y como parte del Eurogrupo, el Gobierno griego –que no puede restringir su comercio exterior, ni controlar los movimientos de fondos, ni devaluar su euro, ni tampoco recibir préstamos del FMI, que pondría condiciones monetarias que no dependen de Atenas– se ve obligado a endeudarse para cubrir el déficit fiscal acumulado. Y ahora se encuentra condicionado por esa dependencia de los “inversores” foráneos, de fondos especulativos que revolotean por el mundo en busca de altas rentabilidades bajo la opacidad de las finanzas globales, porque la Unión se define en sus documentos como un simple “espacio financiero europeo”. Y las apuestas “inversoras” oscilan con los simples comentarios de las agencias privadas de calificación crediticia o si barruntan que Alemania nunca dejará que Grecia llegue a ser la Argentina de 2001, ya que una buena parte de la deuda pública griega está en manos de aseguradoras y bancos alemanes. Pero la profunda raíz del problema europeo ya fue denunciada en carta de mayo de 2008 dirigida a Barroso como presidente de la comisión, que firmaban Jacques Delors y otro antiguo presidente de esa comisión más 12 ex líderes de la socialdemocracia europea, antiguos ministros de finanzas o jefes de gobiernos como Helmut Schmidt y Lionel Jospin, quienes, con la experiencia de sus errores ya históricos, resumen su pensamiento en una frase del texto: “¡Los mercados financieros no nos pueden gobernar!”.
Juan Hdez. Vigueras es autor, entre otros libros, de ‘La Europa opaca de las finanzas’
Publicado en el diario PUBLICO viernes, 5 marzo 2010
viernes 5 de marzo de 2010
domingo 21 de febrero de 2010
Los paraísos fiscales de Zarkozy o el poder de la banca suiza

¿Se acuerdan de aquellas declaraciones rotundas de los gobernantes europeos contra los paraísos fiscales?
Pues tras aquella cortina de humo del G-20 en Londres, quedó indicado el camino de los convenios bilaterales limitados para “combatirlos”. Y Zarkozy, que ha querido ir más allá en su convenio con Suiza, ha fracasado y entonces ha publicado una lista nueva con efectos fiscales.
El lunes 15 febrero 2010, un decreto del gobierno francés recogía una lista de paraísos fiscales de solo 18 países; una lista tan insignificante como la de la OCDE con sus 17 países y territorios de escaso relieve financiero. Lista esta válida a fecha día 18 de febrero, porque se reduce semana tras semana a medida que van cumpliendo lo que esta Organización pomposamente denomina “estándar fiscal convenido internacionalmente”; es decir, dejan de ser considerados paraísos fiscales en cuanto suscriben doce convenios de intercambio fiscal a petición de la otra parte; naturalmente respetando las legislaciones de las partes y, por tanto, el secreto bancario y operativo.
Francia, miembro activo del G-20 y de la OCDE, sin embargo, no parece tomarse muy en serio ese “estándar” (que no es norma jurídica) porque incluye en su lista negra países que dicha Organización ha catalogado como “jurisdicciones comprometidas” porque ya han suscrito los doce convenios bilaterales
La lista francesa – que será actualizada cada año- abarca países de menor cuantía financiera como las islas caribeñas de Anguila, Dominica, Granada, Montserrat, San Vicente y las Granadinas, Saint-Kitts-et-Nevis (San Cristóbal de las Nieves) y Santa Lucia; y los del continente americano Belice, Costa Rica, Guatemala y Panamá; y en el Pacifico, las islas Cook, las Marshall, Nauru, Niue y Filipinas; junto con Brunei en Oriente Medio y Liberia en África.
Las rentas de capital (dividendos, intereses,etc.) que pasen por esos territorios podrán tributar al 50 %; lo que no permitirá a Francia mejorar sus déficit fiscal dado la escasa importancia de esos micro países en las finanzas globales.
Aparte de algunas coincidencias de nombres en ambas listas hay una coincidencia fundamental porque las dos excluyen a Suiza, Luxemburgo, Liechtenstein, Mónaco, Jersey-Guernesey y las islas de Man o las Caimán; que para los 30 países miembros de la OCDE ya no son paraísos fiscales, sin mayores consecuencias, en todo caso.
