lunes, 26 de junio de 2017

Los riesgos sistémicos de la banca en la sombra

¿Cuándo y cómo será la próxima crisis financiera?  Es el sugestivo título de un evento organizado este mes de junio por Ecologistas en Acción, al que por estar fuera de Madrid no pude asistir y del cual, por tanto, ignoro las respuestas que se hayan apuntado. Pero ciertamente abundan los datos de la realidad actual que avalan aquella pregunta, porque las modificaciones funcionales introducidas en el sistema han mantenido el riesgo inherente a un sistema financiero globalizado  fundamentado en la libertad de acción de los agentes.

Esa libertad de acción permite, entre otras cosas, el funcionamiento de la llamada banca en la sombra (shadow banking); es decir, las actividades financieras fuera del sistema bancario ordinario que supervisan los bancos centrales y fuente de riesgos opacos, incontrolados e imprevisibles. A pesar de los avances en la regulación financiera de la ley Dodd-Frank en los EEUU y en las regulaciones introducidas en la UE, los modelos y prácticas de los bancos más grandes no se han visto alteradas sustancialmente; y existen nuevas y preocupantes tendencias en las prácticas y mercados financieros como es la expansión del shadow banking system, el sistema bancario en la sombra, y su profunda interconexión con la gestión de activos y las continuadas conexiones con los propios bancos que plantean nuevas amenazas para la estabilidad, según apunta un estudio de la Universidad de Massachusetts. ([i])  Algo que supone para la gran banca mantener un nivel alto de riesgos sistémicos en el sistema financiero infraregulado con efectos perversos que no interesa desvelar.

Por la trascendencia y actualidad, el tema fue objeto de debate durante parte de la última campaña para las elecciones primarias entre los dos candidatos demócratas a la Presidencia de los Estados Unidos. En un discurso en Nueva York el 5 de enero de 2016, contra la opinión de la ex Secretaria de Estado Hillary Clinton, el senador demócrata Bernie Sanders sostenía que la ley Glass-Steagall, derogada en los noventa por la Administración Clinton, habría impedido el desarrollo de la banca en la sombra que tanto contribuyó al desarrollo de la crisis financiera; porque aquella ley  tenía como objetivo evitar que los especuladores de Wall Street causaran otra Gran Depresión, al separar obligatoriamente en entidades distintas la banca de depósitos y la banca financiera o de negocios. En ese discurso decía el senador Bernie Sanders:

“Ahora, mi oponente, la Secretaria Clinton dice que la Glass-Steagall no habría evitado la crisis financiera porque los bancos en la sombra como AIG y Lehman Brothers, los bancos comerciales no grandes, fueron los verdaderos culpables. La secretaria Clinton está equivocada. Los bancos en la sombra jugaron en realidad imprudentemente, pero ¿de dónde salió ese dinero? Salía de los depósitos bancarios con garantía federal de los grandes bancos comerciales, algo que habría estado prohibido en virtud de la Ley Glass-Steagall. No olvidemos que el presidente Franklin Roosevelt proyectó y firmó esta ley, precisamente para evitar que los especuladores de Wall Street causaran otra Gran Depresión. Y, funcionó durante más de cinco décadas hasta que Wall Street la fue aguando durante la presidencia de Reagan y fue rematada durante la presidencia de Clinton“

Porque, actualmente, en los EE.UU  las actividades bancarias en la sombra son citadas como la mayor amenaza potencial para el sistema financiero, según advertía en el Foro Económico de Davos de enero 2015, Zhu Min, subdirector del FMI. Los reguladores han limpiado con éxito gran parte del sistema bancario mundial desde la crisis de Lehman Brothers, - decía - pero los excesos se han trasladado fuera de la contabilidad y una vez más están creciendo en proporciones inquietantes. “El riesgo clave se ha desplazado a la sombra de la banca”. Si bien es conocida la explosión de banca en la sombra en China, Zhu Min confirmaba que, por ejemplo, ha habido un aumento de los préstamos a empresas estadounidenses a cargo de los fondos de gestión de activos y otros actores no bancarios. Y esto queda fuera del control normal de la banca y es difícil de rastrear. “Las sociedades no financieras han aumentado 1,3 billones (trillion) de dólares a través de la banca en la sombra en los EEUU”. El FMI estima que los pasivos contingentes de estas formas de préstamos en la sombra han llegado a los 15 billones (trillion) de dólares en los EEUU, utilizando una “amplia” gama de actividades que captan nuevas formas de riesgo. Esto es un nivel más alto que en China. Es más o menos el 180 por cien de los activos bancarios y está aumentando rápidamente hacia su pico pre-Lehman. Lo que resulta particularmente preocupante ya que generó una diseminación de los riesgos en el mundo interconectado de las finanzas estructuradas, que causó la crisis mundial luego convertida en “metástasis” en 2008. ([ii]) Esta tendencia continuada al alza de las actividades de banca en la sombra queda corroborada por el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB en siglas en inglés) que en un estudio sobre 26 jurisdicciones únicamente concluye que los activos globales de este sector han alcanzado los 36 billones (trillion) de dólares ([iii]); una cifra muy superior a la citada por el FMI que podría explicarse por posibles diferencias en el concepto aplicado. Lo que evidencia la gravedad y opacidad de la banca en la sombra.

