domingo, 15 de septiembre de 2019

The Laundromat o el lado oscuro de las finanzas

                                                                                            
La última película de Steven Soderbergh, The Laundromat (La lavandería) estrenada en el Festival de Cine de Venecia 2019, merece un breve análisis en este blog porque por aborda el lado opaco del mundo financiero globalizado, aunque el interés despertado fuera más por su elenco de grandes estrellas como Antonio Banderas, Meryl Streep y Gary Oldman. Esta película se inspira en los conocidos como los Papeles de Panamá hechos públicos en 2016; según el guion de Scott Z. Burns basado en un libro del periodista Jake Bernstein, Secrecy World: Inside the Panama Papers Investigation of Illicit Money Networks and the Global Elite. En la conferencia de prensa con ocasión del estreno de la película, Meryl Streep, que interpreta a la protagonista, una viuda en busca de justicia, rindió homenaje a los más de 300 periodistas que trabajaron en la acumulación de información que contienen esos documentos de Panamá filtrados; y elogió la valentía de periodistas como Daphne Caruana Galizia, asesinada en Malta durante una investigación basada sobre esa documentación sobre grandes defraudadores. 

El personaje de Meryl Streep, Ellen Martin, es una jubilada cuyo esposo muere junto a otros veinte ancianos en un terrible accidente a bordo de una embarcación turística. Y el pago fallido de la correspondiente indemnización del seguro la incita a buscar respuestas y se encuentra con un fraude en el seguro suscrito, persiguiendo a un par de abogados asociados de la ciudad de Panamá (Gary Oldman y Antonio Banderas) que operan con el oscuro mundo de los paraísos fiscales integrado en el sistema financiero mundial. Lo que le lleva a darse cuenta de que los responsables que se enriquecen con este negocio de falso aseguramiento, están escondidos tras una serie interminable de empresas mercantiles inexistentes con sede en países lejanos. Una estafa con la que logran no tener que indemnizar a las familias de los fallecidos, a las que obligan a desistir en sus quejas asfixiándolos en burocracia. Así, este caso no es tan solo un cúmulo de conceptos económicos, sino también, en muchos casos, una tragedia humana.

La comedia

The Laundromat es un film basado en hechos reales, que brilla cuando se proyecta a las
alturas de la comedia cínica de la mano del dúo formado por Gary Oldman y Antonio Banderas que, en la piel de los abogados Jürgen Mossack y Ramón Fonseca –cuyas actividades fraudulentas fueron destapadas por los referidos Papeles – devienen en los galanes  narradores; que con esmoquin, pajarita y martini en mano repasan la apasionante historia del dinero, desde unos neandertales que descubren el intercambio de bienes hasta que el crédito sustituyó al efectivo a través de los bancos, dando paso a ese dinero que, según dicen, “viene del futuro”. Un dinero que no existe, que no se puede tocar. Esta es solo la antesala de una crónica militante y sin pelos en la lengua de tales fraudes documentados, pero desde sus primeras imágenes comprobamos que no será un relato al uso, sino que el absurdo y la guasa formarán parte de su ADN. Parece que los asuntos complicados se entienden mejor con unos cuantos chistes. O quizás es que todas esas excentricidades tienen tan poco sentido como nuestro sistema financiero.
Rompiendo la cuarta pared y exhibiendo con absoluto descaro la cara más amoral del sistema, esos dos personajes tienen la ayuda de un elenco de curiosos personajes reunidos en la película, que sirven para ilustrar varias formas escandalosas en las que las finanzas offshore o extraterritoriales facilitan las diferentes modalidades de la delincuencia económica. Una serie de episodios ilustran el funcionamiento de la corrupción financiera a escala internacional, desde los intereses de un adinerado clan africano establecido en los Estados Unidos a los tejemanejes de la familia de un miembro del Buró Político chino. Una colección de historias escabrosas, pero contadas con una ligereza caricaturesca, que suponen una merma para la energía cinética del film. Aunque, quizá, este no sea el mayor problema de este film. Y es que, pese a su encanto embriagador y a la valentía con la que Meryl Streep expresa su furiosa indignación, al final queda la agridulce sensación de que una película de entretenimiento como esta corre el riesgo de quedar enterrada en la vorágine mediática y en la algorítmica cultura audiovisual contemporánea, como apunta la crítica especializada. 

En la citada conferencia de prensa, el director Soderbergh alegó que el tratamiento cómico de la película intenta utilizar las complejidades de los esquemas offshore como la "configuración de un remate"; esperando que el tratamiento absurdo de este tema tan serio impulse la discusión e impulse reformas. "Decidimos que una comedia negra tenía más posibilidades de permanecer en la mente de los espectadores”, contaba el director del film desde el Festival de Venecia, donde la película afrontó la opinión dividida de la crítica. “Cogimos un tema muy serio y lo convertimos en una comedia muy oscura, porque, de lo contrario, la gente sentiría que estaba siendo educada en lugar de entretenida”, aseguraba, citando a ¿Teléfono Rojo? Volamos hacia Moscú de Stanley Kubrick como referencia por su capacidad de explicar entre carcajadas una situación que no tiene nada de divertida. Es arriesgado, pero funciona. "Creo que el sistema tiene que cambiar", dijo. "La transparencia es la única solución".

Los Papeles de Panamá

Ciertamente este film representa un esfuerzo para contarnos cómo las grandes fortunas sacan provecho de la libertad de movimientos de capitales y retuercen las  reglas del juego para evitare pagar  impuestos y conservar intactos sus inflados bolsillos. El diario alemán Süddeutsche Zeitung y el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) trabajaron mano a mano para dar a conocer las actividades delictivas del despacho de abogados Mossack Fonseca, responsable de la creación de miles de empresas mercantiles ficticias en paraísos fiscales. Con más datos que Wikileaks o la lista Falciani, los conocidos como Papeles de Panamá batieron el récord en la revelación de evasores de impuestos, entre los que se contaban personalidades internacionales como el polivalente actor Jackie Chan, el presidente ruso Vladimir Putin, el escritor Mario Vargas Llosa o el ex primer ministro británico James Cameron, y españolas como los hermanos Almodóvar, la infanta Pilar de Borbón, el ex ministro de industria José Manuel Soria o el showman Bertín Osborne. En tu casa o en la mía pero el dinero bien seguro. En total, más de 214.000 entidades offshore identificadas nos ayudaron a entender mejor las tretas que sostienen el universo financiero en el que vivimos inmersos.