Según las malas lenguas francesas, esta decisión gubernamental tenía como objetivo tapar el fracaso del gobierno francés en su intento de perforar vía diplomática el secreto bancario de la vecina Confederación Helvética. Desde agosto pasado, los ministros del presupuesto y de finanzas se pavoneaban de haber firmado con Suiza un nuevo convenio de intercambio de información fiscal que iba más allá del modelo de la OCDE, aunque tampoco obligaba al país alpino a modificar su legislación sobre secreto bancario. Pero el caso es que presumían de que con ese acuerdo obtendrían de los suizos información sobre cualquier sospechoso de fraude fiscal. El gobierno francés solamente tendría que aportar un nombre, una dirección y un periodo de tiempo, concretando por supuesto la información deseada; pero sin tener que dar de antemano el nombre del banco suizo o de la entidad instrumental empleada por el defraudador; datos que se entregarían solamente si se conocieran; información clave que suele ser la más difícil de obtener . El gobierno de Zarkozy pensaba que iba a horadar el secreto bancario suizo, algo que únicamente Francia después de los EEUU habrían conseguido.
Los EEUU no han conseguido mucho de Suiza, como hemos contado en nuestro otro blog sobre el G-20; pero Francia, tampoco. Las autoridades suizas le han hecho saber a las francesas que será necesario aportar también el nombre del banco, deteniendo el proceso de ratificación del convenio negociado y firmado en 2009. La excusa ha sido que la filial en Ginebra del banco británico-global HSBC hizo público en Diciembre que un ex empleado había robado un fichero de clientes que habrían evadido el fisco, con una relación de cerca de 3.000 personas que ha llegado al gobierno francés. Y ahora Suiza pide que se reabran las negociaciones; que Francia tendrá que dar el nombre del banco suizo – alegan - y si de modo excepcional, no hay certeza de ese nombre tendrán que solicitar previamente información de las autoridades suizas. El texto negociado ha resultado ser, pues, un claro fracaso de Zarkozy y su gobierno frente a Suiza. Y tres días después de la noticia, el gobierno francés publicaba su mini lista de paraísos fiscales.
Pero lo más importante es que durante 2010 se mantiene la seria inquietud política por el inestable modelo financiero global que tanto perjudica a los ciudadanos.-
lunes 8 de febrero de 2010
¿PUEDE ZAPATERO EVITAR EL LEON?

El mayor error de Jose Luis Rodríguez Zapatero no fue acudir a la invitación-tentación del Foro Económico de Davos sino intervenir en público al lado de George Papandreu, primer ministro griego socialista desde hace solo meses. Como ya advirtieron ciertos sagaces periodistas celtibéricos, fue una osadía muy suya pretender con su inglés traducido competir con el inglés de Minnesota (ciudad de nacimiento de su compañero del PSE). Y, como más tarde advirtió el asesor que no había sido consultado el día de la decisión monclovita de ir a Suiza, se sobrevaloró el éxito previsto para la imagen tan mediática ofertada de España junto a Grecia, país del que ignoraron su reputada fama de falsificar los datos macro que evalúan políticamente “los mercados” y son impredecibles por definición.
Asimismo, reflexionó el mismo asesor que olvidaron alertar al Presidente que siempre se paga peaje en ese prestigioso foro suizo del poder financiero mundial. Si acudes como simple mirón, todo te cuesta una pasta; y si vas a actuar en el estrado para fotos y videos, cuenta con pagar en especie: o manifiestas tu comunión con la doctrina global dominante o escondes bien la propia, si la tienes. Porque eso es lo que vende Davos, un negocio privado de mucho éxito desde su creación, con alta rentabilidad económica y mediática por su aceptación por los “global players”, los superlistos líderes de opinión “occidentales” y de políticos con proyección mundial.
Desde luego resulta ridículo tener que explicar a tantos listos locales que la intervención de Zapatero en Davos es ajena a la bajada del IBEX 35 del día siguiente, como se empeña la CNN+ y en otros medios, intentando convencer a los españolitos bien con “informaciones económicas” o bien con glosas “populares”; del mismo modo que tampoco se le puede culpar de la bajada de la bolsa de Nueva York o de otras en las mismas fechas. Cualquier persona informada sabe que la especulación bolsística con la deuda pública española en esos días, tiene nombres como CDS (valores sobre los seguros del crédito), shortselling (las ventas en corto a la baja o sin tener los títulos al venderlos; es decir, la especulación desaforada que hundió a Lehman Brothers). Traducido: unas apuestas masivas de casino a que esos títulos van a bajar por parte de “la abundancia de liquidez” de “inversores institucionales” como los hedge funds o fondos especulativos de alto riesgo; apuestas que a veces se autocumplen (Véanse las informaciones documentadas sobre esos días, de un “amigo” de España y de Zapatero que se llama Financial Times).
