lunes 9 de enero de 2012

Por qué la salida del euro es MUY improbable



La desintegración del euro no es impensable sino únicamente muy costosa, aseguraba el semanario británico The Economist en diciembre de 2010 con la foto adjunta como portada bajo el rótulo Don´t do it. What breaking up the euro would mean (No lo hagas. Lo que significaría la desintegración del euro). Y con el apoyo de un pormenorizado análisis afirmaba que un colapso del euro traería consigo costes políticos, económicos y técnicos sin precedentes.

Esa misma conclusión podemos encontrarla un año más tarde en el libro-crónica de Josep Borrell y Andreu Missé (La crisis del euro. De Atenas a Madrid. Turpial, 2012), que resume unas extensas conversaciones entre el político europeo y el periodista de El País analizando con claridad y bastante solvencia los problemas del euro durante los casi dos últimos años. No digo que sea imposible que ocurra la salida del euro; pero sí que el remedio sería peor que la enfermedad, afirma el ex presidente del Parlamento europeo.

Los riesgos que exponen son evidentes y se resumen así.

El primero es el vacío jurídico. No está previsto en los tratados europeos que un país salga del euro. El tratado de Lisboa únicamente prevé la salida de la UE. Por tanto, un país tendría que salir primero de la Unión y renunciar a las ayudas de los fondos estructurales, de la política agrícola, etc. Después vendrían los problemas prácticos.

El segundo es cómo se hace la salida del euro. Si la decisión de la salida es unilateral, por sorpresa, los riesgos serían imprevisibles. Si es preparada o negociada provocaría una grave fuga de capitales. Y se podría repetir la experiencia del “corralito” como en Argentina. Habría que imponer un control de los movimientos de capitales (sin salir de la UE no podría porque el tratado de Lisboa lo prohíbe) con fuertes costes sociales y económicos. La teoría de la salida dulce y tranquila es una pura ficción.

El tercero es la indefinición de la cuantía de la devaluación de la nueva moneda, algo que olvidan quienes proponen la salida del euro como solución a la crisis. Y esa cuantía la decidirían los famosos mercados y no habría forma de controlarla. Lo más probable sería encontrarnos con una híper devaluación. El ejemplo es Argentina, que en 2001 rompió su cambio fijo con el dólar (1 peso=i dólar USA). El gobierno decretó un cambio de 1,4 pesos/dólar pero, seis meses después, el cambio estaba en 4 pesos/dólar. Es el riesgo de la caída descontrolada del tipo de cambio de la nueva moneda.

El cuarto es el grave problema financiero. La deuda pública y la privada están denominadas en euros y tras la salida seguirán estando en euros. Y su valoración habría aumentado en la misma proporción que se devaluara la nueva moneda. Como el problema de los países, propuestos para la salida del euro, es el excesivo endeudamiento, este problema se habría agravado., aunque la devaluación llevara consigo una reestructuración de la deuda pública en euros, de manera que no se pagara una parte de la misma. Tanto en ese caso como sin ese acuerdo, una salida del euro llevaría consigo el riesgo del default o suspensión de pagos de los intereses o del principal. Como el país que abandonara el euro seguiría teniendo un fuerte déficit primario (descontando los intereses de la deuda externa), al día siguiente de la salida del euro, el país tendría que pedir financiación exterior. Y añadimos a su pérdida de credibilidad, el riesgo del tipo de cambio ¿a qué tipo de interés lo obtendría?

Los problemas de salir del euro no serían menores para Alemania, que exporta el 45 % de su PIB y es el mayor acreedor de la zona del euro. El análisis de The Economist –conocido por su escasa simpatía por el euro - los exponía crudamente. Los exportadores alemanes sufrirían un alza considerable del cambio del nuevo marco, que reduciría su capacidad para vender fuera. A los bancos alemanes afluiría el dinero y crecerían sus depósitos, pero se devaluarían sus grandes activos de la zona del euro; y hay que tener presente que Alemania es el mayor acreedor del sistema.

Por consiguiente, como ya tenemos escrito, la solución a la crisis europea tiene que lograrla la política y vendrá de los bancos que la han creado, cuyos problemas ahora van parejos a los de los gobiernos. Entretanto y al final, el problema para los ciudadanos es que, dado el consenso neoliberal imperante, el reparto de los costes es y será injusto tanto más cuanto más tarde la respuesta social o el renacer de una izquierda de nuevo cuño.-

sábado 31 de diciembre de 2011

¿Otra Europa para 2012?



