viernes, 14 de diciembre de 2018

BANKIA: LA ESTAFA DE LA INSOLVENCIA ENCUBIERTA (V)


(continuación del Capítulo IV.4 del libro inédito del autor de este blog, BANCOS DEMASIADO GRANDES PARA ENCARCELAR – Casos significativos de riesgo sistémico, de manipulaciones de precios y mercados y de gran delincuencia financiera )

Directivos corruptos: las tarjetas black

Y mientras sucedía el desastre bancario, los responsables, los consejeros de Bankia de todas las procedencias, se limitaban a hacer de palmeros que aplaudían a Rodrigo Rato por el precio de la OPV - pese a los enormes perjuicios que provocó - o pensaban que era positiva la intervención del Banco de Valencia. Y esos aplausos les permitieron enriquecerse con jugosos sueldos, bonus y las tristemente famosas tarjetas black. Según uno de los informes, se incumplió la Ley de la Comunidad de Madrid porque algunos de estos consejeros (incluyendo a Rato) cobraron a la vez de Bankia y de Caja Madrid. Según sus cálculos, las cantidades que se llevaron indebidamente ascienden a 4,3 millones de euros. En cuanto a las tarjetas opacas, los peritos del Banco de España no tienen dudas de que su finalidad era ocultar estos gastos y no declararlos a Hacienda, de que se incumplió la Ley y de que cualquiera podía darse cuenta del carácter indebido del uso de estas tarjetas, como sostiene el FROB y ha quedado demostrado con la sentencia condenatoria. Además, critican las lagunas de información en estos medios de pago y señalan que los principales implicados tenían más tarjetas de las que se han publicado; o bien no las usaron, o bien los actuales gestores de Bankia no han facilitado la información. ([i]) 

En paralelo al litigio de la salida a Bolsa y a las investigaciones de la responsabilidad civil sobre las participaciones preferentes de Caja Madrid, se abrió una pieza separada por las llamadas tarjetas black, negras u opacas para Hacienda, distribuidas entre consejeros y directivos de Caja Madrid-Bankia para gastos personales sin justificación ni declaración a Hacienda, que estuvieron en vigor entre 2003 y 2012. En total se gastaron por este sistema de retribución secreto unos 15,2 millones de euros. La  existencia de estas tarjetas fue divulgada por la prensa (eldiario.es; El Mundo e Infolibre), medios a los que había llegado documentación a través de la Comisión Ciudadana Anticorrupción del Partido X, que los había recibido de una fuente anónima.  Este asunto estalló con gran impacto mediático en octubre de 2014 al trascender que la Fiscalía anticorrupción había abierto una investigación sobre el uso de estos medios de pago de Caja Madrid y Bankia que había  beneficiado a 86 directivos y consejeros. Los tenedores de esas tarjetas no tenían obligación de declarar los gastos que efectuaran con ellas, entre los que aparecieron compras de ropa, gastos en restaurantes y clubes, viajes y retiradas en efectivo de cajeros automáticos. La documentación llegó a la fiscalía desde el FROB, que en junio de 2014 había recibido dos informes de auditoría interna de Bankia. La organización ciudadana sostiene que la actuación de Bankia, el FROB y la fiscalía fue inducida por la divulgación de los correos de Blesa que ellos habían efectuado. Tras un año de investigación, en diciembre de 2015 el juez concluyó la instrucción del caso de las tarjetas black acordando el procesamiento de  86 personas acusadas de los presuntos delitos de administración desleal y apropiación indebida. En el auto, el juez señalaba que “la utilización de las tarjetas tenía como finalidad los gastos de representación o gastos relacionados con actividades profesionales de los disponentes, por lo que las cantidades dispuestas mediante el uso de tales tarjetas deberían ser tratadas como retribuciones irregulares, dado que las mismas no tenían soporte contractual ni las cantidades recibidas eran declaradas a la Hacienda pública”. ([ii]).

La pieza judicial de las tarjetas black se ha desarrollado con una inusitada rapidez a diferencia del caso Bankia. Uno de los abogados consideraba que este caso se ha utilizado “para desviar la atención”, puesto que la pieza de las preferentes está paralizada desde hace mucho tiempo. En el último año todo se ha centrado en el asunto de las tarjetas. En septiembre de 2016 tenía lugar la apertura del juicio oral sobre las tarjetas black, finalizando el martes 27 de ese mismo mes la fase procesal de cuestiones previas del juicio. Y la Fiscalía y la acusación (FROB y Bankia principalmente) mantuvieron la acusación de apropiación indebida y delito fiscal contra los acusados, por los gastos asociados a las tarjetas black, por un importe de 12 millones de euros que fueron a parar al agujero de Bankia. Por ello, razonaba la acusación que estos gastos tienen relación con los ajustes y esfuerzos de miles de millones de recortes públicos, que se agravaron tras aceptar el préstamo europeo de 100.000 millones destinado a salvar a las Cajas de Ahorro, y especialmente a Bankia, entidad que presentó las mayores pérdidas de la historia del sector. 