En la actualidad, el problema de la crisis financiera es que sigue, que es estructural (lo han dicho muchas voces solventes en Davos) o que es sistémica, como afirman otras voces solventes que no estaban allí. Porque el problema político (Obama dixit – discurso del 21 enero 2010) sigue siendo que el sistema bancario global centrado en Wall Street, continúa funcionando igual que antes de la crisis gracias al apoyo prestado por los contribuyentes; las reformas suyas para controlar la especulación desaforada siguen empantanadas en el Congreso; y las del G-20 están por concretar y aplicar en Nueva York o en Madrid o la City o Zurich.
Entretanto, una síntesis vitamínica de la receta neoliberal sin paliativos para salir de la situación de la otra crisis derivada, la del paro y la económica con la que abruman a la gente, la encontramos en el artículo firmado por el profesor Kenneth Rogoff, ex economista jefe del FMI (El País, 7/2/2010). En plan didáctico se nos recuerda un viejo chiste anglosajón con mucha miga, que recoge el espíritu de supervivencia del viejo Oeste – que se aplicaba cuando no se tenía a mano al Séptimo de Caballería – y cuyo espíritu pervive en la banca de Wall Street y allegados. En esta versión aquí nos habla de dos “hombres” que se encuentran en medio de la selva, tras un accidente de avión. Y cuando uno de ellos empieza a ponerse las zapatillas deportivas, el otro le pregunta:
--“¿Para qué?”.
-- “Me estoy preparando para una carrera” - responde el primero.
-- “Pero no puedes correr más rápido que el león”, dice el otro.
A lo que el de las zapatillas aclara: “Yo no tengo que correr más rápido que el león. Me basta con correr más rápido que tú”.
El mensaje del chiste es que hay evitar el león, que en el citado artículo es la catástrofe económica para Grecia, calificada como una segunda Argentina con desprecio de la geografía y la macroeconomía histórica. Y el profesor Rogoff argumenta como ejemplo los propósitos de reducciones urgentes de gasto público de Irlanda (feudo de las multinacionales USA) sin mencionar su reciente catástrofe bancaria de la que aún no ha salido.
Pero para el intrépido Zapatero que osó en el pasado desafiar al emperador, el león que le acecha ahora es otro, es esa solución milagrosa expuesta brillantemente en el citado artículo del periódico global, expresión máxima de ciencia económica y modernidad. Porque como ciudadanos tememos que los asesores económicos que le cercan, le trasladen persuasivamente el mensaje de tan insigne maestro de economistas ortodoxos renovados. Y no le dejen ver por si mismo que en la coyuntura actual – que es europea y mundial – los problemas quizás provengan de algunos de sus ministros o más bien de sus propios asesores, dispuestos todos a que no renueve el liderazgo del centro-izquierda que había alcanzado.-
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lunes 18 de enero de 2010
¿Logrará Zapatero la revisión de la Directiva europea sobre el ahorro?

Aquel escándalo político-mediático en Alemania sobre las cuentas bancarias en Liechtenstein para el fraude fiscal masivo a nivel europeo, ocurrió en febrero 2008. Y la Comisión europea necesitó ocho meses para consensuar una propuesta suya de revisión de la Directiva sobre la fiscalidad del ahorro particular depositado en bancos de otro país socio (Directiva 2003/48/CE). Antes, el único efecto práctico a nivel comunitario de aquel escándalo, fue el acuerdo del Consejo europeo para que se publicara el informe trienal previsto ya en esa Directiva sobre los resultados de su aplicación, precepto que la Comisión había incumplido.
Luego, esa propuesta de reforma siguió su proceloso camino desde la Comisión al Comité económico-social, el Parlamento europeo y consultas “técnicas” a los gobiernos, y se empantanó sin alcanzar el acuerdo de los 27 socios. Ahora, la presidencia española de la UE, tras las recientes reuniones con sus colegas promovidas por la vicepresidenta económica del gobierno español, Elena Salgado, intenta que se formalice el acuerdo de revisión en el Consejo de ministros de finanzas del martes 19 enero. Y veremos.
