miércoles, 17 de diciembre de 2008

Madoff, ese fondo que no es nuestro (primera entrega)



Fue la explicación de los funcionarios de la CNMV al periodista que indagaba sobre la repercusión multimillonaria del penúltimo escándalo financiero que llega a España: “Nosotros supervisamos a los fondos españoles, ese fondo (en referencia al caso Madoff) no es nuestro

Para las autoridades y el supervisor bursátil español el asunto está zanjado. En este monumental fracaso financiero no está implicado ninguno de los “fondos de inversión libre” registrados al amparo de la legislación de 2005, que reguló los fondos especulativos conocidos como hedge funds, fondos de alto riesgo o fondos de cobertura; con la pretensión de “modernizar y ampliar” el mercado financiero español. Pero con escaso éxito. Las fortunas españolas no están por la labor de quedarse aquí, porque la libertad de los movimientos de capitales se ha inventado para hacer más rentable al dinero, no para que se cree riqueza donde se ha generado o en los países atrasados que más lo necesitan.

El caso Madoff demuestra, ante todo, que las fortunas españolas prefieren la confidencialidad y la “ingeniería financiera” de la private banking. Para eso han montado las “family offices”, como la Ponte Gadea del dueño de Zara y la Omega de Koplowittz; sociedades familiares que gestionan sus recientes patrimonios multimillonarios. Y las sociedades de inversión de capital variable, las Sicav, que solo tributan el 1 % de sus beneficios. Por ahí, vía Banco Santander y BBV y sus filiales, llegaron hasta el gurú Madoff de Nueva York, el “dealer-broker” o intermediario que tenía como clientes a los hedge funds, caracterizados por su opacidad al estar casi todos registrados en las Caimán u otros paraísos fiscales offshore.

Y en la CNMV lo tienen claro; el supervisor español no entiende de las inversiones en fondos extranjeros. “Controlamos que el fondo español cumpla los requisitos, pero no el fondo en el que se invierte”, le aclararon al periodista. Porque los supervisores nacionales no traspasan las fronteras. Precisamente para que los fondos escaparan a ese control estatal y tuvieran más libertad de acción, se inventó la globalización financiera y el “espacio financiero europeo” sin fronteras para el capital, más conocido como Unión Europea. Además, ¿para qué iba a intervenir la CNMV? Si el articulo 56 del TCE prohíbe a los Estados miembros de la UE que restrinjan los movimientos de capitales extracomunitarios. Por tanto, como en la quiebra de Lehman Brothers, sin vigilancia ni control, también se ha perdido el dinero español invertido en los fondos de Madoff.

¿Fallaron los organismos de supervisión financiera de los EEUU?

Positivo. Es una acusación mundial. La SEC y los demás supervisores estadounidenses se han cubierto y no de gloria, en su afán por no perturbar el mercado bursátil. Y durante muchos años dejaron hacer a la firma del intermediario Madoff Investment Securities, domiciliada en los EEUU desde 1960, que utilizaba, por ejemplo, los fondos del Fairfield Greenwich Group con ramificaciones en Nueva York, Londres Singapur y las Bermudas, más otros paraísos fiscales offshore.

Tampoco detectaron fallos los supervisores en otras jurisdicciones. Porque la maraña de gestoras y fondos que conducía desde Madrid hasta Madoff en Nueva York pasaba, al menos, bajo la distraída mirada de los supervisores de Irlanda, Suiza y las Bermudas, donde están registrados los fondos receptores del dinero español, según la información a la prensa del Banco Santander para explicar cómo “el fraude” llegó hasta España. En Suiza estaba domiciliada la gestora Optimal Investment; en las Bahamas, el fondo Optimal Strategic US Equity; y en Irlanda, la sociedad de inversión Optimal Multiadvisors Ireland plc. Y ligadas al gigantesco banco británico HSBC, con su corporación en Delaware y filiales en 100 países, incluida Suiza y las Bermudas. Paraísos fiscales todos, conocidos mundialmente por su secretismo y su escasa supervisión. Porque todo ciudadano ya debería saber que cualquier negocio financiero relevante, legal o ilegal, utiliza la opacidad de los centros offshore.

El caso Madoff es un ejemplo más de desregulación y descontrol de los hedge funds. En junio 2007, la canciller Angela Merkel propuso en la cumbre del G-8 en Heilingendam, una regulación internacional para esos fondos especulativos de alto riesgo conocidos por su opacidad, como se cuenta en La Europa opaca de las finanzas. Pero la propuesta alemana fue descartada por los Bush, Sarkozy, Brown y Berlusconi que el pasado mes anunciaron en Washington que los van a regular.

Pero el “modelo de negocio” de los fondos de alto riesgo, aunque cuestionado por el fracaso de Madoff, sigue manejando unos activos de 685,000 millones $, tras los fallos desde el inicio de la crisis subprime (Financial Times, 15/12/2008) Y en la web del Banco Santander se informa que “los hedge funds son un excelente medio para diversificar la cartera de inversión, por su baja correlación con los mercados tradicionales de renta fija y renta variable” Aunque el periódico Expansión (16/12/2008) lo explicaba mejor, diciendo que la estrategia de inversión de Madoff “no es diferente de la que aplica buena parte de la banca de inversión, pero la diferencia fundamental reside en las rentabilidades que ofrecía”, rondando el 8% y el 12 % de interés anual garantizado, “independiente de la evolución de la bolsa”

Otros medios desinformativos como El País nos quieren convencer de que se trata solamente de “un fraude gigantesco” porque “el caso Madoff no responde a un déficit de regulación ni a sinuosas lagunas legales; se trata de un engaño a gran escala de los que, casi por fuerza, dejan pistas e indicios” (Editorial del 16/112/2008) Es la vieja línea doctrinal neoliberal que sostiene cierto insigne economista, profesor, consejero de entidades financieras, director de consultora y asesor del partido del gobierno, que desde que comenzó la crisis subprime reitera en páginas salmón sus temores a que pueda acarrear demasiada regulación.-
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