lunes, 23 de julio de 2018

El Brexit y la fragmentación de la City


Las negociaciones para la salida del Reino Unido de la UE se asemejan a una larga película de intriga en la que los espectadores ya se han dormido. Nobody cares about Brexit (A nadie le importa el Brexit) era el título del informe semanal sobre el Brexit de The Times de Londres del 28 de junio pasado. El gobierno conservador de Theresa May quería transmitir el mensaje de que las negociaciones seguían su curso con los 27 líderes de la Unión Europea durante la cumbre en Bruselas, una de las cumbres más difíciles desde hace años y en la que el asunto del Brexit apenas estuvo en la agenda. Porque la atención estaba puesta en la crisis migratoria que amenazaba la estabilidad del gobierno alemán y el riesgo de un cisma europeo con los nuevos gobiernos euroescépticos en Italia, Hungría y Polonia. Pero quince días más tarde, la propuesta de Theresa May  para un Brexit blando, concretada después en un libro blanco (policy paper: The futurerelationship between the United Kingdom and the European Union ),  provocaba una grave crisis interna del gobierno conservador británico, antes de su presentación a la delegación comunitaria, que acentuaba la incertidumbre sobre cómo será la salida del Reino Unido de la UE.
Salida que, conforme al art. 50 del Tratado, en cualquier caso tendrá lugar en marzo de 2019, aunque los bancos y las empresas y la ciudadanía tengan dificultades para prever el futuro impacto sobre la economía del posible acuerdo o desacuerdo final. De hecho  los parlamentarios tories y el presidente del selecto Comité del Tesoro han solicitado al ministro de Hacienda Philip Hammond, al Banco de Inglaterra y a la Autoridad de Conducta Financiera que supervisa la City, que produzcan un análisis sobre el impacto del acuerdo final del Brexit, antes de la votación final del Parlamento sobre el mismo antes de la fecha límite de ratificación de enero de 2019. Dicho de otro modo, a ocho meses de la fecha prevista para la salida de la UE se ignora el impacto que tal divorcio tendrá para el Reino Unido. Y la duda en el mundo financiero es cuál será el futuro  de la City de Londres como centro del poder financiero mundial.

EFECTOS IMPREVISTOS DE UNA COMPLEJA NEGOCIACIÓN CON INTERFERENCIAS DE LOBBIES

Desde luego todo indica que el futuro de la City de Londres como centro financiero global ha condicionado las negociaciones desde el comienzo; y que en general el gobierno británico ha presentado el Brexit como problema para Europa.

En el referéndum del 20 de junio de 2016, el 51,9 por ciento de los británicos votaron por la salida del Reino Unido de la UE. Y tras la formación de un nuevo gobierno y del desconcierto inicial, desde que las negociaciones para el divorcio arrancaron en junio de 2017, la prensa ha venido revelando las dificultades internas del gobierno británico para ofrecer una posición común, como han demostrado las recientes dimisiones en el gobierno May.

Desde luego, frente a la posición común de los 27 socios europeos desde el inicio, parece que el gobierno británico intentó persuadir a Europa de los riesgos que afrontaría la Unión si se dañaba la posición de Londres como centro de las finanzas mundiales. Un trabajo de investigación encargado por la City of London Corporation y realizado por la consultora Ernst & Young que encuestó a las principales empresas, incluidas Volkswagen y Airbus, habría revelado que las empresas de toda Europa estaban preocupadas por el previsible aumento de los costes de financiación. El gobierno británico incluso llegó a predecir que las empresas europeas alertarían a sus respectivos gobiernos de tener que afrontar mayores costes y posibles interrupciones, presionando a los políticos para que tuvieran esto en cuenta durante las negociaciones del Brexit. En un discurso a finales de junio, el citado ministro de finanzas decía que Europa solo dañaría su propia economía si socavaba el estatus de Londres como centro financiero global, señalando que  "la fragmentación de los servicios financieros daría como resultado una calidad inferior, productos de mayor precio para todos los interesados". Asimismo, en la prensa anglófona numerosas reseñas de informes, declaraciones y entrevistas con decenas de altos ejecutivos de grandes bancos internacionales, abogados, académicos, agencias de calificación y lobistas han descrito algunos de los peligros para las empresas y los consumidores que podría suponer perder potencialmente el acceso a los mercados de Londres. Con estas referencias a documentos e informes de expertos, los medios de comunicación internacionales reflejaban los intereses económicos en juego y aquellos defendidos por relevantes agencias de lobby.