La propuesta pretende tapar lagunas de la Directiva para que tributen los intereses de fideicomisos (trusts) y fundaciones, pólizas de seguros y otros instrumentos financieros que esconden el fraude fiscal en otro país socio o en Suiza y demás paraísos fiscales del entorno. De hecho, con estos últimos, la Comisión o los gobiernos concertaron acuerdos bilaterales para que esa Directiva sirviera para obstaculizar algo la evasión y el fraude fiscal. Aún así, en los círculos bancarios suizos se le llama “el tributo de los necios”, de los que no se asesoran antes de colocar dinero allí o en otros lugares.
Porque la Directiva obliga al intercambio automático de información fiscal entre socios, únicamente sobre cuentas bancarias de no residentes; pero para hacerla posible se aceptó asimismo como alternativa la aplicación de una retención fiscal para Luxemburgo, Austria, Bélgica y para Suiza, Andorra y otros paraísos fiscales del entorno europeo, tras los convenios bilaterales suscritos. Es uno de tantos puntos analizados políticamente en La Europa opaca de las finanzas y sobre los que la prensa española sigue desinformando.
El problema actual es que Luxemburgo, Bélgica y Austria se niegan a entregar automáticamente datos fiscales sobre inversores de otro país socio; y además, esa revisión exigirá renegociar acuerdos antifraude otra vez con Suiza, Liechtenstein, Andorra, San Marino, Mónaco y los demás. Y desde luego nada indica que estén dispuestos a entregar datos por vía automática, porque ya han suscrito los 12 convenios bilaterales de información fiscal a petición, como requiere la OCDE por decisión del G-20 en Londres. Y excepto Andorra –que le faltan dos convenios a 15 enero - ya no son oficialmente paraísos fiscales según la lista de la OCDE sino jurisdicciones cumplidoras del estándar fiscal internacional, porque se han comprometido con doce países o territorios (jurisdicciones) para entregar datos fiscales pero solamente a petición de la otra parte contratante, en investigaciones delictivas con nombre y apellidos y sin modificar su legislación propia sobre secreto bancario. Ese es el modelo de convenio acordado en el seno de la OCDE que están aplicando.
Desde luego, esa revisión de la Directiva referida seria un avance para la prevención del fraude fiscal, aunque sea a paso de tortuga. Porque el mayor obstáculo de fondo es que, antes y después del Tratado de Lisboa, los acuerdos comunitarios sobre fiscalidad requieren la unanimidad de todos los socios; y el movimiento de fondos dentro y fuera de la UE es absolutamente libre conforme a los tratados, porque así figura incluso en los acuerdos con Suiza, Liechtenstein, Andorra, Gibraltar y demás centros offshore donde se suele esconder el dinero sucio y evadido.-
miércoles 23 de diciembre de 2009
El desinterés y la desinformación presidirán la Unión Europea

Hace días en las telenoticias españolas vimos imágenes sobre las votaciones de los presupuestos del Estado para el nuevo año, en las que los jefes de los grupos parlamentarios mayoritarios indicaban con señas si el voto del diputado raso debía de ser positivo o negativo. Este mecanismo reflejo de las listas cerradas y bloqueadas, evidencia que al diputado se le exime de pensar por su cuenta y hasta de la lectura previa del documento en discusión.
Por tanto es normal que algunas propuestas en el Congreso registren el desconocimiento del Tratado de Lisboa, en vigor desde el 1 diciembre 2009, y del articulado de las versiones consolidadas de los tratados la Unión Europea (de Maastricht) y de la Comunidad Europea (de Roma, originariamente), ahora llamado de Funcionamiento de la UE. E incluso, que ignoren la coexistencia desde el 1 enero 2010 de dos presidentes en la UE más el de la Comisión.
Las loas a las reformas de Lisboa ocultaron el principio organizador de la estructura institucional que asegura un mercado común con un estado europeo mínimo, algo que está en la raíz del desinterés de la ciudadanía por la política europea. Entre otras medias verdades, nos decían que Lisboa reforzaría el proyecto político con un presidente permanente que reemplazaba las presidencias semestrales; pero omitían mencionar la continuidad de esa rotación de dos presidentes al año. Y en 2010 tendremos tres y medio. Comprobaremos que con la aplicación del nuevo tratado, la presidencia española se materializará simplemente en el ejercicio de la presidencia de cada uno de los Consejos (de los ministros europeos) a excepción del Consejo de Asuntos Exteriores que será presidido por el Alto Representante, la señora Catherine Ashton.