Ahora bien, desde el principio, la película quiere hacernos entender que estas no son maniobras solo para esquivar responsabilidades legales, sino también para cubrirse las espaldas en casos como el que representa la viuda Ellen Martin, interpretada por Meryl Streep; es decir, para  eludir las responsabilidades económicas derivadas de un contrato privado. Pero ojo que esto es una comedia que busca el entretenimiento del espectador. Y como tal comedia elude exponer el lado sistémico del problema y sobre la implicación de la gran banca financiera. Porque con la publicación en 2016 de los Papeles de Panamá, a los que sumó los de Bahamas leaks, la filtración de datos del registro mercantil de ese pequeño país caribeño, quedó demostrado una vez más como la opacidad en los negocios sucios, el blanqueo de capitales ilícitos y el impago de impuestos de personas adineradas, ahora identificadas con nombres y apellidos, se sirve de la gran banca globalizada, que facilita la creación y aprovechamiento de estas sociedades mercantiles instrumentales domiciliadas legalmente en los llamados paraísos fiscales, unas entidades que son puras ficciones jurídicas sin actividad económica local alguna y son meros instrumentos para lograr la opacidad y ocultación del verdadero titular beneficiario del dinero, con las nefastos perjuicios que a título de ejemplo sufre por el fraude en el seguro de vida suscrito, la pobre viuda que encarna Meryl Streep.

Desde luego, este film no alcanza a los niveles de cinismo que fluye por la mayoría de películas de Hollywood sobre el mundo de las finanzas, que nos suelen explicar las conductas delictivas por la maldad e inmoralidad de ciertos individuos malignos, ignorando intencionadamente que es la opacidad y el descontrol sistémico de las operaciones financieras internacionales, lo que incentiva y hace posible tales conductas inmorales y dañinas para las gentes- 


                   

miércoles, 28 de agosto de 2019

HONG KONG: EL PARAÍSO FINANCIERO OFFSHORE ENTRE EL ANHELO DEMOCRATICO Y EL CAPITALISMO AUTORITARIO.


                                                                                                      
Hands off Hong Kong! (“Fuera vuestras narices de HK”) exclamó el embajador chino en Londres en una conferencia de prensa el 29 de junio pasado, que respondía así a los comentarios del Ministro del Foreign Office unos días antes en favor de los manifestantes y alborotadores en HK, que habían llegado a asaltar el Parlamento local del antiguo enclave del Imperio británico. Como en el proceso del Brexit, el sueño del imperio perdido pesa en la visión británica de los eventos en HK, de los que da cuenta minuciosamente todas las noches el Newsday de la BBC sincronizado desde Singapur y Londres.

Y es que, de entrada, las masivas protestas populares en HK encarnan hoy el anhelo democrático de la población local frente al autoritario y poderoso estado chino que ha asumido un sistema capitalista propio, insertado en la globalización de los mercados financieros. Para los observadores, la incógnita es si habrá o no intervención militar china para aplastar las protestas populares como ocurrió en Tiannamen. Pero se olvida el papel estratégico que para la China imperial representa HK como paraíso financiero offshore, uno de los paraísos fiscales de más rápido crecimiento en el mundo de hoy. Con una industria que gestiona  fondos por valor de 2.2 billones de dólares (de origen legal o ilegal) y dispone de la tercera bolsa de valores más grande de Asia después de Tokio y Shanghái; albergando una amplia gama de operadores de servicios financieros.

Durante meses, los canales internacionales de TV nos vienen ofreciendo imágenes de oleadas de protestas masivas y violencia en las calles de Hong Kong. Y hemos visto las duras respuestas de las autoridades locales con el respaldo de Beijing,  cada vez más draconianas, desde empuñar bastones y disparos de gases lacrimógenos contra los manifestantes hasta encarcelarlos por acusaciones de disturbios, lo que ha logrado en gran medida inflamar el sentimiento público. Las protestas comenzaron en febrero contra un proyecto de ley que permitiría extraditar a los residentes del territorio de HK a la China continental, facilitando así la transferencia de personas para ser juzgadas en China. Los manifestantes argumentan que esa ley amenaza la autonomía de HK y socava su sistema legal independiente; y temen que China pueda utilizarla por razones políticas. Aunque la presidente ejecutiva de Hong Kong nombrada por el gobierno central, Carrie Lam, acordó "suspender" el proyecto de ley de extradición el 15 de junio último, los residentes han continuado sus protestas, pidiendo la retirada formal del proyecto de ley, una investigación independiente sobre los abusos policiales, y la introducción de reformas democráticas.

 LA “INJERENCIA”  BRITÁNICA

En junio último, el Ministro de Asuntos Exteriores británico Jeremy Hunt, en sus declaraciones sobre las manifestaciones populares y enfrentamientos con la policía en HK, advertía a China que podría tener que afrontar "graves consecuencias" si utilizaba la violencia para combatirlas.  A lo que respondió el embajador de China en Londres, acusando al Reino Unido de seguir viendo todavía a HK como colonia, alegando que el documento de la independencia en 1997 que garantizaba su autonomía a China era solo un “documento histórico” sobre “un país, dos sistemas”. Y consideraba que los comentarios oficiales británicos sobre las protestas en HK habían dañado la relación entre los dos países. 
  
El territorio de Hong Kong fue una colonia británica durante 156 años, tras una guerra con China; que en 1898, Gran Bretaña lo expandió aunque el nuevo territorio solo sería arrendado por 99 años. Mucho más tarde, en 1984, la entonces primera ministra Margaret Thatcher firmó la Declaración conjunta con el gobierno chino, que reconocía un alto nivel de autonomía de esta región administrativa de HK dentro del Estado chino, con el compromiso de mantener ciertos derechos no otorgados en China continental a los ciudadanos. Asimismo se acordó la continuación del sistema capitalista en HK, muy diferente al modelo comunista chino. Conforme a ese acuerdo tuvo lugar la devolución de Hong Kong  a China en 1997, bajo una serie de condiciones. El acuerdo estaría vigente durante los siguientes 50 años, es decir, hasta 2047.

En junio de 2019, es evidente que el Reino Unido mostraba su apoyo a los manifestantes en favor de la democracia en su antigua colonia; afirmando que el principio de "un país, dos sistemas" otorga a los ciudadanos de HK derechos y leyes diferentes a los de China continental y se debía seguir respetando.  Y remitiéndose al citado pacto, el ministro británico consideraba que la carta y el espíritu del acuerdo debían ser respetados. Pero en su respuesta, China acusaba al gobierno del Reino Unido de entrometerse en asuntos internos de HK. Desde luego, como subrayaba un comentarista  de la BBC, la disputa con los chinos añadiría complicaciones a la posible negociación de un acuerdo comercial post Brexit con China.

Ciertamente, el gobierno británico también mostraba su interés en HK porque allí viven 300,000 ciudadanos del Reino Unido y  mantiene una fuerte vinculación financiera con la City de Londres, que en la actual coyuntura le resulta más necesaria que nunca. En términos más generales, se evidenciaba que el gobierno británico quería mostrar su apoyo a la democracia local frente al gigante chino. De ahí la pretensión de provocar un debate sino-británico que apenas ha salido del ámbito británico, en torno a la vigencia actual de la Declaración conjunta por la cual el Reino Unido cedió el territorio a China en ciertas condiciones.

EL PARAISO FISCAL OFFSHORE 

Hasta la fecha las protestas populares y la represión policial no parecen que hayan
perturbado mínimamente el funcionamiento del centro financiero internacional de HK, aunque parte de sus empleados locales sean participantes en los disturbios. Los cientos de miles de manifestantes y alborotadores en HK son empleados de bancos y agencias de servicios localizados en la península, que, como decía un joven manifestante, consideran que el trabajo podía esperar pero su aspiración a vivir en democracia, no.