Disminuye la inversión financiera extranjera

Lo cierto es que la economía británica ha venido acusando los efectos del largo proceso del Brexit tras el referéndum. Muchas inversiones, fusiones y adquisiciones empresariales quedaban a la espera del final de esas negociaciones; se frenaba el bum inmobiliario en Londres y las entidades financieras anunciaban posibles planes de deslocalización. 
De modo particular, la industria británica de servicios financieros está sufriendo una caída en la inversión extranjera, mientras que algunas de sus contrapartes europeas disfrutan de grandes ganancias. Hace días Bloomberg informaba que el sector financiero británico había atraído 78 proyectos de inversiones extranjeras directas durante 2017, un número inferior a los 106 proyectos en 2016 aunque aquel número es el mayor de Europa; mientras que este tipo de proyectos de inversiones extranjeras directas crecieron significativamente en número en Alemania, Francia o Luxemburgo durante el pasado año. La inversión extranjera en las firmas británicas de servicios financieros cayó un 26 por ciento el año pasado, según un informe publicado por la consultora  EY (Ernst & Young, ahora mundialmente conocida como EY). Durante el mismo período, Alemania experimentó un aumento del 64 por ciento, mientras que la cifra de Francia se duplicó con creces. Londres aún atrae más inversiones internas en servicios financieros que cualquier otra ciudad de la UE, pero la brecha con París, Frankfurt y Dublín se está reduciendo, asegura EY.

Con las conversaciones entre el Reino Unido y la UE estancadas desde marzo, los bancos se apresuran a establecer nuevos centros comerciales en otras partes de la región. Los reguladores de la UE han dejado claro que esperan que los bancos establezcan operaciones independientes a gran escala dentro del bloque comercial en un número significativo. En resumen, han abundado las elucubraciones en el sentido de que los bancos podrían transferir algunas operaciones al continente europeo cuando el Reino Unido abandone la UE, y que eso podría hacer subir los costes financieros para las empresas y bancos europeos. Al final tanto las Islas británicas como el continente europeo sufrirían, según las investigaciones de Reuters. (HowBrexit is set to hurt Europe’s financial systems, investigación de Reuters,12/7/2017)

Sin pasaporte financiero

Ciertamente al final Brexit dará lugar a una legislación que cambiará las fronteras de la Unión Europea. Hasta hace poco, la literatura en torno al Brexit señalaba que la reconfiguración de las finanzas europeas dependería de lo que ocurriera con el llamado pasaporte financiero de que disponen las entidades bancarias del Reino Unido, que permite que los productos financieros, como préstamos e hipotecas y vehículos de inversión de Londres creados bajo reglas más laxas y orientadas al riesgo, se vendan en todo los restantes países europeos. Desde luego, si se hubiera mantenido la validez del pasaporte bancario europeo tras el Brexit, la City habría continuado sirviendo al continente sus productos y servicios financieros mediante el soporte digital necesario. Pero, publicado el citado libro blanco sobre el Brexit del gobierno May, todo indica que no será así: habría una unión aduanera para mercancías y una zona de librecambio para servicios, pero casi todo por acordar.

Lo que sí admite el propio libro blanco británico sobre el Brexit (párrafos nº 60-66) es que el Reino Unido ya no podrá operar bajo el régimen de "pasaporte" de la Unión, que es algo intrínseco al Mercado Único, cuando deje de ser miembro. Como la decisión sobre si el Reino Unido debería tener acceso a los mercados de la Unión y en qué condiciones será competencia de la misma, y viceversa, se hace necesario un enfoque coordinado que conduzca a una regulación compatible que promueva la estabilidad financiera y evite el arbitraje regulatorio, es decir, que las entidades y particulares no puedan elegir la regulación más favorable. En este contexto, el Reino Unido propone un nuevo acuerdo económico y normativo con la UE en materia de servicios financieros, que mantendría un mercado financiero transfronterizo en un marco negociado entre el Reino Unido y la UE. Aunque, en esta propuesta del libro blanco, el Reino Unido reconoce que este acuerdo no puede replicar el régimen del pasaporte financiero de la UE.