Y el presidente permanente electo, el señor Herman Van Rompuy, presidirá las reuniones del Consejo Europeo de los 27 jefes de estado y de gobierno, que se suele convocar cuatro veces al año y en las que el papel preponderante hasta ahora recaía en el presidente rotatorio, que a partir del nuevo año se convertirá en gestor temporal de los asuntos europeos. Mientras el alto funcionario Presidente del máximo órgano político y los altos funcionarios de la Comisión europea gozarán de su permanencia y de su distancia de algunos molestos parlamentos nacionales que piden cuentas sobre la gestión europea.
Los párrafos numerados de aquel farragoso texto no lo dejaban ver tan claro cómo está en el articulado de los tratados reformados y que aclaró el Acta final de la conferencia intergubernamental de 2007, que aprobó el proyecto del Tratado de Lisboa acordando previsoramente un proyecto de “decisión relativa al ejercicio de la Presidencia del Consejo para el supuesto de que entrara en vigor después del 1 enero 2009”. El presidente permanente tiene un mandato de dos años y medio renovable por una sola vez y “presidirá e impulsará los trabajos del Consejo Europeo”. Asimismo, “la presidencia de las formaciones del Consejo (antes llamado consejo de ministros), con excepción de la de Asuntos Exteriores, será desempeñada por los representantes de los Estados miembros en el Consejo mediante un sistema de rotación igual, de conformidad, conforme a las condiciones establecidas en el articulo 236 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea” (arts. 15 y 16 TUE, texto reformado).
Claramente, el nuevo texto del Tratado de la UE asigna la función representativa extracomunitaria al presidente elegido por el Consejo Europeo, al prever que “asumirá en su rango y condición, la representación exterior de la Unión en los asuntos de política exterior y de seguridad común, sin perjuicio de las atribuciones del Alto Representante de la Unión para asuntos exteriores y de política de seguridad”. Y además “asumirá en su rango y condición, la representación exterior de la Unión en los asuntos de política exterior y de seguridad común, sin perjuicio de las atribuciones del Alto Representante de la Unión para asuntos exteriores y de política de seguridad” (art.15.6 TUE). En la reunión del pasado 16 diciembre en Moncloa, los dos “copresidentes” consensuaron los detalles prácticos del funcionamiento conjunto; y al decir de la prensa catalana, Van Rompuy se habría mostrado partidario de compartir «visibilidad» con Zapatero (traducido: le dejará salir en las fotos) en las cumbres bilaterales de la Unión que se celebren en España: entre otras, con EEUU, México y la que bianualmente se hace con los países de América Latina y el Caribe.
Ciertamente, como se dice en la web de la presidencia sueca, el presidente permanente es “chairman” aplicando la terminología inglesa que distingue entre “president” y “chairman” (chairwoman/chairperson), vocablo este último que en la mayoría de los casos equivaldría a coordinador. Pero es evidente que en adelante las presidencias semestrales serán menos lucidas para el gobierno de turno y con capacidad de dirección política más disminuida aún, aunque los ministros nacionales se esfuercen en impulsar con sus equipos la “gobernación europea” apoyados en sus equipos y en el mejor conocimiento de cada “dossier”.
Por tanto es normal que algunas propuestas en el Congreso registren el desconocimiento del Tratado de Lisboa, en vigor desde el 1 diciembre 2009, y del articulado de las versiones consolidadas de los tratados la Unión Europea (de Maastricht) y de la Comunidad Europea (de Roma, originariamente), ahora llamado de Funcionamiento de la UE. E incluso, que ignoren la coexistencia desde el 1 enero 2010 de dos presidentes en la UE más el de la Comisión.
Las loas a las reformas de Lisboa ocultaron el principio organizador de la estructura institucional que asegura un mercado común con un estado europeo mínimo, algo que está en la raíz del desinterés de la ciudadanía por la política europea. Entre otras medias verdades, nos decían que Lisboa reforzaría el proyecto político con un presidente permanente que reemplazaba las presidencias semestrales; pero omitían mencionar la continuidad de esa rotación de dos presidentes al año. Y en 2010 tendremos tres y medio. Comprobaremos que con la aplicación del nuevo tratado, la presidencia española se materializará simplemente en el ejercicio de la presidencia de cada uno de los Consejos (de los ministros europeos) a excepción del Consejo de Asuntos Exteriores que será presidido por el Alto Representante, la señora Catherine Ashton.
