viernes, 25 de abril de 2008

LA EUROPA QUE NO CONOCEMOS: Liechtenstein


El Acuerdo del Espacio Económico Europeo (EEE) con la Unión Europea hizo de Liechtenstein un socio comercial que ha prosperado como refugio del dinero sucio con el aval de Bruselas.

Cuando anuncian que Alemania va ejercer presiones sobre Liechtenstein y que la canciller Angela Merkel amenaza con impedir que el Principado se incorpore al Acuerdo de Schengen, solo podemos contemplarlo como un ejercicio de puro cinismo político ante la dimensión del escándalo destapado. Porque desde 1995, por la gracia del Acuerdo del EEE, el Espacio Económico Europeo - junto con Islandia y Noruega - este microestado está asociado a la UE, donde es sabido que Alemania es un miembro muy importante; y ello supone que ningún país de la Unión puede restringir los flujos de dinero con ese rincón alpino.

Porque el artículo 40 del Acuerdo del EEE expresa claramente que “no habrá restricciones entre las Partes Contratantes sobre los movimientos de capital perteneciente a personas residentes en los Estados miembros de la UE o en los Estados de la EFTA sin discriminaciones basadas en la nacionalidad o en el lugar de residencia de las partes o en lugar donde tal capital se invierta.” Y aún más, el articulo 56 del Tratado de Roma que se mantiene tras las reformas del Tratado de Lisboa, prohíbe a los Estados miembros de la Unión cualquier restricción a los movimientos de capitales dentro del la UE y con terceros países. Por tanto, las anunciadas medidas contra Liechtenstein son una nueva manera con la que nos pretenden “vender la moto”.

Porque, para colmo, las escuchas electrónicas del Servicio de inteligencia federal alemán (el BND) emplazadas en la región de la Selva Negra, ya revelaron en 1999 los flujos de dinero sucio entre Alemania y Liechtenstein, relacionados en aquel momento con la financiación ilegal de la CDU de Helmut Khol, el mismo partido demócrata cristiano de la señora Merkel, unos hechos que tuvieron mucho eco mediático en Alemania. Y tanto la negociación de la llamada directiva europea del ahorro particular para el intercambio de información fiscal entre países como el acuerdo bilateral Comisión europea y Liechtenstein de 2004 para su aplicación, se justificó entonces porque se sabía que el dinero alemán se refugiaba allí; e incluso el gobierno socialdemócrata de Gerard Shröeder planteó su proyecto de reformas incluyendo una amnistía fiscal para recuperar el dinero evadido a Liechtenstein y otros centros offshore.

Todo esto suena a nuevo en España porque, ensimismados en nuestras cosas, se presta escasa atención al entorno europeo; y los grandes medios de comunicación no están interesados en explicar los centros financieros offshore, extraterritoriales, ligados a la banca española. Pero Liechtenstein ya apareció ligado a los pagos efectuados a los concejales de Marbella para que votaran la famosa moción de censura que cambio la Alcaldía, según las investigaciones de la operación Malaya. Porque lo que "vende" hoy Liechtenstein, como los demás paraísos fiscales, los centros financieros extraterritoriales u offshore, es la opacidad, las diversas posibilidades para ocultar la titularidad de quien es el dueño del dinero, que en el mundo financiero de hoy es lo que más se cotiza.
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Los paraisos fiscales como Liechtenstein socavan las democracias.
Entrevista con Juan HV en el programa "La Ventana" de Gemma Nierga el 27 Febrero 2008
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