LA RELEVANCIA FINANCIERA DE LA  CITY

El libro blanco del gobierno de Theresa May (apartado nº 58) resume la relevancia financiera de la City londinense en relación con Europa:

Los mercados de servicios financieros del Reino Unido y la UE están muy interconectados: los bancos del Reino Unido suscriben alrededor de la mitad de la deuda y el capital emitidos por empresas de la UE; los  bancos ubicados en el Reino Unido son contrapartes de más de la mitad de los derivados extrabursátiles negociados por Compañías y bancos de la UE; alrededor de £ 1.4 billones de activos son administrados en el Reino Unido en nombre de clientes europeos; el mercado de los seguros de Londres líder mundial alberga a las veinte compañías de reaseguros más grandes del mundo; y se registra más actividad bancaria internacional en el Reino Unido que en cualquier otro país. Este mercado interconectado tiene beneficios para los consumidores y las empresas en toda Europa”.

La Unión Europea necesita el dinero de Londres, aseguraba Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra, que  calificaba al Reino Unido como "el banquero de inversiones de Europa"; y sostenía que la mitad de todas las deudas y acciones emitidas por la UE involucran a entidades financieras del Reino Unido. Y los banqueros aseguran que es probable que varias áreas se vean afectadas cuando el Reino Unido deje la UE, según los datos que registra la investigación documentada de Reuters referida. La primera es la capacidad de Europa de vender deuda soberana. En la actualidad, cuando un país, digamos Portugal o Grecia, necesita vender deuda soberana para mantener funcionando sus hospitales o escuelas, recurre a los mercados de bonos organizados principalmente por bancos en Londres. Actualmente, las firmas con sede en Londres son responsables de negociar alrededor del 70 por ciento de la deuda soberana en Europa, según los banqueros. Pero en 2017 algunos bancos ya se estaban retirando de la organización de las ventas de bonos porque no resultaba rentable.

Una segunda área que puede sufrir es la venta de derivados para que las compañías compren protección contra los cambios en el dólar estadounidense o los picos en el precio del petróleo. Los banqueros dicen que sus rivales en Londres ofrecerán una gama más pequeña de productos y con un costo mayor porque habrá menos bancos que ofrezcan estos servicios.

Una tercera área que puede verse afectada es la compensación de derivados denominados en euros, una actividad que domina Londres. Los responsables políticos de la UE quieren que dicha compensación, que garantiza la finalización segura de un intercambio, se traslade a la zona del euro después del Brexit. Los financieros dicen que eso aumentaría los costos de negociación para los clientes continentales que negocian en una variedad de monedas porque tendrán que encaminar las operaciones a través de varias cámaras de compensación, lo que les exigirá mayores garantías para respaldar esas transacciones.

Actualmente, Londres alberga la mayor cantidad de bancos del mundo y alberga el mayor mercado de seguros comerciales, se afirma en la citada investigación. Alrededor de seis billones (trillion) de euros (6,8 billones de dólares), o el 37 por ciento, de los activos financieros de Europa se gestionan en la capital del Reino Unido, casi el doble de su rival más cercano, París. Y Londres domina la industria de banca de inversión de 5,2 billones de euros de Europa. Los mercados de Londres aseguran desde reactores nucleares franceses hasta barcos griegos. Los fabricantes de automóviles alemanes piden dinero para la expansión. Los pensionistas holandeses invierten sus ahorros.