Y el presidente permanente electo, el señor Herman Van Rompuy, presidirá las reuniones del Consejo Europeo de los 27 jefes de estado y de gobierno, que se suele convocar cuatro veces al año y en las que el papel preponderante hasta ahora recaía en el presidente rotatorio, que a partir del nuevo año se convertirá en gestor temporal de los asuntos europeos. Mientras el alto funcionario Presidente del máximo órgano político y los altos funcionarios de la Comisión europea gozarán de su permanencia y de su distancia de algunos molestos parlamentos nacionales que piden cuentas sobre la gestión europea.
Los párrafos numerados de aquel farragoso texto no lo dejaban ver tan claro cómo está en el articulado de los tratados reformados y que aclaró el Acta final de la conferencia intergubernamental de 2007, que aprobó el proyecto del Tratado de Lisboa acordando previsoramente un proyecto de “decisión relativa al ejercicio de la Presidencia del Consejo para el supuesto de que entrara en vigor después del 1 enero 2009”. El presidente permanente tiene un mandato de dos años y medio renovable por una sola vez y “presidirá e impulsará los trabajos del Consejo Europeo”. Asimismo, “la presidencia de las formaciones del Consejo (antes llamado consejo de ministros), con excepción de la de Asuntos Exteriores, será desempeñada por los representantes de los Estados miembros en el Consejo mediante un sistema de rotación igual, de conformidad, conforme a las condiciones establecidas en el articulo 236 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea” (arts. 15 y 16 TUE, texto reformado).
Claramente, el nuevo texto del Tratado de la UE asigna la función representativa extracomunitaria al presidente elegido por el Consejo Europeo, al prever que “asumirá en su rango y condición, la representación exterior de la Unión en los asuntos de política exterior y de seguridad común, sin perjuicio de las atribuciones del Alto Representante de la Unión para asuntos exteriores y de política de seguridad”. Y además “asumirá en su rango y condición, la representación exterior de la Unión en los asuntos de política exterior y de seguridad común, sin perjuicio de las atribuciones del Alto Representante de la Unión para asuntos exteriores y de política de seguridad” (art.15.6 TUE). En la reunión del pasado 16 diciembre en Moncloa, los dos “copresidentes” consensuaron los detalles prácticos del funcionamiento conjunto; y al decir de la prensa catalana, Van Rompuy se habría mostrado partidario de compartir «visibilidad» con Zapatero (traducido: le dejará salir en las fotos) en las cumbres bilaterales de la Unión que se celebren en España: entre otras, con EEUU, México y la que bianualmente se hace con los países de América Latina y el Caribe.
Ciertamente, como se dice en la web de la presidencia sueca, el presidente permanente es “chairman” aplicando la terminología inglesa que distingue entre “president” y “chairman” (chairwoman/chairperson), vocablo este último que en la mayoría de los casos equivaldría a coordinador. Pero es evidente que en adelante las presidencias semestrales serán menos lucidas para el gobierno de turno y con capacidad de dirección política más disminuida aún, aunque los ministros nacionales se esfuercen en impulsar con sus equipos la “gobernación europea” apoyados en sus equipos y en el mejor conocimiento de cada “dossier”.
¿Conocían estos “detalles” los diputados de los grupos mayoritarios
cuando aprobaron en el Congreso una “proposición no de ley sobre las prioridades y objetivos de la presidencia española del Consejo de la Unión Europea en 2010”? (B. O. de las Cortes españolas-Congreso de los diputados de 27 Noviembre 2009)
No parece que así fuera según el testimonio de las veinte páginas de esa declaración política parlamentaria y de alguno de sus párrafos más significativos que contradicen que abiertamente lo establecido por el Tratado de Lisboa. He aquí una muestra:
“La Presidencia española, que representará a la UE en lasSiguiendo la moda de tocar de oídas y sin partitura, no se trataba de abordar en serio nada sino solo de distraer al personal (En caso contrario habrían empezado por casa). Aunque no se percataron sus señorías de la izquierda y de la derecha votantes de tal declaración - afortunadamente no vinculante legalmente – que dejaban testimonio de su ignorancia o de su despreocupación por el control de las instituciones europeas como les compete y que es el origen de La Europa opaca de las finanzas.-
Cumbres que se celebren durante el semestre, deberá: impulsar la
calidad de las finanzas públicas en el marco del Comité de Política Económica;
reparar y reforzar el sistema financiero; Impulsar el Diálogo macroeconómico;
reforzar las instituciones financieras internacionales y sus recursos…
Y “en relación con la crisis específicamente financiera, la Presidencia
española atenderá al desarrollo legislativo de las medidas adoptadas por la
Unión a lo largo de 2009 en materia de: incremento en la transparencia en la
regulación; Regulación de las agencias de rating;… Y la lucha contra los
paraísos fiscales, el fraude fiscal y el blanqueo de dinero”,
etc., etc.