Entre los estudiantes continentales que en los sesenta acudíamos a Inglaterra para aprender inglés, se solía contar una historieta sobre el sentimiento isleño de los ingleses de ser el ombligo del mundo. Se contaba que, tras la Segunda guerra mundial, habiéndose roto los cables telefónicos submarinos con el continente europeo, la prensa inglesa del día siguiente anunciaba que el continente se había quedado aislado. Tan sorprendente les resultó el acuerdo europeo del pasado día 9, que el Financial Times digital ofrecía la noticia bajo el título “Eurozone leaves Britain isolated” (El acuerdo de la Eurozona deja aislado al Reino Unido). Pero al tratar de insertarla en Facebook, el título se transformaba en: “EU leaders fail to agree treaty changes” (Los líderes de la UE no logran acordar cambios en el tratado). Y horas más tarde, rectificaba el texto digital que seguía firmado por los mismos reporteros con nuevo título “Britain´s cold shoulder for Europe” (El Reino Unido hace el vacío a Europa). Destacar esto es algo más que coger titulares con un papel de fumar; porque refleja, sin duda, el inicial desconcierto de la opinión publicada británica ante el acuerdo logrado por Merkozy; que aunque anunciado resultó inesperado al dejar fuera de juego a Cameron, empeñado en que ningún futuro tratado acabe con el paraíso financiero-fiscal de la City. Aunque los “expertos” con intereses profesionales en el sector, percibieron como acierto esa decisión de Cameron y los ejecutivos y traders de la City se regocijaron porque el Reino Unido no aparecía en la “Declaración de los jefes de estado y de gobierno de la eurozona”, tal vez este acuerdo podría ser beneficioso para avanzar hacia otra Europa; siempre que la conclusión del tratado previsto en Marzo próximo, deje fuera al Reino Unido. La historia ha demostrado que De Gaulle tenía razón al oponerse a su ingreso; porque una vez dentro, los británicos han sido un duro obstáculo al desarrollo de una Europa política. La City londinense y su red de paraísos fiscales y financieros es una inmensa filial de Wall Street; y se ha opuesto ferozmente a cualquier regulación europea seria de los hedge funds o fondos especulativos que controla en un 90 %.

Lo cierto es que actualmente todo indica que se está librando una sorda batalla entre la banca anglosajona con su red de centros offshore y una gran parte de la banca francesa y continental, menos financiarizada (menos dependiente del puro negocio de la especulación financiera) y más necesitada de apoyo político, léase financiero, para salir de la problemática situación actual. Porque el encarecimiento de la financiación de los gobiernos y la consiguiente devaluación de sus carteras de bonos soberanos en euros, también obstaculiza seriamente la obtención de préstamos y la fluidez de los mercados interbancarios globales, donde acuden por el dinero que necesitan cuando menos para su recapitalización debido a sus valores tóxicos, sin compradores. Tal vez esa sea una de las razones por las que la Europa a dos velocidades ahora predefinida, se haya trazado por donde nadie esperaba, dejando fuera al Reino Unido.

Por tanto, habría que distinguir sobre todo en el Eurogrupo, dos problemas de fondo. El primero y más urgente es salir del atolladero actual a corto plazo o, if possible, a cortísimo plazo, para que la llamada prima de riesgo baje a límites soportables y se amainen o detengan los recortes. Y el otro, a medio plazo, es más difícil de lograr porque es estructural: hay que romper la brutal sumisión de los gobiernos a los mercados financieros y regularlos. Que el mero anuncio de un referéndum en Grecia sobre un nuevo plan europeo de rescate, desatara el pánico en la UE y disparara la llamada prima de riesgo; y que eso trajera un gobierno tecnócrata sin pasar por las urnas; e igualmente en Italia sin elecciones, surgiera otro tecnócrata como primer ministro, nombrado senador el día anterior, con idéntico objetivo de calmar los mercados a costa de los más débiles, son cosas que resultan insoportables para cualquier europeo y un fracaso inaudito de estas democracias europeas semiasociadas. De la misma manera que lo es el carácter defensivo del citado acuerdo Merkozy frente a los potentes mercados.

Sin embargo, la posibilidad de ruptura del estatu quo europeo alienta esperanzas. Si, por un lado, Merkel ha accedido a que los británicos tenga un observador en las reuniones del nuevo tratado al que se oponen; por otro, ha sido fuerte la irritación inglesa por las palabras del gobernador del Banco central de Francia criticando el favoritismo político de las agencias de calificación crediticia, al afirmar que el Reino Unido tiene más razones objetivas que Francia para que le bajen la triple A. Confiemos, pues, en que el nuevo acuerdo nos saque del estatus quo actual y nos deje ver la pluralidad soterrada de la derecha europea gobernante, porque no toda ha visto con buenos ojos que el Fondo europeo de estabilización apelara a China sin éxito para pedirle inversiones financieras. Es obvio que este no es el nuevo tratado que los ciudadanos necesitamos, pero esperemos que saque a toda la izquierda de su atonía intelectual y elabore un discurso europeo propio que vaya a las raíces de la globalización de los mercados financieros. Con otra Europa para 2012.-

martes 8 de noviembre de 2011

El problema de Grecia gestado por la banca


(Publicado en diario Público 6/11/2011)



La presión europea para la suspensión del referéndum en Grecia incrementa la responsabilidad de la Unión sobre el problema griego, que hay que recordar que arrancó con las trampas de la banca financiera y el laissez faire de la Comisión, con la industria del armamento y la corrupción de altos funcionarios; y además por la carencia de un gobierno democrático europeo.