Y el Reino Unido dispone del mayor mercado de divisas y el segundo mayor mercado de derivados en el mundo, representando poco menos del 40 por ciento de las transacciones mundiales en esos mercados, mientras que París, el rival más cercano de la UE en Londres, maneja menos del 5 por ciento, según el Banco Internacional, según los datos de Reuters. Sin embargo, ante la prolongación de las negociaciones del Brexit y la incertidumbre sobre su desenlace, las entidades  financieras han ido adoptando decisiones para posicionarse frente a la recomposición de los mercados financieros europeos.

A DONDE VAN LOS BANCOS

Desde que Morgan Stanley renunció a la City de Londres, la pregunta ya no es si el Brexit dañará la industria de servicios financieros del Reino Unido sino cuán grave será el daño, subrayaba The Guardián en febrero de 2018. Ciertamente, hasta no hace mucho, la amenaza de que los banqueros salieran de Londres en masa, a menudo desplegada por entidades financieras como HSBC, se consideraba irreal y era objeto de bromas y hasta de mofa entre profesionales del sector. La broma más frecuente era que Ginebra era más aburrida que Londres y un traslado no compensaría una mayor retribución. Pero todo eso pertenece ya a un pasado lejano.

Actualmente al menos ocho ciudades europeas están compitiendo para que las firmas financieras se establezcan en el continente europeo, con la esperanza de atraer a sus empleados mejor pagados. Es sabido que París está intensificando los esfuerzos para atraer a los banqueros de la City. Se afirma que el gobierno francés ha sido el más agresivo, ofreciendo la promesa de rebajas de impuestos y de leyes laborales flexibles para complementar los encantos culturales de la capital francesa. "Todo fue muy Moulin Rouge", al decir del director financiero de uno de los mayores bancos de Europa después  de asistir a una presentación reciente de funcionarios franceses que destacaron los excelentes restaurantes y la vida nocturna de París.

Y a medida que el reloj avanza hacia la salida del Reino Unido de la Unión Europea, ciudades como Paris, Fráncfort y Ámsterdam rivalizan para presentarse como el mejor lugar para reubicar la mayor parte de los negocios de servicios financieros ahora radicados en Londres. Según la revista Forbes, las autoridades de la ciudad de Ámsterdam admitían haber tenido conversaciones con más de 100 compañías hasta el momento, y ya estaban concertando la reubicación de algunas de ellas, a las que se ofrece las ventajas de su ubicación. "París, Frankfurt y Londres están a una hora en tren o en avión" (WhereWill London's Finance Sector Go After Brexit? Amsterdam Says 'Choose Us!')

Sin embargo, Fráncfort es el gran ganador en la batalla por los banqueros post Brexit, según Bloomberg (27 de marzo de 2018), atrayendo miles de los empleos con sede en Londres todavía, pero que habrán de trasladase a nuevos centros dentro de la UE después de Brexit. Morgan Stanley, Citigroup Inc., Standard Chartered Plc y Nomura Holdings Inc. ya eligieron la ciudad alemana para su sede europea que les garantizará el acceso continuo al mercado único. Goldman Sachs Group Inc. y UBS Group AG están sopesando una decisión similar, según apuntaba dicho medio, aunque los planes no eran públicos. HSBC Holdings Plc es el mayor banco no francés que hasta ahora ha optado por París, mientras que Barclays Bank Plc se ha inclinado por Dublín.

Aunque hay algunos banqueros que predicen que el gran ganador podría ser Nueva York, porque el único lugar que podría replicar la profundidad de los mercados y la experiencia de Londres.

TODO APUNTA A LA FRAGMENTACIÓN DE LA CITY

En marzo pasado, en un evento ante inversores en Londres, el ministro de Hacienda británico Philip Hammond advertía que el éxito de Londres como centro financiero es único y será "imposible de replicar" en otro lugar. Por lo que las ciudades rivales europeas como París y Frankfurt que no deberían esperar absorber todo el negocio que representa el sector financiero de Londres. Como argumento sobre la necesidad de un acuerdo en interés de ambas partes, el ministro británico decía que "aquellos que piensan que los principales ganadores de cualquier fragmentación de los mercados de Londres serían París, Frankfurt, Dublín o Luxemburgo deberían tomar nota que muy probablemente los verdaderos beneficiarios sean Nueva York, Singapur y Hong Kong"; lo que significaría un recorte en la cuota de mercado en Europa, que quedaría como un conjunto menos competitivo.