lunes 7 de diciembre de 2009
Supervisión financiera europea y desinformación política
Con la ratificación de la República Checa, el Tratado de Lisboa ha entrado en vigor el día 1 diciembre 2009. Y entre los avances de la presidencia semestral de Suecia se incluirá el reciente acuerdo de los Ministros de Economía (el ECOFIN) para el establecimiento de tres nuevas autoridades comunitarias que supervisaran los mercados financieros; un acuerdo que ratificará el Consejo europeo de los días 10 y 11 diciembre 2009.“La crisis financiera ha demostrado claramente la necesidad de mejorar la regulación y la supervisión de las entidades financieras tanto en Europa como globalmente”, reconocía en junio pasado el Consejo europeo, casi un año después de su desencadenamiento desde Wall Street. Y ahora, bajo la amenaza de los abultados déficit y endeudamientos de los Estados sumidos en una dura crisis económica, la opacidad vigente impide saber cual es la solvencia de los bancos europeos; unos bancos que obtienen pingües beneficios obteniendo dinero del BCE al 1 % mientras cobran tipos más elevados cuando prestan a las empresas o a los particulares. Porque el Banco de Francfort fija el precio oficial del dinero, el tipo de interés, pero el control público de las cuentas bancarias corresponde a los bancos centrales nacionales. Hasta el punto que el BCE concede préstamos a bancos europeos que pueden ser insolventes, como podría haber sido el caso de Dexia, Fortis, los landesbanken alemanes y otros bancos rescatados luego con dinero de los contribuyentes, como se analiza en nuestro último libro (Al rescate de los paraísos fiscales. La cortina de humo del G-20). Lo corroboraba públicamente el consejero del BCE González Páramo el pasado enero en las jornadas del Movimiento europeo en Madrid.
Para abordar el asunto, en octubre 2008 la Comisión designaba a un grupo de expertos de alto nivel presidido por un ex Director General del FMI Jacques Larosière, cuyo informe “técnico” era asumido por Bruselas y aprobado luego con algunas mínimas discrepancias. Y siguiendo la pauta tecnocrática habitual, sin que haya habido debate público alguno, finalmente el ECOFIN ha acordado la creación de un marco comunitario con un Consejo de riesgo sistémico que vigile las amenazas a la estabilidad financiera y un Sistema tripartito de supervisión para bancos, valores y seguros.
Es decir, sin estar previstas en el Tratado de Lisboa, se establecen nuevas agencias supraestatales “independientes” para la supervisión bancaria comunitaria que tocarán asuntos que repercuten seriamente sobre los ciudadanos; pero que se subordinarán a los intereses de los lobbies del poder financiero. Más tecnocracia para un mercado sin Estado.
De ahí que este acuerdo no preocupe a los 40 bancos multinacionales, de los 8,000 bancos que operan en la UE, que podrán seguir disfrutando sin restricciones de la libertad total para los movimientos extracomunitarios de fondos, que además alimentan a Suiza, a Liechtenstein u otros micropaíses no integrados en la Unión. La causa olvidada de la actual crisis económica, provocada por la comercialización de títulos tóxicos respaldados por las hipotecas estadounidenses sin garantías, que ha traído la pérdida de millones del ahorro europeo, los cierres de empresas y el desempleo.-
lunes 23 de noviembre de 2009
Una pareja discreta para el minimalismo europeo

En una cena informal del Consejo Europeo de los 27 miembros, fueron designados como Presidente y Ministro de Exteriores de la Unión Europea, el actual primer ministro belga Herman Van Rompuy y la actual Comisaria europea de Comercio la baronesa británica Catherine Ashton, respectivamente. Una cena, equiparable por su resultado a los congresos en los que los partidos políticos de los Estados miembros suelen eligir a sus candidatos.
No ha habido un proceso político que implicara a los ciudadanos con pasaporte europeo.