Los mismos trucos de Wall Street que alimentaron las hipotecas subprimes precipitaron la crisis que sacude Grecia y socava a la UE, al haber permitido ocultar su endeudamiento a sus socios europeos, como contó el New York Times en febrero 2010, meses antes de que “los mercados” tomaran el mando. En noviembre de 2009, el banco de inversiones Goldman Sachs ofrecía sus servicios al recién elegido gobierno socialdemócrata griego, que acababa de revelar la falsificación de los informes presentados por sus antecesores a Bruselas ocultando el incumplimiento de las reglas de Maastricht. Esta vez el nuevo gobierno dijo que no, pero ocho años atrás los gobiernos conservadores negociaron con Goldman Sachs (cuyo vicepresidente era entonces, Mario Draghi, ahora presidente del BCE) y JP Morgan la creación de “instrumentos financieros” destinados a engañar a Bruselas, camuflando como operaciones con divisas lo que eran simples préstamos. El mecanismo fue una modalidad de derivados de crédito que siguen sin tener regulación, los swaps o permutas de tipos de interés para la emisión de deuda griega en dólares y yenes, que se permutaba por deuda en euros durante un periodo, para luego en fecha posterior ser intercambiada de nuevo a las divisas originales. Esas operaciones se contabilizaban como ventas en divisas cuando en realidad eran préstamos bancarios encubiertos. Y Grecia recibía una suma mucho mayor que el valor que tenían los bonos en el mercado del euro; por ejemplo, con 10,000 millones de dólares o yenes en bonos, gracias a Goldman Sachs los griegos camuflaban un crédito adicional de hasta 1,000 millones.

Y ese crédito disfrazado de “swap de tipos de interés” no aparecía en las estadísticas europeas. ¿Por qué? Pues, por el principio vigente en la UE de no interferir en los mercados financieros, de modo que no se controla todo lo que sean derivados de crédito ni se tienen en cuenta para Eurostat, la Oficina de estadísticas europeas. Y como la comercialización de estos productos se sigue realizando en mercados no regulados, fuera de las bolsas oficiales, no hay constancia oficial de esos acuerdos. Aunque Eurostat había informado a la Comisión que Atenas había enmascarado durante años su déficit, en particular, ocultando que entre 1997 y 2003 el país había incrementado su endeudamiento con la compra de armamento por valor de 9.000 millones de euros, gracias a créditos bancarios internacionales.

Submarinos por rescate

En el verano de 2010, el eurodiputado de los verdes, Daniel Cohn Bendit, pedía el desarme de Grecia y Turquía y denunciaba en el Parlamento europeo la venta de armas de Alemania a Grecia mientras la UE le estaba obligando a duros recortes presupuestarios. Desde marzo de ese año, diversas informaciones recogían comentarios en privado de funcionarios griegos sobre la presión de Berlín y París que utilizaban la crisis para impulsar las negociaciones sobre la venta de armas y los pagos pendientes. Entretanto, Alemania aprobaba los 22,400 millones de euros, que eran su parte del plan europeo de rescate de las finanzas griegas; y aquellas negociaciones daban lugar a investigaciones de la Fiscalía de Munich por la posible corrupción de políticos griegos y directivos de empresas alemanas, según la RTV alemana Deustche Welle. Dentro de un largo proceso, altos cargos de la Marina, expertos y funcionarios griegos negociaron con directivos de la constructora alemana de submarinos Thyssenkrupp Marine Systems (TKMS) y sus socios de Abu Dhabi Mar, cuándo y cómo pagaría Grecia los millones de euros adeudados por la compra de unos submarinos, además de decidir el futuro del astillero griego de Skaramanga; y una nueva compra de submarinos alemanes. Estas negociaciones llegaron a la opinión pública alemana y también a la griega, que explicaría la fuerte irritación ciudadana frente a los escandalosos recortes aprobados por el gobierno.
Más aún, para ultimar el segundo rescate de Grecia con la aquiescencia de Alemania, en junio de 2011 el primer ministro griego Yorgos Papandreu designaba como ministro de finanzas y viceprimer ministro a Evangelos Venizelos (ahora contrario al referéndum propuesto), que hasta ese momento era ministro de defensa y conocedor a fondo de los contratos de compras de armamento. Aunque oficialmente el reajuste ministerial tenía como objetivo negociar y aprobar ayudas y más recortes del gasto público con Bruselas y el FMI, fue capaz de lograrlo junto a los acuerdos sobre armamento.