Desde luego, el dominio financiero de Londres se ha desarrollado durante décadas y la City está luchando por mantener su condición de centro financiero global en medio de la incertidumbre del Brexit; y sus banqueros son escépticos sobre algunos intentos en Europa para replicar Londres, para transferir íntegramente toda su estructura organizativa y sus negocios financieros a otro lugar del continente. Y todo apunta que el Brexit generará un conjunto diverso de plazas financieras relevantes. El desarrollo de una mayor fragmentación será probablemente un resultado inevitable del Brexit, es la conclusión de Andreas Dombret, miembro del Banco Central de Alemania en su disertación  en un foro de expertos financieros en Dublin en abril pasado. (Livingwith Fragmentation: Post-Brexit Realities in Financial Services.)  Con empresas del sector financiero reubicando sus negocios entre Londres, por un lado, y Frankfurt, Dublín y otras ciudades, por otro lado, destacaba este experto que una estrecha cooperación de la supervisión será aún más importante, especialmente en los próximos años.
En opinión del citado conferenciante, a estas alturas de la negociación del Brexit, las opciones que quedan sobre la mesa son: o un escenario "sin acuerdo" o un acuerdo con libertades bastante limitadas para los servicios financieros, como en el caso del CETA (Comprehensive Economic and Trade Agreement between Canada and the EU), el tratado económico y comercial entre la UE y Canadá.
En primer lugar, el escenario "sin acuerdo" significaría que la UE y el Reino Unido operarían bajo las reglas establecidas por la Organización Mundial del Comercio, donde los sectores de servicios están apenas cubiertos. Y en segundo lugar, incluso un acuerdo similar al CETA probablemente no significará libertades de gran alcance para proporcionar servicios financieros en la respectiva jurisdicción extranjera. Por lo tanto, nos guste o no, es muy probable que veamos una mayor fragmentación en la regulación y supervisión financiera en Europa, según razonaba el citado ejecutivo del Banco Central alemán.    

Aclaremos que cuando desde la perspectiva financiera se habla de “fragmentación del mercado” nos referimos a cómo están estructurados los mercados financieros. Normalmente, un mercado puede estar "concentrado", cuando en su totalidad o en su mayor parte, la negociación de un conjunto de valores bursátiles se desarrolla en una o dos plazas comerciales; y se habla de “mercado "fragmentado" cuando los inversores envían sus órdenes a numerosos centros de negociación que compiten entre sí por atraer ese flujo de órdenes. El lugar de negociación puede ser un lugar físico como el parqué de la Bolsa de Valores de Nueva York o un lugar de transacciones virtuales como el mercado electrónico del Nasdaq para negociar acciones.

Por tanto, el problema es que por ahora no está claro lo que exactamente significará eso. Es esta incertidumbre sobre la naturaleza exacta de la fragmentación post-Brexit lo que hace que para políticos y banqueros sea tan difícil evaluar los costes y los beneficios de una mayor fragmentación. Las firmas financieras destacan que la fragmentación probablemente signifique ineficiencias organizacionales y costes organizacionales más elevados. Y no cabe duda de que, al menos, la transición a un nuevo régimen para las finanzas europeas y a una nueva estructura organizativa será costosa. Sin embargo, estos costes pueden ser menos sustanciales a largo plazo: una vez que las empresas se hayan adaptado al nuevo régimen, los gerentes inteligentes encontrarán nuevas soluciones organizacionales que integrarán nuevas realidades de cumplimiento con eficiencias organizacionales.

De ahí que el citado experto alemán apele a los políticos, las empresas y los supervisores para que respondan a tres cuestiones cruciales: primero, un acuerdo de transición; segundo, una cooperación supervisora ​​pragmática; y tercero, una exigencia de innovación gerencial. Como ya es conocido, una fase de transición ya se ha acordado para que el Brexit pueda resultar menos abrupto y, a la larga, menos doloroso en particular para el Reino Unido. 

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