sábado, 31 de diciembre de 2011

¿Otra Europa para 2012?



Entre los estudiantes continentales que en los sesenta acudíamos a Inglaterra para aprender inglés, se solía contar una historieta sobre el sentimiento isleño de los ingleses de ser el ombligo del mundo. Se contaba que, tras la Segunda guerra mundial, habiéndose roto los cables telefónicos submarinos con el continente europeo, la prensa inglesa del día siguiente anunciaba que el continente se había quedado aislado. Tan sorprendente les resultó el acuerdo europeo del pasado día 9, que el Financial Times digital ofrecía la noticia bajo el título “Eurozone leaves Britain isolated” (El acuerdo de la Eurozona deja aislado al Reino Unido). Pero al tratar de insertarla en Facebook, el título se transformaba en: “EU leaders fail to agree treaty changes” (Los líderes de la UE no logran acordar cambios en el tratado). Y horas más tarde, rectificaba el texto digital que seguía firmado por los mismos reporteros con nuevo título “Britain´s cold shoulder for Europe” (El Reino Unido hace el vacío a Europa). Destacar esto es algo más que coger titulares con un papel de fumar; porque refleja, sin duda, el inicial desconcierto de la opinión publicada británica ante el acuerdo logrado por Merkozy; que aunque anunciado resultó inesperado al dejar fuera de juego a Cameron, empeñado en que ningún futuro tratado acabe con el paraíso financiero-fiscal de la City. Aunque los “expertos” con intereses profesionales en el sector, percibieron como acierto esa decisión de Cameron y los ejecutivos y traders de la City se regocijaron porque el Reino Unido no aparecía en la “Declaración de los jefes de estado y de gobierno de la eurozona”, tal vez este acuerdo podría ser beneficioso para avanzar hacia otra Europa; siempre que la conclusión del tratado previsto en Marzo próximo, deje fuera al Reino Unido. La historia ha demostrado que De Gaulle tenía razón al oponerse a su ingreso; porque una vez dentro, los británicos han sido un duro obstáculo al desarrollo de una Europa política. La City londinense y su red de paraísos fiscales y financieros es una inmensa filial de Wall Street; y se ha opuesto ferozmente a cualquier regulación europea seria de los hedge funds o fondos especulativos que controla en un 90 %.

Lo cierto es que actualmente todo indica que se está librando una sorda batalla entre la banca anglosajona con su red de centros offshore y una gran parte de la banca francesa y continental, menos financiarizada (menos dependiente del puro negocio de la especulación financiera) y más necesitada de apoyo político, léase financiero, para salir de la problemática situación actual. Porque el encarecimiento de la financiación de los gobiernos y la consiguiente devaluación de sus carteras de bonos soberanos en euros, también obstaculiza seriamente la obtención de préstamos y la fluidez de los mercados interbancarios globales, donde acuden por el dinero que necesitan cuando menos para su recapitalización debido a sus valores tóxicos, sin compradores. Tal vez esa sea una de las razones por las que la Europa a dos velocidades ahora predefinida, se haya trazado por donde nadie esperaba, dejando fuera al Reino Unido.

Por tanto, habría que distinguir sobre todo en el Eurogrupo, dos problemas de fondo. El primero y más urgente es salir del atolladero actual a corto plazo o, if possible, a cortísimo plazo, para que la llamada prima de riesgo baje a límites soportables y se amainen o detengan los recortes. Y el otro, a medio plazo, es más difícil de lograr porque es estructural: hay que romper la brutal sumisión de los gobiernos a los mercados financieros y regularlos. Que el mero anuncio de un referéndum en Grecia sobre un nuevo plan europeo de rescate, desatara el pánico en la UE y disparara la llamada prima de riesgo; y que eso trajera un gobierno tecnócrata sin pasar por las urnas; e igualmente en Italia sin elecciones, surgiera otro tecnócrata como primer ministro, nombrado senador el día anterior, con idéntico objetivo de calmar los mercados a costa de los más débiles, son cosas que resultan insoportables para cualquier europeo y un fracaso inaudito de estas democracias europeas semiasociadas. De la misma manera que lo es el carácter defensivo del citado acuerdo Merkozy frente a los potentes mercados.

Sin embargo, la posibilidad de ruptura del estatu quo europeo alienta esperanzas. Si, por un lado, Merkel ha accedido a que los británicos tenga un observador en las reuniones del nuevo tratado al que se oponen; por otro, ha sido fuerte la irritación inglesa por las palabras del gobernador del Banco central de Francia criticando el favoritismo político de las agencias de calificación crediticia, al afirmar que el Reino Unido tiene más razones objetivas que Francia para que le bajen la triple A. Confiemos, pues, en que el nuevo acuerdo nos saque del estatus quo actual y nos deje ver la pluralidad soterrada de la derecha europea gobernante, porque no toda ha visto con buenos ojos que el Fondo europeo de estabilización apelara a China sin éxito para pedirle inversiones financieras. Es obvio que este no es el nuevo tratado que los ciudadanos necesitamos, pero esperemos que saque a toda la izquierda de su atonía intelectual y elabore un discurso europeo propio que vaya a las raíces de la globalización de los mercados financieros. Con otra Europa para 2012.-
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