En años recientes, la prensa especializada anglosajona señalaba la existencia de una extensa banca en la sombra en China generada por las entidades que conceden créditos sin ser bancos autorizados; construcción de grandes astilleros que obtienen préstamos cuantiosos de grandes fondos de inversiones anglosajones como BlackRock e incluso de algunos grandes fondos de pensiones, etc. En junio de 2016, el Gobernador del Banco central de China anunciaba que iban a estudiar las actividades de banca en la sombra del Grupo Alibaba, que, entre otras actividades, gestiona el mayor servicio de pago por internet, Alipay, con 450 millones de usuarios. ([iv]) Asimismo, en la Unión Europea el crecimiento de la banca en la sombra se perfila como una peligrosa laguna en el marco regulador del sistema bancario europeo. Hace unos años la Comisión europea cifraba la banca en la sombra en más de 16 billones de euros en la UE, incluyendo operaciones extracontables y entidades fuera de la regulación bancaria y, por tanto, sin la supervisión de los Bancos centrales, como sucede con las filiales bancarias en paraísos fiscales. Pero ha habido un significativo crecimiento en las cifras aportadas por el Consejo de Riesgo Sistémico Europeo, ligado al BCE y presidido por Mario Draghi, que cuantificaba la dimensión de la banca en la sombra en 37 billones de euros para el cuarto trimestre de 2015 en el conjunto de la Unión Europea; y en 28 billones para la Eurozona en ese mismo período. ([v]). Lo que se traduce en una elevación del riesgo sistémico para la estabilidad financiera tanto en la UE como en la Eurozona.

Una dimensión bancaria revelada por la crisis financiera   

Al doble riesgo de insuficiencia de liquidez e interconexión global que presenta la banca financiera actual, hay que sumar los riesgos que implican los negocios bancarios en la sombra sin transparencia ni supervisión pública. Son unos riesgos incontrolados que se esconden en el funcionamiento opaco, nada transparente de la gran banca,  que fueron una de las causas de la crisis financiera que arrancó en el verano de 2007 en Wall Street. Por entonces, a raíz de la crisis financiera inesperada, surgió esa expresión para designar principalmente las actividades y operaciones semiocultas por las que los bancos generaron un endeudamiento desmesurado e incontrolado por las autoridades reguladoras. Cuando aún no había llegado lo peor de la crisis, durante la XLV  reunión de gobernadores de bancos centrales de Mayo 2008 en Otawa, Hervé Hannoun, subdirector del Banco de Pagos Internacionales de Basilea (BIS), presentaba un informe denunciando la existencia de una “banca en la sombra“, fuera del alcance de los bancos centrales, que les habría impedido controlar la solvencia de los bancos y, por tanto, prevenir la crisis. Con esta denominación comprendía las actividades de las filiales o entidades instrumentales y fondos de alto riesgo (generalmente domiciliados en paraísos fiscales) creados por grandes grupos bancarios como matriz, para recaudar dinero emitiendo productos complejos novedosos e incentivando vías para la evasión de impuestos en el país de origen o para el lavado de dinero procedente de negocios ilegales o de la corrupción ([vi]). La existencia de una banca en la sombra ha quedado oficialmente reconocida por documentos internacionales. En 2011, la declaración final del G-20 en Cannes asumió esta realidad bancaria y reconoció el riesgo sistémico inherente a estas prácticas bancarias ocultas al quedar fuera del alcance de la regulación establecida para el sistema bancario; y con su retórica ya tradicional acordaba reforzar su regulación y supervisión, suscribiendo las recomendaciones producidas al respecto por el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB) con un plan a desarrollar a partir de 2012 ([vii]). 

