lunes, 28 de abril de 2014

El arma secreta de Wall Street en Washington


En el Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes, un puñado de legisladores se ha convertido en voces autorizadas del sector bancario ante el Congreso de los EEUU. Así lo asegura The Center for Public Integrity, la ONG independiente que cuenta entre sus fundadores y miembros del consejo de dirección a  Arianna Huffington, cofundadora y directora del prestigioso periódico digital The Huffington Post.

Un reciente informe del citado Centro analiza la situación del desarrollo de la ley de 2010 promovida por Obama para una nueva regulación bancaria y del sistema financiero, señalando a los congresistas más destacados que protagonizan episodios  que revelan la tremenda influencia de Wall Street sobre Washington.

El mes pasado, después de más de dos horas de reunión del citado Comité, los miembros seguían con sus discusiones sobre las dos versiones de un proyecto legal, destinado a suavizar una regulación bancaria integrada en la revisión global de la legislación financiera en 2010, conocida como ley Dodd-Frank. En realidad no había tal discusión porque se trataba de conceder a los bancos todo lo que piden o de concederles más de lo que piden, en opinión de los expertos críticos.

El republicano Scott Garrett solicitó un aplazamiento de la votación final con el fin de contactar a “los interesados” (stakeholders), la expresión codificada para designar a los banqueros que buscan cambios legales a su favor. Y entonces el presidente del Comité, Hensarling, el republicano de Texas, intentó reanudar la discusión con algo que sonó como un chiste en aquella sala del Congreso, diciendo: “Ocasionalmente se nos ha acusado de pretender socavar las disposiciones de la ley Dodd-Frank”. Y con una cínica risita añadió: “Confió en que seamos culpables de verdad”

Y la verdad es que Hensarling estaba siendo modesto. Porque tras este representante por Dallas se alinean el equipo de los 29 expertos del  Comité, docenas de congresistas y una legión de lobistas dispuestos para combatir cualquier intento de imponer una nueva disciplina en el sector financiero, sea sobre los mercados de los derivados financieros o para impedir que se fracturen los grandes bancos, demasiado grandes para ser gestionados.

Son estos los mejores amigos de los bancos en los EEUU. En los procesos legislativos dentro de la Unión Europea el lobismo bancario actúa de modo equivalente aunque de modo más opaco en las fases más importantes de esos largos procesos. Los autores del estudio del Centro por la Integridad Pública califican de Banking Caucus a esta peña de congresistas pro bancos, cuyos componentes reciben masivos fondos del sector y colaboran con los lobistas financieros para bloquear o hacer retroceder los intentos de reforzar la supervisión de las entidades bancarias. Pero, para entender el peso de Wall Street sobre Washington, hay que tener presente el entramado profesional derivado de la puerta giratoria, el dinero vertido en las campañas electorales y las importantes agencias y organizaciones de lobby,  que analizamos en  Los lobbies financieros, tentáculos del poder

Ciertamente en Washington cada sector empresarial tienen sus amigos entre los legisladores y entre las agencias reguladoras. Las entidades financieras, desde los megabancos a los chiringuitos financieros, disponen de los amigos más influyentes y experimentados. Y banqueros y legisladores laboran de consuno para socavar la ley Dodd-Frank, algo que ya iniciaron al lograr que sus casi mil páginas recogieran solamente principios y normas en blanco que habría que desarrollar en reglamentos y normas complementarias. Las modestas disposiciones de esta ley de  julio de 2010 suponía que se habían recogido las promesas de reforma del sistema financiero anunciadas por el Presidente Obama. Pero, por el contrario, con esta especie de ley de bases el lobismo financiero había comenzado un combate que aún sigue.

Se asegura que hay más de 2000 lobistas de firmas financieras y grupos profesionales del gremio, muchos de los cuales reparten dinero por Washington, alistan a miembros afines del Congreso para que escriban cartas, propongan leyes, mantengan audiencias y amenacen con litigios a las agencias reguladoras que consideran que se desvían de su interpretación de la legislación vigente. Estos lobistas contribuyen a redactar borradores de leyes y cuestiones para que los congresistas intervengan en las sesiones congresuales. Y paralelamente los legisladores recaban el apoyo de los lobistas para los asuntos preferidos.

La campaña del lobby bancario funciona. Mientras el Comité del republicano Hensarling, incapaz de avanzar frente al Comité del Senado que apoya la ley  Dodd-Frank, logra abrirse camino por otras vías. Próximo a cumplirse los cuatro años desde la aprobación de esa ley, los bancos aplican ratios de capital inferiores a los propuestos originariamente y ,por tanto, son más susceptibles de quebrar; un menor número de operadores de derivados resultan obligados a registrarse y las transacciones de derivados que son registradas son un número inferior del que tendría que haber sido, porque el objetivo legal era hacer más transparentes las operaciones con estos contratos de apuestas sobre precios de activos, conocidos como derivados. Y los grandes bancos disponen de luz verde para especular con activos de alto riesgo, algo que intentan limitar las agencias reguladoras.

Para completar el círculo, los datos recopilados por la ONG The Center for Responsive Politics, especializada en tal tarea, los empleados y los comités de acción política de las compañías financieras han donado cerca de 149 millones a los candidatos al Congreso en el actual ciclo electoral, una cifre superior a la de cualquier otro sector y más de dos veces y media el importe de las donaciones del sector de la sanidad privada, que es la segunda industria más generosa con los congresistas.

Como apunta un experto estadounidense en este tema, los legisladores viven bajo la constante presión de tener que recaudar dinero para sus campañas electorales y los lobistas con grandes bolsillos no se preocupan sobre cómo acceder a los miembros del Comité de Servicios Financieros del Congreso, porque les basta con esperar a que suene el teléfono, que nunca tarda mucho. Y es que, como afirman los analistas del Centro por la Integridad Pública, la peña de legisladores afines a los bancos es el arma secreta de Wall Street en Washington.-                            




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