El desarrollo del HK como centro financiero mundial ha estado asociado a la City de Londres desde antes de 1997, como ejemplifica el banco global HSBC, que cuando se planteó el Brexit anunció su posible traslado de  Londres a HK, su lugar de origen. El HSBC no es uno de tantos grandes bancos sino que es una de las mayores entidades financieras del mundo, con más de 2,5 billones (trillion) de dólares en activos, 89 millones de clientes y 300.000 empleados. El HSBC, cuyas iniciales originalmente significaban Hong Kong Shanghai Banking Corporation, ahora realiza operaciones en más de 80 países, con cientos de filiales que abarcan el mundo; y que con frecuencia  tienen o han tenido implicaciones delictivas por cooperar en la corrupción y evasión tributaria, según consta en informes del Senado estadounidense. Y su empresa matriz, HSBC Holdings plc, llamado Grupo HSBC, tiene su sede en Londres, y su presidente ejecutivo (CEO) se ubica en Hong Kong.

Desde siempre el paraíso financiero de HK ha servido eficazmente a la creciente globalización de la economía china, que ha sido facilitada tanto por las instituciones financieras chinas que operan a nivel mundial como por las empresas internacionales que operan dentro de China, según registra un importante estudio empírico chino. (How ChineseFinancial Centers Integrate into Global Financial Center Networks: An Empirical Study Based on Overseas Expansion of Chinese Financial Service Firms; varios autores en Chinese Geographical Science. April 2018, Volume 28, Issue 2pp 217–230|. Article ) Esta investigación nos revela que Hong Kong ocupa posiciones estratégicas en la integración de China y de las ciudades chinas en las redes globales de centros financieros, como Nueva York y Londres, algo que ha sido una prioridad para las instituciones financieras chinas.  Los crecientes flujos de capital dirigidos por las instituciones financieras chinas sugieren una geografía financiera global cambiante, con numerosas ciudades chinas que desempeñan papeles cada vez más importantes dentro de las redes financieras globales; ciudades estratégicas que sirven como puertas de enlace para el intercambio de funciones financieras, productos y prácticas entre China y la economía global. Basándose en los datos de ubicación de las empresas de servicios financieros en China que cotizan en las bolsas de valores de Shenzhen, Shanghai y Hong Kong, el referido documento de 2018 muestra que las empresas financieras chinas se están expandiendo a nivel mundial y registra cómo los centros financieros chinos están posicionados y conectados en las redes urbanas configuradas por estas empresas de servicios financieros.

 Ya en 1997, el ascenso de HK como Centro financiero internacional líder en décadas precedentes, había sido es uno de los dos logros económicos sobresalientes del territorio en la era posterior a la Segunda Guerra Mundial; y el otro fue su transformación desde un simple enclave comercial a una economía industrial moderna. Por esas fechas se preveía que su futuro como tal centro financiero internacional dependería fundamentalmente de la buena voluntad y el comportamiento racional de China. Siempre que se pudiera demostrar que el modelo de "un país, dos sistemas" y su contraparte financiera, el modelo de "un país, dos monedas", que implicaba la independencia financiera de HK, funcionaran, y “siempre que China dedicara su energía y recursos para el desarrollo económico pacífico, el potencial de Hong Kong podría ser ilimitado”. (HONG KONG AS A FINANCIAL CENTRE OF GREATER CHINA by Professor Y. C. Jao. Faculty of Social Sciences Lingnan College Hong Kong, 3-1997)

En la actualidad, podemos comprobar en Internet la disponibilidad de HK como paraíso fiscal extraterritorial u offshore, con páginas de agencias que promocionan servicios financieros opacos para el capital (lícito o  ilícito) de cualquier parte del mundo. Por ejemplo, HK se oferta como la mejor opción para una cuenta corporativa multidivisa (10 monedas diferentes) por Internet en uno de los bancos más grandes del mundo, en una de las jurisdicciones bancarias offshore más importantes del mundo. (Hong Kong as an OffshoreFinancial Jurisdiction) Según el registro de Tax Justice Network, HK ocupa la cuarta posición en el Índice de jurisdicciones con secreto financiero en 2018; con una puntuación de secretismo bastante alta de 71 factores sobre 100; y representa el 4,17 por ciento del mercado mundial de servicios financieros extraterritoriales

Hong Kong es una de las jurisdicciones de secreto o paraísos fiscales de más rápido crecimiento en el mundo de hoy. Su sector de gestión de fondos tenía 2.2 billones de dólares a fines de 2015; y más de 470.000 millones en activos de banca privada. Además, HK tiene la tercera bolsa de valores más grande de Asia después de Tokio y Shanghai; y ocupa el segundo lugar después de Nueva York en las ganancias por ofertas públicas iniciales; albergando una amplia gama de jugadores de servicios financieros. En 2015 tenía la mayor densidad mundial de personas con un patrimonio neto ultra alto con una riqueza personal de más de 100 millones de dólares. En el papel, HK representaba menos de la mitad de toda la inversión extranjera en China a fines de 2012, según datos del FMI. Sin embargo, gran parte de esta inversión era capital chino de ida y vuelta, según la fuente citada. 

La renuencia de Hong Kong a suscribir los estándares internacionales de transparencia global se deriva del mantenimiento de un marco ultraliberal, avalado por diversas entidades estadounidenses. El papel oficial de Hong Kong como una "Región Administrativa Especial" de China supone dos componentes esenciales que sustentan el centro financiero offshore:

-       Primero, las protecciones otorgadas a Hong Kong por China, tranquilizando a los operadores offshore en relación a su estabilidad.
-       Y segundo, al mismo tiempo estos disfrutan 'del alto grado de autonomía frente a China en todos los asuntos, excepto las relaciones exteriores y la defensa, lo que permite una mínima interferencia en el sector.

 En ese y otros aspectos, sostienen los expertos de Tax Justice Network que el vínculo Hong Kong-China se asemeja a los vínculos de Gran Bretaña con sus tres dependencias de la Corona y los 14 territorios de ultramar (de los cuales 10 son paraísos fiscales o jurisdicciones de secreto financiero reconocidas), puesto que en parte son independientes del Reino Unido pero también en parte están vinculadas y apoyadas por el Estado británico. De ahí que resulte complicado predecir y evaluar la política que seguirá China en relación al desafío que significan las continuas algaradas populares, teniendo presente el peso estratégico de Hong Kong, que suponemos ha de frenar el reflejo autoritario de Pekín.