Actualmente el concepto de banca en la sombra tiene interpretaciones diversas. En los últimos años se ha ampliado para incluir actividades de intermediación del crédito por entidades no bancarias, como hemos mencionado. La expresión ya generalizada de “shadow banking system” abarca las actividades bancarias opacas de los derivados, los mercados de repo, la titulización mediante valores respaldados por activos, que crecieron mucho en vísperas de la crisis en gran parte registrados en cuentas extracontables; y que en los EEUU alcanzaron un pasivo de 20 billones (trillion) de dólares según la Reserva Federal de Nueva York. Aunque este sector se ha reducido con la disminución del apalancamiento, aún sigue siendo mayor que la actividad bancaria sobre la que se centran los reguladores; y su opacidad impedía estimar los efectos prácticos que tendría la pérdida de la triple A en la calificación crediticia de los bonos del Tesoro estadounidense sobre los activos en que se basan los activos en que se apoyan esas actividades, según el análisis del Financial Times ([viii])

Actividades bancarias excluidas de supervisión pública

Con frecuencia la prensa económica restringe el concepto de banca en la sombra a las entidades no bancarias, sea un fondo de alto riesgo o hedge fund, un fondo de pensiones, una aseguradora, etc., que, con capital suficiente ofrecen financiación a empresas, es decir, realizan actividades bancarias sin tener licencia de banco, gracias al marco regulador liberal predominante. En ocasiones esconden la vinculación de la gran banca con esta actividad en la sombra ([ix]) Shadow banking es una expresión que incomoda al sector bancario por su connotación peyorativa ([x]);  pero abarca desde los fondos de mercado monetario y acuerdos de recompra o repos hasta los vehículos especiales de inversión, hedge funds y los préstamos de valores bursátiles y gran parte de los derivados. Arrojar luz sobre unos tenebrosos 70 billones (trillion) de dólares en el mundo está resultando problemático para los reguladores por el obstáculo de la escasez de datos y la presión que incentiva el crecimiento económico; y esto significa que los riesgos se escapan al escrutinio de las autoridades. Según la definición del Consejo de Estabilidad Financiera (FSB), el sistema de banca en la sombra es el sistema de intermediación del crédito que implica a actividades y entidades fuera del sistema bancario ordinario y de su regulación. En realidad, hay tres tipos de actividades bancarias en la sombra (las entidades offshore; los derivados y los repos o préstamos en la sombra), que son todas ellas obvias porque operan a plena luz, y que podrían ser controladas de una manera sencilla y responsable, como apunta el profesor del MIT, Simon Johnson. ([xi])   La cuestión está la inexistencia de la voluntad política de aplicar controles efectivos porque los grandes bancos son muy poderosos y se inclinan siempre por ocultar algunas de sus actividades en las sombras, como sucede ahora.
                                                                                   



[i] Gerald Epstein & Juan Antonio Montecino, Banking From Financial Crisis to Dodd-Frank: Five Years On, How Much Has Changed? Political Economy Research Institute. University of Massachusets, 21/7/2015 en http://www.peri.umass.edu/236/hash/608e6779c02cd89ea77f68dda3d7f33d/publication/661
[ii] Shadow banking now poses top risk to US stability, warns IMF. The Telegraph, 21/1/2015 en http://www.telegraph.co.uk/finance/economics/11360353/Shadow-banking-now-poses-top-risk-to-US-stability-warns-IMF.html
[iii] FSB, Global Shadow Banking Monitoring Report 2015
[v] EU Shadow Banking .Monitor. No 1 / July 2016, ESRB/European Systemic Risk Board
[vi] Hervé Hannoun, Policy Lessons from the Recent Financial Market Turmoil. XLV Meeting of Central banks Governors of the American Continent, Ottawa 8-9 May. A BIS document
[vii] Cannes Summit Final Declarations 4 November 201, ítem  30, en http://www.g20.utoronto.ca/ http://www.g20.utoronto.ca/
[viii] Effect on “shadow banking nuclear en Financial Times 7/8/2011
[ix] Véase este enfoque en el editorial  Regulación y mercado. El País, 17/1/2016
[x] Huw Jones, Regulators lack data to probe shadow banking sector.  Reuters. London, 2/5/2014 en http://www.reuters.com/article/us-regulations-shadowbanks-idUSBREA410EM20140502
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