lunes, 29 de septiembre de 2008

La nacionalización del Northern Rock y sus sociedades offshore


La nacionalización del Banco Bradford and Bingley sigue a la nacionalización del Banco Northern Rock hace unos meses, con la cual el gobierno británico también decidió que el contribuyente británico pagara la factura de la opacidad de su maraña societaria domiciliada en la Isla de Jersey instrumentada para negocios financieros especulativos.

Ante el escándalo de las colas de los pequeños ahorradores delante las puertas del Banco Northern Rock tocado seriamente por la crisis de las hipotecas “subprimes”, en febrero 2008 el Gobierno laborista de Gordon Brown determinó su nacionalización, incluyendo su filial Northern Rock Limited domiciliada en Guernesey y también en la practica la otra “sociedad en la sombra” Granite ligada a Jersey. Era el último recurso tras el fracaso de los generosos préstamos del Banco de Inglaterra que habían fracasado en su empeño por impedir la situación de insolvencia y el desplome de las acciones de un banco hipotecario importante del Norte de Inglaterra, que formaba parte del índice de la Bolsa de Londres (FTSE 100) hasta su exclusión en Diciembre 2007.

Durante treinta años, la antigua mutua Northern Rock Building Society había crecido incorporando otras sociedades mutuas manteniendo su condición porque se consideraba que el patrimonio pertenecía no solo de los socios actuales a los que prestaba servicio sino a aquellos socios del pasado que habían acumulado su patrimonio; y que su transformación en sociedad anónima cotizada era traicionar ese pasado. Sin embargo, en 1997, lo mismo que sucedió con tantas otras cooperativas inmobiliarias similares, optó por su transformación en el Banco Northern Rock plc, repartiendo sus acciones entre los titulares de sus cuentas de ahorro e hipotecas.

Convertido en banco cotizado en Bolsa, Northern Rock inició su expansión por una vía comercial agresiva, hasta el punto que solamente el 22 % de sus fondos provenían de los depósitos de particulares y al menos un 46 % provenía de la emisión de bonos, según las cuentas auditadas de 2006. Pero esos bonos no eran emitidos por el Banco sino que los emitía una entidad denominada Granite Master Issuers plc., que era propiedad de un fideicomiso benéfico establecido por el propio Banco. Cuando la crisis financiera de las hipotecas subprimes le trajo la quiebra, se supo que ese fideicomiso nunca había dedicado ni una libra a obras de caridad. El verdadero beneficio conseguido era la ignorancia de su existencia, como parte importante de la “ingeniería financiera” que garantizaba a Northern Rock la independencia legal de Granite, que era el único responsable de la deuda emitida.

El caso del Northern Rock es analizado en el Memorandum de los profesores Ronen Palan y Anastasia Nesvetailova de la Universidad Birmingham aportado a la investigación que Abril 2008 abrió el Parlamento británico sobre el papel de los centros financieros extraterritoriales en la actual crisis financiera.

La investigación desencadenada por la nacionalización del Banco Northern Rock demostró que se gestionaba toda la estructura orgánica de modo opaco; aunque estaba “contabilizada” por el Banco e incluida en sus cuentas consolidadas; algo que no es lo habitual. El Northern Rock había construido toda una pantalla opaca porque los fideicomisarios dueños de Granite estaban en parte domiciliados en St. Helier, la capital de la isla británica de Jersey. Claro que cuando los periodistas intentaron hablar con los empleados de Granite, comprobaron que no existían tales empleados en Jersey, porque como demostró esa investigación esta sociedad no tenía una plantilla aunque sí tenía una deuda de 50,000 libras.

La entidad denominada Granite se utilizaba para la titulización las hipotecas concedidas mediante emisiones de bonos respaldados por paquetes de los créditos hipotecarios, que se vendían en los mercados financieros. Cuando en Agosto 2007 cayó la demanda de esos bonos en los mercados del dinero, quebró el modelo de negocio porque ya no podía refinanciar la deuda y en consecuencia tenía que apoyar a Granite para que hiciera frente a sus obligaciones adquiridas con los tenedores de los bonos, aunque la entidad bancaria fuera en principio independiente.

El Northern Rock era “como un elemento de una complicada cadena de técnicas de titulización” que comercializaba globalmente el sector de las hipotecas subprimes estadounidenses, generando en el fondo una crisis de liquidez convertida en insolvencia para este como en tantos otros casos, según revela el análisis de los citados profesores. A medida que la crisis fue desarrollando se hacía evidente que la misma idea de un mercado global de hipotecas subprimes no era mas que un grandioso plan Ponzi (una estafa mayúscula basada en nuevas recaudaciones que pagaban sucesivamente las obligaciones contraídas) Porque la titulización convertía los créditos hipotecarios en valores comercializables, escondiendo en realidad los miles de riesgos de impagos, de préstamos malos sin garantías, que se empaquetaban y distribuían de manera sofisticada bajo una extraña terminología; más que modos nuevos de gestionar u optimizar los riesgos se trataba simplemente de una manera de ocultarlos.

La maraña societaria engendrada por el Northern Rock, nacida como en tantos otros casos al amparo de la desregulación financiera, motivó largos debates nocturnos de la Cámara de los Comunes sobre los problemas prácticos planteados por su nacionalización. Una de las cuestiones debatidas era saber si la filial Granite ligada al Banco quedaba nacionalizada como parte del mismo; una cuestión que nunca se resolvió, según se asegura en el citado estudio. Al parecer nadie en el Parlamento británico sabía si quedaba o no bajo el control del Estado una compañía totalmente propiedad del Estado pero conceptualmente propiedad de un fideicomiso benéfico registrado en un paraíso fiscal. A pesar de todas las dudas legales, el gobierno británico no tuvo otra opción que extender su garantía a los tenedores de los bonos de Granite. De modo que el contribuyente británico ha tenido que pagar también la factura y los costes de la opacidad de las prácticas contables perniciosas y el uso de sociedades instrumentales domiciliadas en paraísos fiscales por la gran banca para negocios financieros especulativos que no crean riqueza ni empleo para la sociedad.-
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