LA RESPUESTA CHINA DE LA LEY Y EL ORDEN

“¿China aplastará las protestas en Hong Kong? ¿Por qué Beijing no necesita enviar tropas?”, titulaba un documentado análisis la revista estadounidense Foreign Affairs (versión digital del 17 /8/2019).  El 21 de julio pasado, después de que activistas locales desfiguraron el emblema nacional fuera de la Oficina de Enlace de Beijing en el Distrito Oeste de Hong Kong, el portavoz del Ministerio de Defensa Nacional de China acusó a los manifestantes de "desafiar la autoridad del gobierno central" y violar el principio de "un país, dos sistemas ", la expresión utilizada para describir el modelo de Beijing para gobernar HK desde que asumió la soberanía sobre el territorio en 1997, como hemos referido. Añadiendo que las acciones "radicales "de los manifestantes eran" intolerables". Luego, el 31 de julio, la guarnición militar china en HK lanzó un video que muestra a las tropas chinas practicando simulacros antidisturbios. Juntos, estos mensajes fueron ampliamente vistos como una amenaza para desplegar tropas del Ejército Popular de China. Y algunos comentaristas en los Estados Unidos incluso han planteado la posibilidad de que tenga lugar otra matanza como la ocurrida en la plaza de Tiannamen.

Ciertamente Beijing se ha abstenido hasta este momento de desplegar sus tropas no por las limitaciones y controles constitucionales, sino porque tiene otras herramientas de represión, comenzando por la policía local que tiene – dicen desde el gobierno central --  el apoyo total de Beijing para "castigar los actos violentos e ilegales" de los manifestantes "radicales". El mismo día, el Diario del Pueblo, el periódico oficial del Partido Comunista Chino, pedía una acción policial "enérgica" e intentando disipar las preocupaciones de que la fuerza excesiva pudiera ser contraproducente. Desde luego, la policía ha utilizado métodos "contundentes" en momentos críticos para el orden público. Como cuando el 12 de junio, los manifestantes rodearon el Consejo Legislativo para evitar que deliberase sobre el proyecto de ley de extradición, la policía disparó balas de goma, gas pimienta y gases lacrimógenos contra la multitud y utilizó porras para golpear a los manifestantes; y siguieron acciones de claro abuso de la fuerza policial.

Lo más alarmante es que se sospecha la connivencia de la policía con la mafia china de las tríadas, miembros del mundo criminal organizado de Hong Kong. Tríada es un término genérico para designar a ciertas organizaciones criminales de origen chino que tienen su base en Hong Kong, Taiwán y la China continental y demás ramificaciones. En el pasado esta mafia ha sido usada como brazo armado extralegal del gobierno de Pekín. Las recientes manifestaciones en HK han reactivado el miedo a los nexos entre el poder de China continental y los miembros de la Triada.
REPRESIÓN DE TODA LA SOCIEDAD
Los análisis solventes de la situación señalan que Beijing no solo usa la fuerza para controlar Hong Kong sino que adopta una actividad represiva sobre toda la sociedad. La misma estrategia ya utilizada para anular el Movimiento de los Paraguas en 2014, y que probablemente logre acabar con las actuales protestas contra la ley de extradición. Para silenciar las calles, los organizadores de las protestas, que pedían "sufragio universal genuino", fueron arrestados y sentenciados a hasta 16 meses de cárcel por "provocar molestias" e "incitar a otros a provocar molestias". Para limpiar el servicio civil, las fuerzas de orden público, las instituciones judiciales y los consejos universitarios, Beijing usó a su jefe ejecutivo cuidadosamente seleccionado, que tiene una autoridad abrumadora sobre los nombramientos y ascensos dentro del gobierno de Hong Kong, para cubrir estos puestos con leales. Para frenar el poder del Consejo Legislativo electo de HK; el gobierno prohibió a algunos candidatos de la oposición postularse para el cargo y descalificó a otros después de haber sido elegidos. Y para socavar aún más la prolongada independencia de los tribunales, el Comité Permanente del Congreso Nacional del Pueblo dio el paso inusual de emitir una interpretación vinculante de los requisitos de toma de juramento local. La Oficina de Enlace de Beijing en el Distrito Oeste de Hong Kong, instrumento de control del Partido Comunista, no solo interviene en los niveles superiores del gobierno de Hong Kong sino que su influencia llega a los 18 distritos administrativos de la ciudad; con representantes que asisten y organizan funciones locales para comprar lealtad; asimismo movilizan apoyos para los candidatos patrocinados por Beijing en las elecciones.

Por tanto, el gobierno regional de Hong Kong se encuentra en la cuerda floja. Un gobierno democrático, responsable ante su electorado, podría reducir las tensiones sociales en HK atendiendo las demandas populares, avaladas por  los datos de la realidad: el 73 por ciento de los encuestados cree que el gobierno debería retirar formalmente el proyecto de ley de extradición; y el 79 por ciento apoya una investigación independiente sobre los abusos policiales. Sin embargo, Beijing ha dado señales claras que aumentará la represión, aunque no se vea probable una intervención militar, según los observadores de Foreign Affairs. Además, ya tiene un kit de herramientas, perfeccionado durante las protestas conocidas como el Movimiento de los Paraguas, para mantener a HK bajo control. En lugar de tomar medidas enérgicas utilizando sus militares, es probable que las autoridades continentales intensifiquen otras medidas represivas para poner fin a las protestas y restaurar el control integral sin socavar un acuerdo que les ha sido muy útil hasta ahora. En otras palabras, Beijing no necesita recurrir a lo que los comentaristas llaman hiperbólicamente la "opción nuclear" sino que espera lograr lo que quiere con costes inferiores mediante las herramientas que ha utilizado antes. Porque en este singular conflicto subyace una realidad que los medios de comunicación han venido ignorando. Y es que HK sobre todo es un muy relevante centro financiero internacional, como hemos reseñado, y que ha contribuido y contribuye a la globalización financiera de la economía china y a los negocios de su élite capitalista de nuevo cuño.

Beijing se ha beneficiado enormemente de la autonomía de Hong Kong, consagrada en su Ley Básica, que ha permitido que la ciudad sea el centro financiero líder de Asia y una conexión importante entre las economías china y global. El gobierno chino tiene fuertes incentivos para preservar la fachada de la autonomía en HK. Y la gran banca y el poder financiero global disponen de fuertes nexos con el gobierno chino. Ante esta coyuntura plagada de incertidumbre, la BBC informaba el 22 de agosto de los grandes anuncios  en la prensa local pagados por grandes bancos globales asentados en HK, como HSBC, Stándard Chattered y otros, en los que apelaban al apaciguamiento y a la negociación entre autoridades y revoltosos hasta alcanzar un acuerdo.-
28/8/2019


jueves, 23 de mayo de 2019

“Europa necesita una estrategia global”


La rivalidad cada vez más aguda entre Estados Unidos y China podría tener consecuencias económicas negativas y de otro tipo para Europa. Pero en lugar de forjar una visión estratégica adecuada a este riesgo, hasta ahora los líderes europeos están, como de costumbre, preocupados por sus propios problemas.

