domingo, 15 de septiembre de 2019

The Laundromat o el lado oscuro de las finanzas

                                                                                            
La última película de Steven Soderbergh, The Laundromat (La lavandería) estrenada en el Festival de Cine de Venecia 2019, merece un breve análisis en este blog porque por aborda el lado opaco del mundo financiero globalizado, aunque el interés despertado fuera más por su elenco de grandes estrellas como Antonio Banderas, Meryl Streep y Gary Oldman. Esta película se inspira en los conocidos como los Papeles de Panamá hechos públicos en 2016; según el guion de Scott Z. Burns basado en un libro del periodista Jake Bernstein, Secrecy World: Inside the Panama Papers Investigation of Illicit Money Networks and the Global Elite. En la conferencia de prensa con ocasión del estreno de la película, Meryl Streep, que interpreta a la protagonista, una viuda en busca de justicia, rindió homenaje a los más de 300 periodistas que trabajaron en la acumulación de información que contienen esos documentos de Panamá filtrados; y elogió la valentía de periodistas como Daphne Caruana Galizia, asesinada en Malta durante una investigación basada sobre esa documentación sobre grandes defraudadores. 

El personaje de Meryl Streep, Ellen Martin, es una jubilada cuyo esposo muere junto a otros veinte ancianos en un terrible accidente a bordo de una embarcación turística. Y el pago fallido de la correspondiente indemnización del seguro la incita a buscar respuestas y se encuentra con un fraude en el seguro suscrito, persiguiendo a un par de abogados asociados de la ciudad de Panamá (Gary Oldman y Antonio Banderas) que operan con el oscuro mundo de los paraísos fiscales integrado en el sistema financiero mundial. Lo que le lleva a darse cuenta de que los responsables que se enriquecen con este negocio de falso aseguramiento, están escondidos tras una serie interminable de empresas mercantiles inexistentes con sede en países lejanos. Una estafa con la que logran no tener que indemnizar a las familias de los fallecidos, a las que obligan a desistir en sus quejas asfixiándolos en burocracia. Así, este caso no es tan solo un cúmulo de conceptos económicos, sino también, en muchos casos, una tragedia humana.

La comedia

The Laundromat es un film basado en hechos reales, que brilla cuando se proyecta a las
alturas de la comedia cínica de la mano del dúo formado por Gary Oldman y Antonio Banderas que, en la piel de los abogados Jürgen Mossack y Ramón Fonseca –cuyas actividades fraudulentas fueron destapadas por los referidos Papeles – devienen en los galanes  narradores; que con esmoquin, pajarita y martini en mano repasan la apasionante historia del dinero, desde unos neandertales que descubren el intercambio de bienes hasta que el crédito sustituyó al efectivo a través de los bancos, dando paso a ese dinero que, según dicen, “viene del futuro”. Un dinero que no existe, que no se puede tocar. Esta es solo la antesala de una crónica militante y sin pelos en la lengua de tales fraudes documentados, pero desde sus primeras imágenes comprobamos que no será un relato al uso, sino que el absurdo y la guasa formarán parte de su ADN. Parece que los asuntos complicados se entienden mejor con unos cuantos chistes. O quizás es que todas esas excentricidades tienen tan poco sentido como nuestro sistema financiero.
Rompiendo la cuarta pared y exhibiendo con absoluto descaro la cara más amoral del sistema, esos dos personajes tienen la ayuda de un elenco de curiosos personajes reunidos en la película, que sirven para ilustrar varias formas escandalosas en las que las finanzas offshore o extraterritoriales facilitan las diferentes modalidades de la delincuencia económica. Una serie de episodios ilustran el funcionamiento de la corrupción financiera a escala internacional, desde los intereses de un adinerado clan africano establecido en los Estados Unidos a los tejemanejes de la familia de un miembro del Buró Político chino. Una colección de historias escabrosas, pero contadas con una ligereza caricaturesca, que suponen una merma para la energía cinética del film. Aunque, quizá, este no sea el mayor problema de este film. Y es que, pese a su encanto embriagador y a la valentía con la que Meryl Streep expresa su furiosa indignación, al final queda la agridulce sensación de que una película de entretenimiento como esta corre el riesgo de quedar enterrada en la vorágine mediática y en la algorítmica cultura audiovisual contemporánea, como apunta la crítica especializada. 