Y es que Grecia es el mayor comprador de armas de Europa y con el mayor ejército de los países de la OTAN en proporción a sus habitantes, que en la década última ha gastado 50.000 millones de euros en Defensa, traducidos en sustanciosas ganancias para las empresas suministradoras alemanas, francesas y estadounidenses. Y es obvio que los gobiernos alemán y francés están presionados por sus propios bancos, que como ya es sabido son los principales acreedores de Grecia, aunque se hayan ido desprendiendo de los bonos griegos en sus carteras.-

lunes 12 de septiembre de 2011

LOS GOBIERNOS DESPOLITIZADOS


(Publicado en diario Público 12 Sepbre 2011)


No hace mucho un ministro del gobierno Zapatero y dirigente del partido socialista sostenía que las elecciones generales no iban a resolver la crisis, como ha sucedido en Portugal y Reino Unido. Y desde luego, los nuevos gobiernos de signo opuesto a los anteriores no han evitado las duras medidas de ajuste fiscal y los recortes sociales. Pero lo más significativo es que no han variado el sentido y las razones de los ajustes, el discurso político en suma. He ahí una muestra de que en el complejo entorno actual, los problemas no se resuelven con el cambio de gestores sino con el cambio de políticas.

Frente a la crisis de la globalización neoliberal y del Eurogrupo, el fenómeno del sometimiento a los mercados financieros está alcanzando a los gobiernos de modo similar a cómo alcanzó a las grandes empresas hace años, como fenómeno económico y político. Nuestros gobernantes europeos de uno y otro signo han asumido abiertamente aquella afirmación de Margaret Thatcher de “no hay alternativa”; e incluso los gobernantes de la izquierda han optado por erigirse en gestores de los intereses de “los mercados”, a los que apelan para justificar medidas impresentables para sus votantes.

Desde que las empresas se convirtieron en conglomerados o grupos empresariales con proyección global, los ahorradores y las familias que solían ser los accionistas mayoritarios en los países más desarrollados, fueron sustituidos por los grandes bancos y otras entidades inversoras como los nuevos propietarios que les daban nuevo rumbo bajo directivos de nuevo cuño. La gran banca, las firmas de capital riesgo, los fondos especulativos, etc., que dominan los consejos de administración, no solamente marcan los objetivos de los grupos empresariales que controlan financieramente sino que han definido un nuevo modelo de gerente. Hasta no hace mucho, el director de la empresa solía ser un experto en el producto o la actividad que había dado vida a la empresa industrial o de servicios, conocedor del negocio e interesado por su explotación y por todos sus elementos. Pero en las últimas décadas, las corporaciones controladas por las finanzas han impuesto el modelo de directivo “generalista”, un gestor profesional que ignora los detalles del negocio pero que gestiona cualquier tipo de empresa. Es el modelo de la empresa como “agencia” de los mercados financieros, analizado por economistas heterodoxos estadounidenses. Entre nosotros, hace tiempo que la Telefónica dejó de estar dirigida por ingenieros para ser dirigida por gestores de sus finanzas que alzan cotizaciones con ERES.

De modo similar, los gobernantes que antes se regían por principios, ideas y valores de izquierda, ahora se muestran como “generalistas” capaces de administrar cualquier proyecto de gobierno. Nuestros gobernantes han asumido los intereses de “los mercados” en sus manifestaciones públicas de tal modo que recuerdan el entusiasmo con el que los renovados gestores de las corporaciones asumían “la creación de valor para el accionista” (el incremento del valor de las acciones) como reflejan las memorias anuales de las multinacionales del IBEX 35. De ahí que “los mercados” estén imponiendo la salida de la crisis que más beneficia a sus intereses con empobrecimiento de la ciudadanía.

Por ejemplo, para estos nuevos gestores exitosos de conglomerados empresariales, una filial o sociedad del grupo es solo un activo líquido, del cual el grupo puede desprenderse en los mercados de capitales si no ha alcanzado determinados niveles de rentabilidad. Igualmente, para nuestros gestores políticos un organismo público determinado o incluso las centenarias Cajas de ahorro son también activos líquidos cuyos fallos de gestión o de cuentas se resuelven con su venta, cualesquiera que fuesen los fines para los que surgió o su razón de ser.

Quienes han analizado los procesos de financiarización de las corporaciones concluyen que los gerentes han de gestionarlas en favor de los nuevos propietarios o accionistas sean los grandes bancos o los fondos; porque se les contrata no para que la empresa alcance nuevos horizontes y genere sustanciosos dividendos sino para que logre creación de valor para los accionistas, consiguiendo la subida de la cotización de las acciones y estos, grandes ingresos con su venta en las bolsas. Y a un gerente se le cambia si, por el apego a la tecnología, a la rentabilidad o a la historia de la organización, no responde a aquellos objetivos de lucro financiero y no maximiza el valor bursátil de la empresa.