En este análisis publicado en Project-Syndicate el 30/3/2019 que reproducimos abajo, el ex ministro de asuntos exteriores alemán y vice canciller (1998-2005) Joschka Fischer apela a la necesidad de una "estrategia global", a la que por el momento no se ha prestado atención quizás, ya que los líderes europeos están más preocupados por los problemas y las crisis a nivel nacional y de la UE. Sin  embargo, el año 2019 resultará crucial para el futuro del proyecto europeo, debido al Brexit y a las elecciones europeas del 26 de mayo. Además, está por ver si los populistas tendrán una presencia relevante en el nuevo Parlamento Europeo, que habrá de elegir un nuevo presidente de la Comisión Europea. En cualquier caso, como apunta Joshka Fisher en


EUROPA NECESITA UNA ESTRATEGIA GLOBAL

"La elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos puede haber acelerado el fin del “siglo norteamericano” y del orden internacional de posguerra liderado por Estados Unidos. Es verdad, el centro de gravedad político y económico del mundo venía trasladándose hacia el este de Asia mucho antes de 2016, y la idea de que China se convierta en una potencia global en el inminente “siglo del Pacífico” tampoco es nueva. Pero las acciones de Trump, junto con las de su contraparte chino, Xi Jinping, han llevado la rivalidad cada vez más agudizada entre las superpotencias a una escena central. Desafortunadamente, Europa todavía tiene que ofrecer una respuesta coherente.

La actual disputa comercial entre Estados Unidos y China tiene el potencial de desatar una recesión global. Pero aún este conflicto es sólo parte de una lucha de poder mucho mayor, inclusive en el sector tecnológico, para determinar si la nueva estrella ascendente (China) o el actor principal (Estados Unidos) desempeña el papel global de liderazgo.

Durante gran parte del período transcurrido desde que China inició sus medidas de modernización bajo el régimen de Deng Xiaoping a fines de los años 1970, su política no consistió en desafiar el orden geopolítico y estratégico existente y sí en evitar una confrontación con Estados Unidos a toda costa. Pero el discurso de Xi en el 19 Congreso Nacional del Partido Comunista Chino en octubre de 2017, y las varias iniciativas chinas en curso destinadas a desafiar el predominio de Estados Unidos, indican que China ya no ocultará su fortaleza y esperará su oportunidad, como ordenaba Deng.

La nueva asertividad de China se torna evidente en su fortificación militar de los arrecifes y pequeñas islas en el Mar de China Meridional, así como en la estrategia “Hecho en China 2025”, que apunta a convertir al país en el líder mundial en las industrias clave del futuro en la próxima década. Y con su gigantesca “Iniciativa un cinturón, un camino” (BRI por sus siglas en inglés y en castellano, por Las Rutas de la Seda), China quiere utilizar sus inversiones en comercio e infraestructura de transporte para establecer su predominio geopolítico y comercial en Eurasia, Europa, Oriente Medio y África.

Frente a este desafío cada vez más obvio a su liderazgo, Estados Unidos también ha cambiado su estrategia y ha adoptado una postura más belicosa con China. Si bien Trump está liderando este cambio, la furia, el miedo y la frustración norteamericana que genera China se extiende mucho más allá de la Casa Blanca y del Partido Republicano, y cala hondo en las filas del Partido Demócrata.

Por empezar, Estados Unidos está adoptando una postura más dura en materia de comercio. En el pasado, el mercado estadounidense por lo general estaba abierto a las exportaciones chinas –sin ese acceso, el rápido crecimiento económico de China nunca habría sido posible-. Pero la administración Trump quiere poner fin a esta apertura y hacer que el comercio bilateral de los países pase de ser una herramienta a convertirse en un arma. Estados Unidos también está endureciendo su política hacia la BRI, y ha criticado la decisión reciente de Italia de respaldar la iniciativa.

La tecnología es otra gran preocupación norteamericana. Estados Unidos y China están inmersos en una contienda enconada en el terreno de la inteligencia artificial y siguen enfrentándose por la empresa de telecomunicaciones china Huwaei, una de las compañías globales líderes del país.

La alta ejecutiva de Huawei Meng Wanzhou, la hija del fundador de la compañía, actualmente está esperando ser extraditada a Estados Unidos después de haber sido detenida en Canadá en diciembre pasado por violar supuestamente las reglas de embargo norteamericanas respecto de Irán. Al mismo tiempo, la administración Trump está ejerciendo una fuerte presión sobre sus aliados europeos para que excluyan a Huawei de sus mercados de telecomunicaciones por cuestiones de espionaje (aunque Estados Unidos todavía no ha ofrecido evidencia de esto públicamente).

La llegada de este nuevo orden global del siglo XXI no es un buen augurio para Europa, como dejan en claro estas escaramuzas iniciales en materia de comercio y tecnología. Pero, como es habitual cuando se enfrenta a un desafío global importante, Europa esencialmente se mira el ombligo y se preocupa por los problemas internos, incluido el Brexit.

Sin embargo, los europeos no se pueden permitir mantener al margen. Europa que  será una de las primeras víctimas si la disputa actual entre China y Estados Unidos se convierte en un conflicto comercial declarado. Si esto sucediera, las dos superpotencias exigirán que Europa tome partido –precisamente el tipo de elección que no quiere hacer, porque Estados Unidos y China son sus dos principales mercados exportadores-. De la misma manera, Europa muy probablemente enfrentaría una represalia china si decidiera expulsar a Huawei de sus mercados nacionales.

Europa debe forjar su propia visión estratégica sobre el nuevo orden global. Y tendrá que poner un peso suficiente en la balanza geopolítica para seguir comerciando con Estados Unidos y China según sus propios términos. Esto exigirá que Europa desarrolle una política industrial basada en los intereses y valores europeos. Al mismo tiempo, los líderes de Europa deben reconocer que China está construyendo rápidamente un sistema político alternativo en el que un partido único controla digitalmente a las masas. No importa la opinión que uno tenga de Trump, esto no sucederá en Estados Unidos.

El equilibrio geopolítico global está cambiando aceleradamente y Europa debe adaptarse. En lugar de mirar hacia adentro, los líderes europeos necesitan una estrategia creíble para con las dos superpotencias –y China en particular."-


miércoles, 1 de mayo de 2019

LA NUEVA RUTA DE LA SEDA, ¿RETO O AMENAZA PARA EUROPA?


¿Conducirá la actual política de China a la desintegración de la Unión Europea? ¿Puede transformarse Europa en un satélite político de China imperialista? Estas son algunas de las interrogantes  que se plantean en círculos diplomáticos europeos a partir de los hechos más actuales.

Mediados el mes de marzo pasado, el Gobierno italiano (la coalición del movimiento populista Cinco Estrellas y La Liga Norte) se adhería a la llamada nueva Ruta de la Seda, el gigantesco plan chino de inversiones masivas en infraestructuras de los cinco continentes, suscribiendo un memorándum de entendimiento. El viceprimer ministro italiano Matteo Salvini, líder de la Liga Norte, sostenía que con este acuerdo  "no está en discusión nuestra colocación euro-atlántica y no hay riesgos de colonización". Pero es evidente la inquietud entre los socios europeos y en los EEUU por la decisión de Italia, país miembro del G7 y socio fundador de la Unión Europea, que en dificultades económicas de nuevo —la economía italiana fue declarada en enero en recesión técnica—, se entrega a un plan criticado por algunos como un instrumento de China para dominar el mundo. En verdad, las consecuencias de este acuerdo están por ver pero el mensaje de respaldo que Italia le está enviado a China tiene un claro contenido político, puesto que significa un apoyo al plan económico que el Partido Comunista Chino considera hoy su prioridad absoluta. Italia es el país fuerte de los países débiles y su peso es infinitamente superior al de Grecia, Chipre o Portugal, que ya se adhirieron a la nueva Ruta de la Seda, o ya han cedido a Pekín el control de infraestructuras importantes.  
  
