jueves, 12 de mayo de 2016

Yanis Varoufakis: Democracia, poder y soberanía en la Europa de hoy


  Yanis Varoufakis: Democracia, poder y soberanía en la Europa de hoy

Extracto traducido de la extensa entrevista de Yanis Varoufakis por Nick Buxton a finales de diciembre de 2015, publicada por Transnational Institute (TNI), en el volumen State of
Power 2016 

En este año (2015) parece que la democracia está sufriendo más que nunca un ataque del poder establecido. ¿Es esa su percepción?

En ese sentido este año es especial por la experiencia que hemos tenido en Grecia, donde la mayoría de los griegos decidieron en las elecciones respaldar a un partido antisistema como  Syriza, que llegó al poder “diciéndole la verdad al poder” y desafiando el orden establecido en Europa. Cuando la democracia produce lo que le gusta oír al sistema, entonces la democracia no es una amenaza, pero cuando produce demandas y fuerzas antisistema, es cuando la democracia es una amenaza. Fuimos elegidos para desafiar a la Troika de acreedores y en ese momento la Troika reafirmó muy claramente que a la democracia no se le puede permitir que cambie nada.


¿De sus siete meses como Ministro de Finanzas griego, que le reveló realmente su experiencia sobre la naturaleza del poder y la democracia? ¿Fueron esas cosas las que le sorprendieron?

Llegué con los ojos muy abiertos. No me hacía ilusiones. Siempre supe que las instituciones de la Unión Europea en Bruselas, el Banco Central Europeo y otras, fueron proyectadas y establecidas como zonas libres de democracia. No es que hubiera un déficit democrático que se introdujo en la UE. Desde los años cincuenta, en realidad surgió primariamente como un cártel de la industria pesada, después fue incorporando a los agricultores, principalmente a los agricultores franceses. Y su administración fue la de un cártel. Nunca pretendió ser el inicio de una república o una democracia, en la que “nosotros, los pueblos de Europa” lleváramos la batuta.

Respecto a su pregunta, me llamaron la atención un par de cosas. La primera fue la audacia con la que me aclararon que se consideraba irrelevante la democracia. En la misma primera reunión del Eurogrupo a la que asistí, cuando intenté abordar un tema que no pensaba que sería rebatido - que yo estaba representando un gobierno recientemente elegido cuyo mandato debía ser respetado en alguna medida y que alimentaria un debate sobre qué políticas económicas deberían aplicarse en Grecia - me asombró escuchar al Ministro de Finanzas alemán decirme, literalmente, que a unas elecciones no se les puede permitir que cambien la política económica establecida. En otras palabras, ¡que la democracia es estupenda mientras no amenace cambiar algo! Mientras yo esperaba que eso fuera el motivo principal, no estaba preparado para que lo descartaran tan abruptamente.

La segunda cosa que tendría que decir es que estaba menos preparado para la banalidad de la burocracia, parafraseando a la famosa expresión de Hannah Arendt sobre la banalidad del mal. Yo esperaba que los burócratas en Bruselas fueran muy desdeñosos con la democracia, pero esperaba que fueran finos y que fueran consumados técnicos. En su lugar me sorprendió ver lo banales que eran y que, desde el punto de vista tecnocrático, eran de segunda categoría.

Entonces ¿cómo opera el poder en la Unión Europea?

Lo primero que habría que destacar sobre la UE es que toda la operativa en Bruselas se basa en un proceso de política despolitizadora, de tomar lo que son decisiones esencialmente, profunda e irrevocablemente políticas y llevarlas al campo de una tecnocracia sometida a reglas, a un planteamiento algorítmico. Esta es la pretensión que las decisiones sobre las economías en Europa sean simplemente problemas técnicos que necesitan soluciones técnicas a decidir por los burócratas que siguen normas preestablecidas, exactamente como un algoritmo.

Por tanto, cuando se intenta politizar el proceso, con lo que se acaba es con una especie de política particularmente tóxica. Le pondré solamente un ejemplo. En el Eurogrupo, estábamos debatiendo la política económica relativa a Grecia. El programa que yo heredé como Ministro de Finanzas establece un objetivo de excedente presupuestario primario del 4,5 % del PIB, que yo consideraba indignantemente elevado. Y lo estaba discutiendo sobre bases teóricas puramente macroeconómicas.

De modo que inmediatamente me preguntaron qué excedente primario me gustaría que fuera. E intenté dar una respuesta honesta, diciendo que había que considerarlo a la luz de tres cifras y factores claves: la inversión en relación con los ahorros, la programación de los pagos de la deuda y el déficit o superávit de cuenta corriente. Intenté explicar que tendríamos que contemplar esas tres variables juntas, si queríamos que el programa de Grecia funcionara después de cinco años de un fracaso catastrófico que había conducido a la pérdida de casi un tercio de la renta nacional.

Pero me dijeron que las normas dicen que debemos contemplar solamente un número. De modo que repliqué: “¿Para qué? Si tenemos en vigor una mala norma, cambiémosla”. Y la contestación fue: “¡La norma es la norma!” Y yo le repliqué diciendo: “Sí; esta es una norma pero ¿por qué tiene que ser una norma?”  En ese punto recibí una respuesta tautológica: “Porque es la norma”. Eso es lo que sucede cuando nos alejamos de un proceso político para pasar a un proceso sometido a normas: terminamos en un proceso de despolitización que conduce a una política tóxica y a una mala economía.

Otro ejemplo que le podría poner es que, en algún momento, estábamos discutiendo el programa griego y debatiendo la redacción de un comunicado que saldría de esa reunión del Eurogrupo. Les dije: bien, mencionemos la estabilidad financiera, la sostenibilidad fiscal, todo lo que la Troika y otros deseaban decir, pero hablemos también sobre la crisis humanitaria y que estamos abordando cuestiones como la extensión del hambre. La respuesta que recibí fue que eso sería “demasiado político”. Que no podíamos incluir tal “redacción política” en el comunicado. Luego los datos sobre la estabilidad financiera y el excedente presupuestario estaban muy bien, pero los datos sobre el hambre y el número de hogares sin acceso a electricidad y a calefacción en invierno no estaban bien porque era “demasiado político”

Pero en realidad, ¿no es todo este intento de despolitización profundamente político, porque el neoliberalismo es un proceso político?

Pero ellos no lo contemplan de ese modo. Se han convencido a sí mismos que hay ciertas reglas que pertenecen a las ecuaciones y variables naturales y todo lo demás no está ni aquí ni allí. Así es como piensan.-
                                                                                     (Trad. Jhvigueras)
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