Así llegamos a la situación actual en que “los mercados” contemplan a los gobernantes como gestores de sus intereses más que de los programas aprobados por los votos de sus electores. De ahí que desde que la gestión gubernamental se desideologizó, los gobernantes resulten intercambiables para el votante, cualquiera que sea el partido al que representen. Y aunque no parece que este fuera el sentido de la afirmación del citado ministro, es cierto que los problemas de la crisis no se resuelven con el cambio de gobierno sino con el cambio de políticas, dentro de España y en el horizonte europeo donde se toman gran parte de las decisiones clave para la vida de los ciudadanos.-


http://blogs.publico.es/dominiopublico/3990/los-gobiernos-despolitizados/#comments

jueves 14 de julio de 2011

Los mercados, financieros por supuesto



(Publicado en la revista Temas para el debate.Nº200.Julio 2011)

Desde la primavera de 2010, los españoles se encontraron con que la expresión “los mercados” se asociaba con nuevos planes de política económica que cambiaban el discurso del gobierno y que ese cambio significaba recortes concretos del gasto social, de retribuciones de los funcionarios y congelación de pensiones y privatizaciones. Las decisiones del gobierno tenían que someterse a los dictados de los mercados internacionales de la deuda pública con coste creciente para los préstamos a los que acudía el gobierno y con el temor de no encontrar compradores de esa deuda para equilibrar las cuentas, deterioradas con la crisis.

Hasta entonces, se había ignorado por autoridades y ciudadanía que esos “mercados” habían suministrado el abundante dinero barato derrochado en la especulación inmobiliaria y en el consumo suntuario. Pero, llegada la crisis y la consiguiente disminución de la recaudación tributaria, el gobierno dependía de los prestamistas internacionales; porque a lo largo de las últimas décadas, el Estado se ha ido desprendiendo de las fuentes propias de ingresos públicos, que habían quedado reducidas a los impuestos. Como en el caso de la mayoría de los Estados de la Unión Europea, las privatizaciones del patrimonio estatal les han hecho dependientes en un 90 % de sus ingresos fiscales sujetos al albur de la coyuntura económica; y de la financiación internacional cuando flaquea el ahorro nacional. Y para colmo la competencia fiscal intraeuropea para atraer al capital ha conducido a sucesivas bajadas de impuestos, consideradas incluso política de izquierdas; y con la recesión, se han endeudado fuertemente con el exterior al garantizar inclusive el fuerte endeudamiento de sus bancos y cajas de ahorro en apuros a los que ha dado su aval hasta 100,000 millones de euros en España.

Desde mayo del año pasado, tras la expresión “los mercados” se asume el peso del entramado financiero mundial que busca rentabilidad para su dinero; todo un poder global que sufren, en especial, los gobiernos más débiles políticamente o más necesitados de financiación. Y se acepta la idea de la globalización de la banca, de los mercados financieros que dominan la economía productiva y de la supeditación de las políticas gubernamentales a la rentabilidad bancaria y de los fondos especulativos sin fronteras. Para el Fondo Monetario Internacional la idea de mercado es una herramienta intelectual para conformar todas las realidades económicas y políticas, como es el caso de las sociedades instrumentales que se domicilian en ciertos países y territorios, donde no realizan actividad económica local, para operaciones comerciales o financieras internacionales y a las que considera parte del mercado global de servicios financieros.

Y en esos mercados de servicios juegan también las conocidas agencias de calificación de riesgos crediticios que dan su calificación a las acciones de una empresa cotizada o de un banco igual que a un país. Un mercado donde las tres principales agencias se reparten ese servicio aceptado mundialmente a pesar de haber sido declaradas culpables en parte de la crisis financiera global, que es una de las conclusiones de la investigación sobre la crisis llevada a cabo por el Congreso estadounidense. Y estas empresas privadas siguen insertas sólidamente en casi cualquier parte del sistema financiero mundial. Se utilizan por los inversores para decidir en lo que quieren invertir; se utilizan para el cálculo del capital que necesitan los bancos, las compañías de seguros y otras entidades financieras; y se utilizan por el BCE para el cálculo de los recortes en la valoración de activos de los repos, préstamos a los bancos con garantía de activos; junto con muchas otras aplicaciones.