La cuestión de fondo es el reto que el proyecto global chino plantea a la Unión Europea y la urgencia de diseñar una estrategia política conjunta frente  a la creciente penetración china. En medio de las profundas transformaciones que se avizoran al terminar esta segunda década del siglo XXI, los dirigentes políticos y la ciudadanía europea tendrían que prestar una mayor atención a esos vientos que vienen del Este y que van a condicionar la vida del conjunto de los países de la Unión Europea. En los dos últimos años, mientras el nuevo Presidente de EEUU se distanciaba del continente europeo, China se ha ido aproximando para sacar provecho de las tensiones entre los occidentales dentro de su proyecto imperial. Como se constató durante la cumbre UE-China celebrada en junio de 2017 en Bruselas, Pekín busca reforzar puentes de entendimiento. Aunque el interminable asunto del Brexit ha acaparado la atención mediática como único tema de la Unión, la tecnocracia  europea avanza en el diseño de una nueva estrategia conjunta en las relaciones con el gigante asiático. Y el tema ya fue abordado en la reunión del Consejo Europeo de 21 y 22 de marzo de 2019, en la que, además del Brexit y otros asuntos, se generó un intenso debate estratégico sobre las relaciones generales con China, al abordarse la preparación de la nueva cumbre UE-China celebrada el 9 de abril pasado. En ese debate estratégico entre socios europeos se clarificó que el objetivo de las relaciones con China tiene que centrarse en lograr una relación equilibrada, que garantice la competencia leal y la igualdad de acceso al mercado. Y, sobre todo, quedó claro que los europeos han de analizar a fondo las implicaciones del proyecto chino de alcance global.

LA NUEVA RUTA DE LA SEDA HASTA MADRID

Ciertamente China ha sido especialmente innovadora en el uso de su enorme poder económico. Muchos observadores solventes señalan que no pretende competir con los EEUU sino reemplazarlos con una nueva política imperial. Y alguna experta matiza que “China está intentando desplazar, más que reemplazar, a los EEUU” (Oriana Skylar Mastro, profesora de la Universidad de Georgetown, The Stealth Superpower, Foreign Affairs, January-February 2019). Lo cierto es que Pekín ha ido creando una serie de instituciones, acuerdos internacionales e instrumentos para tejer una vasta red de infraestructuras (puertos, ferrocarriles, autopistas  y otros equipamientos logísticos) con vínculos comerciales e inversiones intercontinentales que apuntan al diseño de un nuevo orden económico mundial, que pretende conectar China con Europa, Asia y África. La estrategia hasta aquí seguida ha sido financiar infraestructuras en el mundo en desarrollo para crear gobiernos extranjeros dependientes y, por lo tanto, conformes a la dirección china.
Mas recientemente, el presidente Xi Jinping está liderando un ambicioso proyecto conocido como nueva Ruta de la Seda, en inglés Belt and Road Initiative; un proyecto de infraestructura regional masivo lanzado en 2013. Proyecto que cuenta con sólido respaldo financiero del Banco Asiático de Inversiones (AHB) con sede en Pekín, y el nuevo Banco de Desarrollo BRICS con sede en Shanghái. China ha gastado ya alrededor de 400.000 millones de dólares en la iniciativa (y ha prometido cientos de miles de millones de dólares más); y ha convencido a 86 Países y organizaciones internacionales para que firmarán unos 100 acuerdos de cooperación relacionados. Contrariamente al FMI y al Banco Mundial, la ayuda china, que principalmente adopta la forma de préstamos de bancos controlados por el Partido Comunista de China, no viene acompañada de las exigencias occidentales habituales: no establece requisitos de reformas del mercado o una mejor gobernabilidad. Sin embargo, lo que China exige de los destinatarios es la lealtad a una serie de cuestiones, incluida el no reconocimiento de Taiwán, la isla conocida antes como China nacionalista. (Foreign Affairs, january-february 2019, opus cit.)

Como ha escrito Victor Pou, ex alto funcionario de la Comisión europea, la Iniciativa Belt and Road "pretende que China pueda utilizar mejor su creciente influencia económica para lograr sus objetivos políticos finales sin provocar una respuesta compensatoria o un conflicto militar". Por el momento las dimensiones militares de este proyecto son ambiguas, generando incertidumbre en Washington sobre sus verdaderas intenciones. Muchos observadores se han preguntado si la Iniciativa Belt and Road tendrá un componente militar fuerte, pero incluso aunque la iniciativa no fuera el preludio de una presencia militar global al estilo estadounidense, y probablemente no lo sea, desde el otro lado del Atlántico se plantean que China podría utilizar la influencia económica y política generada por este proyecto global para limitar el alcance del poder estadounidense. Asimismo esta iniciativa suscita recelos en la UE, Japón, India y otras regiones y países vecinos que temen una excesiva dependencia del gigante chino. Y en todo caso estas nuevas Rutas podrían canalizar de modo unidireccional los flujos comerciales, incrementando el superávit comercial chino y encubrir una mundialización de los estándares chinos. (Víctor Pou, Hacia el relanzamiento de la Unión Europea; ed. Milenio, 2018)

Desde luego, esta  nueva Ruta de la Seda, conocida también como One Belt-One Road (OBOR) es la gran apuesta china para su proyección exterior, económica y política, que ha despertado enormes expectativas en los más de sesenta países que atraviesa; aunque no sea del agrado de EEUU y de India (atraviesa Cachemira). Pero, en realidad China no necesita puertos hindús, ya que le basta el puerto de tránsito de Hambantota en Sri Lanka, construido por una empresa china. Ya tiene una base militar en Yibuti, en el enclave que fue colonia francesa (Djibouti) en el Cuerno de África. Y además, tiene una línea ferroviaria de más de 13.000 kms., que cruza China, Kazakstán, Rusia, Bielorrusia, Polonia, Alemania, Francia hasta llegar a España. Desde diciembre de 2014 un tren de mercancías une en 21 días Yiwu (China) con Madrid. Y aprovechando la crisis de la deuda griega, China adquirió el puerto de El Pireo. En resumen, las infraestructuras del proyecto chino avanzan con firmeza por Europa.

