sábado, 29 de agosto de 2009

La crisis del modelo en el Báltico: "estamos más cerca de América"



En agosto de 1989, hace veinte años, dos millones de personas unieron sus manos hasta formar una cadena humana de 600 kilómetros que cruzaba Estonia, Letonia y Lituania, para recordar el 50 aniversario de aquel pacto Molotov-Ribbentrop entre la Alemania de Hitler y la Rusia de Stalin que condujo a la ocupación de los tres Estados; y para llamar la atención sobre la situación de los tres países bálticos. La Cadena Báltica fue el símbolo solidario de su lucha por la Independencia como parte del movimiento de protesta de la llamada "Revolución Cantada". Los manifestantes solían reunirse en plazas para cantar canciones nacionales y ondear símbolos que habían sido prohibidos durante el régimen soviético.

Veinte años después los países bálticos muestran el fracaso indiscutible del modelo económico impuesto en “las economías emergentes”. “Almorzar en un restaurante desierto en una de las viejas y bellas ciudades de Riga, Tallin o Vilnius, te da la dimensión del colapso”, dice un periodista de The Economist en un extenso análisis (Foreign Policy, julio-agosto 2009, edición en inglés). Y cuenta que contemplando las fachadas del art nouveau y de los nuevos bloques de viviendas en Riga ha memorizado dos palabras de la lengua letona, “iznoma” (se alquila) y “pardod” (se vende). Ejemplos palpables de la mayor caída de precios de vivienda del mundo que ha sufrido Letonia desde 2008 y que aún no ha tocado suelo. Un estallido de la burbuja inmobiliaria de un país pequeño, que recuerda al de la España levantina.

La actual crisis económica de los países bálticos revela la vulnerabilidad que la UE ofrece a sus miembros, a los que obliga a una apertura financiera extracomunitaria sin controles. La masiva llegada de capital financiero se tradujo en espectaculares burbujas de crédito para construcción y especulación desde hace dos años, cuyo estallido ha producido caídas también espectaculares del PIB de dos dígitos en los tres países. Y en el caso de Letonia, un país de 2,3 millones de habitantes, la economía ha caido casi un 20 % en el primer semestre de 2009, con recortes salariales del 20 % en el sector público y hasta del 15 % en el sector privado en este año.

Frente a los líderes europeos que consideraban que la Unión debía reformar su estructura institucional antes de la ampliación al Este, se impusieron los intereses imperiales de los EEUU y de la gran banca, encubiertos bajo la retórica de la unidad histórica de los europeos. Y en 2004 se incorporaron a la Unión Europea.

El nuevo régimen neoliberal importado

En el Báltico, el desmontaje del endeble Estado soviético residual se emparejó con la liberalización a ultranza de la economía y la apertura descontrolada a los mercados financieros globales; que aseguraron luego las directivas europeas envueltas en ayuda económica, bajo planes estratégicos basados en la idea de que los mercados solucionarían todos los desequilibrios. Un reciente reportaje del Financial Times (5/7/2009) resumía el cambio al régimen así:

a) las empresas estatales fueron vendidas a precio de saldo.
b) los puentes se construyeron a precio de oro.
c) y los políticos, pocos y corruptos, se hicieron ricos”


La consiguiente burbuja crediticia se basó en cuatro pilares:

a)Una demanda desaforada que trajo una alta inflación.
b)Una abundancia de préstamos del exterior para pagar nuevas construcciones, pisos y BMWs. En particular, la banca sueca prodigó sus préstamos y el Swedbank, ahora con dificultades, llegó a obtener el 25 % de su negocio en los países bálticos.
c)Aunque los salarios crecieron también espectacularmente, no había ahorro nacional sino endeudamiento ilimitado del Estado, las empresas y los particulares.
d)Y para mayor garantía de los “inversores” financieros, sus monedas quedaron vinculadas a un cambio fijo con el euro, que ahora les impide una devaluación que paliaría su situación económica.

Políticos inesperables

Al amparo del paraguas estadounidense que precipitó su ingreso en la OTAN superada ya la guerra fría, consultores y banqueros contribuyeron a instalar las nuevas administraciones públicas bajo la premisa de que el gobierno era el problema y el mercado, la solución. Los ejecutores de la nueva política fueron los gobernantes importados de la diáspora letona, que ofreció “un surtido variado y fortuito de políticos inesperables” (FP cit.). Para presidente de Lituania llegó, Valdas Adamkus, ex funcionario de la Agencia de Medio ambiente de los EEUU; para Estonia Toomas Hendrix Ilves, educado en la Columbia University; y para Letonia, Vaira Vike- Freiberga, un profesor de psicología criado en Canadá.

Estos “líderes”, juntos con otros cientos de nuevos políticos contribuyeron a construir el país, desde las empresas hasta el servicio diplomático. Eso si: su común denominador político fue la doctrina fundamentalista del libre mercado con Estado mínimo. En la UE acentuaron la competencia fiscal con tipos impositivos inusualmente bajos para los beneficios del capital; una de sus grandes innovaciones fue la implantación del “flat tax”, el impuesto de tipo único sobre la renta; nada de progresividad fiscal, primero en Estonia y luego copiado por los otros dos.

Y paradojas de la vida que ha traído la crisis. Por un lado, ahora el futuro del Báltico depende de que los contribuyentes suecos con altos impuestos estén dispuestos a garantizar a los bancos que prestaron demasiado con sus filiales en los países bálticos. Y ahora el gobierno necesita con urgencia la ayuda financiera del FMI. Y en Letonia el banco Parex, uno de los más importantes, ha tenido que ser nacionalizado por un Estado endeudado.

Estamos más cerca de América

La fragilidad financiera de Letonia ha revelado de repente la vacuidad del éxito económico alcanzado. De la privatización de toda empresa pública se ha pasado a la nacionalización del Banco Parex, único banco de capital letón.
Estamos más cerca de América” decía el eslogan del Banco Parex en un spot televisivo mostrando un billete de 1 dólar, que asimismo reflejaba un sentimiento más próximo a sus “liberadores” estadounidenses que al europeo comunitario. Aunque el objetivo publicitario eran los nuevos oligarcas rusos con la pretensión de incitarles a que sacaran su dinero de Rusia y lo trajeran al Parex. Este banco siempre negó que hubiera infringido las leyes letonas y no se le abriera ningún proceso judicial, varios organismos internacionales le tuvieron siempre bajo la sospecha por lavado de dinero sucio.

La fragilidad del Parex frente a la crisis financiera tuvo su origen como en el caso de tantos bancos alemanes, británicos y estadounidenses, en que el dinero se gestionaba por una banca en la sombra apoyada en paraísos fiscales; “sus depositantes estaban principalmente en offshore”, nos cuenta sobriamente el citado reportaje de Foreign Policy. En seis semanas, los depositantes reales retiraron 380 millones de dólares y tras su rescate con dinero público, el Banco Parex tuvo que ser nacionalizado por el precio simbólico de dos dólares para evitar su quiebra tuvo que ser nacionalizado en diciembre 2009.

Queda, pues, lejos el sentimiento solidario y alegre de aquella cadena de las gentes del Báltico que se habían liberado del yugo soviético pero que la actual realidad de la UE ha convertido en un euroescepticismo creciente.-
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