En el lenguaje actual el concepto de mercado traslada la idea de libertad de acción y por tanto de invención de nuevos productos que son objeto de intercambio comercial. En ningún campo económico se expresa con mayor claridad esta concepción ideológica del mercado como en el mundo financiero sin fronteras. Lo reflejaba muy bien la presentación de la guía del visitante de Bolsalia, la feria de la bolsa y los mercados financieros celebrada en mayo 2011 en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid. Frente al entorno económico de cifras alarmantes de paro y falta de crédito para las empresas productivas, esta XII edición de Bolsalia se presentaba como un escenario “más optimista y más prometedor que el del pasado año”. La alta volatilidad existente en los mercados (financieros) ha ofrecido y ofrece importantes oportunidades a los inversores que deciden asumir un mínimo de riesgo, decía. Un millar de expertos ofrecían productos para invertir, desde acciones en grandes empresas productivas hasta productos innovadores complejos para el trading, la compraventa especulativa, como los CFD o contrato por diferencia que son apuestas sobre las fluctuaciones de los precios de divisas, materias primas, etc., sin tener divisas o materias primas; por tanto el “inversor” puede obtener beneficios en mercados tanto alcistas como bajistas.

Pero la atención pública de medios y de gobierno se centra en los mercados de los bonos del Tesoro que han de suministrar a los gobiernos la financiación de la recaudación y el ahorro de sus países, donde concurren firmas de inversiones, bancos globales y fondos liderados por “los vigilantes de los bonos” – apelativo anglosajón de los especuladores en deuda soberana - que piden rentabilidad máxima para sus inversiones sin demandas políticas concretas pero preocupados de entrada por los gobiernos “derrochadores” (dicen) y por los riesgos de insolvencia previsible o hipotética. Y en particular atentos a medidas tributarias directas que puedan dañar la rentabilidad de su inversión en bonos soberanos europeos, que siempre estará más garantizada si procede el exterior, por ejemplo de fondos opacos de un fideicomiso (trust) en Suiza.

Una anécdota de la etapa de Clinton ilustra el trasfondo político del problema. A pesar de aquel eslogan famoso electoral de “¡La economía, estúpido!, se cuenta que cuando Bill Clinton llegó como Presidente a la Casa Blanca en 1992, la cuestión clave era si la nueva Administración demócrata incrementaba el gasto público con programas sociales manteniendo la promesa electoral de recortes de impuestos para las clases medias o si optaba por equilibrar el presupuesto con el fin de mantener bajos los tipos de interés y superar el déficit dejado por la anterior Presidencia de Ronald Reagan. Clinton no estaba muy al tanto sobre el peso importante que ya había adquirido la gran banca de inversiones durante la etapa de Reagan, pero su mentor, Robert Rubin, un hombre de Wall Street (y mentor luego de Obama), que había sido el más importante recaudador de fondos para el partido demócrata y entonces director del recién creado Consejo de asesores económicos, defendía firmemente el equilibrio presupuestario y la importancia de establecer una relación cordial con el “mercado de los bonos” pretendiendo dotarse de unas bases sólidas para el crecimiento a largo plazo.

El argumento de Rubin era que el mercado de los bonos del Tesoro estadounidense solía desconfiar de los presidentes demócratas; y si “los operadores” – especuladores, diríamos - de ese mercado sospechaban que Clinton iba a caer en la “irresponsabilidad fiscal”, es decir, en el déficit persistente, exigirían mayores rentabilidades para comprar la deuda del gobierno estadounidense, empujando al alza a los tipos de interés en toda la economía y ahogando así el crecimiento económico. Era la teoría predominante entonces que aún sigue predominando. En consecuencia, al comenzar 1993, bajo la influencia de Rubin - que luego fue nombrado Secretario del Tesoro - en la primera reunión del equipo económico de Clinton se adoptó el acuerdo de que la reducción del déficit debía de ser la primera prioridad con el objetivo de lograr credibilidad ante Wall Street. Y después de adoptarse esa decisión clave para la política futura, uno de los asesores del Presidente, John Carville, comentó: “Yo solía pensar que si hubiera reencarnación, me gustaría regresar de Presidente o Papa o estrella del béisbol. Pero ahora pienso que me gustaría volver como “mercado de bonos” porque puedes intimidar a todo quisque”.

Tras la ironía de esa anécdota, se denunciaba la opción política de futuro adoptada, que ahora se esconde tras la expresión “los mercados”. Bastantes años después, el citado informe del Congreso estadounidense sobre la crisis incluye muchas referencias a las medidas desreguladoras adoptadas por la Administración Clinton de las que se deduce claramente que la decisión política soterrada en la anécdota anterior, llevó al desmadre y luego al colapso de Wall Street, evitado por Washington gracias al dinero de los contribuyentes y traspasando la carga de la insolvencia bancaria al Estado.-

sábado 18 de junio de 2011

¿Rescatamos Grecia o la banca?