Las inversiones de China en la UE: El Foro 16+1

En la actualidad, la penetración de China en la EU es un hecho del que la ciudadanía
ignora su relevancia, fuera de los ámbitos especializados. Ligada a su gran proyecto global, en los últimos años China ha continuado incrementando su presencia en el ámbito europeo mediante inversiones en sectores estratégicos y de alto valor añadido, que en 2016 llegaron a alcanzarlos 35.000 millones de euros, con un aumento del 75 % sobre el año anterior, según fuentes especializadas; cifras muy superiores a las de la UE en China. Y China ha desbancado a los EEUU como gran socio comercial de Alemania y el importante conglomerado chino HNA ya era el primer accionista del Deutsche Bank (Victo Pou, Hacia el relanzamiento…, opus cit.). Sin embargo la política oficial china de una pretendida defensa del libre comercio contrasta con la realidad de un país proteccionista donde las empresas europeas se sienten discriminadas respecto a las empresas locales.

El Foro 16+1 ejemplifica la estrategia china de penetración inversora en Europa. Desde 2012, China ha implicado directamente a 16 Países de Europa Central y Oriental conocidos por las siglas en castellano PECOs (en inglés CEEC), incluidos 11 Estados miembros de la UE y cinco países de los Balcanes Occidentales, en el formato conocido como 16 + 1, presentado con un enfoque innovador para la cooperación regional. Aunque enmarcado como multilateralismo, en la práctica este formato es en gran medida bilateral y altamente competitivo. Mientras al inicio estos países adoptaron con entusiasmo esta cooperación china como una oportunidad para diversificar sus relaciones económicas, centradas en la Unión tras la crisis financiera de 2008, aunque para 2018 algunos de ellos expresaban su descontento con los resultados económicos obtenidos. Destacan como participantes más activos República Checa, Hungría, Polonia y (Serbia), que son todos son euroescépticos y se consideran socios estratégicos de China.

Los datos de inversión extranjera directa de China revelan que está altamente concentrada en los PECOs más grandes, pero representa una participación extremadamente baja en el conjunto total de las inversiones directas extranjeras. Algunos PECOs más pequeños también han comenzado a atraer inversiones chinas, aunque en niveles comparativamente bajos. Algunos de los proyectos chinos de construcción de infraestructura en los PECOs han sufrido contratiempos en un entorno regional regido por las normas y regulaciones de la UE (véase documento en pdf China, the 16+1 format and the EU Esta cooperación bilateral China-PECOs tenido manifestaciones diversas pero relevantes políticamente. Por ejemplo, la provincia china de Jiangxi y la región búlgara de Sofía firmaron un memorando de entendimiento para la cooperación educativa; las Ferias de Heilongjiang promovidas en Bulgaria; el aeropuerto de Budapest aspira a convertirse en una puerta de enlace de carga aérea regional para China; y Bulgaria abre una zona de demostración para la cooperación agrícola China-CEEC. Por su parte, dentro de este Foro, China y los PECOs se han comprometido a profundizar la cooperación a nivel local. Y han aumentado el número de turistas chinos que visitan Europa Central y Oriental.  

La respuesta de la Unión Europea al formato del Foro 16 + 1 ha sido también diversa. La Unión está presente en las cumbres 16 + 1 como observador, y en 2016 acordó una estrategia europea con China, esbozando unos principios que sustentan el compromiso de la UE con China como la reciprocidad, la igualdad de condiciones y las licitaciones públicas transparentes; y que todos los Estados miembros de la UE los han respaldado. Sin embargo, un informe de junio de 2018 sobre las relaciones UE-China producido por la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento Europeo (Ponente: Bas Belder, ECR, Países Bajos), destacaba, entre otras cosas, que la participación de los Estados miembros en el Foro 16 + 1 debería permitir a la UE hablar con una sola voz en su relación con China.

La Cumbre EU-China de 9 abril 2019: ¿hacia una nueva estrategia?

¿Cuál es la respuesta de la Unión a la actual política china respecto a Europa? ¿Hacia dónde van las relaciones entre la Unión y el gigante asiático?. China ha pedido a la Unión Europea  "igualdad de trato" para sus empresas y se ha comprometido a hacer lo mismo con las compañías europeas. Lo ha hecho durante la cumbre anual en Bruselas, a la que ha asistido el primer ministro Li Keqiang, que ha asegurado que su país va a seguir abriendo su mercado a las inversiones europeas. "Antes era ingenuidad. Ahora mismo, creo que estamos pasando de una asociación estratégica hacia una especie de competidores estratégicos, lo que llamo 'coorpetition', lo que significa que la cooperación y la competencia van de la mano. Está equilibrando las relaciones entre la UE y China", explica Lin Goethals, Directora de Programas para Asia del Instituto Europeo de Estudios Asiáticos. Tras años de ofrecer acceso libre a sus mercados, la UE está perdiendo la paciencia con Pekín por la lentitud de la liberalización de su mercado. Pese a las tensiones por el interés chino en invertir en infraestructuras clave europeas, la Unión es consciente de que deben entenderse. Un paso importante dado en esta cumbre de abril de 2019 ha sido que China se ha comprometido, por primera vez, a discutir la reforma de las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) sobre subsidios industriales, "una prioridad clave para Europa", según Euronews. 

Pero la retórica del lenguaje diplomático esconde las tensiones latentes en las relaciones chino-europeas, definidas en el sentido de  The EU and China are strategic trading partners”. Los dirigentes de la UE y de China han examinado las relaciones bilaterales de comercio e inversión y, en particular, el trato justo y no discriminatorio de sus operadores económicos. Pero han debatido también el futuro de la gobernanza mundial y la manera de hacer frente a los desafíos comunes. Han reiterado su compromiso con el multilateralismo, articulado en torno a las Naciones Unidas. Y han expresado también  su apoyo a la labor del G-20 y a la aplicación del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático. Y han abordado asimismo el desarrollo sostenible y la ciberseguridad, incluida la seguridad de las redes 5G, y demás cuestiones de alcance internacional.  La cuestión de fondo es la definición de una estrategia europea acorde con la realidad del poder chino.

HACIA UNA NUEVA ESTRATEGIA EUROPEA CON CHINA

¿Tiene Bruselas capacidad y autonomía para diseñar una nueva estrategia europea propia frente al proyecto global de China? ¿O la UE habrá de adoptar una estrategia paralela a la que parece haber adoptado los EEUU? Desde el establishment de Washington se espera que una estrategia reforzada y renovada en Europa atienda la realidad del incremento del poder de China en múltiples planos. Desde el otro lado del Atlántico se evidencia que, en los últimos dos años, Washington ha adoptado una política de competencia estratégica con China. La Estrategia de Defensa Nacional y la Estrategia de Seguridad Nacional de la Administración Trump dejan claro que EEUU ve a China como una gran potencia rival no solo militar sino también en una competencia por la supremacía económica y tecnológica. Como resultado, algunos analistas apuntan que una coalición efectiva para gestionar el ascenso de China ya no puede centrarse solo en las asociaciones de seguridad asiáticas, sino que ahora debe incluir las principales concentraciones mundiales de poder económico, progreso tecnológico y valores democráticos liberales. Entre estos se encuentran muchos de los socios de Estados Unidos en el Indo-Pacífico, como Australia, India y Japón. (Andrew Small, Why Europe Is Getting Tough on China, Foreign Affairs, 3 april 2019)

Asimismo algunos analistas perciben que la Unión Europea y sus principales estados miembros también se están volviendo cada vez más críticos con los Estados Unidos para tratar con China. A partir de la  cumbre UE-China de 2019, muchos esperan que Europa comience a replantearse fundamentalmente sus políticas respecto  a China, mediante un cambio  sustancial que algunos lo describen como una "revolución". A pesar de las diferencias entre los estados miembros de la UE, el impulso general del cambio estaría en convergencia con el nuevo enfoque de los Estados Unidos. Hace tan solo tres años, los estados miembros resistieron incluso los cambios modestos para fortalecer los instrumentos de defensa comercial de la UE, a pesar de la inundación de las importaciones chinas de acero. La noción de un mecanismo a nivel de la UE para controlar las inversiones chinas sigue siendo un anatema para la mayoría de los líderes europeos.