Los calificativos más benévolos han sido una “pareja discreta” (Le Monde) y manifestación del “minimalismo europeo” al decir de Carl Bildt, actual ministro sueco de Asuntos exteriores. En general la prensa europea ha expresado su frustración porque no hayan sido elegidos otros candidatos más mediáticamente relevantes.
Pero Europa necesita algo más que una fachada, el teléfono que pedía Kissinger con el que se contentan algunos de nuestros políticos desinformados.
¿Qué significa ser políticos desconocidos en una Europa gobernada por un sistema tan poco democrático y tan sesgado políticamente?
Resulta tremendamente expresiva la imagen de los rostros de los tres altos dirigentes europeos sobre el cubo de Rubik, que nos ofrece la foto prestada del Spiegel International, sujeto por la mano anónima (¿o de un lobbista?), para representar la Europa que surgió de Niza en 2001.
Porque las decisiones europeas son un encaje complicado de piezas con lados escondidos, como los de una Eurozona con intereses propios y los de la City londinense vinculada a Wall Street; o los de las presiones para un mero “espacio” de libre comercio fronterizo con Irak y los de unas instituciones que tendrían que responder a las aspiraciones de los ciudadanos europeos.
En la coyuntura actual, pedir carisma para liderar la Unión es demandar una proyección mediática que oculte la atonía europea reflejada en la reciente campaña electoral de la que surgió el actual Parlamento europeo.
El dato positivo ahora es que se ha recuperado el entendimiento franco alemán, asumido por los 27 de la Unión Europea que nos dejó el nefasto Tratado de Niza, que acordó la ampliación hacia el Este sin haber avanzado antes en la institucionalización. Porque el futuro dependerá de los europeos y de sus gobernantes nacionales más que de los encumbrados al escaparate europeo.
El problema de fondo es que, aun cuando el trío Van Rompuy-Barroso-Ashtom solo administre un presupuesto del 1,2 del PIB conjunto europeo, el Tratado de Lisboa constitucionaliza lo permanente con lo coyuntural, con políticas neoliberales inmutables cuando tendrían que variar según la mayoría resultante de cada elección democrática de nivel europeo.-
No ha habido un proceso político que implicara a los ciudadanos con pasaporte europeo.
Los calificativos más benévolos han sido una “pareja discreta” (Le Monde) y manifestación del “minimalismo europeo” al decir de Carl Bildt, actual ministro sueco de Asuntos exteriores. En general la prensa europea ha expresado su frustración porque no hayan sido elegidos otros candidatos más mediáticamente relevantes.
Pero Europa necesita algo más que una fachada, el teléfono que pedía Kissinger con el que se contentan algunos de nuestros políticos desinformados.
¿Qué significa ser políticos desconocidos en una Europa gobernada por un sistema tan poco democrático y tan sesgado políticamente?
Resulta tremendamente expresiva la imagen de los rostros de los tres altos dirigentes europeos sobre el cubo de Rubik, que nos ofrece la foto prestada del Spiegel International, sujeto por la mano anónima (¿o de un lobbista?), para representar la Europa que surgió de Niza en 2001.
Porque las decisiones europeas son un encaje complicado de piezas con lados escondidos, como los de una Eurozona con intereses propios y los de la City londinense vinculada a Wall Street; o los de las presiones para un mero “espacio” de libre comercio fronterizo con Irak y los de unas instituciones que tendrían que responder a las aspiraciones de los ciudadanos europeos.
En la coyuntura actual, pedir carisma para liderar la Unión es demandar una proyección mediática que oculte la atonía europea reflejada en la reciente campaña electoral de la que surgió el actual Parlamento europeo.
El dato positivo ahora es que se ha recuperado el entendimiento franco alemán, asumido por los 27 de la Unión Europea que nos dejó el nefasto Tratado de Niza, que acordó la ampliación hacia el Este sin haber avanzado antes en la institucionalización. Porque el futuro dependerá de los europeos y de sus gobernantes nacionales más que de los encumbrados al escaparate europeo.
El problema de fondo es que, aun cuando el trío Van Rompuy-Barroso-Ashtom solo administre un presupuesto del 1,2 del PIB conjunto europeo, el Tratado de Lisboa constitucionaliza lo permanente con lo coyuntural, con políticas neoliberales inmutables cuando tendrían que variar según la mayoría resultante de cada elección democrática de nivel europeo.-
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