El Eurogrupo, con sus 17 actuales países y micro países, tiene pendiente el plan sobre el segundo rescate de Grecia y las condiciones de una renegociación de la deuda griega. Igual que la Alemania de los años veinte que no podía pagar las indemnizaciones impuestas por los vencedores de la 1ª GM, Grecia tampoco puede seguir pagando los altos intereses que exigen los “mercados”, es decir, la banca financiera. Es el resultado de la política de “austeridad” impuesta por la Alemania conservadora de Merkel y gobiernos asociados, con recortes sociales y privatizaciones de empresas públicas a pesar de las continuadas protestas sociales.

Y hay dos cuestiones de fondo a resolver, como son el círculo vicioso de la política económica neoliberal y el rompecabezas bancario. Porque está claro el fracaso de esta política europea que agrava el problema de Grecia como sucede con Portugal. "Bancos 1, Portugal 0"; “otro país de la eurozona humillado por sus bancos”, decía el editorial de Financial Times el 6 abril pasado, añadiendo que Lisboa había sacado la bandera blanca porque no podía pagar un interés de casi el 10 % por sus bonos a cinco años. Cuatro días más tarde el primer ministro portugués pedía la ayuda financiera europea que venía descartando para eludir la imposición de las duras condiciones que, tras las recientes elecciones generales, aplicará su sucesor, el nuevo gobierno conservador.

En Grecia se está cumpliendo lo que anunciaban los economistas heterodoxos. Los préstamos europeos y del FMI con altos intereses que imponen recortes del gasto público para reducir el déficit (consolidación fiscal lo llaman) conducen a la disminución de la actividad económica, prolongan la recesión con elevado desempleo que reduce las rentas, el consumo y por consiguiente reduce los ingresos públicos aumentando el déficit, porque el injusto sistema fiscal sigue intacto. Y ante ese deterioro, los bancos que compran los bonos griegos exigen mayor rentabilidad con tipos de interés más altos; lo que supone un mayor coste que a su vez incrementa el déficit público y la necesidad de más préstamos; lo cual aumenta el déficit y… Es el círculo vicioso de una política neoliberal ineficaz y sobre todo injusta y antidemocrática, que se verá alimentado por el nuevo préstamo para Grecia que se negocia de unos 95,000 millones de euros, con cargo al FMI y al fondo europeo, pero con nuevas exigencias de recortes de gasto público y de privatizaciones.

Y el caso es que Grecia ahora no puede pagar lo que ya debe a los bancos. De ahí que por debajo de esas negociaciones y de las declaraciones de cualquier gobernante alemán, francés o quien sea, se esconda el rompecabezas a componer para salvar a la banca y la cara ante los electores. Son como mínimo cinco piezas a componer.

Primera pieza doble: La refinanciación de la deuda griega generada por el primer rescate (reducción de tipos de interés o aplazamientos del vencimiento de los bonos soberanos) significa pérdidas directas para la banca que tiene bonos en euros; e indirectas porque su calificación crediticia bajaría según amenazan las agencias, disminuyendo su cotización.

Segunda pieza: La imprevisible volatilidad del mercado de los famosos CDS, los seguros de impago de la deuda que bancos han comprado o vendido; el precio o margen de riesgo se encarecerá con las consiguientes pérdidas importantes para alguna contraparte. Nadie puede prever nada porque este es el mundo opaco de la especulación financiera.

Tercera pieza: El mismo BCE es uno de los principales tenedores de deuda griega a través de los bancos a los que les prestó dinero con esos activos que compró (repos). Por tanto se suma a la oposición de los bancos privados contra la refinanciación de la deuda griega porque teme los efectos sobre el euro. Aunque, según los analistas del Financial Times (Ft, 5/6/2011), terminará aceptando las pérdidas que le toquen, porque al final serán los contribuyentes del Eurogrupo los que paguen vía sus bancos centrales, si hubiera que recapitalizarlo. La realidad es que hay una falta de transparencia sobre cuales serían los riesgos para el Eurosistema (conjunto del BCE más los bancos centrales).

Cuarta pieza: Aseguran que la refinanciación de la deuda griega (la llaman “re-profiling” , reperfilar ) podría desestabilizar la banca europea con una exposición de más de 180,000 millones de dólares en deuda soberana de Grecia, Irlanda y Portugal; repartida entre los bancos de esos mismos países, los bancos alemanes, franceses y Benelux; y con menor porcentaje otros países (España, 4,4 %). Y está claro que ni los contribuyentes alemanes ni los demás europeos, están dispuestos a aceptar nuevas ayudas públicas a la banca.

Quinta pieza: La presentación del acuerdo europeo debe hacer posible que el nuevo plan de “austeridad” sea aprobado por el Parlamento griego que tendría que aceptar el despido de funcionarios, la venta de entes de servicio público y autorizar a funcionarios de Bruselas que supervisen su aplicación. Lo que están gritando los ciudadanos griegos no cuenta: ya votaron en su día.