A principios de 2016, cuando la Administración Trump accedió a la Casa Blanca, los líderes europeos no se planteaban una coordinación más estrecha para restringir el acceso de China a las tecnologías occidentales, un frente público común sobre las prácticas no comerciales de China, o la cooperación en el financiamiento de infraestructura como un contrapeso a la Iniciativa de la Ruta de la Seda de China. Sin embargo, la misma lógica que ha impulsado el cambio de política de los Estados Unidos tiene que llevar a Europa a cambiar su postura. De ahí que en marzo pasado, los jefes de estado europeos debatieran un nuevo documento de estrategia de la Comisión Europea que describe a China como un "competidor económico en la búsqueda de liderazgo tecnológico, y un rival sistémico que promueve modelos alternativos de gobierno". Las propuestas en el documento tienen como objetivo cambiar las políticas en áreas que van desde la adquisición a los datos, las reglas antimonopolio a las telecomunicaciones, la estrategia industrial a la inteligencia artificial.

Diversos análisis de la revista Foreign Affairs profundizan en la necesidad de un cambio en la política europea hacia China. Aunque es probable que ningún político europeo adopte una postura públicamente agresiva con respecto a China como hizo EEUU. Pero se apunta que los líderes del continente están cada vez más de acuerdo en ciertos principios subyacentes: a saber, que la competencia con China ahora requiere una revisión integral de los instrumentos de política, y que el período de apertura asimétrica hacia China ha terminado. El presidente francés, Emmanuel Macron, antes de la reciente cumbre europea, caracterizó el momento como un momento de "despertar europeo".
Analistas estadounidenses señalan que a la experiencia habida en las relaciones UE- China, habría que sumar una serie de hechos relevantes que están teniendo lugar. Como son, sin duda, los desarrollos políticos y de seguridad que han jugado un papel importante, desde el creciente autoritarismo de China bajo el presidente Xi Jinping hasta sus esfuerzos por extender la influencia política en Europa. Los impulsores más fuertes del cambio, sin embargo, son económicos. Europa ha perdido la esperanza de que China reforme su economía o permita un mayor acceso a sus mercados, y al mismo tiempo, los actores respaldados y subsidiados por el Estado chino han avanzado en sectores que Europa considera críticos para su futuro económico. La implementación de Made in China 2025 (un plan de diez años para acelerar el desarrollo de industrias de alta tecnología), una serie de tomas de control en China y la exportación de las prácticas económicas nacionales de China a terceros países por parte del BRI sugieren una amenaza que es Uniéndose con la inmediatez real.
Cuando se trata de China, las preocupaciones comerciales e ideológicas a menudo se entrelazan. El alcance cada vez mayor del Partido Comunista Chino en el sector privado, la exportación de las normas de vigilancia y de Internet de China a través de sus compañías de tecnología, el uso de la coerción económica contra los estados y las empresas europeas, y el impacto de las finanzas chinas en la situación política y económica de los países en vías de adhesión a la UE son algunos de los ejemplos de este tipo de líneas borrosas. Los políticos europeos comúnmente se refieren a China como un "competidor sistémico", un término acuñado no por los defensores de los derechos humanos o los grandes estrategas, sino por la Federación de Industrias Alemanas. La vieja historia era que los intereses comerciales europeos impedían adoptar una postura más dura sobre China. Hoy en día, el cálculo cambiante de los beneficios económicos y comerciales es precisamente lo que ha endurecido la posición de Europa.
La idea de que Europa se ha vuelto más agresiva con China puede parecer contraria a la intuición: después de todo, como mencionamos al comienzo de este texto, Italia acaba de convertirse en el primer miembro del G-7 en ingresar en la iniciativa Belt y Road. Y en la Unión Europea ciertamente existen  discrepancias internas sobre los asuntos políticos y económicos con China, sean sobre el Mar de China Meridional, los riesgos asociados a la inversión china, la presencia de compañías chinas en las redes de telecomunicaciones europeas y otros temas relacionados con China. Es sabido que los “disidentes“, como Hungría y Grecia, en ciertos casos bloquean lo que de otro modo habrían sido las posiciones de consenso.
Pero Europa también ha mostrado unidad en China en áreas cruciales. En los últimos años, Bruselas ha reforzado sus poderes para actuar en contra de los subsidios y el dumping de precios, permitiéndole imponer aranceles más altos a las importaciones chinas excesivamente baratas. Europa también se ha negado a otorgar a China el codiciado estatus de economía de mercado en la OMC, estableció un nuevo proceso para coordinar la selección de inversiones para las amenazas a la seguridad nacional y diseñó una iniciativa de conectividad para competir con el BRI. En algunos de estos casos, Europa adoptó una posición dura frente a la intensa presión china. En la medida en que algunos de los grandes estados miembros tienen relaciones bilaterales privilegiadas con China que pueden socavar los mayores esfuerzos europeos, los líderes finalmente están comenzando a remediar el problema. Macron invitó al presidente de la Comisión de la UE, Jean-Claude Juncker, y a la canciller alemana, Angela Merkel, a unirse a sus reuniones con Xi durante la reciente visita bilateral. La cumbre UE-China que organizará Alemania el próximo año también será la primera en incluir a los jefes de gobierno de todos los estados miembros de la UE, un cambio destinado a abordar las preocupaciones de los países más pequeños sobre su falta de tiempo frente a los altos líderes chinos. 
Ciertamente los estados de Europa central se han desilusionado con la falta de beneficios económicos que se ofrecen y ahora coordinan el 16 + 1 mucho más estrechamente con la Unión Europea. Incluso Italia, al firmar un acuerdo político referido, realizó simultáneamente movimientos que permitirían a Roma excluir a Huawei de sus redes 5G. El alcance político y la influencia de China en Europa están creciendo, pero las raíces de estas relaciones son superficiales.  Los países europeos están de acuerdo en que el comportamiento chino requiere cambios significativos en el enfoque de Europa, pero los debates resultantes reflejan preguntas más profundas sobre el futuro del modelo europeo y el mercado único, no solo las relaciones con Pekín.
Y, desde luego, respecto a cualquier cooperación con los EEUU actualmente, hay que admitir que la desconfianza transatlántica es demasiado alta. –