En la citada conferencia de prensa, el director Soderbergh alegó que el tratamiento cómico de la película intenta utilizar las complejidades de los esquemas offshore como la "configuración de un remate"; esperando que el tratamiento absurdo de este tema tan serio impulse la discusión e impulse reformas. "Decidimos que una comedia negra tenía más posibilidades de permanecer en la mente de los espectadores”, contaba el director del film desde el Festival de Venecia, donde la película afrontó la opinión dividida de la crítica. “Cogimos un tema muy serio y lo convertimos en una comedia muy oscura, porque, de lo contrario, la gente sentiría que estaba siendo educada en lugar de entretenida”, aseguraba, citando a ¿Teléfono Rojo? Volamos hacia Moscú de Stanley Kubrick como referencia por su capacidad de explicar entre carcajadas una situación que no tiene nada de divertida. Es arriesgado, pero funciona. "Creo que el sistema tiene que cambiar", dijo. "La transparencia es la única solución".

Los Papeles de Panamá

Ciertamente este film representa un esfuerzo para contarnos cómo las grandes fortunas sacan provecho de la libertad de movimientos de capitales y retuercen las  reglas del juego para evitare pagar  impuestos y conservar intactos sus inflados bolsillos. El diario alemán Süddeutsche Zeitung y el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) trabajaron mano a mano para dar a conocer las actividades delictivas del despacho de abogados Mossack Fonseca, responsable de la creación de miles de empresas mercantiles ficticias en paraísos fiscales. Con más datos que Wikileaks o la lista Falciani, los conocidos como Papeles de Panamá batieron el récord en la revelación de evasores de impuestos, entre los que se contaban personalidades internacionales como el polivalente actor Jackie Chan, el presidente ruso Vladimir Putin, el escritor Mario Vargas Llosa o el ex primer ministro británico James Cameron, y españolas como los hermanos Almodóvar, la infanta Pilar de Borbón, el ex ministro de industria José Manuel Soria o el showman Bertín Osborne. En tu casa o en la mía pero el dinero bien seguro. En total, más de 214.000 entidades offshore identificadas nos ayudaron a entender mejor las tretas que sostienen el universo financiero en el que vivimos inmersos.

Ahora bien, desde el principio, la película quiere hacernos entender que estas no son maniobras solo para esquivar responsabilidades legales, sino también para cubrirse las espaldas en casos como el que representa la viuda Ellen Martin, interpretada por Meryl Streep; es decir, para  eludir las responsabilidades económicas derivadas de un contrato privado. Pero ojo que esto es una comedia que busca el entretenimiento del espectador. Y como tal comedia elude exponer el lado sistémico del problema y sobre la implicación de la gran banca financiera. Porque con la publicación en 2016 de los Papeles de Panamá, a los que sumó los de Bahamas leaks, la filtración de datos del registro mercantil de ese pequeño país caribeño, quedó demostrado una vez más como la opacidad en los negocios sucios, el blanqueo de capitales ilícitos y el impago de impuestos de personas adineradas, ahora identificadas con nombres y apellidos, se sirve de la gran banca globalizada, que facilita la creación y aprovechamiento de estas sociedades mercantiles instrumentales domiciliadas legalmente en los llamados paraísos fiscales, unas entidades que son puras ficciones jurídicas sin actividad económica local alguna y son meros instrumentos para lograr la opacidad y ocultación del verdadero titular beneficiario del dinero, con las nefastos perjuicios que a título de ejemplo sufre por el fraude en el seguro de vida suscrito, la pobre viuda que encarna Meryl Streep.

Desde luego, este film no alcanza a los niveles de cinismo que fluye por la mayoría de películas de Hollywood sobre el mundo de las finanzas, que nos suelen explicar las conductas delictivas por la maldad e inmoralidad de ciertos individuos malignos, ignorando intencionadamente que es la opacidad y el descontrol sistémico de las operaciones financieras internacionales, lo que incentiva y hace posible tales conductas inmorales y dañinas para las gentes- 


                   

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