viernes, 13 de noviembre de 2009

Siete años después, seguimos sin juicio sobre EL PRESTIGE


Transcurridos siete años desde que ocurrió el hundimiento del vetusto buque, los jueces siguen sin concluir la compleja investigación internacional sobre El Prestige para determinar los responsables que deben resarcir a los contribuyentes españoles, que pagaron los daños causados por las 77,000 toneladas de petróleo vertidas en 270 km. de la costa de Galicia.
Y desde la perspectiva del siglo XXI, esta demora ejemplifica cómo la visión localista de los jueces, de los partidos políticos y de los gobiernos les impide percibir las limitaciones de la acción aislada de un Estado para afrontar los efectos de la globalización financiera.
Ya el semanario Cambio 16 de 29 noviembre 2004 publicaba el artículo copiado íntegro a continuación, donde se denunciaba a los llamados paraísos fiscales que socavan nuestras democracias y que tras las cumbres del G-20 siguen intactos.


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LOS PARAISOS FISCALES HUNDIERON EL PRESTIGE.

Juan Hdez. Vigueras. Coordinador de la Comisión sobre Paraísos Fiscales de Attac-España.

En Noviembre de 2002, la extrema negligencia de los Gobiernos autonómico y central en la catástrofe del Prestige - como denunció Nunca Maïs - generó tanto chapapote que no deja ver la amenaza de un transporte marítimo desregulado que ignora las normas internacionales de seguridad y laborales en beneficio de un mayor margen de acción para el capital financiero transnacional.

A tal catástrofe contribuyeron, al menos, cuatro paraísos fiscales de la lista de la OCDE (Suiza, Liechtenstein, Liberia, las Bahamas) que protegen al negocio naviero de los riesgos económicos; sin contar los fallos de las reparaciones en los Emiratos Árabes Unidos. Hoy el desgobierno de la globalización financiera genera catástrofes cuya autoría nunca logra ser depurada por jueces como los de Corcubión (Coruña), que dos años después siguen atascados buscando responsables.

Primero, Suiza (“régimen fiscal potencialmente dañino” según la OCDE) era la sede del dueño del petróleo, Crown Ressources AG, una sociedad del holding de oligarcas rusos Alfa Group registrada en Liechtenstein, paraíso fiscal especializado en blanqueo de dinero sucio; un Grupo con negocios de banca, seguros, telecomunicaciones, bebidas (vodka Smirnoff), etc., que a los dos meses de la catástrofe, disolvió a Crown Ressources, tras cobrar el seguro. Segundo, siguiendo la regla de “one ship, one company” (un buque, una sociedad), la única propietaria del vetusto petrolero era Mare Shipping Inc. (y del Mar Egeo hundido en 1992 frente a Galicia también), una sociedad tapadera de Liberia, potencia mundial en flota mercante, micro país sin inspectores de buques y cuyo registro lo lleva una compañía norteamericana en Nueva York. Sus “razones financieras” se explican en nuestro libro sobre los paraísos fiscales que publicará la Editorial Akal próximamente. Tercero, el Prestige enarbolaba la bandera de las Bahamas, de conveniencia por ser de un país distinto al del propietario del buque; y el armador, Universe Maritime Limited, sociedad griega vinculada al mismo grupo financiero que la propietaria, a la cual había fletado el buque.

Esas banderas de conveniencia son un escándalo y un peligro denunciado por la ITF, Federación Sindical Internacional del Transporte Marítimo, porque hacen posible la explotación de marineros, baratos y sin horarios; y de buques basura. El problema de fondo es que la gestión marítima y los buques como patrimonios son móviles y ante la competencia por la desregulación, los Estados eliminan normativas y controles para que los armadores no se trasladen a otros países. Como en la competencia fiscal entre Estados, en la desregulación del sector naviero los paraísos fiscales offshore ofrecen siempre mucho más al capital financiero transnacional, que busca legislaciones más ventajosas para la máxima rentabilidad con empresas ficticias, no importa los costes humanos, económicos y ecológicos desparramados por doquier.

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El asunto de las banderas de conveniencia con el caso de El Prestige es analizado ampliamente en un capítulo de Los Paraísos Fiscales. Cómo los centros offshore socavan las democracias, que explica los riesgos que ofrece el pabellón de la República de Las Seychelles que hoy llevan la mayoría de barcos propiedad de españoles que pescan frente a las costas de Somalia.-

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