En conclusión, para mantener su negocio financiero, sin dar créditos a las empresas y al consumo, la banca rescatada y avalada por los gobiernos vive de la política económica neoliberal de estos gobiernos. De ahí que, con acampadas o sin ellas, al movimiento del 15 M haya que darle la razón.-

(Publicado en diario Público 18/6/2011)

lunes 31 de enero de 2011

¿Qué son los mercados?

En número de Febrero 2011 de la revista TEMAS para el debate se plantean cinco preguntas sobre el asunto del título a las que responden seis “acreditados analistas”, advirtiendo en la entradilla de su sección Temas Candentes que “otros conocidos economistas de perfil *más ortodoxo* declinaron responder a nuestras preguntas”. Reproducimos las respuestas del autor de este blog junto a las preguntas de la citada revista.

1.- Cuando se habla de los “mercados” y sus exigencias ¿a qué o quiénes se están refiriendo algunos exactamente? ¿Existe alguna concreción o alguna visibilidad posible de tales “mercados”?

Cualquier lector sabe que existen los mercados de la vivienda, de las verduras y muchos otros; pero cuando oye o lee “los mercados” intuye que hablan de banca financiera, de fondos de inversión, de los fondos soberanos (de Estados productores de petróleo o con grandes reservas de divisas) y de los especuladores de toda ralea. Son los “prestamistas” de los que dependen los gobiernos que consideran que bajar impuestos es de izquierdas, que se han endeudado fuertemente o que avalan a sus bancos en apuros en vez de nacionalizarlos o dejarlos que quiebren.

2.- Las referencias actuales a los “mercados” ¿esconden algún tipo de pugna de poder? ¿Quiénes son los sectores o núcleos concernidos, en su caso?

Ante todo, tras “los mercados” se esconde el entramado financiero mundial que busca rentabilidad para su dinero; todo un poder global que sufren, en especial, los gobiernos más débiles políticamente o más necesitados de financiación para el logro de sus objetivos. Es el caso de muchos de los Estados de la UE, a los que las privatizaciones del patrimonio estatal les han hecho dependientes en un 90 % de sus ingresos fiscales, sujetos al albur de la coyuntura económica, y de la financiación internacional por la insuficiencia del ahorro nacional.

3.- ¿Por qué se habla actualmente de los “mercados” y no del “mercado” como hacían los economistas clásicos? ¿Se está hablando actualmente de lo mismo que tenían en mente los analistas que estudiaban los mecanismos de asignación de recursos?


“Los mercados” tiene una clara connotación política que va más allá del concepto de “mercado” de que habla la teoría económica clásica. La expresión traslada la idea de la globalización de la banca, de los mercados financieros que dominan la economía productiva y de la supeditación de las políticas gubernamentales a la rentabilidad de la banca y de los fondos especulativos sin fronteras.

4.- ¿Son necesarios algunos de los sacrificios que se reclaman por supuestas “exigencias de los mercados”, como la congelación de pensiones o la supresión de ayudas a los desempleados? ¿Para qué sirven tales sacrificios? ¿Cuál es la racionalidad económica que subyace a la noción actual de “los mercados”?

“Los mercados” o, mejor dicho, “los vigilantes de los bonos” – apelativo anglosajón de los especuladores en deuda soberana - piden rentabilidad máxima para sus inversiones sin demandas políticas precisas, que es tarea de las organizaciones públicas internacionales convertidas en sus portavoces. A los gestores de los fondos de inversión les preocupan los gobiernos “derrochadores” (dicen) y los riesgos de su insolvencia previsible o hipotética. Las medidas concretas para saldar déficits, son responsabilidad de los gobiernos y de su signo político real. La apelación a “los mercados” para aplicar recortes sociales y medidas que ignoran a las rentas altas es una estrategia propia de la Doctrina del shock como relata Naomi Klein, que profundiza en un modelo de economía más abierta al dominio financiero con Estado mínimo.

5.- ¿Cómo puede afectar al funcionamiento de la democracia, a su credibilidad y a la confianza política de los ciudadanos, la actual lógica de “supeditación” a “los mercados”? ¿Existen recelos y desconfianza entre los ciudadanos y los consumidores? ¿Cómo superar, en su caso, tales actitudes?

La reciente historia de los países llamados emergentes nos enseña que la apelación a “los mercados” es un recurso de los gobiernos que aplican recetas neoliberales, con descrédito de la democracia cuando son gobiernos de izquierdas. Porque, como ha escrito la autora citada antes, “las ideas del socialismo en democracia nunca fueron derrotadas en una gran batalla de ideas… sino que fueron expulsadas con terapias de choque en coyunturas políticas decisivas”. -