lunes, 9 de enero de 2012

Por qué la salida del euro es MUY improbable



La desintegración del euro no es impensable sino únicamente muy costosa, aseguraba el semanario británico The Economist en diciembre de 2010 con la foto adjunta como portada bajo el rótulo Don´t do it. What breaking up the euro would mean (No lo hagas. Lo que significaría la desintegración del euro). Y con el apoyo de un pormenorizado análisis afirmaba que un colapso del euro traería consigo costes políticos, económicos y técnicos sin precedentes.

Esa misma conclusión podemos encontrarla un año más tarde en el libro-crónica de Josep Borrell y Andreu Missé (La crisis del euro. De Atenas a Madrid. Turpial, 2012), que resume unas extensas conversaciones entre el político europeo y el periodista de El País analizando con claridad y bastante solvencia los problemas del euro durante los casi dos últimos años. No digo que sea imposible que ocurra la salida del euro; pero sí que el remedio sería peor que la enfermedad, afirma el ex presidente del Parlamento europeo.

Los riesgos que exponen son evidentes y se resumen así.

El primero es el vacío jurídico. No está previsto en los tratados europeos que un país salga del euro. El tratado de Lisboa únicamente prevé la salida de la UE. Por tanto, un país tendría que salir primero de la Unión y renunciar a las ayudas de los fondos estructurales, de la política agrícola, etc. Después vendrían los problemas prácticos.

El segundo es cómo se hace la salida del euro. Si la decisión de la salida es unilateral, por sorpresa, los riesgos serían imprevisibles. Si es preparada o negociada provocaría una grave fuga de capitales. Y se podría repetir la experiencia del “corralito” como en Argentina. Habría que imponer un control de los movimientos de capitales (sin salir de la UE no podría porque el tratado de Lisboa lo prohíbe) con fuertes costes sociales y económicos. La teoría de la salida dulce y tranquila es una pura ficción.

El tercero es la indefinición de la cuantía de la devaluación de la nueva moneda, algo que olvidan quienes proponen la salida del euro como solución a la crisis. Y esa cuantía la decidirían los famosos mercados y no habría forma de controlarla. Lo más probable sería encontrarnos con una híper devaluación. El ejemplo es Argentina, que en 2001 rompió su cambio fijo con el dólar (1 peso=i dólar USA). El gobierno decretó un cambio de 1,4 pesos/dólar pero, seis meses después, el cambio estaba en 4 pesos/dólar. Es el riesgo de la caída descontrolada del tipo de cambio de la nueva moneda.

El cuarto es el grave problema financiero. La deuda pública y la privada están denominadas en euros y tras la salida seguirán estando en euros. Y su valoración habría aumentado en la misma proporción que se devaluara la nueva moneda. Como el problema de los países, propuestos para la salida del euro, es el excesivo endeudamiento, este problema se habría agravado., aunque la devaluación llevara consigo una reestructuración de la deuda pública en euros, de manera que no se pagara una parte de la misma. Tanto en ese caso como sin ese acuerdo, una salida del euro llevaría consigo el riesgo del default o suspensión de pagos de los intereses o del principal. Como el país que abandonara el euro seguiría teniendo un fuerte déficit primario (descontando los intereses de la deuda externa), al día siguiente de la salida del euro, el país tendría que pedir financiación exterior. Y añadimos a su pérdida de credibilidad, el riesgo del tipo de cambio ¿a qué tipo de interés lo obtendría?

Los problemas de salir del euro no serían menores para Alemania, que exporta el 45 % de su PIB y es el mayor acreedor de la zona del euro. El análisis de The Economist –conocido por su escasa simpatía por el euro - los exponía crudamente. Los exportadores alemanes sufrirían un alza considerable del cambio del nuevo marco, que reduciría su capacidad para vender fuera. A los bancos alemanes afluiría el dinero y crecerían sus depósitos, pero se devaluarían sus grandes activos de la zona del euro; y hay que tener presente que Alemania es el mayor acreedor del sistema.

Por consiguiente, como ya tenemos escrito, la solución a la crisis europea tiene que lograrla la política y vendrá de los bancos que la han creado, cuyos problemas ahora van parejos a los de los gobiernos. Entretanto y al final, el problema para los ciudadanos es que, dado el consenso neoliberal imperante, el reparto de los costes es y será injusto tanto más cuanto más tarde la respuesta social o el renacer de una izquierda de nuevo cuño.-
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