Colusión política y reguladores

Para empezar, de la crisis financiera en España y en particular de Bankia, se podría decir que “los centinelas no estaban en sus puestos, en gran parte debido a la fe ampliamente aceptada en la naturaleza autocorrectiva de los mercados y en la capacidad de las entidades financieras para vigilarse a sí mismas con efectividad”, como se afirma en las conclusiones del informe del Congreso estadounidense sobre la crisis de Wall Street ([iii]); subrayando claramente el trasfondo ideológico neoliberal como principal causa de la crisis financiera global. Porque Bankia representa el fracaso de las reformas financieras del Gobierno, en particular la de febrero 2012 que era “definitiva”, y de los anteriores, que tuvieron como objetivo básico ocultar la corrupción bancaria sistémica y las responsabilidades de gestión de las oligarquías políticas regionales, soporte de la élite superior de los partidos políticos mayoritarios que impulsaron cajas “engrandecidas” con la especulación inmobiliaria, alimentada por el dinero barato del exterior y las innovaciones financieras. Más allá de la responsabilidad de los gobiernos anteriores que pusieron las bases del desmadre crediticio e inmobiliario. Pero tratándose de las cajas de ahorro hay que recordar que el dinero que se esfumó era público y es público gran parte del que resta. ([iv])

El caso de Caja Madrid, que era más de la mitad de Bankia, es uno de los ejemplos más paradigmáticos  de las lamentables consecuencias de la connivencia entre poderes políticos y económicos, que tanto tiene que ver con las raíces de la crisis de muchas cajas de ahorro; por ejemplo, los ciudadanos han podido conocer a través de los correos electrónicos publicados la filosofía “gerencial” del ex presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa, actualmente sometido a varios procedimientos judiciales, que llegó en 1996 por el capricho personal del entonces presidente del Gobierno José María Aznar, aunque ignoraba todo sobre las cajas de ahorro como el mismo había reconocido públicamente.

Y esa colusión política tuvo su reflejo en el lamentable papel de los reguladores nacionales. Es evidente la responsabilidad del Banco de España y de la CNMV como mínimo in vigilando sobre el desastre de todo el proceso de reestructuración y saneamiento de Bankia. Lo que se tradujo en daños colaterales de esta crisis que fueron cuantiosos. Porque está clara la pérdida de confianza exterior en este país, sus bancos y en las políticas gubernamentales que nos hundieron en una profunda recesión económica; hasta el punto que se anunciara la exigencia del Eurogrupo de una valoración independiente de todos activos bancarios; una humillación para el gobierno del Partido popular. A lo que se añaden los costes sociales para la ciudadanía y de las negras perspectivas para las actividades culturales, asistenciales y sociales de la Obra social de Caja Madrid como de la valenciana Bancaja y de las restantes Cajas de Ahorro, que perdieron lo que era parte de sus señas de identidad.

Como nos recuerdan los citados profesores Anat Admati y Martin Hellwig  hay un principio que dice que a las firmas hay que permitirles o incluso exigirles que quiebren si no pueden afrontar sus obligaciones, mencionando a Bankia como una excepción: “En el otoño de 2008, ese principio se cumplió en el caso de Lehman Brothers, pero el resultado confirmó los peores temores que se habían expresado en los episodios del LTCM y Bear Stearns. Desde entonces, a ninguna otra entidad financiera se le ha permitido quebrar, incluso aunque algunas fueran muy frágiles y posiblemente insolventes. En su lugar, muchas han sido rescatadas, desde AIG pocos días más tarde hasta los bancos europeos, Bankia y Crédit Inmobilier de France en el verano de 2012. El principio de que a los bancos, como a todas las otras firmas, se les debe forzar a soportar las consecuencias de las malas decisiones parece haber cedido ante el temor general de contagio desde el fracaso de los grandes bancos” ([v])

Desde luego nos adherimos a ese principio que enuncian estos distinguidos académicos, aplicable a todos los casos analizados en los capítulos precedentes. Sin embargo, hemos de subrayar el trasfondo político y la singularidad del caso Bankia porque las cajas que fundaron el nuevo banco y en gran medida el propio banco gestionaban dinero público, más aún dinero de las clases populares. Y su origen torticero radica en el proyecto gubernamental de privatización, sostenido en la ocultación de las pérdidas y en la gestión corrupta por razones políticas, así como en la captación de dinero privado de pequeños ahorradores y, finalmente, en dinero prestado por las instituciones europeas que toca devolver a los contribuyentes. En definitiva, toda una gran estafa para los ciudadanos españoles al construir una estructura bancaria inviable por si misma en su origen para salvar una elite política depredadora al amparo del Gobierno de turno.-



[i] Eduardo Segovia, Bankia, la gran estafa. Elconfidencial.com 6/12/2014
[ii] André Missé, ibídem, pp. 416-418
[iii] Financial Crisis Inquiry Report, PublicAffairs New York, january 2011,p. xviii
[iv] Juan Hdez. Vigueras, Apuntes sobre BANKIA: Un rescate llamado nacionalización  en  http://www.attac.es/2012/05/16/apuntes-sobre-bankia-un-rescate-llamado-nacionalizacion/
[v] Anat Admati & Martin Hellwig, The Bankers´…, opus cit. p.74

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